- En medio de esa fragilidad, llegó el momento más extraño de todos. Al final del proceso llamado “observación clínica”, y mientras me realizaban una punción pulmonar casi de despedida del proceso, varios médicos debatían por dónde y cómo entrar para efectuar el drenaje. El más veterano, con ese aire de quien ya ha visto demasiadas despedidas y demasiados regresos, fue finalmente el elegido para orientar a los jóvenes. Cuando terminó, y al ver que yo sonreía mientras le felicitaba por el respeto que le profesaban sus compañeros, apoyó su mano en mi hombro y me dijo, medio en broma y medio en sentencia: “El día que no se valore la opinión de los expertos, el mundo habrá caído en manos de los necios”.
- Hoy termino aquí. La fatiga aún acompaña, sí, pero también una alegría tranquila: la de saber que sigo avanzando, que cada día trae un pequeño regalo y que la vida, incluso en sus curvas más inesperadas, siempre deja una rendija por donde entra la luz. Pasado mañana sigo, con ganas de seguir contándolo.






