20/08/26

Los pequeños milagros del día a día

 A veces la felicidad llega en forma de sucesos mínimos que sostienen la luz incluso cuando toca atravesar lo que menos apetece.

Fotografía de Javier Miserachs

20 agosto 2026

- A un día de que una de mis nietas cumpla quince años y a tres de que mi hijo cumpla cincuenta y tres, que más podría añadir a este texto de hoy que solo pretende manifestar que hay miles de sucesos que vienen  a nosotros un día tras otro para darnos una felicidad que no siempre nos damos cuenta de que  existen y que ellos suelen apagar el mal fuego de los que no nos gusta nada vivirlos como el que me espera mañana en mi SPA favorito en San Juan donde tengo una cita madrugadora con mi neumóloga.

La vida nunca deja de ofrecernos motivos para sonreír: un cumpleaños que se acerca, una presencia que nos quiere, un instante que nos devuelve la calma. Son esas pequeñas certezas las que mantienen encendida la alegría. 

18/08/26

Aquella casa que sigue dentro de mí

Me gusta rememorar mis pensamientos y saberme poseedor de ellos por mucho tiempo que pase.

Imagen obtenida con la ayuda de Grok

18 agosto 2026

- A veces vuelvo, sin querer, a aquellas escaleras interminables de la Barceloneta, donde subía los peldaños de tres en tres mientras mi madre me pedía prudencia desde su paso lento. Qué mundo aquel. Qué escenario tan humilde y tan grande a la vez, donde cada rellano tenía su vecina, su saludo y su pequeña ceremonia de barrio.

- Al llegar arriba siempre estaba Él, mi padrí, firme como un faro. Yo me abrazaba a sus pantalones como si cada encuentro fuera el último, como si en aquel gesto se sostuviera el mundo entero. Luego venían los besos a la yaya, quieta en su silla alta, y las historias que él me contaba hasta quedarse sin fuerzas, regalándome colores y fantasías que aún hoy me acompañan.

- Recorrer aquel pasillo largo, con sus sombras misteriosas, era entrar en un universo propio. El olor de la cocina, la punta de pan en la boca, el suspiro inevitable… todo eso era estar en casa, en la casa de la yaya, donde el tiempo tenía otro ritmo y la vida parecía más sencilla.

- Asomarme al balcón prohibido era el final perfecto de ese viaje. Un gesto pequeño, casi travieso, que convertía la tarde en aventura. Eran otros tiempos, sí, pero no menos vivos que ahora. Tiempos de rigor, de cariño, de contradicciones hermosas. Recuerdos que no se marchan porque forman parte de lo que somos.

- Dicen que los mayores solemos repetir que “nunca nada será como fue”. Puede ser. Pero los sentimientos, esos que nos sostienen, siguen intactos en quienes vienen detrás. Cambia el escenario, cambian las formas, pero la esencia permanece. No os inquietéis, abuelos del universo: el mundo seguirá siendo mundo, y las costumbres, aunque distintas, seguirán encontrando su lugar.

- Y hoy, tantos años después, me gusta pensar que aquella casa sigue viva en cada memoria que la toca, en cada olor que vuelve, en cada historia que se cuenta. Porque mientras recordemos, nada se pierde del todo.

16/08/26

Cuando el tiempo nos mira

Ausencias que caminan con nosotros y presencias que nos sostienen

Fotografía conseguida con la ayuda de Microsoft

16 agosto 2026

- A esta hora en la que uno busca no pensar demasiado para no remover lo ya vivido, vuelve la hora de los homenajes. Esa hora en la que el silencio se llena de nombres, de manos, de miradas que siguen ahí aunque ya no estén.

Haciendo de canguro —esas pocas veces que la vida te regala sensaciones casi divinas— descubres que el tiempo ha corrido sin avisar: de aquellos dulces enanos que dormían ante nosotros hemos pasado a ser quienes los contemplan ahora cuando juegan, cuando descansan, cuando te agarran la mano para que “no te caigas, avi”. Qué placer verlos crecer. Cuánta alegría y cuánta lucha.

- Hoy se cumplen 38 años desde que nos dejó Agustín. Toda una vida, como decía mi Santa y buena mujer, es ley de vida, sí… pero no me acostumbro. No me acostumbraré nunca. Hay ausencias que no se archivan, que no se guardan en ningún cajón; simplemente caminan contigo.

- Por todos los que ya no están y que tanto quise y quiero. Por todos esos recuerdos imborrables que siguen con Ella (Mi Santa Madre), y, hoy, especialmente, con Él (Mi Padre). Siguen de la mano, de su mano, como siempre.

14/08/26

El reflejo que nunca ganó, pero siempre habló

Una imagen, un premio esquivo y la certeza de que la libertad se construye mañana

Antigua imagen retocada con Grok

14 agosto 2026

- A veces no sé si debería decirlo, pero aquella imagen —la de arriba— fue propuesta (junto a otras dos), y yo también la propuse después, para el premio al mejor reflejo de lo que puede significar La Libertad.

- No ganó, no gané, incluso nos dejaron al margen, pero el verdadero premio se quedó en nosotros y, sobre todo, en mí. 

- Nunca nadie lo entendió, nadie; y ahora creo que yo tampoco, salvo cuando cierro los ojos y dejo que su mensaje gráfico me hable desde dentro. 

- Galeano lo dijo con esa claridad que atraviesa el tiempo: 

“Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana”. 

- Mañana será un mundo de libertad, estoy seguro. Pensar lo contrario, por muy difícil que hoy nos parezca, sería no comprender para qué hemos vivido.

12/08/26

12 de agosto: la vida aún me escribe por dentro

Cuando las musas callan, la propia existencia dicta sus versos y me recuerda que vivir sigue siendo un milagro.

Fotografía de Robert Doisneau

12 agosto 2026

- Hoy estoy como algunas veces cuenta Ernesto que le sucede lo mismo cuando se pone a escribir y que tan bien definió Serrat en aquella gran cancion que ahora no recuerdo su nombre, pero que luego buscaré y la dejaré aquí para deleite de quien quiera escucharla: "las musas han pasado de mí, andarán de vacaciones".

- Pero pronto recupero el norte de mis razones para escribir y no sé si debería volver a llorar cuando escuché en una de las emisoras de radio de la noche a un chaval marroquí desde Ceuta contando sus razones para huir de su País y de su casa; tampoco sé si debería quejarme de algún mal que a mi pudiera sucederme, cuando en la misma emisora escuché a una mujer que desde uno de los muchos incendios patrios actuales, contaba que ardió su casa y ya no tenía nada, ni casa, ni forma de vida, ni recuerdos.

- Pensar en escribir sobre el buen o mal hacer de los políticos (de todos los colores), no me es nada agradable y aún menos de la tendencia mundial del auge de las llamadas políticas de la ultraderecha. Entonces ... ¿de qué escribir?

- Pues ya encontré una importante razón sobre lo que escribir y de forma muy escueta: A mis 77 años me siento feliz, querido por Ella y también por toda una familia que jamás hubiera soñado tener. Y mientras lo escribo, no puedo evitar sentir una profunda gratitud por esta vida que me ha dejado vivirla entera, con sus luces y sus sombras, con sus pérdidas y sus hallazgos, con todo lo que me ha permitido ser y sentir. Qué placer seguir aquí, celebrando cada día que llega, como un regalo que aún me sorprende.  


10/08/26

Cuando el humo deja de mandar

Los daños del tabaco, mi historia con cien cigarrillos al día y el día en que decidí respirar de nuevo


10 agosto 2026

- Ya sé que cuanto más te insistan en que lo dejes, más tardarás en hacerlo. La mente humana —y su estupidez, me refiero a la humana— funciona así. Parches de nicotina y otras tonterías no hacen más que enredar y esconder la verdadera solución: asumir que el tabaco enferma, que roba aire, años y calidad de vida, y que solo se deja cuando uno está convencido de verdad. 

- Aprovechando que hoy no tengo ni médicos, ni pruebas clínicas para hacer por culpa de él (el tabaco),  debo decir aquí que yo lo dejé una mañana de agosto de 2001, cuando le dije a mi Santa: “Este es mi último cigarrillo”. Nunca antes lo había dicho y, desde entonces, solo me limito a aspirar los humos que otros sueltan con total impunidad en esos lugares en los que, supuestamente, está prohibido hacerlo. 

- Yo fumaba cien cigarrillos al día, cinco paquetes, y de "Malporro". Todo un récord. Vivía con la nicotina pegada al pecho, al corazón y a los pulmones, sin darme cuenta de que cada calada era un pequeño recorte de futuro. Pero un día encontré un motivo para dejarlo —que aún vive conmigo— y lo dejé. Sin tratamiento alguno. Solo estaba convencido de que debía hacerlo, y lo hice. Por tanto, si no estás convencido y “solo” fumas un poquito, diez cigarrillos al día, por ejemplo, no te engañes: también te estás haciendo daño. No se trata de esconderse ni de dejarlo por obligación o por moda. Hay que dejarlo únicamente cuando uno está convencido, porque antes no sirve de nada. 

- El tabaco no negocia: siempre gana él, hasta que un día decides que ya no. Ah, sí, es cierto: me parece extraño y poco ceremonioso que alguien salga a la calle a fumarse un cigarrillo en plena comida o mientras toma copas. A veces lo pienso y otras hasta lo digo. Pero yo me los fumaba entre plato y plato y entre copa y copa, como si fuera lo más normal del mundo. Ahora soy un antitabaco no extremista, parezco la misma Mercedes Milá, La Reina Letizia, o el no menos conocido Alejandro Sanz. Cuando lo pienso, no sé explicármelo. Cuando fumaba tanto, tampoco. 

- La parte buena de esta historia es que se puede salir. Yo lo hice, y no soy ningún héroe: solo encontré un motivo que pesaba más que el humo. Desde entonces empecé a respirar mejor y aunque me dejó secuelas que ahora, veinticinco años después debo afrontar, he vivido más tranquilo y sé que cada día sin tabaco es un regalo que me hice a mí y a los que quiero. Si tú también encuentras ese motivo, el último cigarrillo llegará. Y cuando llegue, te aseguro que la vida, sin humo, sabe mucho mejor.

08/08/26

Inesperado, sublime y real

 La voz de ella, firme y sin temblar, fue el golpe de verdad que lo sostuvo

Imagen obtenida en su día con la ayuda de Bing

08 agosto 2026

- En los momentos más difíciles, cuando uno pierde de golpe la seguridad que da una nómina y todo lo que aparenta sostenerla, el mundo se vuelve incierto y el vértigo aparece sin pedir permiso. En aquel tiempo, él se sintió fuera de todo, expuesto, con esa mezcla de miedo y desnudez que solo conocen quienes han tenido que empezar de nuevo sin red. Y justo ahí, en ese punto donde la vida se vuelve cruda, ella estuvo a su lado y le dijo lo que muy pocos saben decir: "no te preocupes, nos acomodaremos, saldremos adelante, tú vales mucho y estamos contigo. Haz lo que tengas que hacer, todo saldrá bien".

- Mientras me lo contaba aquella noche que nunca he olvidado, entendí que ese instante había sido un hito en su convivencia, una marca luminosa en el mapa de su vida compartida. No era solo apoyo; era una declaración de confianza absoluta, una forma de amor que sostiene incluso cuando todo alrededor parece desmoronarse. Lo narraba con una emoción contenida, como quien revive un momento que le cambió la mirada para siempre.

- Y es que cuando alguien te cuenta algo así desde la verdad de lo que sintió, el gesto se vuelve inesperado, sublime por lo que transmite y real por lo cerca que lo has visto siempre. Hay palabras que no solo acompañan: levantan, reconstruyen y devuelven el pulso.

Los pequeños milagros del día a día

 A veces la felicidad llega en forma de sucesos mínimos que sostienen la luz incluso cuando toca atravesar lo que menos apetece. Fotografía ...