02/02/26

Domingos que hablan de nosotros

Entre la calma ganada, la distancia de los hijos y la serenidad de comprender su camino

Foto fruto de la composición dictada a la IA de Microsoft

02 febrero 2026

- Ay, vaya con los domingos, son todo un símbolo de nuestro estado, sí, nos sonríe la vida cuando ya tenemos cierta edad porque la presión laboral, las prisas y las citas a todas horas se terminaron. Ahora es siempre domingo. ¿Añoramos aquellos tiempos?

- No hay una respuesta clara para esa pregunta ya que depende en gran parte de la calidad de nuestra salud y del estado físico de cada cual. Los hay que a sus sesenta y siete años (y más), siguen corriendo maratones o aún juegan al pádel, mientras que a otros sólo les apetece reunirse con los amigos en el quiosco o en el Bar de Manolo para tomar café y así charlar toda la mañana o toda la tarde (va a gustos de cada uno).

- Pero hay otros que se sumergen en su soledad pareciéndoles que nada puedan hacer. A los hijos les dieron estudios y apoyo hasta que finalmente se casaron, marcharon de casa y de ciudad (algunos, incluso de país), y ya solo se ven una o dos veces al mes con suerte o al año según la lejanía.

- Pero... ¿es justo o necesario entristecerse por este aparente olvido en el que quedan esos jóvenes maduritos? (como diría nuestra admirada Pepa Fernández).

- Quizá convenga recordar que no siempre se trata de olvido, sino de esa independencia natural que todos deseamos para nuestros hijos cuando los vemos crecer. Ellos también navegan sus propios retos, sus trabajos inciertos, sus horarios imposibles y estas épocas tan complicadas que a veces apenas les dejan aire. No es desamor, ni desinterés, es simplemente la vida avanzando. Y en ese avance, aunque nos veamos menos, seguimos siendo su puerto seguro, su referencia tranquila, la certeza de que cuando vuelvan, aunque sea de tarde en tarde, encontrarán el mismo cariño intacto. Seamos felices viéndolos felices, ese debe ser nuestro principal orgullo.

31/01/26

Una mañana en mi gimnasio especial

Gimnastas de la esperanza: sudor, sonrisas y gratitud en el camino rehabilitador



31 enero 2026

- En la última sesión de fisioterapia rehabilitadora (séptima de este nuevo intento), en el Hospital Público que queda cerca de donde vivo, reviví, nuevamente, la maravillosa actitud de médicos, sanitarios y personal de servicio del departamento de Rehabilitación (cariño, templanza, amabilidad, atención esmerada y una enorme empatía hacia cada uno de los que allí convivimos en nuestras sesiones de una hora). No sé si podremos agradecerles alguna vez lo suficiente esa voluntad de servicio que veo en todos ellos.

- No obstante, lo más importante de esas sesiones sigue siendo, a mi juicio, que ese cordial comportamiento de los sanitarios se traslada a los mermados pacientes que acuden al gimnasio, contagiándolos de ese espíritu al grito de “no te rindas” y “prohibido decir no puedo”, “porque yo te ayudo”.

- Por otra parte, ver allí sonrientes a todos los compañeros sudando la gota gorda por superar las “enormes pruebas” (para ellos) a las que son sometidos, unos por subir tres enormes peldaños de escalera y bajar por una rampa, una y otra vez, nunca más de tres veces; otros andando tozudamente por el pasillito corto entre dos barandillas paralelas; y los más tumbados en una camilla, los del ictus, intentando mover cualquier parte de su cuerpo con la ayuda del especialista que no se separa, en ningún caso, de los sufridos “gimnastas” del espacio rehabilitador. Toda esa vista es un espectáculo que conmueve y enseña.

- El jueves, mientras andaba entre las paralelas y bien agarrado a ellas a la vez que arrastraba unas pesas en los pies, me detuve unos segundos a contemplar ese maravilloso espectáculo: no hay lamentos, hay sonrisas, hay caras felices a la vez que sudorosas, hay compañerismo, hay bromas con los sanitarios y entre los “gimnastas”. Y al final, como siempre, intento encontrar ese punto de optimismo que a todos nos debiera abrazar al ver el ejemplo que ellos nos ofrecen, y que podría resumirse en una buena frase: Gracias, vida, por dejarme llegar hasta aquí y de qué poco puedo quejarme si soy feliz con lo que tengo.

- Y, aun así, mientras avanzaba paso a paso, comprendí algo más profundo: que cada día que puedo seguir intentándolo es un regalo, que cada gesto de ayuda es una forma de luz y que cada pequeño logro, por humilde que sea, merece celebrarse. La vida, con sus límites y sus sorpresas, sigue ofreciéndome motivos para seguir adelante, para agradecer lo que permanece y para abrazar lo que llega. Por eso, hoy más que nunca, repito en silencio y con serenidad: gracias, vida, por seguir enseñándome a vivir.

29/01/26

La realidad de la vida… y la otra

Lo que vemos, lo que sentimos, lo que importa

André Kertész - Paris, 1928.


29 enero 2026

- Hay días en los que uno se levanta, enciende la radio o abre el móvil, y parece que el mundo se ha convertido en un concurso de tragedias. Cada medio cuenta su versión interesada, cada político vende su relato como si fuera el único posible, y cada gurú de turno (de esos que aparecen como setas), dicta sentencias sobre lo que debemos pensar, comer, temer o celebrar.

- Y luego está la vida real. La nuestra. La que no sale en los titulares.

- He decidido escribir sobre esa realidad, la que no necesita maquillaje ni discursos grandilocuentes. Y, por cierto, voy a dejar fuera la realidad médica, que ya es otro universo paralelo. Porque si hiciera caso a mi amigo (ese que cambia de médico cada vez que uno le prohíbe algo), acabaría creyendo (por ejemplo), que la avena es, a la vez, el elixir de la eterna juventud y el veneno de los venenos. Depende del día, del médico o del influencer de turno. En fin.

- Con la realidad pasa algo parecido. Hay quien vive convencido de que todo va mal, de que el mundo se desmorona, de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y oye, respeto su visión, pero no la comparto. Porque mientras algunos se dedican a coleccionar desgracias, otros seguimos encontrando motivos para sonreír, para agradecer, para seguir adelante.

- La vida no es perfecta, claro que no. Pero es nuestra. Y está llena de momentos que ningún medio puede manipular y que ningún político puede apropiarse: el abrazo de un hijo, el olor del café por la mañana, una conversación inesperada, un paseo sin prisa, una canción que te rescata, un recuerdo que te sostiene.

- Esa es la realidad que me interesa. La que se construye con afectos, con humor, con paciencia, con ganas. La que no depende de titulares ni de discursos, sino de cómo decidimos mirar el mundo.

- Y por eso, hoy, como siempre, elijo el optimismo. No un optimismo ingenuo, sino uno consciente, trabajado, casi artesanal. Elijo creer que el futuro será mejor porque nosotros lo haremos mejor. Elijo la vida, con sus curvas y sus sorpresas. Elijo el amor, que al final es lo único que de verdad deja huella.

- Que cada uno se quede con la realidad que quiera. Yo me quedo con la que me hace vivir, no con la que me quieran vender.

27/01/26

Cuando el futuro parece temblar

La voluntad, el amor y el trabajo como antídotos frente a los presagios oscuros


Detrás de la Gare Saint-Lazare (1932) - Cartier-Bresson


27 enero 2026

- Todavía hoy recibo mensajes —pidiendo consejos— de algunos buscadores de fortuna que piensan hacerla muy grande construyendo casas, algo que, por cierto, es tan necesario para un país como el nuestro, en el que parece, a ratos, que se está desmoronando todo: el bienestar, la sanidad, la educación, las carreteras, los trenes, la bolsa de las pensiones, los sueldos, los alquileres, el empleo juvenil y el de los mayores de 55… en fin, todo. Y, para que no falte nada, también siguen muy activos los agoreros terraplanistas y los negacionistas del cambio climático provocado por la mano del hombre, convencidos de que ese CC es un fenómeno natural y cíclico de nuestro planeta.

- A esos buscadores de consejos para generar una exuberante fortuna les digo lo mismo que decía a quienes me querían escuchar cuando aún tenía voz para levantarla encima de una tarima: “Planteaos la pregunta de si realmente vivimos para vivir, o si vivimos para algo más. Reflexionad sobre la naturaleza de la vida y la importancia de disfrutarla plenamente; la mayor riqueza es encontrar la felicidad. Encontrarla… una gran tarea”.

- Y, aun así, pese a este paisaje convulso que a veces nos empequeñece, sigo creyendo que el porvenir no está escrito en ninguna nube oscura. El futuro lo modelan quienes deciden no rendirse, quienes ponen fe donde otros ponen miedo, amor donde otros levantan muros y trabajo donde otros solo ven imposibles. Nada está perdido mientras existan personas dispuestas a construir, a cuidar, a pensar y a soñar. Quizá el mundo tiemble, sí, pero también late; y en ese latido cabe la esperanza de que, con voluntad y humanidad, sepamos despejar esos negros presagios y abrir paso a un mañana más digno, más justo y más nuestro.

25/01/26

El arte de seguir aquí

Crónicas luminosas de una edad consciente

Desde las Torres de Notre Dame, 1952
Henri Cartier-Bresson


25 enero 2026

- Nada cambia… o sí, pero casi nunca en la dirección que uno soñaba a los veinte. Y aun así, qué más da. Lo que de verdad importa es abrir los ojos y comprobar que sigue habiendo luz, que sigue habiendo día. Levantarte y descubrir —con una mezcla de sorpresa y resignación— que los pies crecen más que la paciencia, y que colocarte un calcetín sin que proteste alguna vértebra se ha convertido en deporte de riesgo. Mirarte al espejo y asumir que el bigote ya no es negro carbón, sino un blanco indefinido que no sale ni en la carta Pantone. Y si encima descubres que una simple tostada multicereales se ha convertido en territorio prohibido por tu recién estrenada condición de pre-celíaco, entonces sí: entiendes que la vida ha empezado a cambiar en serio. Casi tanto como lo fue y sigue siendo la del CR7, pero sin focos, sin dramas de postureo y sin esas tristezas de plástico que venden en las redes.

- Este pequeño manifiesto improvisado no venía a cuento —lo sé—, y menos un domingo, ese día traicionero en el que los enanos se empeñan en poner a prueba la resistencia de tus costuras abdominales, aquellas que un cirujano reforzó con puntos de titanio para que quedara claro que donde hay, hay. Pero lo cierto es que estas lágrimas de San Pedro —de las que en Toledo hay, como todo el mundo sabe, diez copias originales— vienen de un mal sueño. Uno de esos que regresan cuando no puedes soltar lo que llevas dentro en un mitin de mis adorables viernes la nuit, en una charla o en una conversación de las que te dejan el alma ventilada.

- El sueño siempre habla de lo mismo: la bidireccionalidad del querer. Esa verdad incómoda que te recuerda que es inútil querer a alguien solo para que te quiera. Que necesitas que el otro también dé un paso, aunque sea pequeño. Y no hablo de amores con derecho a roce ni de pasiones intravenosas, sino de algo más básico y más humano: la relación entre personas. La amistad, esa que tantas veces dejamos olvidada en la montaña de asuntos pendientes, se va deshilachando cuando no hay cercanía, cuando se apaga el poder, la influencia o el brillo del que la ofrecía, o cuando la vida —con sus urgencias y sus rutinas— nos arrastra hacia prioridades más mundanas.

- Es feo, es humano, es ley de vida o de alguna vida que aún no entendemos del todo. Yo lo tengo asumido, o eso me digo. Pero sin preguntarte de qué lado estás, te lanzo la pregunta igualmente: ¿Y tú? Quizá no importe la respuesta. O quizá sí. Lo que importa, tal vez, es saberlo. Y saberlo pronto.

- Porque, al final, entre vértebras que crujen, bigotes que palidecen y amistades que se transforman, uno descubre algo esencial: seguimos aquí. Seguimos vivos. Seguimos aprendiendo. Y eso, a cierta edad, es casi un privilegio revolucionario.

- La vida —esta vida que a veces parece que se encoge— aún guarda sorpresas. La familia sigue siendo un refugio cálido, incluso cuando el mundo se vuelve ruidoso. El amor, en todas sus formas, continúa encontrando rendijas por donde colarse. La amistad verdadera, aunque escasa, brilla más que nunca. Y lo mejor, lo verdaderamente mejor, es que todavía queda camino por delante. Un camino que quizá no sea tan rápido como antes, pero sí más nuestro, más consciente, más lleno de sentido.

- Así que sí: nada cambia… o tal vez cambia todo. Pero mientras haya luz al abrir los ojos, mientras haya alguien a quien querer y alguien que nos quiera, mientras haya un motivo para reír, brindar o escribir estas líneas, lo que viene aún puede ser extraordinario.

- Y lo será.

23/01/26

Donde la Imaginación despliega sus alas

 

Playa San Juan (Alicante), hoy

23 enero 2025

- Subir la persiana de la ventana del dormitorio y ver que el día empieza a despuntar supone un enorme abrazo a la vida cada mañana cuando ese "siempre amanece" se hace realidad.

- Uno de esos muchos amables amigos con los que sigo manteniendo algún tipo de relación, aunque sea virtual, me manda cada día (y desde que comenzó el tiempo de postconfinamiento tras la pandemia del 2019), unas fotografías que enfocan a algunos lugares del recorrido que yo solía hacer cuando aún podía andar por esos extraordinarios parajes que ofrece el mar, la playa y el lejano y ardiente horizonte madrugador que muestra la belleza de lo natural de lo sencillo, de lo, demasiadas veces, olvidado.

- Pero hoy, en una de esas madrugadoras fotografías que me manda mi amable amigo, me descubro a mí mismo.

Quien fuera gaviota para poder volar y darle las gracias a la vida por haberme permitido llegar hasta este instante, igual que mi imaginación lo hace cuando se libera y se atreve. 

- Volar soñando que el mundo, aun con su belleza maltratada, sigue guardando destellos de luz que esperan ser descubiertos. Y en ese vuelo íntimo, casi secreto, sentir que lo mejor no solo está por llegar, sino que ya empieza a asomarse en cada pequeño gesto de esperanza que nos sostiene.


21/01/26

El arte humano de recomenzar: Cuando todo se tambalea, lo próximo nos rescata

Pintura de Alberto Pancorbo


21 enero 2026

- Hoy quiero dejar aquí un breve post (algo que nunca consigo), que recuerde algo que a veces olvidamos: la verdadera vida suele estar mucho más cerca de lo que creemos. No siempre es necesario viajar a otros confines para apreciar la belleza que nos regala el entorno inmediato. Lo nuestro y los nuestros conforman, casi siempre, esa felicidad próxima que tantas veces pasamos por alto.

- Y, sin embargo, los tiempos que vivimos no ayudan a mantener la mirada serena. No llegan noticias esperanzadoras sobre un futuro inmediato; gobernantes alocados, hipócritas y narcisistas parecen haber olvidado su propia fragilidad mientras el mundo sangra por todas sus costuras mal remendadas. Es un castigo visible a sus maldades… y también a nuestra pasividad, a esa incapacidad creciente para distinguir el bien del mal, como si todo nos resultara ya tan normal como que un pájaro vuele o que un viejo empiece a paladear el sabor del olvido.

- Y aun así, pese a este panorama desalentador, me niego a renunciar al optimismo. El ser humano, incluso cuando tropieza una y otra vez, conserva una sorprendente capacidad para detenerse, mirarse al espejo y rectificar. Siempre queda un resquicio por donde entra la luz: un gesto noble, una palabra que reconcilia, una decisión tomada desde la bondad. Quizá ahí resida nuestra verdadera fuerza, en recordar que todavía podemos recomenzar y que la belleza cercana —esa que a veces olvidamos— sigue esperando a que la reconozcamos.


Domingos que hablan de nosotros

Entre la calma ganada, la distancia de los hijos y la serenidad de comprender su camino Foto fruto de la composición dictada a la IA de Micr...