01/05/26

Cuando el mar llevaba su nombre

 Un recuerdo de 1986, cuando la distancia se vencía con imaginación y deseo.

Imagen creada con la ayuda de la IA de Google

01 mayo 2026

- Hace muchísimo tiempo, era a mediados del año 86, cuando la vida todavía tenía ese brillo que solo se reconoce al mirar atrás. 

Era ese tiempo en el que la labor profesional me llevaba lejos de casa –lejos de Ella– ese tiempo cuando el único medio de comunicación a distancia era la cola de la cabina del arcaico y poco seguro teléfono público, cartas que tardaban demasiado, el telex o la imaginación.

- Me senté frente a Él, pies mojados ... culo mojado y la vista clavada en el horizonte. Anocheciendo. Empecé a susurrarle a ese mar distinto pero siempre amigo. 

- Días le había pedido que pusiera cualquiera de sus manos en la ola más mansa de su Mar, a una hora convenida, que yo haría lo mismo en la orilla más próxima de mi Océano. Lo hicimos ... funcionó ... sentí su mano como si cogiera la mía.

- La imaginación es, en los momentos más cruciales ... una bendita tabla de salvación ... cierra los ojos –o ábrelos–, abre los canales que inundan tus sentimientos, busca el sendero que te pueda conducir hacia ellos y encontrarás muchas razones para seguir, para ser feliz. Solo hay que querer serlo.

29/04/26

El amor que no se rinde

La historia de Pere y María, un recordatorio de que la memoria puede fallar, pero la lealtad no

María del mundo

29 abril 2026

- Pere ama profundamente a su María. La ama con esa fidelidad que no hace ruido, la que se sostiene incluso cuando la vida se desordena. Pero María ya no lo escucha. A veces le regala una sonrisa fugaz, otras no lo reconoce, y aun así, siempre, siempre, Pere se inclina hacia ella y le dice con una ternura que no se gasta: María, soy tu novio.

- Pere se escapa a comprar el pan, las verduras, el periódico y esas revistas que María hojea como si fueran cromos, buscando quizá un destello de algo que ya no sabe nombrar. Luego vuelve a casa, se sienta en su mesa, mezcla poleo de menta con manzanilla y suspira por la vida feliz que compartieron. Y en ese suspiro encuentra refugio, porque instalarse en lo vivido también es una forma de seguir amando. Y sonríe.

- En la portada de su móvil no lleva la foto de ningún nieto, ni de ninguna estrella de cine enseñando sus cruces. No. Pere lleva una foto de María cuando tenía sesenta años, cuando aún lo miraba con esa luz que ahora solo él recuerda. La lleva ahí porque ese amor —el de verdad, el que permanece incluso cuando la memoria se apaga— es lo único que no ha cambiado.

- Este relato es una reedición de otro muy antiguo y que me gusta recordar y reeditar cada vez que vemos a una pareja como ellos que son o debieran ser un bonito ejemplo de amor eterno para un tiempo en el que el amor anda tan devaluado.

27/04/26

Cuando el ayer decide presentarse sin avisar

Imágenes que abren grietas en el tiempo y enseñan a vivir el instante

Fotografía de Catalá Roca

27 abril 2026

- Encontrarse con una imagen del ayer sigue siendo un acto lleno de resonancias inesperadas. No es solo memoria: es una grieta en el tiempo por donde se cuela algo que creíamos concluido, pero que insiste en volver con una luz distinta. Lo que más me atrae de ese regreso es su modo furtivo, casi clandestino, como si la imagen eligiera aparecer justo cuando la mente está desarmada. Llega envuelta en esos tonos grises que no pertenecen al pasado ni al presente, sino a ese territorio intermedio donde la imaginación dicta sus propias leyes. 

- A veces me sorprende comprobar cómo aquel pragmatismo profesional, tan rígido y tan necesario en su momento, ha quedado suspendido como un fósil útil pero ya inerte. En su lugar ha ido creciendo un espacio más libre, más ambiguo, donde conviven los sueños, los pequeños pecados que alivian el alma y esa gnosis íntima que uno no confiesa pero reconoce. Un espacio donde el demonio se vuelve casi un aliado irónico y el Dios de la infancia reaparece como un compañero inevitable, quizá aburrido, sí, pero tan necesario como la realidad de quienes dicen no creer en nada.

- Hoy, mi voto sigue siendo por el momento. Por cada instante que se abre ante mí sin exigir explicaciones. El siguiente ya llegará, y cuando llegue, también sabrá encontrarme.

25/04/26

La belleza de lo vivido y la serenidad del camino

Un recuerdo que sostiene el presente y una gratitud que me acompaña en cada paso

Passatge de la Vinyeta en la montaña de Montjuïc alrededor del año 1962. 
Fotografía de Jacques Léonard

25 abril 2026

- Hoy, más que nunca, después de una noche de sueños luminosos en la que recorría, paso a paso, esa escalera bella y difícil que ha sido mi vida, los eché en falta. Quizás pude cogerles de las manos; quizás estuve abrazándoles como quien dice un “hasta pronto” lleno de ternura; quizás no tuve tiempo de explicarles que el mundo cambió, que muchas de aquellas costumbres que Ellos me enseñaron ya casi nadie las respeta sin saberlo. Quizás quise contarles tantas cosas que, en mi absurda prisa de entonces, no supe encontrar el momento —estúpido de mí— mientras aún podía hacerlo, antes de su último viaje.

- Quizás ahora, más que nunca (siempre tarde, siempre a destiempo), entiendo su mensaje, su retiro, su entrega silenciosa, su manera de querer sin ruido. Quizás ahora me gustaría verme como ellos fueron… eso que Serrat cantó hace tantos años en aquella canción que tanto le gustaba a Ella: eran, sin duda, el mejor ejemplo de els vells amants.

- La nostalgia, cuando es limpia, no desprecia el presente; al contrario, lo sostiene, lo ilumina, lo hace más nuestro.

- Y hoy, mientras sigo subiendo mi propia escalera —con sus descansillos, sus giros inesperados y sus peldaños que a veces pesan— doy gracias por la suerte que me ha tocado vivir. Sea cual sea el camino que me quede por delante, lo ando con gratitud, con la serenidad de quien sabe que cada paso cuenta y con la alegría profunda de seguir aquí, acompañado por los míos y por todo lo que aún me queda por celebrar.

23/04/26

El borde del miedo

Donde la incertidumbre se convierte en camino y la esperanza encuentra su forma más silenciosa

Pintura de Victor Bauer 

23 abril 2026 

- Hoy quiero montar un post que hable del miedo, sí, del miedo a lo desconocido. Y no hablo del amor de un infante ni de la guerra para un recluta al que mandan al frente. 

- Ese miedo vive en mí desde no hace mucho tiempo. Como decía un ilustre amigo: el aprecio a la vida es inversamente proporcional al tiempo que te queda para disfrutarla. 

- Entonces ya sé de qué miedo hablo, dirás, pero no ¿o sí? No lo sé. Es como cuando te cita la neuróloga de La Fe de Valencia para darte el resultado de la biopsia muscular que te hicieron días antes, o como cuando un ilustre bedel colocaba las notas de los exámenes en las vitrinas del pasillo. Yo no le llamaría miedo… más bien terror.

- Bien, pasa el tiempo… y pasa como siempre pasa. Uno cree que el miedo se queda, pero no: cambia de forma, se disfraza, se esconde detrás de un síntoma, de un silencio, de una sospecha. Y aun así, algo dentro —no sé si llamarlo instinto, terquedad o simple apego a seguir aquí— te empuja a avanzar un poco más.

- Quizá el secreto no sea vencer el miedo, sino aprender a caminar con él sin pedirle explicaciones. Aceptar que hay días en los que la vida se estrecha y otros en los que se abre como una ventana inesperada. Y en medio de todo, uno descubre que todavía queda una chispa: pequeña, sí, pero viva. Una chispa que recuerda que lo que viene no está escrito del todo, que aún puede sorprender, que aún puede ser luminoso.

- No sé qué traerán los próximos meses. Nadie lo sabe. Pero empiezo a intuir algo: incluso en la incertidumbre hay una forma de esperanza que no hace ruido, que no promete nada, pero acompaña. Una esperanza que te mira de reojo y susurra: sigue, que aún queda camino.
"La esperanza es el sueño del hombre despierto." — Aristóteles

21/04/26

Reflexiones sobre la vida y la felicidad

El secreto de estar necesitando vivir es, siempre, amar

Pintura de Alberto Pancorbo

21 abril 2026

- En un estado de salud que no me permite andar intentando ganar una maratón física, sí quisiera, y así lo intento, ganar o abrazar la de los sentimientos. El domingo me abracé con cada uno de mis cinco nietos, y no lo hice solo una vez. Primero con la mayor (19) y en ese abrazo noté esa sensación que uno guarda para las grandes ocasiones; sí, noté que nuestras almas se rozaron. Lloramos sin lágrimas, su padre nos miraba con los ojos muy brillantes por la humedad que suele producirse en las emociones sin palabras. Luego, uno tras otro, fueron pasando por mis brazos los otros cuatro, y las emociones se fueron manifestando tal y como cada uno supo interpretarlas, aunque la profundidad de la sensación fuera la misma.

- El día transcurría tranquilo, feliz, con charlas animadas, y es sorprendente ver cómo cada uno de ellos, pequeños y mayores, habla de sus cosas con una madurez que deja por tierra aquella imagen de niños en la pila bautismal o dando sus primeros pasos, jugando a querer andar. Cuando Ella me vio en ese estado, me lanzó una mirada cómplice, me cogió de la mano y me dijo, a modo de pregunta: ¿Feliz? Y yo le contesté acercándome a su oído y en voz inaudible: ¡Cada día más!

- A estas alturas de mi vida, cuando la agenda sanitaria parece empeñada en recordarme que el cuerpo tiene sus propios ritmos, descubro que mi verdadera maratón es otra: la de mantener vivas las ganas de vivir. Y lo logro porque la felicidad —esa que no hace ruido, esa que se cuela entre los gestos cotidianos— sigue siendo mi mejor aliada. No necesito grandes gestas ni hazañas físicas; me basta con sentir que, incluso en medio de mis limitaciones, la vida continúa ofreciéndome motivos para celebrarla. Mientras pueda abrazar, escuchar, emocionarme y dejar que la ternura me atraviese, seguiré avanzando con la serenidad de quien sabe que cada día, incluso los más cansados, guarda un pequeño milagro.

19/04/26

Domingo

El día en que todo se aquieta y el corazón vuelve a casa

Fotografía de Robert Doisneau

19 abril 2026

- Hay un día que sigue siendo refugio, aunque todo alrededor vaya deprisa. El domingo. Para mí —y para muchos— es el día de la paz sencilla, de la familia que se reúne sin prisa, de la compañía que no exige nada, del amor que se expresa en gestos mínimos y verdaderos.

- Un día para bajar el ritmo, agradecer lo que permanece y recordar que, incluso en semanas agitadas, siempre hay un espacio donde el mundo se aquieta.

Cuando el mar llevaba su nombre

 Un recuerdo de 1986, cuando la distancia se vencía con imaginación y deseo. Imagen creada con la ayuda de la IA de Google 01 mayo 2026 - Ha...