12/08/26

12 de agosto: la vida aún me escribe por dentro

Cuando las musas callan, la propia existencia dicta sus versos y me recuerda que vivir sigue siendo un milagro.

Fotografía de Robert Doisneau

12 agosto 2026

- Hoy estoy como algunas veces cuenta Ernesto que le sucede lo mismo cuando se pone a escribir y que tan bien definió Serrat en aquella gran cancion que ahora no recuerdo su nombre, pero que luego buscaré y la dejaré aquí para deleite de quien quiera escucharla: "las musas han pasado de mí, andarán de vacaciones".

- Pero pronto recupero el norte de mis razones para escribir y no sé si debería volver a llorar cuando escuché en una de las emisoras de radio de la noche a un chaval marroquí desde Ceuta contando sus razones para huir de su País y de su casa; tampoco sé si debería quejarme de algún mal que a mi pudiera sucederme, cuando en la misma emisora escuché a una mujer que desde uno de los muchos incendios patrios actuales, contaba que ardió su casa y ya no tenía nada, ni casa, ni forma de vida, ni recuerdos.

- Pensar en escribir sobre el buen o mal hacer de los políticos (de todos los colores), no me es nada agradable y aún menos de la tendencia mundial del auge de las llamadas políticas de la ultraderecha. Entonces ... ¿de qué escribir?

- Pues ya encontré una importante razón sobre lo que escribir y de forma muy escueta: A mis 77 años me siento feliz, querido por Ella y también por toda una familia que jamás hubiera soñado tener. Y mientras lo escribo, no puedo evitar sentir una profunda gratitud por esta vida que me ha dejado vivirla entera, con sus luces y sus sombras, con sus pérdidas y sus hallazgos, con todo lo que me ha permitido ser y sentir. Qué placer seguir aquí, celebrando cada día que llega, como un regalo que aún me sorprende.  


10/08/26

Cuando el humo deja de mandar

Los daños del tabaco, mi historia con cien cigarrillos al día y el día en que decidí respirar de nuevo


10 agosto 2026

- Ya sé que cuanto más te insistan en que lo dejes, más tardarás en hacerlo. La mente humana —y su estupidez, me refiero a la humana— funciona así. Parches de nicotina y otras tonterías no hacen más que enredar y esconder la verdadera solución: asumir que el tabaco enferma, que roba aire, años y calidad de vida, y que solo se deja cuando uno está convencido de verdad. 

- Aprovechando que hoy no tengo ni médicos, ni pruebas clínicas para hacer por culpa de él (el tabaco),  debo decir aquí que yo lo dejé una mañana de agosto de 2001, cuando le dije a mi Santa: “Este es mi último cigarrillo”. Nunca antes lo había dicho y, desde entonces, solo me limito a aspirar los humos que otros sueltan con total impunidad en esos lugares en los que, supuestamente, está prohibido hacerlo. 

- Yo fumaba cien cigarrillos al día, cinco paquetes, y de "Malporro". Todo un récord. Vivía con la nicotina pegada al pecho, al corazón y a los pulmones, sin darme cuenta de que cada calada era un pequeño recorte de futuro. Pero un día encontré un motivo para dejarlo —que aún vive conmigo— y lo dejé. Sin tratamiento alguno. Solo estaba convencido de que debía hacerlo, y lo hice. Por tanto, si no estás convencido y “solo” fumas un poquito, diez cigarrillos al día, por ejemplo, no te engañes: también te estás haciendo daño. No se trata de esconderse ni de dejarlo por obligación o por moda. Hay que dejarlo únicamente cuando uno está convencido, porque antes no sirve de nada. 

- El tabaco no negocia: siempre gana él, hasta que un día decides que ya no. Ah, sí, es cierto: me parece extraño y poco ceremonioso que alguien salga a la calle a fumarse un cigarrillo en plena comida o mientras toma copas. A veces lo pienso y otras hasta lo digo. Pero yo me los fumaba entre plato y plato y entre copa y copa, como si fuera lo más normal del mundo. Ahora soy un antitabaco no extremista, parezco la misma Mercedes Milá, La Reina Letizia, o el no menos conocido Alejandro Sanz. Cuando lo pienso, no sé explicármelo. Cuando fumaba tanto, tampoco. 

- La parte buena de esta historia es que se puede salir. Yo lo hice, y no soy ningún héroe: solo encontré un motivo que pesaba más que el humo. Desde entonces empecé a respirar mejor y aunque me dejó secuelas que ahora, veinticinco años después debo afrontar, he vivido más tranquilo y sé que cada día sin tabaco es un regalo que me hice a mí y a los que quiero. Si tú también encuentras ese motivo, el último cigarrillo llegará. Y cuando llegue, te aseguro que la vida, sin humo, sabe mucho mejor.

08/08/26

Inesperado, sublime y real

 La voz de ella, firme y sin temblar, fue el golpe de verdad que lo sostuvo

Imagen obtenida en su día con la ayuda de Bing

08 agosto 2026

- En los momentos más difíciles, cuando uno pierde de golpe la seguridad que da una nómina y todo lo que aparenta sostenerla, el mundo se vuelve incierto y el vértigo aparece sin pedir permiso. En aquel tiempo, él se sintió fuera de todo, expuesto, con esa mezcla de miedo y desnudez que solo conocen quienes han tenido que empezar de nuevo sin red. Y justo ahí, en ese punto donde la vida se vuelve cruda, ella estuvo a su lado y le dijo lo que muy pocos saben decir: "no te preocupes, nos acomodaremos, saldremos adelante, tú vales mucho y estamos contigo. Haz lo que tengas que hacer, todo saldrá bien".

- Mientras me lo contaba aquella noche que nunca he olvidado, entendí que ese instante había sido un hito en su convivencia, una marca luminosa en el mapa de su vida compartida. No era solo apoyo; era una declaración de confianza absoluta, una forma de amor que sostiene incluso cuando todo alrededor parece desmoronarse. Lo narraba con una emoción contenida, como quien revive un momento que le cambió la mirada para siempre.

- Y es que cuando alguien te cuenta algo así desde la verdad de lo que sintió, el gesto se vuelve inesperado, sublime por lo que transmite y real por lo cerca que lo has visto siempre. Hay palabras que no solo acompañan: levantan, reconstruyen y devuelven el pulso.

06/08/26

Contigo aprendí a vivir

Cuando el tiempo se vuelve memoria y el amor aprende a quedarse
Imagen creada con la ayuda de Grok

06 agosto 2026

- Contigo aprendí que la vida no se mide por los años, sino por los instantes que dejan huella. Aprendí a caminar sin miedo, a mirar el mundo con curiosidad y a descubrir que cada día guarda un pequeño milagro si uno sabe detenerse a sentirlo. 

- A tu lado conocí el valor de querer sin reservas, de reír hasta que duela la cara y de llorar sin vergüenza cuando la emoción se desborda. Me enseñaste que la felicidad no siempre hace ruido: a veces es un paseo lento, una conversación que se alarga, un silencio compartido que lo dice todo. Contigo descubrí sabores que no imaginaba, como el de los percebes recién abiertos, y también la magia de bailar con tus pies sobre los míos, como si el mundo entero se sostuviera en ese gesto. 

- Aprendí a escuchar, a esperar, a comprender que amar es también dejar espacio para que el otro respire. Aprendí que la vida puede ser ligera cuando se vive con verdad y que el cariño, cuando es profundo, se convierte en una casa donde siempre se vuelve. 

- Contigo aprendí casi todo, pero sobre todo aprendí lo que significa amar y ser querido de verdad, sin condiciones, sin máscaras, sin miedo.

PD: Dedicado a ella, la que sueña junto a mí en el otro lado de la cama desde el 72, la que ha sabido sostener mis silencios, mis dudas y mis alegrías con una paciencia que solo nace del amor verdadero. A su lado aprendí que el tiempo no desgasta lo que está bien construido y que la ternura, cuando es diaria y discreta, se convierte en la forma más alta de compañía. Todo lo que soy lleva su huella.

04/08/26

La fuerza de lo intangible

 Lo que sostiene la vida sin que podamos tocarlo

Imagen obtenida con la ayuda de Grok

04 agosto 2026

- Hay días en los que uno sale a la calle buscando respuestas para lo que viene y, sin querer, también para lo que uno siente.

- La vida avanza con su ruido, sus prisas y sus distracciones, pero de vez en cuando aparece ese instante que nos recuerda que lo esencial no siempre se toca: se percibe. A veces es una mirada que acompaña, una palabra que calma, una presencia que sostiene sin hacer ruido. Son gestos mínimos, casi invisibles, pero capaces de iluminar un día entero.

- Con el tiempo uno aprende que lo verdaderamente valioso no está en lo que se ve, sino en lo que permanece dentro. Y que esos intangibles —la ternura, la memoria, la compañía, la gratitud— son los que de verdad nos mantienen en pie cuando el mundo parece torcido. La vida se sostiene en esas pequeñas luces que no se ven, pero se sienten.

PD: Dedicado a ellas dos, a la que me dio la vida y a la que aún arropa mis sueños.

02/08/26

El lugar al que avanzas

Cada día es una oportunidad para elegir la luz y construir el sitio donde quieres estar

Imagen obtenida con la ayuda de Grok

02 agosto 2026

- Mirar hacia adelante no siempre es sencillo, pero cada día nos ofrece una oportunidad limpia para elegir el lugar desde el que queremos vivir. No se trata solo de metas o de horizontes lejanos, sino de ese pequeño gesto íntimo que nos recuerda que aún podemos decidir cómo caminar. En tiempos donde la maldad, las guerras y las malas gestas humanas parecen ocupar demasiado espacio, conservar un rumbo propio es un acto de resistencia luminosa.

- Ese lugar al que aspiramos —ese “donde quieres estar”— no es un destino geográfico, sino un territorio interior que se construye con salud, con clima emocional sereno y con los sentimientos que alimentan nuestras ganas de vivir. Cada día podemos acercarnos un poco más a él, incluso cuando el mundo insiste en distraernos con ruido, miedo o incertidumbre. La clave está en no olvidar que ese espacio existe y que nos pertenece.

- Y cuando uno logra sostener esa mirada hacia adelante, algo se transforma: el futuro deja de ser amenaza y se convierte en compañía. No es poco. Es la certeza de que, pese a todo, seguimos siendo capaces de elegir la luz, de proteger lo que nos hace bien y de avanzar con la serenidad de quien sabe que el camino se construye paso a paso. Donde quieres estar, es. Y cada día, si lo decides, puedes empezar a llegar.

31/07/26

Escasez crea; abundancia destruye

Una lección de infancia que aún sostiene mi manera de vivir

Fotografía obtenida con la ayuda inicial de Grok

31 julio 2026

De pequeño, en aquellos años en que las calles eran nuestro campo de juego y la pelota la hacíamos con trapos, papel y gomas de atar (lo que encontrábamos), volví a casa después de una tarde de travesuras con los amigos destrozando persianas a pelotazos y manchando puertas de los vecinos del Pasaje San Pablo de mi ciudad natal. Subí las escaleras de un tirón, todavía con la respiración acelerada, y le solté a mi madre una frase que había escuchado por ahí: “Dice Joaquín que cuando falta lo necesario se ve quién es de verdad buena persona y te lo da todo”

- Ella se agachó, me cogió por los hombros, me miró a los ojos —como hacía siempre— y respondió: “Enric, ojalá nunca tengas que comprobarlo, pero dile a Joaquín que tiene razón”.

- Hoy, más que nunca, me acuerdo de aquel día. Esa enseñanza me acompañó siempre: me hizo estar alerta, trabajar, asumir responsabilidades y ayudar a quien lo necesitaba buscándole empleo o dándole soluciones respetables en los que demostrar su interés por salir de ese bache. 

- Con los años he visto que esa forma de vivir es la única que sostiene la dignidad en tiempos como estos, cuando algunos no tienen para comer y otros se endeudan imprudentemente para viajar a las Bahamas o para ir a una final de fútbol. 

- Yo sigo fiel a aquella mirada de mi madre, la que me enseñó que la bondad real aparece cuando la vida aprieta y no cuando todo es fácil. Y también aprendí que ayudar no es un gesto grandioso, sino una forma de estar en el mundo: atento, responsable, dispuesto a sostener a quien de verdad lo necesita. Esa conciencia, nacida de una frase escuchada de niño, ha sido siempre mi guía.

12 de agosto: la vida aún me escribe por dentro

Cuando las musas callan, la propia existencia dicta sus versos y me recuerda que vivir sigue siendo un milagro. Fotografía de Robert Doisnea...