La historia de Pere y María, un recordatorio de que la memoria puede fallar, pero la lealtad no
29 abril 2026
- Pere ama profundamente a su María. La ama con esa fidelidad que no hace ruido, la que se sostiene incluso cuando la vida se desordena. Pero María ya no lo escucha. A veces le regala una sonrisa fugaz, otras no lo reconoce, y aun así, siempre, siempre, Pere se inclina hacia ella y le dice con una ternura que no se gasta: María, soy tu novio.
- Pere se escapa a comprar el pan, las verduras, el periódico y esas revistas que María hojea como si fueran cromos, buscando quizá un destello de algo que ya no sabe nombrar. Luego vuelve a casa, se sienta en su mesa, mezcla poleo de menta con manzanilla y suspira por la vida feliz que compartieron. Y en ese suspiro encuentra refugio, porque instalarse en lo vivido también es una forma de seguir amando. Y sonríe.
- En la portada de su móvil no lleva la foto de ningún nieto, ni de ninguna estrella de cine enseñando sus cruces. No. Pere lleva una foto de María cuando tenía sesenta años, cuando aún lo miraba con esa luz que ahora solo él recuerda. La lleva ahí porque ese amor —el de verdad, el que permanece incluso cuando la memoria se apaga— es lo único que no ha cambiado.
- Este relato es una reedición de otro muy antiguo y que me gusta recordar y reeditar cada vez que vemos a una pareja como ellos que son o debieran ser un bonito ejemplo de amor eterno para un tiempo en el que el amor anda tan devaluado.

Ayer estuve en una conferencia, en un centro cívico, donde se daba una conferencia sobre el tema del amor en la vida actual. La conferenciante habló de los conceptos que existen hoy en día sobre el amor o las relaciones íntimas, con convivencia o no, con exclusividad o no, del tema del poliamor... Estaba claro que era para gente joven; mi presencia era evidentemente curiosa, casi podría ser el abuelo de algunos de ellos y padre de la ponente. Yo tengo esa mirada, que veo en tu escrito, tenga los años que tenga. Noté en falta, en toda esa relación de posibles ententes personales, la palabra compromiso; ya no hablemos de lealtad, dedicación, ternura, cariño... ¿Solo cuenta el sexo y ser infieles? No hablo del amor romántico, ese imposible de las novelas. No me extraña que haya tantos jóvenes desconcertados. En épocas de transición, ganancia de buitres.
ResponderEliminarUn abrazo.