03/10/26

¿QUÉ PIENSAN REALMENTE LOS MENORES DE 30 AÑOS?

Entre la incertidumbre del futuro, la precariedad laboral y la desconfianza política: una reflexión abierta para escuchar a quienes heredarán el mundo que estamos construyendo


3 octubre 2026

- Últimamente no puedo evitar preguntarme qué piensan realmente los menores de 30 años sobre el mundo que les está tocando vivir.

- Vivimos tiempos marcados por las guerras, la incertidumbre económica, las crisis energéticas, la dificultad para acceder a una vivienda, el encarecimiento del coste de la vida, la precariedad laboral y una creciente sensación de que el futuro que se aproxima no resulta especialmente esperanzador.

- Ante este panorama, me gustaría conocer la opinión de quienes tendrán que convivir con sus consecuencias durante las próximas décadas.
- ¿Ven el futuro con preocupación o con esperanza?

- ¿Creen que vivirán mejor que sus padres o asumen que su calidad de vida será inferior?

- ¿Piensan que todavía es posible corregir el rumbo de muchos de los problemas que afectan a nuestra sociedad?

- Y, sobre todo, ¿qué consideran que pueden hacer ellos mismos para evitar ese futuro tan incierto?

- Más aún, ¿qué creen que deberían exigir a sus representantes políticos para que se esfuercen de verdad en solucionar los problemas que les afectan?

- Tengo la sensación de que muchas veces hablamos de los jóvenes sin escucharles realmente. Se les acusa con frecuencia de vivir pendientes de las redes sociales, del ocio inmediato o de los acontecimientos mediáticos. Pero ¿es esa imagen justa o simplemente una simplificación cómoda?

¿Qué preocupa más hoy a un joven?
- ¿Conseguir entradas para un concierto de Bad Bunny en 2027?

- ¿Encontrar un empleo estable?

- ¿Poder independizarse de sus padres antes de cumplir los treinta años?

- ¿Acceder a una vivienda digna?

- ¿Formar una familia sin que la incertidumbre económica lo haga imposible?

- ¿O quizá todas esas preocupaciones conviven al mismo tiempo?
- También me pregunto hasta qué punto consideran que son responsables de parte del futuro que les espera. No como únicos responsables, por supuesto, pero sí como una generación con capacidad para influir, participar, votar, exigir y movilizarse.

- Y aquí surge otra cuestión que me parece especialmente interesante.

¿Qué opinión tienen de la política?
- ¿La ven como una herramienta útil para mejorar la sociedad o como un escenario alejado de los problemas reales de la gente?

- ¿Creen que los políticos trabajan para resolver las dificultades de los ciudadanos?

- ¿O consideran que buena parte de ellos están más preocupados por mantener sus privilegios, asegurar su posición o favorecer a su entorno más cercano?

- Naturalmente, sería injusto pensar que todos los jóvenes son iguales o que todos los políticos actúan de la misma manera. Las generalizaciones rara vez hacen justicia a la realidad.

- Precisamente por eso me gustaría escuchar opiniones diversas, sinceras y argumentadas.

Si tienes menos de 30 años, me gustaría leerte.
- ¿Qué es lo que más te preocupa del futuro?

- ¿Qué cambiarías si estuviera en tu mano hacerlo?

- ¿Crees que todavía estamos a tiempo de construir una sociedad mejor o piensas que hemos llegado a un punto en el que las soluciones son cada vez más difíciles?

- La palabra es vuestra.

01/10/26

Cincuenta y cuatro octubres juntos

Una vida compartida, muchos caminos recorridos y la misma certeza: el amor sigue aquí

Aquí empezó todo: Cripta Gaudí - Colonia Güell 
Santa Coloma de Cervelló - (Barcelona)

01 octubre 2026

- Sí, hoy se cumplen nuestros primeros cincuenta y cuatro años de matrimonio, bendecidos por una vida que nos ha dado mucho más de lo que podíamos esperar. Pero lo importante, lo más importante, es que el amor nunca decayó. Problemas, caminos imposibles y tropiezos, muchos; pero quizá lo mejor ha sido siempre que hemos sabido superarlos con éxito. Ahora, a nuestra ya avanzada edad, solo nos queda disfrutar de lo que tenemos: de nuestros hijos, de nuestros nietos, de nuestros amigos y, fundamentalmente, de tenernos el uno al otro.

- Hoy no escribiré mucho; hoy es fiesta grande.

- Feliz octubre, mundo.

30/09/26

Cuando la vida nos habla más despacio

Aprender a vivir con los años sin dejar de vivir

Imagen obtenida con la ayuda de Bing

30 septiembre 2026

- Hay una edad, esa que mi amigo Ernesto y yo bautizamos con una sonrisa como la de “cierta edad”, en la que el cuerpo comienza a enviarnos mensajes que hasta entonces parecían reservados para otros. Una molestia que se instala, una limitación inesperada, una prueba médica más frecuente de lo deseado o una recuperación que ya no llega con la rapidez de antaño.

- De repente, comprendemos con más claridad que la vida tiene un horizonte. Como si antes no lo hubiera tenido. Y, sin embargo, la verdad es que siempre estuvo ahí. A lo largo de los años hemos visto marcharse a familiares, amigos y personas conocidas cuando menos se esperaba. La fragilidad nunca ha sido patrimonio de la vejez; simplemente, con el paso del tiempo dejamos de ignorarla.

- Aceptar esta realidad no es sencillo. Nadie recibe con entusiasmo la noticia de que sus fuerzas disminuyen o de que algunas capacidades ya no son las mismas. Pero tal aceptación no tiene por qué convertirse en resignación. Hay una gran diferencia entre rendirse y comprender.

- La resignación mira hacia lo que se pierde. La aceptación agradecida contempla todo lo que se ha recibido.

- Quienes hemos llegado hasta aquí con cicatrices, recuerdos y experiencias sabemos que cada año vivido ha sido también un regalo. Hemos amado y hemos sido amados. Hemos reído, llorado, construido familias, cultivado amistades y compartido momentos que hoy forman parte de nuestro tesoro más valioso. Nada de eso desaparece porque el calendario siga avanzando.

- Además, muchos vivimos sostenidos por un lazo que consideramos eterno: el amor. Ese amor que une generaciones, que permanece incluso cuando la distancia o las ausencias se hacen presentes, que sigue acompañando nuestros pasos cuando las fuerzas flaquean. Es una riqueza que no aparece en los análisis clínicos y, sin embargo, es una de las medicinas más poderosas que existen.

- Por eso conviene resistirse a una tentación tan humana como peligrosa: la de convertir cada limitación en un motivo de tristeza permanente. La enfermedad merece respeto, atención y cuidados, pero no tiene derecho a ocupar todo el espacio de nuestra existencia. Seguimos siendo mucho más que nuestros diagnósticos, nuestras dolencias o nuestras preocupaciones.

- Mientras amanezca un nuevo día, sigue habiendo razones para agradecer, para aprender, para compartir una conversación, para ofrecer una sonrisa o para contemplar la belleza sencilla que nos rodea. La alegría no consiste en ignorar las dificultades. Consiste en no permitir que ellas nos roben el privilegio de seguir viviendo.

- Quizá la verdadera sabiduría de los años sea esta: comprender que la vida continúa siendo hermosa incluso cuando ya no es tan fácil. Y que la mejor respuesta al paso del tiempo no es la tristeza, sino la gratitud.

- Porque no se trata de contar los años que nos quedan, sino de seguir llenando de vida los años que aún nos esperan.

29/09/26

La paz de una conciencia tranquila

La verdadera victoria no consiste en no equivocarse nunca, sino en vivir con honestidad, rectificar cuando sea necesario y dejar un legado digno a quienes nos sucedan


David Seymour: Germany. Berlin-1947

29 septiembre 2026

La satisfacción del deber cumplido

- Hay una paz que no se compra, no se hereda y tampoco se improvisa. Es la satisfacción íntima de poder mirar atrás y reconocer que, con nuestros aciertos y nuestros errores, hemos intentado hacer lo correcto en el amor, en el trabajo, en la familia y en la amistad.

- Porque equivocarse es humano. Todos cometemos errores a lo largo de la vida. Lo verdaderamente importante no es no equivocarse nunca, sino saber reconocer el daño causado, arrepentirse con sinceridad y pedir perdón cuando corresponde. Los errores pueden ser comprendidos y perdonados cuando existe una voluntad honesta de rectificar. Más difícil de entender resulta quien ni sabe, ni quiere, ni intenta hacerlo.

- Vivir con orden, respeto y coherencia debería ser una tarea que comenzara desde que adquirimos uso de razón. Sin embargo, la vida no siempre nos enseña las lecciones a tiempo. A veces se aprende tarde y algunos interpretan esos cambios como oportunismo. Pero no siempre es así. También existe quien, tras años de tropiezos, encuentra finalmente el camino correcto y decide recorrerlo con humildad. ¿Qué hacer entonces? Seguir adelante, reparar cuanto sea posible y hacer del presente una oportunidad para ser mejores.

- La vida es corta y solo tenemos una. Por eso merece la pena elegir el bien siempre que podamos. Conviene apartar de nuestro entorno a quienes no respetan a las personas ni las normas básicas de convivencia. Vivamos como podamos, sí, pero procurando caminar por la senda recta, aquella en la que la fidelidad a los buenos principios prevalece sobre los éxitos fraudulentos o sobre la tentación de alcanzar metas a costa de pisotear la dignidad de otros.

- Necesitamos recuperar la convicción de que la integridad sigue siendo una virtud y no una ingenuidad. Que el respeto, la honestidad y la palabra dada continúan teniendo valor. Que ningún triunfo compensa una conciencia intranquila.

- Luchemos por dejar un mundo mejor que el que recibimos. Un mundo del que nuestros hijos y nuestros nietos puedan sentirse orgullosos. Un mundo en el que recuerden a sus antecesores no por aquello que acumularon, sino por aquello que sembraron en el corazón de los demás.

- No desfallezcamos. Vivimos tiempos en los que las relaciones humanas muestran demasiadas grietas, donde la intolerancia crece y donde los tambores de guerra vuelven a escucharse en demasiados rincones del planeta. Conviene estar alerta. Cuando la indiferencia avanza, todos retrocedemos.

- Estamos más cerca del borde del abismo de lo que nos gustaría reconocer. Precisamente por eso, cada gesto de bondad, cada acto de justicia y cada decisión honesta adquieren hoy un valor extraordinario.

- Que nunca nos falte el coraje para elegir el bien y la serenidad que nace de la conciencia tranquila. Esa es, quizás, la mayor satisfacción del deber cumplido.


27/09/26

El oficio de estar alegres

Porque la alegría no siempre llega sola; muchas veces nace de la forma en que decidimos mirar la vida cada mañana

Imagen obtenida con la ayuda de Grok


27 de septiembre 2026

- Hay mañanas que empiezan mucho antes de abrir los ojos. Empiezan cuando entra una rendija de claridad por la persiana siempre mal cerrada de la ventana del dormitorio; cuando el barrio bosteza despacio; cuando el primer café comienza a perfumar la casa y el mundo recupera su ruido habitual.

- Están los sonidos de siempre: alguna persiana madrugadora, los pasos apresurados de quien llega tarde, el murmullo de una radio encendida en una cocina cualquiera, el ladrido lejano de un perro convencido de que tiene algo importante que comunicar. Incluso esos pequeños contratiempos cotidianos, tan previsibles como inevitables, terminan ocupando su lugar en el decorado de cada día.

- Y uno descubre que la felicidad rara vez aparece vestida de acontecimiento extraordinario. Suele llegar disfrazada de rutina, escondida en detalles que pasan desapercibidos cuando dejamos de prestarles atención.

- Quizás el verdadero secreto para levantarse cada mañana no esté en lo que ya tenemos, sino en aquello que todavía nos queda por hacer. Mantener viva la curiosidad, conservar algún proyecto, una ilusión, una conversación pendiente, un libro a medio leer o un lugar por descubrir. Tener asuntos abiertos con la vida.

- Porque mientras existan motivos para salir al encuentro del día, por pequeños que sean, seguirá existiendo también el deseo de recorrerlo.

- La vida suele responder mejor a quienes se acercan a ella sin demasiado miedo, aceptando que nada es permanente y que casi todo es prestado. Tal vez la clave no consista en alcanzar una felicidad perfecta, sino en convencerse de que merece la pena seguir buscándola.

- Vivir sin complejos continúa siendo uno de esos horizontes que nunca se alcanzan del todo, pero que merece la pena perseguir cada día.

25/09/26

El cielo se iluminó

Los sentimientos de amor hacen de nuestra vida un camino de felicidad desconocido para quien no los conoce

Imagen obtenida con la ayuda de la IA de Microsoft


25 septiembre 2026

- Hoy voy a recuperar aquí una de mis notas perdidas favoritas, siempre recordando que el próximo día primero de octubre cumpliremos (Ella y yo), nuestros primeros cincuenta y cuatro años como felices casamentados.

-Aquí la dejo una vez reparada y nuevamente avivada como el mismo fuego del amor eterno:
“El cielo se iluminó desde el mismo día en que apareciste en mi vida, me convertí en el rey de los sentidos y nunca imaginé que este recorrido espacial fuera a darme tantas alegrías y tantas dudas sobre su existencia material. Nada como la magia del destino para que esas lágrimas que un día cayeron en las mejillas de mi dolor plural, persistente e invisible, rompiendo las entrañas de mi perversa imaginación, fueran las redentoras de todas mis iniquidades y de mandar al fuego reparador a todas mis muy elaboradas endechas. Sorteamos, no sin suerte, a veces, las envenenadas azagayas que todo sentir sufre en ese feliz tormento, cual supone el camino hacia esa dicha que pocos humanos dejan de perseguir y que, también, muy pocos alcanzan, pero todo ese inmenso “morir poco a poco” que me has regalado, no por esperado y deseado, ha dejado de ser lo que ha sido y es, un camino empedrado de lienzos de vida, placer, sufrimiento y si, de sentimientos encontrados, eternos y majestuosos, indoloros y sangrantes, sinceros y atrevidos, pero solo son lo que son, solo son mis adorables e irreparables sentimientos, amor.”

23/09/26

Ciudad solitaria, corazón acompañado

El final del verano devuelve la calma a esta tierra levantina y me recuerda que la verdadera fortuna no es llegar lejos, sino llegar acompañado.


23 septiembre 2026

- Salimos temprano a dar una vuelta en coche. Hace tiempo que caminar largas distancias dejó de ser algo sencillo para mí, así que nos conformamos con recorrer las calles desde la comodidad de nuestros asientos, observando cómo amanecía la ciudad.

- Se nota que el verano ya se ha despedido de esta tierra levantina. Las playas han perdido buena parte de su bullicio, los paseos ya no rebosan de gente y las calles recuperan poco a poco esa calma que permanecía escondida bajo el ruido y la alegría de la temporada estival.

- Mientras avanzábamos por avenidas inusualmente tranquilas, me sorprendió encontrar tan poca gente. Fue entonces cuando, casi sin darme cuenta, comencé a cantar aquella vieja canción de Mina, Ciudad solitaria. Es algo que hago desde hace tantos años que ya ni recuerdo cuándo empezó esa costumbre.

- Pero aquella mañana la soledad era solo una apariencia.

- A mi lado viajaba todo mi mundo. Ella. La mujer que transforma cualquier trayecto en compañía, cualquier silencio en conversación y cualquier día corriente en un día digno de ser recordado. Entre canciones, recuerdos y sonrisas compartidas, comprendí una vez más que la verdadera cercanía no depende de la multitud que nos rodea, sino de la persona con la que elegimos caminar por la vida.

- Entonces le dije que hay amores que ya no necesitan promesas porque viven instalados en las certezas. Amores que han aprendido a reconocerse en los pequeños gestos, en las miradas cómplices y en esa forma serena de compartir el tiempo que solo los años saben regalar.

- Y mientras la ciudad parecía quedarse vacía para dar la bienvenida al otoño, pensé que algo parecido ocurre también en nuestra propia existencia. Con el paso de los años desaparecen muchas prisas, se disipan numerosos ruidos y dejamos atrás preocupaciones que un día creímos imprescindibles. Lo esencial, sin embargo, permanece. Y es precisamente entonces cuando aprendemos a valorar lo que verdaderamente importa.

- Por eso hoy doy gracias. Gracias a la vida por haberme permitido llegar hasta aquí, por cada amanecer contemplado, por cada recuerdo guardado en el corazón y, sobre todo, por la inmensa fortuna de seguir compartiendo el camino con quien hace que cada etapa merezca la pena. Porque quizá la auténtica felicidad no sea alcanzar un destino determinado, sino descubrir que, a pesar del tiempo transcurrido, seguimos teniendo motivos para sonreír, para amar y para agradecer el regalo de estar aquí.


¿QUÉ PIENSAN REALMENTE LOS MENORES DE 30 AÑOS?

Entre la incertidumbre del futuro, la precariedad laboral y la desconfianza política: una reflexión abierta para escuchar a quienes heredará...