La memoria que nunca deja de alimentarnos
23 junio 2026
- Era una realidad misteriosa, pero sucedía a menudo. Salía del colegio corriendo, compraba las tres barras de pan de medio kilo y, por el camino, me comía lo que entonces llamaban la “torna”, porque la venta era por peso y no por piezas como ahora. Subía las escaleras de dos en dos, aquellos tres pisos más el Principal de Padre Claret, como si llegara tarde a un festín medieval.
- Ella me dejaba la puerta entornada y me esperaba en la cocina. Lo sabía: había paella. Mejillones, calamar y algún pescado indeterminado. Lo presentía. Eran tiempos difíciles, pero todo parecía fácil. El arroz, en realidad, era blanco, hervido, y por encima le echaba un huevo crudo que sabía a gamba imperial. Y pan para mojar, mucho pan.
- Eran tiempos de imaginar cualquier cosa, eran tiempos muy felices. Luego, ella me llamaba Cachito por aquello de la canción de la Lasso y yo solo la llamaba mamá. Mamá, te quiero… te querré siempre. “Yo también, hijo, yo también”. Y yo me quedaba mojando pan, mucho pan, tan feliz, con mi arroz.
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Que bella evocación de la niñez, querido amigo, cuando todo para el niño era felicidad.
ResponderEliminarLa imagen que has seleccionado es preciosa.
Un abrazo fuerte, Enrique
Ay, querido Ildefonso. Me emociono por un soplo.
EliminarUn abrazo, gracias. Fueron tiempos muy felices
Lo poco era mucho para la mente de aquel niño feliz que no echaba en falta otros manjares ni posesiones que el amor de sus padres. Un abrazo maravillado.
ResponderEliminarNunca mejor resumido, Joselu.
EliminarUn abrazo
No es sólo que la memoria está ahí, es que tú la traes al presente con frecuencia. Para ti es vida, y así la experimentas.
ResponderEliminarYo tengo buena memoria, y de tiempos antiguos, de niñez temparana, ni te cuento. De mil detalles, propios y ajenos. Pero...
Debe ser lo "ocupado", entretenido y, remunerado que voy... :))))) que no doy pie a que los recuerdos cobren vida.
Fuerte abrazo, querido Enrique!
Tus razones son de peso, querido amigo Ernesto, las mías son de oportunidad, es como verte sentado en el rincón de la penumbra del salón el album de las fotos de la familia ... es mi tiempo de recordar y agradecerle a la vida y a quien me acompañó para que yo llegara hasta aquí, tiempo único.
EliminarUn fuerte abrazo.
¡Qué recuerdo tan entrañable, Enrique! Ahí, en esos momentos, quizás antes, desde el mismo momento en que tomaste la teta para servirte leche materna, aparece la singular y afable persona que conocemos; la que escribe y describe bondades; la amiga que cuenta sus problemas con una conformidad que asombra, ese ser tocado por la gracia a quien todos quisiéramos tener por amigo. ¡Las madres! Las madres procurando siempre la felicidad, aun con todas las dificultades del mundo.
ResponderEliminarGracias por estos recuerdos, que de algún modo son los míos, querido Amigo.
Un fuerte abrazo con la esperanza de que te llegue en buen momento.
Gracias, Teo, lo has explicado maravillosamente bien.
EliminarUn fuerte abrazo.
Recuerdos.... tiempos que se quedaron en la memoria y hoy nos hacen sonreir con su ternura.
ResponderEliminarun abrazo Enrique.
Siempre, querida Mariarosa, es mi tiempo.
EliminarUn fuerte abrazo.
Qué lindo recuerdo, Enrique, con qué poquito éramos felices, un abrazo!
ResponderEliminarCon muy poquito maria cristina.
EliminarUn fuerte abrazo.
Como bien nos dices hubo un tiempo en este país en que nuestras madres eran capaces de hacernos saborear los platos mas humildes como si serían los que hoy realizan los grandes cocineros.
ResponderEliminarYo recuerdo el cartel del precio del pan por peso y formato en panaderías y furgón de los panaderos rurales.
Saludos.
Hay una vieja canción que canta Serrat que habla de ello: Temps eran temps (tiempos eran tiempos).
EliminarUn abrazo, Tomás
Boa noite meu querido amigo Enrique. Eu amo muito a minha mãe. Ela fez 83 anos em janeiro. Já disse para ela, enquanto eu tiver fôlego de vida, jamais colocaria ela num asilo. Uma excelente noite de terça-feira na Espanha e um grande abraço do seu amigo carioca.
ResponderEliminarLuiz, qué hermoso lo que dices. Ese amor por tu madre, ya con sus 83 años, habla de tu corazón y de tu gratitud. Afirmas que mientras tengas aliento jamás la llevarías a un asilo, y en esa frase cabe toda una vida de respeto, de presencia y de cariño verdadero. Que tengas una noche tranquila en Río, amigo, y que ella siga sintiendo ese cuidado que tanto la honra.
EliminarUn fuerte abraço, Luiz.
Exquisita prosa para deleitarnos los sentidos y motivarnos a evocar. De este entrañable framento de vida y de tantos momentos inolvidables eres capaz, amigo Enrique. Hasta mañana. Vendré por más...
ResponderEliminarCarlos, gracias por tus palabras tan generosas. Si algo vale la pena en estos fragmentos de vida es justamente eso que decís: la posibilidad de evocar, de volver un instante a lo que nos hizo felices y compartirlo con quienes sienten esa misma vibración. Que vengas por más es un regalo, amigo, y una compañía que siempre agradezco.
EliminarUn fuerte abrazo, Carlos.
Tus recuerdos han traído de regreso a los míos y me puse sentimental. Tiempo largo de ausencia debido a dos IAM, después de eso el tiempo pasado vuelve con mucha fuerza.
ResponderEliminarAbrazo, amigo, me gustó saber de ti.
Mujer de Negro, tus palabras conmueven. Que tus recuerdos vuelvan con tanta fuerza después de dos IAM dice mucho de tu coraje y de la vida que insiste en abrirse paso incluso en la fragilidad. Que este texto te haya despertado algo propio es un honor para mí. Me alegra profundamente saber de ti y de tu vuelta, aunque sea con esa sensibilidad que ahora te acompaña.
EliminarUn fuerte abrazo, amiga.
Que belleza de historia! Un abrazo.
ResponderEliminarGracias, Gil
EliminarEstas líneas tuyas están llenas de hermosura y ternura
ResponderEliminarTe abrazo
Isaac
Gracias, Isaac.
EliminarLos recuerdos y más de los de comida nos llegan a quienes a amamos y lo felices que éramos y no lo sabíamos. Te mando un beso.
ResponderEliminarAsí es querida Judit
EliminarUn abrazo, escritora
Qué importante es llegar a cierta edad y poder mirar atrás con ese agradecimiento. No todo el mundo tiene la suerte de recordar su infancia de esa manera. Un fuerte abrazo.
ResponderEliminarAngelo, qué cierto lo que dices. Llegar a una edad en la que uno puede mirar atrás con agradecimiento es un privilegio que no todos tienen. Poder recordar la infancia con esa luz, con esa serenidad, es casi una forma de fortuna íntima. Gracias por leerlo así, con esa sensibilidad tuya que siempre reconoce lo esencial.
EliminarUn fuerte abrazo, Angelo.
Ay amigo , esta historia me ha llevado a mi niñez tambien , eran tiempo dificiles pero uno vivia feliz en cierto modo .
ResponderEliminarMi mamá me ponia " pan con aceite y azucar" y era un manjar ...( asi estoy ahora con la diabetes ) y en el colegio en famoso " yunguet" con chocolate ..
En fin ...
Es bonito recordarlo .
Un gran abrazo.
Joaquín, qué verdad dices: eran tiempos difíciles, sí, pero uno era feliz sin saberlo. Ese pan con aceite y azúcar era un manjar absoluto, igual que el yunguet con chocolate del colegio. Qué bonito es volver a esos sabores que nos hicieron niños y que aún hoy nos despiertan una sonrisa.
EliminarUn fuerte abrazo, Joaquín.
Qué recuerdos tan entrañables Enrique! Gracias por compartirlos.
ResponderEliminarTienes esa habilidad para transmitir sentimientos y emociones ¡y disfrutarlos!
Recordar, ya sabes, es eso: Es "volver a pasar por el corazón"
Fuerte abrazo
Lu, gracias por tus palabras tan entrañables. Qué cierto es: recordar es volver a pasar por el corazón, y esos momentos de infancia —tan simples y tan nuestros— siguen iluminando el presente cuando uno los comparte. Me alegra que te llegaran así, con emoción y verdad.
EliminarUn fuerte abrazo, Lu.
Hay amigo querido, que bello es retornar
ResponderEliminara nuestra casita verdad que si??, y encontrar
a todos nuestros amigos y poder disfrutar
de tus presentaciones, cada una mas bella
que la anterior.
Besitos dulces
Siby
Siby, qué placer volver a esta casita y encontrarte ahí, con esa alegría tuya tan fiel. Es verdad: regresar y ver a los amigos reunidos, disfrutando de cada presentación, es casi como encender una luz conocida. Gracias por tu ternura de siempre.
EliminarUn fuerte abrazo, Siby.
Qué estampa más bonita y el recuerdo de esa madre que era la artífice de la felicidad de todas las casas.
ResponderEliminarFoto maravillosa, hasta podrías ser tú.
Tracy, qué estampa tan bonita, sí, y qué verdad dices: aquellas madres eran la arquitectura secreta de la felicidad en cada casa. Me emociona que la foto te haya llevado a pensar que podría ser yo; quizá porque todos fuimos ese niño sostenido por una madre que hacía posible lo imposible.
EliminarUn fuerte abrazo, Tracy.