Abrazos, risas y esa lágrima que asoma sin pedir permiso
14 marzo 2026
- Reencontrarte con los amigos cuando hace más de quince días que no los ves es para resucitar cualquier alma dormida.
- Todo es perfecto, como la misma tarde/noche de esos encuentros de cualquier "viernes la nuit" que ya vienen produciéndose desde casi tres décadas atrás.
- Todo es mágico: Ese primer saludo con abrazos tensos, besos, alguna frase cariñosa y sin que falte el clásico "¿holaquetalcomoestás?", pregunta no exenta de que a más de uno se le escape alguna inoportuna, aunque sentida, lágrima.
- No quiero añadir nada más, sólo, que hay suspiros, gestos y "sucesos" que una vida agradecida debe rendirle homenaje y hoy me quedo abundando en ello, porque a medida que caen las hojas del calendario entiendes que la felicidad no se busca: se reconoce en los pequeños milagros que aún te conmueven.

La celebración de la amistad que describes es un canto emocionado a la fidelidad que resiste el paso del tiempo. La escena del reencuentro —viernes tras viernes, durante casi treinta años— irradia una calidez hondamente humana: los abrazos, las lágrimas que asoman, las palabras sencillas que sellan una complicidad intacta. No hay ostentación, sino gratitud serena ante esos “pequeños milagros” donde la vida se reconoce luminosa. Captas la esencia del rito amistoso como una resurrección del alma, un territorio donde la rutina se convierte en ceremonia de afecto y la felicidad se revela en la persistencia del vínculo.
ResponderEliminarSaludos.
Tu lectura ilumina con una delicadeza admirable aquello que, al escribirlo, uno solo intuía: que esos viernes repetidos, casi rituales, no son costumbre sino una forma de salvación íntima, un lugar donde el tiempo deja de desgastar y pasa a pulir. Has captado con precisión esa mezcla de ternura y asombro que acompaña cada reencuentro: la emoción contenida, las palabras mínimas que bastan, la certeza de que la amistad verdadera no necesita ornamentos porque ya es, por sí misma, una celebración.
EliminarMe conmueve especialmente que hables de “resurrección del alma”. Quizá eso sea, en efecto, lo que ocurre: que, en medio del ruido cotidiano, estos pequeños milagros nos devuelven a lo esencial, a la parte más limpia y persistente de quienes somos.
Gracias, Joselu, por tu lectura tan generosa y tan profunda.
Eres afortunado de tener a tus amigos cerca... los míos están dispersos por todo el país, en el continente y en las islas...
EliminarMe encanta leerte, mi amigo Enrique... ¿ya te lo había dicho?!: ))
Que tengas un buen y feliz fin de semana.
Un abrazo.
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Majo querida, a veces la vida nos dispersa, sí… pero también nos regala esta otra forma de cercanía que no entiende de mapas. Yo tengo amigos cerca, es verdad, pero también tengo la fortuna de sentirte cerca a ti, aunque estés en islas, en continente o donde la vida te lleve. La distancia no borra la amistad cuando hay afecto, memoria y palabra compartida.
EliminarY que me digas que te gusta leerme… eso sí que es un regalo. Me llega con la misma alegría con la que uno recibe una carta inesperada.
Que tu fin de semana sea luminoso y tranquilo, Majo.
Un abrazo grande, de esos que cruzan fronteras sin pedir permiso.
Que no se acaben los "viernes la nuit" Enrique, un abrazo!
ResponderEliminarGracias, maria cristina, rezaré por ello.
EliminarUn fuerte abrazo.
Como dice el tango veinte años no es nada y añado treinta solo es poco mas. Si esas reuniones como nos dices según van pasando años se van volviendo mas nostálgicas.
ResponderEliminarSaludos.
Tomás, así es: veinte o treinta años pasan volando, pero dejan un poso que se siente en cada reencuentro. Y sí, con los años todo se vuelve más nostálgico… y también más valioso.
EliminarUn saludo.
Comprendo ese sentir Enrique.
ResponderEliminarNosotros también tenemos la suerte de tener esa noche de amigos los viernes, desde hace mucho tiempo.
Y que puedo añadir? Que es tan gratificante el disfrutarlo, como el sentir la cercanía de esos queridos amigos que sin pedir nada, dan lo más preciado.
Maravillosos momentos en el camino de la vida. Me alegro por ti y por la esencia auténtica de esos abrazos.
Un fuerte abrazo Enrique.
Ángela, qué bonito lo que cuentas.
EliminarEsas noches de amigos, como la vuestra de los viernes, son un regalo que sostiene más de lo que parece. La cercanía sincera, la que no pide nada y lo da todo, es de las cosas más valiosas del camino.
Gracias por tus palabras y por esa sensibilidad tan tuya.
Un fuerte abrazo.
Quince días… eso es un lujo. A los amigos de verdad que tengo yo puedo pasar años sin verlos porque casi todos viven en otras regiones. Los dos o tres que tengo aquí tampoco tienen el tiempo que tengo yo desde que me jubilaron tan anticipadamente por la enfermedad. Pero cuando por fin coincidimos aparece algo muy hondo: el cariño, la confianza y esa alegría tranquila de estar con gente que forma parte de tu vida de verdad. Me alegra mucho que tú puedas disfrutarlo. Un abrazo.
ResponderEliminarAl final, el tiempo entre encuentros importa menos que esa raíz silenciosa que sigue viva aunque pasen meses o años. Cuando uno se sienta con quienes forman parte de su vida de verdad, todo encaja sin esfuerzo: la conversación fluye, la confianza vuelve sola y aparece esa alegría serena que no necesita demostrarse.
EliminarMe alegra leerte así, reconociendo lo valioso incluso en medio de las limitaciones que te trajo la enfermedad. Hay vínculos que no se miden por frecuencia, sino por verdad. Y tú lo expresas con una claridad que reconforta.
Un abrazo grande.
Tener ese eslabon en la cadena de relaciones vitales es de lo más importante. ¡Cuídala!
ResponderEliminarUn abrazo.
Alfred, así es: esos eslabones sostienen mucho más de lo que parece. Y sí, hay que cuidarlos con calma y gratitud.
EliminarUn abrazo.
Los amigos .
ResponderEliminarNunca tendrian que faltar .
Yo tengo un amigo " de toda la vida" , vaya , desde el colegio que tendríamos 6-7 años y hasta ahora . Bueno en realidad tengo dos , los dos del colegio pero de ellos no nos vemos tanto .
Y es curioso pues aunque estemos 2 meses sin vernos , parece que nos hayamos visto cada dia .
Eso son los verdaderos amigos.
Luego están los otros amigos , que tambien son importantes sin duda .
Un saludo .Buen fin de semana .
Totalmente de acuerdo, Joaquín.
EliminarLos amigos de verdad son esos que desafían al tiempo: puedes pasar semanas sin verlos y, cuando por fin coincidís, la conversación continúa justo donde quedó, como si la vida no hubiera metido prisa.
Esos vínculos que nacen casi sin darnos cuenta —en un patio de colegio, en un banco de clase— y que siguen ahí décadas después, son un regalo. No necesitan presencia constante, solo autenticidad.
Y luego están los otros amigos, los del camino, los que se suman en distintas etapas y también dejan huella. Cada uno aporta algo distinto, y todos cuentan.
Un abrazo, Joaquín.
Eterno viernes la nuit de disfrute y agradecimiento a la Amistad...
ResponderEliminarAbrazo feliz amigo por tu felicidad!!
Así es, Carlos: hay noches que parecen un pequeño regalo, un viernes eterno donde la amistad se celebra sin prisa y con gratitud.
EliminarGracias por ese abrazo feliz, amigo.
Que siga la alegría, siempre.
Siempre es grato y bueno ver a los amigos. Te mando un beso.
ResponderEliminarNecesario, incluso, querida Judit.
EliminarUn beso grande, escritora
Esos viernes si que valen la pena Enrique! Amigos así son un tesoro para el alma.
ResponderEliminarAbrazo y buen domingo!
Tú sí que sabes, por eso eres soñadora.
EliminarUn fuerte abrazo
Hola, Enrique.
ResponderEliminarEs muy importante mantener la amistad aunque esta esté lejos, pero es muy bonito llamar de vez en cuando. Yo mantengo las amigas de la infancia que tenía cuatro años aunque no estamos cerca y lo siento mucho.
Te dejo un abrazo lleno de gratitud.
Hola, Piedad.
EliminarTienes toda la razón: la amistad, incluso cuando la vida nos coloca lejos, sigue siendo un hilo que no se rompe. Y una simple llamada, de vez en cuando, es como abrir una ventana para que entre aire fresco y memoria compartida.
Qué hermoso que conserves esas amigas desde los cuatro años; eso habla de raíces profundas y de un corazón que sabe cuidar lo importante, aunque duela la distancia.
Gracias por ese abrazo lleno de gratitud.
Te envío otro igual de sincero y cercano.
Ya lo dice el refrán de que hay que tener amigos, hasta en el infierno, aunque allí nunca sabremos, si nos vamos a servir de algo los unos a los otros, aprovechemos estos cariñosos encuentros, que estimulan nuestras almas, y nos dan vida... Y como decimos por aquí: a vivir que son dos días; y si hace falta, llevemos a cabo también la nuit a los lunes y miércoles. ¿no?
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, amigo Enrique.
Manuel, qué bien lo dices.
EliminarAl final, la amistad es ese refugio donde uno se reconoce, incluso en los días más revueltos. Y sí, hay refranes que encierran más sabiduría de la que aparentan: tener amigos hasta en el infierno quizá no nos salve de las brasas, pero seguro que hace más llevadero el camino.
Estos encuentros —breves, espontáneos, llenos de afecto— son pequeñas chispas que nos recuerdan que seguimos vivos por dentro. Y lo de alargar la nuit a lunes y miércoles… mira, no suena nada mal. La vida es corta, y la alegría, cuando aparece, conviene no dejarla escapar.
Un fuerte abrazo, amigo.
A vivir, como dices, que son dos días.
Emocionada estoy, amigo, con este texto en el que hablas sobre la amistad que atraviesa los años. Ayer lo leí, y pensé comentar pero luego...una y otra cosa, pasó el momento y más tarde …¡lo olvidé! ya sabes...con cierta edad la memoria...
ResponderEliminarBueno, lo cierto es que sé perfectamente de qué hablas, entiendo ese sentimiento porque a mi me pasa.
Me pasa que encontrarme con esos amigos y amigas del cole secundario, que aún seguimos en contacto ,es puro sentimiento y pura emoción.
No me sucede con frecuencia, viven en Bs As pero, cuando viajo y "armamos" una juntadita es como si nos estuviéramos viendo cada día.
Hermoso texto y me alegro por esos encuentros y esa felicidad de "momentos eternos" tuya.
Fuerte abrazo ¡buena semana!
Lu, qué alegría leerte. Y no te preocupes por el olvido… a todos nos pasa; la memoria, con los años, se vuelve más juguetona que fiel. Lo importante es que finalmente llegaste, y que tus palabras traen esa emoción tan tuya, tan luminosa.
EliminarEntiendo perfectamente lo que dices de esos reencuentros con los amigos del cole. Hay vínculos que no envejecen: basta una “juntadita”, como dices, para que todo vuelva a su sitio, como si el tiempo hubiera estado esperando en la puerta. Esos momentos son pura verdad, pura raíz, pura vida.
Me alegra mucho que el texto te haya gustado, porque al final hablamos de lo mismo: de esa felicidad sencilla que aparece cuando uno se encuentra con quienes forman parte de su historia. Son, como bien dices, “momentos eternos”.
Gracias por tu sensibilidad y por dejar aquí este abrazo que llega tan claro.
Que tengas una semana bonita, Lu. Un abrazo muy fuerte.