23/06/26

Pan, arroz y una voz que vuelve

 La memoria que nunca deja de alimentarnos

1945 - Harold M. Lambert (1913 - 2013)


23 junio 2026 

- Era una realidad misteriosa, pero sucedía a menudo. Salía del colegio corriendo, compraba las tres barras de pan de medio kilo y, por el camino, me comía lo que entonces llamaban la “torna”, porque la venta era por peso y no por piezas como ahora. Subía las escaleras de dos en dos, aquellos tres pisos más el Principal de Padre Claret, como si llegara tarde a un festín medieval. 

- Ella me dejaba la puerta entornada y me esperaba en la cocina. Lo sabía: había paella. Mejillones, calamar y algún pescado indeterminado. Lo presentía. Eran tiempos difíciles, pero todo parecía fácil. El arroz, en realidad, era blanco, hervido, y por encima le echaba un huevo crudo que sabía a gamba imperial. Y pan para mojar, mucho pan. 

- Eran tiempos de imaginar cualquier cosa, eran tiempos muy felices. Luego, ella me llamaba Cachito por aquello de la canción de la Lasso y yo solo la llamaba mamá. Mamá, te quiero… te querré siempre. “Yo también, hijo, yo también”. Y yo me quedaba mojando pan, mucho pan, tan feliz, con mi arroz.

7 comentarios:

  1. Que bella evocación de la niñez, querido amigo, cuando todo para el niño era felicidad.
    La imagen que has seleccionado es preciosa.
    Un abrazo fuerte, Enrique

    ResponderEliminar
  2. Lo poco era mucho para la mente de aquel niño feliz que no echaba en falta otros manjares ni posesiones que el amor de sus padres. Un abrazo maravillado.

    ResponderEliminar
  3. No es sólo que la memoria está ahí, es que tú la traes al presente con frecuencia. Para ti es vida, y así la experimentas.
    Yo tengo buena memoria, y de tiempos antiguos, de niñez temparana, ni te cuento. De mil detalles, propios y ajenos. Pero...
    Debe ser lo "ocupado", entretenido y, remunerado que voy... :))))) que no doy pie a que los recuerdos cobren vida.
    Fuerte abrazo, querido Enrique!

    ResponderEliminar
  4. ¡Qué recuerdo tan entrañable, Enrique! Ahí, en esos momentos, quizás antes, desde el mismo momento en que tomaste la teta para servirte leche materna, aparece la singular y afable persona que conocemos; la que escribe y describe bondades; la amiga que cuenta sus problemas con una conformidad que asombra, ese ser tocado por la gracia a quien todos quisiéramos tener por amigo. ¡Las madres! Las madres procurando siempre la felicidad, aun con todas las dificultades del mundo.
    Gracias por estos recuerdos, que de algún modo son los míos, querido Amigo.
    Un fuerte abrazo con la esperanza de que te llegue en buen momento.

    ResponderEliminar
  5. Recuerdos.... tiempos que se quedaron en la memoria y hoy nos hacen sonreir con su ternura.

    un abrazo Enrique.

    ResponderEliminar
  6. Qué lindo recuerdo, Enrique, con qué poquito éramos felices, un abrazo!

    ResponderEliminar
  7. Como bien nos dices hubo un tiempo en este país en que nuestras madres eran capaces de hacernos saborear los platos mas humildes como si serían los que hoy realizan los grandes cocineros.
    Yo recuerdo el cartel del precio del pan por peso y formato en panaderías y furgón de los panaderos rurales.

    Saludos.

    ResponderEliminar

Pan, arroz y una voz que vuelve

 La memoria que nunca deja de alimentarnos 1945 - Harold M. Lambert (1913 - 2013) 23 junio 2026  - Era una realidad misteriosa, pero sucedía...