25/04/26

La belleza de lo vivido y la serenidad del camino

Un recuerdo que sostiene el presente y una gratitud que me acompaña en cada paso

Passatge de la Vinyeta en la montaña de Montjuïc alrededor del año 1962. 
Fotografía de Jacques Léonard

25 abril 2026

- Hoy, más que nunca, después de una noche de sueños luminosos en la que recorría, paso a paso, esa escalera bella y difícil que ha sido mi vida, los eché en falta. Quizás pude cogerles de las manos; quizás estuve abrazándoles como quien dice un “hasta pronto” lleno de ternura; quizás no tuve tiempo de explicarles que el mundo cambió, que muchas de aquellas costumbres que Ellos me enseñaron ya casi nadie las respeta sin saberlo. Quizás quise contarles tantas cosas que, en mi absurda prisa de entonces, no supe encontrar el momento —estúpido de mí— mientras aún podía hacerlo, antes de su último viaje.

- Quizás ahora, más que nunca (siempre tarde, siempre a destiempo), entiendo su mensaje, su retiro, su entrega silenciosa, su manera de querer sin ruido. Quizás ahora me gustaría verme como ellos fueron… eso que Serrat cantó hace tantos años en aquella canción que tanto le gustaba a Ella: eran, sin duda, el mejor ejemplo de els vells amants.

- La nostalgia, cuando es limpia, no desprecia el presente; al contrario, lo sostiene, lo ilumina, lo hace más nuestro.

- Y hoy, mientras sigo subiendo mi propia escalera —con sus descansillos, sus giros inesperados y sus peldaños que a veces pesan— doy gracias por la suerte que me ha tocado vivir. Sea cual sea el camino que me quede por delante, lo ando con gratitud, con la serenidad de quien sabe que cada paso cuenta y con la alegría profunda de seguir aquí, acompañado por los míos y por todo lo que aún me queda por celebrar.

22 comentarios:

  1. Eres un alma hermosa. No te lo digo para adularte sino como sencillo reconocimiento de tu cosmovisión de ti mismo, de las personas que te rodean, de tu consideración del camino recorrido, con nostalgia de la buena, y de la confianza del que te queda por recorrer. Otros somos más retorcidos, más de sombra -aunque también un poquito de luz- mas oscuros y siniestros, y hemos de bracear. para salir del lodo en que hemos vivido tal vez -seguro que sí- porque nuestros mentores -aquellos que tendrían que habernos mostrado la vida y el mundo de un modo sereno y generoso- no cumplieron con lo que se supone que deben ser. Aun así y reconocer la belleza cuando la observo, no renuncio a mi pasado porque es el único que tengo y en cierta manera lo amo aunque sea doloroso. Pensar en una niñez feliz, en una adolescenia luminosa -momentos en que se crea la esencia de la identidad-, es una broma. Pero Nietzsche habló del Amor fati. Ama tu destino. Aunque no seas un alma hermosa pero reconoces y admiras a quien sí lo es. Abrazo profundo desde la sombra con luz también.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Joselu, qué profundidad en lo que dices. Y qué verdad en esa mezcla de sombra y luz que todos llevamos, aunque cada uno la administre a su manera. No creo que existan almas hermosas por naturaleza y otras condenadas al lodo; creo más bien que cada cual hace lo que puede con la historia que le tocó, con los silencios que heredó y con las grietas que aprendió a habitar.
      Dices que no renuncias a tu pasado porque es el único que tienes, y ahí está tu fuerza. Ese Amor fati del que hablas no es una consigna filosófica, sino un acto de valentía cotidiana: mirar lo vivido sin maquillarlo, sin negarlo, sin convertirlo en excusa ni en condena.
      Si algo admiro de ti no es la sombra —que también tiene su belleza—, sino la lucidez con la que la nombras. Quien reconoce la oscuridad sin entregarse a ella ya está caminando hacia la luz, aunque sea despacio, aunque sea braceando.
      Gracias por tu abrazo desde la sombra con luz. Te devuelvo otro desde esta serenidad que intento cultivar, sabiendo que ambos, a nuestra manera, seguimos avanzando.
      Un fuerte abrazo, Joselu.

      Eliminar
  2. Eres un mago de las letras y de la nostalgia limpia que tú la defines como nadie y que te ilumina el presente.
    Preciosa entrada entrada adobada con esa magnífica fotografía.
    Espero que me consideres siempre como una de las personas que con su presencia te ayuda a subir esa escalera pina que es la vida.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tracy, qué palabras tan generosas y tan llenas de luz. Si algo intento cuando escribo es nombrar lo vivido sin adornos, con esa nostalgia limpia que no pesa sino que acompaña, y saber que tú lo percibes así me confirma que vale la pena seguir afinando la mirada.
      La fotografía, como bien dices, no es un adorno: es otra forma de decir lo mismo, de sostener el instante para que respire.
      Y claro que te considero una de esas presencias que ayudan a subir la escalera, por muy pìna que a veces se vuelva. Hay personas cuya compañía no empuja ni arrastra, sino que acompasa, y tú eres una de ellas.
      Gracias por estar, por leer y por decirlo con esa claridad tan tuya.
      Un fuerte abrazo, Tracy.

      Eliminar
    2. Infinitas gracias.

      Eliminar
    3. Siempre a ti, querida Tracy

      Eliminar
  3. Viver rodeado de quem mais se ama é, sem dúvida, uma mais valia, que devemos aproveitar e valorizar sempre.
    Bom fim de semana.
    Abraço de amizade.
    Juvenal Nunes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Juvenal, qué cierto lo que dices. Vivir cerca de quienes uno quiere es un privilegio que a veces damos por sentado, pero que sostiene más de lo que parece. Es un activo, como bien apuntas, pero también una forma de estar en el mundo: acompañado, atento y agradecido.
      Gracias por tu deseo y por tu presencia siempre respetuosa y cercana. Te deseo también un fin de semana tranquilo, de esos que permiten respirar y ordenar lo importante.
      Un fuerte abrazo, Juvenal.

      Eliminar
  4. Celebrar lo mucho y bueno, amigo Enrique, que te queda siempre.
    Una vitalidad, viveza y agradecimiento a la vida como la que compartes, da para disfrutar cualquier momento!
    Gran abrazo, Enrique.
    PD: No hay tal "estupidez", amigo!
    La vida de cada uno, ellos incluidos, tiene su diferentes tramos. Todos naturales en su momento.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ernesto, qué importante lo que dices: celebrar lo mucho y lo bueno que aún queda por vivir. A veces uno se enreda en lo que falta o en lo que dolió, y olvida que la vitalidad también es una forma de gratitud, una manera de seguir diciendo sí a la vida incluso cuando el camino se estrecha.
      Me alegra que percibas esa viveza que intento mantener. No es magia ni ingenuidad: es simplemente mirar lo que tengo, lo que me sostiene y lo que todavía me mueve.
      Y gracias por la posdata. Tienes razón: no hay estupidez alguna en los tramos que cada uno ha recorrido. Todos llevamos etapas que ahora vemos con distancia, pero que fueron necesarias para llegar hasta aquí.
      Un fuerte abrazo, Ernesto.

      Eliminar
    2. Brindaré este mediodía por ti, amigo Enrique. Y por eso que tienes, lo que te sostiene y lo que siempre te mueve.
      Fuerte abrazo.

      Eliminar
    3. Gracias, querido amigo

      Eliminar
  5. Me pasa también a veces eso de lamentar no haber hecho o dicho más, cuando mi papá por ejemplo me dijo, por qué te vas tan pronto, tengo que ir a buscar a los chicos, o mi mamá, ya internada, dónde estabas, en el pasillo al entrar las enfermeras, nos parece que les faltamos en algo, pero esa es la vida, seguro desde donde estén y seguro a nuestro lado comprenden y nos aman. Un abrazo Enrique!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. María Cristina, cuánto reconozco lo que dices. Esa sensación de no haber estado un poco más, de no haber dicho una palabra más, es casi universal cuando pensamos en quienes amamos y ya no están. Nos queda la impresión de que faltamos en algo, cuando en realidad hicimos lo que podíamos en ese momento, con las fuerzas, las urgencias y la vida que teníamos entre manos.
      Tus ejemplos lo muestran muy bien: esas frases de tus padres no eran reproches, sino señales de que seguían necesitando vuestra presencia, como cualquier padre o madre hasta el último día. Y estoy seguro de que, desde donde estén —o desde donde los sentimos—, comprenden perfectamente cada ausencia, cada prisa, cada límite. El amor no se mide por minutos, sino por la huella que dejamos, y esa permanece.
      Gracias por compartir algo tan personal y tan verdadero.
      Un fuerte abrazo, María Cristina.

      Eliminar
  6. Con el paso de los años nos paramos a recordar esos "caminos" que no dejamos a un lado y que alguien nos invito a recorrer y nos parecieron difíciles, motivo por lo que no les cogimos. Ahora somos nosotros quien hacemos eso a los que nos siguen, pero yo me pregunto si en la vida hubiéramos tomado un camino diferente al tomado ¿seríamos ahora como somos?.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tomás, es cierto que con el tiempo uno vuelve la vista atrás y se pregunta por esos caminos que no tomó, por esas invitaciones que parecieron demasiado difíciles o lejanas. A veces imaginamos cómo habría sido la vida si hubiéramos elegido otra senda.
      Pero también es verdad que cada decisión, incluso las que dejamos pasar, nos ha ido formando. Somos fruto de lo que vivimos, de lo que evitamos y de lo que no supimos ver en su momento.
      Quizá la pregunta no sea quién seríamos en otro camino, sino cómo seguir caminando ahora con más conciencia y más calma.
      Un saludo, Tomás.

      Eliminar
  7. Hay mi querido Enrique, que lindo te expresas
    siempre y lo haces de una manera muy entendible,
    y cuan cierto es todo lo que escribes, el tiempo pasa
    tan rapido y a veces ni cuenta nos damos y cuando
    retrosedemos la memoria, nos damos cuenta que nos
    faltaron tantas cosas por hacer, y el mundo cambio,
    y el tiempo nos fue dejando y quizas olvidamos cosas
    tan simples como es el de dar un beso al despedirnos
    de cualquier familiar que hemos visitado, y se perdio
    ese instante, pues ya no vive con nosotros, que triste
    mi amigo,yo realmente no pude despedirme cuando
    sali de mi Peru, al Canada, aqui me quede y fue muy
    tarde esa caricia que nunca pude darles a mis abuelos,
    de despedida, y se siente un profundo dolor mi amigo,
    el tiempo ya no retornara jamas, un placer leerte.

    Besitos dulces

    Siby

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siby, tus palabras conmueven porque hablan de algo que todos sentimos alguna vez: ese dolor suave y profundo por los gestos que no pudimos dar a tiempo. El tiempo pasa tan deprisa que a veces solo cuando miramos atrás entendemos lo que significaban esas pequeñas cosas que dejamos escapar.
      Es muy humano lo que cuentas de tus abuelos. Esa despedida que no pudo ser se queda como una herida silenciosa, pero también como un recuerdo lleno de amor. A veces la vida nos lleva lejos sin avisar, y lo único que podemos hacer es honrar lo vivido con ternura y seguir adelante con más conciencia.
      Lo hermoso es que tu memoria los mantiene cerca. Ese beso que no llegó a darse sigue existiendo en tu cariño, en tu nostalgia y en la forma en que los recuerdas. Nada de eso se pierde.
      Un saludo, Siby.

      Eliminar
  8. A mí me recuerdas a Jacques Brel y su "La Chanson des Vieux Amants".
    Ahora, teniendo esa edad de cuando se acerca el retiro, nos reflejamos en ellos y revivimos nuestro acompañamiento, en sus/nuestros achaques.
    Un abrazo fuerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Alfred, es cierto que hay canciones que nos acompañan toda la vida y que, con los años, adquieren un significado nuevo. La de Brel es una de esas piezas que se vuelven espejo: uno la escucha joven y sueña; la escucha ahora y reconoce en ella el peso y la ternura del camino compartido.
      También es verdad que, cuando se acerca el retiro, empezamos a vernos en esos viejos amantes que siguen adelante pese a los achaques, las dudas y las reconciliaciones. Hay algo profundamente humano en esa mezcla de desgaste y fidelidad que solo el tiempo sabe cincelar.
      Gracias por traer esa referencia tan precisa: ilumina el texto desde otro ángulo y lo hace aún más hondo.
      Un abrazo fuerte, Alfred.

      Eliminar
  9. Qué texto tan hermoso . Nostalgia y gratitud .Entiendo muy bien esa mezcla.A veces uno necesita que llegue cierta edad para entender en silencio lo que los que se fueron quisieron decir en voz alta. Un abrazo. Me encanta la imagen que acompaña al post.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Angelo, qué bien lo dices: esa mezcla de nostalgia y gratitud solo se entiende de verdad cuando uno ha vivido lo suficiente como para escuchar en silencio lo que antes no supo interpretar. Con el tiempo, las palabras de quienes se fueron adquieren otra profundidad, como si la vida misma las tradujera para que finalmente pudiéramos comprenderlas.
      También es cierto que hay imágenes que acompañan ese proceso, que no solo ilustran un texto, sino que lo amplifican. Cuando una fotografía logra despertar esa emoción tranquila, se convierte en parte del mensaje y lo vuelve más humano.
      Gracias por tu lectura tan sensible y por esa manera tuya de captar lo esencial.
      Un saludo, Angelo.

      Eliminar

Ensanchar el camino

Un día más en el SPA de San Juan para seguir avanzando con lucidez y esperanza Fotografía de Robert Doisneau 03 junio 2026 - Nuevamente tuve...