Cuando el amor sostiene, la vida continúa.
12 marzo 2026
- Me pasa a menudo en estos últimos meses en los que mi movilidad está muy o bastante deteriorada, y es que veo a la gente que me rodea cuando voy a algún centro público –sea un restaurante acondicionado, un Centro de Salud o hasta un supermercado– que lo hace con esa expresión mezcla de ternura, reconocimiento y una especie de memoria emocional compartida, como aquél que está viendo a un bebé siendo besado por su Madre; a un enfermo que sale en silla de ruedas de una consulta del médico; o a un veterano y joven anciano que apoyado en su muleta en un brazo y del otro bien cogido por Ella, intenta hacer camino.
- Ella, una vez lo sienta en su silla de la Sala de Espera, le estampa un discreto beso en los labios en señal de apoyo y de: "lucha sin rendirte, cariño. Voy a ver si ya ha llegado el médico".
- Y entonces uno comprende que la vida sigue latiendo mientras alguien te sostiene la mano. Que el cuerpo podrá cansarse, sí, pero el amor no se agota. Y mientras haya amor, hay camino.

Bien cierto, mientras hay amor hay vida, hay camino.
ResponderEliminarUn abrazo.
Alfred, así es: mientras haya amor, siempre habrá un rumbo posible.
EliminarUn abrazo grande.
Buenos días Enrique. Un relato intimista precioso. A pesar de los pesares he de decirte que eres afortunado por tener ese apoyo incondicional que te acompaña en el camino con tanto amor, y lleno de esperanza física y emocionalmente. Qué así sea por siempre.
ResponderEliminarUn gran abrazo, y buen día.
Elda, muchas gracias por tu mirada tan generosa. Sí, a pesar de todo, sentirse acompañado con ese amor que sostiene es un privilegio enorme. Ojalá dure siempre, como tú dices, y sepamos cuidarlo.
EliminarUn abrazo grande y que tengas un día sereno y muy feliz.
Me derrite la ternura cuando te leo e imagino las escenas. Qué belleza de sentimientos, de ambos.
ResponderEliminarMaia, gracias… Qué bonito saber que esas escenas también te llegan así, con esa ternura que todo lo ilumina.
EliminarUn abrazo grande.
Poder confiar en que esa persona te sostendrá pase lo que pase me recuerda el juego que hacía con mis alumnos en clase para explicar con imágenes qué es la confianza. Uno de ellos con los ojos cerrados en pie se deja caer hacia atrás donde hay otro alumno que cuando cae lo sostiene y lo retiene. Eso es confianza porque si no la hubiera no se dejaria caer. Eso es la prueba. Esa escenas como las que cuentas, ellos se dejan caer hacia atrás y ellas los sostienen sin lugar a dudas. Si tienes esto, eres realmente afortunado como tú sabes.
ResponderEliminarUn abrazo.
Joselu, qué buena imagen has traído. Esa confianza absoluta de dejarse caer sabiendo que habrá unos brazos esperando… eso lo explica todo mejor que cualquier teoría. Cuando existe esa certeza —la de que alguien te sostiene sin dudar— uno camina de otra manera. Y sí, tener eso es una fortuna inmensa.
EliminarUn abrazo grande.
Touchè, querido Enrique.
ResponderEliminarFuerte abrazo.
Un abrazo, querido amigo
EliminarEse gesto pequeño, ese beso casi escondido, ese brazo que ayuda a levantarse… ahí se ve lo que de verdad sostiene a las personas cuando el cuerpo empieza a fallar. Todos hemos visto alguna vez algo así en una sala de espera, en un hospital o en la calle, y uno se queda mirando un segundo más de lo normal porque sabe que está viendo algo muy verdadero. Son gestos sencillos, pero emocionan. Y mientras el amor siga empujando así, la vida siempre encuentra la forma de seguir adelante. Mucho ánimo, amigo.
ResponderEliminarEsos gestos mínimos, casi invisibles, son los que de verdad sostienen cuando el cuerpo ya no acompaña. Uno los reconoce al instante porque ahí no hay artificio, solo verdad. Y mientras ese amor siga empujando, como dices, siempre habrá camino.
EliminarUn abrazo grande, Ángelo
Poco puedo objetar sobre lo que nos comentas en él articulo y creo puedo decir ese dicho tan popular de "tienes mas razón que un santo".
ResponderEliminarSaludos.
Tomás, muchas gracias. A veces las cosas son sencillas y solo hay que decirlas como son.
EliminarUn saludo cordial.
Me encantó lo de "veterano y joven anciano" jajaja, muy bueno, Enrique, el humor no debe decaer, más si Ella te acompaña así! Un abrazo!
ResponderEliminarMaría Cristina, me alegra que te arrancara una sonrisa. Ese “veterano y joven anciano” tiene mucha verdad… y un poco de humor para que la vida pese menos, sobre todo cuando Ella está ahí sosteniendo.
EliminarUn abrazo grande.
¡Cuánta ternura en ese relato amigo Enrique! Hermoso, me encantó.
ResponderEliminarY hermosa suerte la tuya, a pesar de tus "achaques", cuentas con esa mano que sostiene y ese amor incondicional que no todos y todas lo tenemos.
Fuerte abrazo
¡que tengas una maravillosa tarde!
Lu, muchas gracias por esa ternura que pones en cada palabra. A pesar de los achaques, tener esa mano que sostiene y ese amor que no falla es una suerte inmensa, lo sé bien.
EliminarUn abrazo fuerte y que tu tarde sea igual de hermosa.
Cuando veo a alguien como el que describes, enrique amigo, pienso en un bravo guerrero, todavía lleno de coraje es decir amor, repleto de pasión es decir dignidad deseoso de comunicarnos los sueños y vivencias es decir la personal experiencia que tanto necesitamos para salir de esta encrucijada de mundo que llamamos vida...
ResponderEliminarAbrazo admirado una vez más!!
Me llega ese “bravo guerrero” que nombras, no como figura épica, sino como ese ser que sigue avanzando aun con cicatrices, sosteniendo el coraje que nace del amor, la pasión que se vuelve dignidad, y esa necesidad tan humana de compartir lo vivido para que otros encuentren también un resquicio de luz en esta encrucijada que llamamos vida.
EliminarTu lectura es un abrazo en sí misma: reconoce, acompaña y eleva.
Y me recuerda que, cuando alguien mira así —con admiración limpia, sin ruido— uno se siente menos solo en el camino y más dispuesto a seguir contando lo que ha visto, lo que ha soñado, lo que aún espera.
Abrazo agradecido, Carlos, de esos que se dan con la certeza de estar en buena compañía.
Ciertísimo, que relato tan bello tan tierno, lleno de amor y sensibilidad humana, Enrique. Claro que Ella, como tu bien dices, es un tesoro, que merece una caja de oro, pero tu ya eres esa cajita de marfil que mereces ser cuidada con mucho mimo, no te conozco personalmente, pero tus letras hablan muy bien de ti. Creo sin verlo, que hacéis un buen equipo. Mi enhorabuena, buena gente.
ResponderEliminarSed muy muy felices. abrazo largo por todo lo que compartes.
Marina, qué abrazo tan lleno de luz el que dejas aquí.
EliminarTus palabras tienen esa mezcla rara y preciosa de ternura y claridad: reconoces la belleza del relato, sí, pero también miras detrás, hacia la intención, hacia la forma en que uno intenta cuidar lo que ama y contarlo sin estridencias.
Me conmueve eso que dices de la “cajita de marfil”. No por halago —que siempre es frágil— sino porque intuyo en tu frase una mirada que sabe distinguir la delicadeza de lo esencial, aquello que merece ser protegido con mimo y gratitud. Y sí, hacemos un buen equipo: dos personas que se acompañan desde la verdad sencilla, sin adornos innecesarios.
Gracias por tu generosidad, por creer sin ver, por leer con el corazón abierto.
Que esa felicidad que nos deseas también te alcance a ti, y te encuentre rodeada de la misma sensibilidad que regalas.
Abrazo largo, Marina, de esos que cierran el día con paz.
Muy cierto. El amor crea el camino. Te mando un beso.
ResponderEliminarUn abrazo, Judit. Muy fuerte. Gracias.
EliminarQuerido Enrique, cada vez que te leo me emocionas con tus relatos.
ResponderEliminarY es cierto, cuando hay amor hay caminos, lo sentí en la clínica rodeada de los seres que amo, sentí que la vida seguía.
El amor tendría que mover el mundo.
Siempre es una delicia visitarte, que pases un hermoso fin de semana junto a tus seres queridos.
Besitos Enrique
Querida Mathilde, qué hermoso lo que compartes.
EliminarEse “cuando hay amor hay caminos” que mencionas no es una frase: es una experiencia vivida, y la tuya —ahí, en la clínica, rodeada de quienes te quieren— lo confirma con una verdad que toca hondo. Cuando la vida se estrecha, el amor se convierte en ese hilo que todavía nos sostiene y nos recuerda que seguimos aquí, que aún hay un pulso que merece ser acompañado.
Me emociona que mis relatos te lleguen así, porque nacen justo de eso: de la certeza de que, incluso en los momentos más frágiles, el amor abre una rendija por donde entra el aire. Y sí, ojalá moviera el mundo entero… quizá algún día lo consiga, aunque sea a través de gestos pequeños como este intercambio nuestro.
Gracias por tu presencia siempre tan cálida, por venir, por sentir, por dejar tu huella.
Que tu fin de semana también esté lleno de esa luz que sabes reconocer tan bien.
Un beso grande, y otro por lo que has vivido y sigues transformando en fuerza.
Y eso que no has hablado del infinito amor de Dios
ResponderEliminarPaz
Isaac
Bien apuntado, Paz/Isaac
EliminarSí, querido amigo, el Amor nos sostiene en la lucha diaria por vivir...
ResponderEliminarUn abrazo fuerte
Imprescindible, querido Ildefonso. A veces tardamos años en darle su verdadero valor.
EliminarUn fuerte abrazo, maestro de la fotografía.
Así es Enrique. Y así es como se demuestra el amor verdadero. Cuando una pareja lleva casi toda la vida junta, se apoyan y ayudan, lo sé por que a veces me pasa. Y doy gracias por todo lo bueno que tengo al lado. También a ti porque das ánimos y leyéndote, nos damos cuenta que hay que seguir p álante y mirar lo mejor que nos ofrece este camino aunque tenga tropezones.
ResponderEliminarBuen fin de semana.
Un abrazo.
Y qué verdad tan sencilla y tan grande: cuando dos personas han caminado juntas casi toda una vida, el amor ya no se demuestra con palabras, sino con esos gestos silenciosos de apoyo, de paciencia, de estar ahí incluso cuando el camino se estrecha o se llena de piedras.
EliminarA mí me emociona leer cómo lo vives tú, porque se nota que hablas desde la experiencia y desde la gratitud. Y esa gratitud —por lo bueno que tenemos al lado, por quien nos acompaña, por quienes nos animan sin pedir nada— es lo que mantiene vivo el ánimo incluso en los días más torcidos.
Me alegra que mis palabras te sirvan un poco. Al final todos necesitamos que alguien nos recuerde que, aunque haya tropiezos, siempre queda un tramo de luz por delante, y que vale la pena seguir caminando.
Que tengas un fin de semana sereno y lleno de esas pequeñas cosas que sostienen.
Un abrazo grande.
Por eso, a pesar de todo, eres un hombre afortunado.
ResponderEliminarTambién te digo:
— Mantente fuerte, amigo mío, lucha con todas tus fuerzas..
Ella te necesita y nosotros también.
Grande abrazo
~~~.
Majo, qué importante es leer lo que dices.
EliminarLa vida nos pone a prueba, pero también nos recuerda que somos afortunados por la gente que camina a nuestro lado. Yo sigo adelante porque ella me necesita… y porque vuestro apoyo me empuja cuando flaqueo.
Gracias por estar.
Un abrazo enorme.
Bravo por ese amor incondicional, que acompaña, apoya y da fuerzas para continuar el camino. Ambos son afortunados.
ResponderEliminarAbrazos
Gracias, Cecilia, sí, una gran suerte.
EliminarUn fuerte abrazo.