04/03/26

Lo que aún podemos salvar

Memoria, paisaje e identidad en un tiempo que corre demasiado deprisa 


04 marzo 2026


- A veces pienso que lo más frágil que tenemos no son las cosas, sino la memoria que las sostiene. El paisaje que nos vio crecer, las casas que guardaban voces, los rincones que parecían eternos… todo eso se nos va deshaciendo entre los dedos mientras miramos hacia otro lado. 

- Y, sin embargo, aún quedan quienes se empeñan en recordarnos que hubo un tiempo en que nuestras ciudades tenían un pulso distinto. Gente buena, testaruda, que rescata fotos antiguas, planos olvidados, historias que parecían condenadas al polvo. Ellos nos enseñan, sin decirlo, que la identidad no se hereda: se cuida. 

- Aquí, en nuestro Mediterráneo, sabemos bien lo que es perder paisaje a velocidad de vértigo. Creímos que el progreso era una carrera y que había que correrla sin mirar atrás. Y cuando quisimos darnos cuenta, ya habíamos dejado demasiadas huellas borradas. No se trata de llorar (quizá ya ni sepamos), pero sí de aprender a contarlo sin excusas a quienes vienen detrás. 

- Hoy comparto un vídeo que me emociona cada vez que lo veo. Muestra cómo, en otros lugares, fueron capaces de reconstruir desde las cenizas, de honrar lo que quedó y devolverle dignidad. No es nostalgia: es una lección. Ojalá sepamos escucharla. Ojalá aún estemos a tiempo de salvar lo que queda, aunque sea poco. Porque incluso lo poco, cuando es nuestro, vale más de lo que creemos.

En el VIDEO se ven instantáneas tomadas durante la Guerra Mundial y en el mismo cuadro se ve otra con su imagen actual. Digno de elogio.


34 comentarios:

  1. Somos muy buenos para destruir, pero también lo somos para construir
    Un cálido abrazo, smigo

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    1. Maia, qué cierto lo que dices. Somos capaces de arrasar en un instante, pero también de levantar, cuidar y recomponer con una paciencia que a veces ni sospechamos. Quizá ahí esté nuestra verdadera fuerza: en elegir, una y otra vez, el lado que construye, aunque cueste más y lleve tiempo.
      Un abrazo grande

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  2. La diferencia es que el turismo es una de las fuentes de ingresos mayores que hay en nuestro país. En el año 2024 fueron doscientos mil millones de euros. España se ha especializado en ofrecer sol, gastronomía y playa a precios baratos -aunque ya no son tan baratos- y el crecimiento en los lugares de costa ha sido a costa de su equilibrio urbanístico. Era la gallina de los huevos de oro que benefició a algunos y al país en su conjunto a costa de degradar los espacios de belleza natural y los pueblecitos de mar. Habría que haber elegido otro tipo de desarrollo y tener conciencia del paisaje urbano y natural, pero no lo hicimos y nos dejamos arrullar por las divisas que llegaron para paliar el subdesarrollo español de los años cincuenta. Esperemos que lo que queda, sea salvable, pero no creo. Los municipios optan por el crecimiento turístico a costa de lo que sea. Un abrazo.

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    1. Joselu, qué bien señalas ese nudo que arrastramos desde hace décadas. Convertimos el litoral en una máquina de divisas sin preguntarnos demasiado por el precio real: la pérdida de armonía, de escala humana, de esos paisajes que eran parte de nuestra identidad. Y ahora, cuando intentamos mirar atrás, vemos que muchas decisiones se tomaron con la urgencia del subdesarrollo y la ilusión de progreso rápido, sin una conciencia clara de lo que estábamos hipotecando. Aun así, me gusta pensar que lo que queda —que todavía es mucho— merece ser defendido con más firmeza y más lucidez que entonces. Quizá no podamos revertir lo perdido, pero sí evitar que la inercia siga arrasando lo que aún respira.
      Un abrazo, Joselu

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  3. El haber reconstruido y hasta conservado lo originario es digno de admiración, los países que vivieron guerras salieron fortalecidos y superaron el dolor con esfuerzo y dignidad, gracias por este video, Enrique, un abrazo!

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    1. María Cristina, qué bien lo expresas. Hay algo profundamente admirable en esos países que, tras la devastación, fueron capaces no solo de reconstruir, sino de hacerlo con respeto por lo originario, como si cada piedra recuperada fuera también un acto de dignidad. Supieron transformar el dolor en impulso y el derrumbe en una oportunidad para honrar su memoria. Ojalá esa misma conciencia nos guiara siempre, incluso sin necesidad de pasar por tragedias tan extremas. Gracias a ti por mirar el vídeo con esa sensibilidad.
      Un abrazo grande, María Cristina

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  4. Hay algo muy cierto en lo que dices: muchas veces lo que desaparece no son solo los lugares, sino el recuerdo de cómo eran. Y cuando la memoria se pierde, todo parece haber sido siempre así.Ojalá sepamos cuidar lo que aún queda, aunque solo sea para que quienes vengan detrás puedan reconocer algo de lo que fuimos. Un abrazo. El video con esa preciosidad de Adagio de Mozart es para ponerlo en "play on loop". Un abrazo

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    1. Angelo, qué bien lo dices: a veces lo que se desvanece no es solo el lugar, sino la forma en que lo habitábamos, la luz que tenía, los silencios que guardaba. Cuando esa memoria se diluye, el presente se vuelve una especie de “así ha sido siempre”, y ahí empieza la verdadera pérdida. Por eso cuidar lo que queda no es solo un acto de preservación material, sino también de fidelidad a quienes fuimos y a quienes vendrán. Y sí, ese Adagio de Mozart pide quedarse sonando, como si quisiera sostener lo que aún resiste.
      Un abrazo, Angelo

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  5. Un video donde el antes y el después nos muestra que Normandía resurgió de sus cenizas después de la barbarie de la guerra. Gracias amigo por traerlo.

    Un abrazo.

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    1. Conchi, así es: ese antes y después muestra con una claridad casi dolorosa cómo Normandía supo levantarse tras la devastación, recomponer lo que pudo y honrar lo que había sido. Hay en esa capacidad de resurgir una lección de dignidad que todavía conmueve. Gracias a ti por mirarlo con esa sensibilidad que siempre traes.
      Un abrazo, Conchi

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  6. Enrique, empiezo por el final: ¡Digno de elogio! así como lo has dicho, eso también creo yo.
    ¡Qué maravilla que pudieron construir sobre las cenizas CONSERVANDO EL ESTILO!.
    Como sabes, vivo en una ciudad turística, dónde a cada gobernante de turno, sea provincial o municipal, poco le importa eso de preservar un estilo o mantener la icónica frase de "Ushuaia , fin del mundo".
    Esta ciudad a la que llegué a vivir cuando casi era una aldea, hoy es un híbrido que más que sumar, resta.
    Añoro y mucho aquella aldea de la que felizmente guardo muchas fotos porque mi memoria no siempre alcanza para recordar.
    Ya ves, no difiere mucho la situación de tu Mediterráneo con la de mi Ushuaia. Lamentable amigo querido pero así son las cosas y no somos los ciudadanos y las ciudadanas de a pie quienes elegimos que así sean.
    Fuerte abrazo va desde este día gris y lluvioso en el sur del sur

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    1. Lu, cuánto te entiendo. Esa mezcla de orgullo por lo que fue y desazón por lo que se ha ido perdiendo es un sentimiento que compartimos quienes vimos crecer un lugar hasta volverse irreconocible. Construir sobre las cenizas conservando el estilo —como hicieron en Normandía— es un acto de respeto profundo, casi de amor. Pero cuando el desarrollo se impone sin memoria, lo que surge es ese híbrido que mencionas: una ciudad que suma volumen pero resta alma. Y ahí la nostalgia no es capricho, sino una forma de recordar que hubo un tiempo en que el paisaje y la identidad caminaban juntos. Qué suerte que guardes fotos de aquella aldea: son un refugio contra el olvido y una manera de sostener lo que aún late en ti.
      Desde este Mediterráneo también cambiado, te mando un abrazo fuerte, Lu.

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  7. Desde una posición como la tuya, querido amigo Enrique, tienes mucha razón, puede que no toda, claro, pero seguro que es entendida y apoyada por... ¿una mayoría? ¡Posiblemente!
    Y que conste que comparto esa parte que reivindicas... tintada de cierta poética. Tus dos primeros párrafos.
    Mis, no discrepancias pero sí matices a nivel personal, serían, más que "contarlo a quienes vienen detrás", ese pasado, del que suelo dar a mis nietas somera referencia familiar... de Pascuas a Ramos, algunos apuntes sobre su futuro. Tanto "material" como "espiritual". ¡Algún apunte sobre la Realidad que todo es! ¡Y que ellas son!
    ¡Y que siendo conscientes de ello, su realidad, sus vidas se simplificarán mucho!
    No hay "chapa" ninguna por mi parte. Al contrario, concisión extrema. Sabiendo que lo que tengan que saber, ¡lo sabrán!
    Fuerte abrazo, Enrique.

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    1. Ernesto, agradezco mucho ese matiz tuyo, tan sereno y tan tuyo. Tienes razón: no se trata solo de contar lo que fue, sino de ofrecer a quienes vienen detrás alguna luz para orientarse, aunque sea mínima, aunque sea apenas un apunte que luego ellas mismas completarán cuando la vida les vaya hablando. Esa mezcla de memoria y futuro, de raíces y apertura, es quizá lo más valioso que podemos transmitir. Y esa concisión que mencionas (decir lo justo, confiar en que lo esencial llegará cuando deba llegar), es también una forma de respeto. Al final, cada cual sabrá lo que tenga que saber, como bien dices, y nosotros solo dejamos pequeñas señales en el camino.
      Fuerte abrazo, amigo Ernesto

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  8. Tienes razón, Enrique, respecto a la fragilidad de la memoria y la necesidad de dejar como legado a las futuras generaciones la experiencia de conservar y cuidar esa identidad.
    Cuando regreso a mi pueblo de la Montaña Palentina cada verano puedo volver a vivir esos paisajes, las casas, los rincones amados, tal y como los conservo en mi memoria.
    En pro del progreso perdemos algo de inmenso valor.
    Siempre traes a nuestra consideración temas muy interesantes.
    Gracias por ello.
    Abrazo grande.

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    1. Maripaz, qué profundidad tiene lo que dices.
      También yo siento que esa fragilidad de la memoria es, en realidad, una forma de resistencia: lo que recordamos con amor se convierte en un pequeño acto de salvaguarda frente a ese “progreso” que a veces arrasa sin mirar.
      · Volver a tu pueblo de la Montaña Palentina cada verano es, en sí mismo, un gesto de fidelidad.
      · Esas casas, esos rincones, esos paisajes que permanecen intactos en tu interior son la prueba de que la identidad no se hereda: se cultiva, se cuida, se vuelve a visitar.
      · Y cuando la vida nos permite reencontrarnos con lo que fuimos, algo se ordena por dentro, como si la memoria respirara aliviada.
      Quizá lo que perdemos en nombre del progreso no es solo “lo antiguo”, sino la posibilidad de reconocernos en un lugar que nos sostuvo. Por eso tus palabras tienen tanta verdad: conservar es también un acto de amor hacia quienes vendrán después.
      Gracias a ti por traer siempre esa mirada limpia y sensible.
      Abrazo grande, Maripaz.

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  9. Lo dice bien Joselo: se optó por el desarrollo barato, sacrificamos industria por turismo, y ya lo estamos pagando. La juventud preparada se tiene que ir fuera del país. Aquí, nunca hemos tenido aprecio por la historia y sus lugares, salvo honrosas excepciones. Los ejemplos de patrimonio arquitectónico destruido son numerosos.
    Nos tenemos que respetar más y mejor.

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    1. Alfred, qué certera es tu lectura.
      Lo que señala Joselu —y tú subrayas— es una herida que arrastramos desde hace décadas: confundimos desarrollo con abaratarlo todo, y en ese trueque perdimos industria, talento y, sobre todo, respeto por nuestra propia historia.
      · La juventud preparada que se marcha no es un fenómeno aislado: es el síntoma de un país que no ha sabido cuidar su propio tejido productivo.
      · El turismo, necesario y valioso, se convirtió en excusa para no apostar por un modelo más sólido y diversificado.
      · Y el patrimonio destruido —esas casas, fábricas, estaciones, barrios enteros— es la prueba más dolorosa de que no supimos ver el valor de lo que teníamos entre las manos.
      Tienes razón: nos falta respeto, pero no solo hacia los lugares, sino hacia nosotros mismos como comunidad. Cuando un país no protege su memoria material, tampoco protege su futuro. Y aun así, creo que todavía estamos a tiempo de rectificar, de mirar con más hondura y menos prisa.
      Gracias por tu claridad, Alfred.

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  10. Me gusto el video. Te mando un beso.

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  11. Un video maravilloso y un gran recuerdo.

    Está perfectamente montado.Es precioso.
    Un abrazo amigo.

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    1. Gracias, Joaquín, eres muy amable.
      Feliz viernes

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  12. En nombre del progreso se cometieron verdaderos crímenes. Preservar debiera ser parte de la tarea de toda construcción. Ciertas innovaciones deterioraron nuestra memoria. Rescatar sería la oportunidad que nos queda...
    Abrazo hasta vos inspirador amigo Enrique!!

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    1. Qué cierto lo que decís: en nombre del progreso se arrasó con más de lo que se construyó. La memoria quedó muchas veces como un resto incómodo, cuando en realidad era el cimiento que podía sostenernos.
      Preservar no es nostalgia: es responsabilidad. Y rescatar —como bien apuntás— es quizá la última oportunidad que tenemos para reconciliarnos con lo que fuimos y con lo que todavía podemos ser.
      Gracias por tu mirada lúcida y por acompañar siempre este intento de salvar, aunque sea a contraluz, lo que aún resiste.
      Abrazo hasta vos, querido amigo.

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  13. Piensas bien, amigo Enrique, y más después de ver ese vídeo, que a mi también me ha emocionado, el ver como a pesar de la terrible destrucción, las restauraciones se han hecho con mimo, y recuperando lo perdido de igual forma, o mejor.
    Y no te cuento más sobre lo sucedido durante el mandato de dos alcaldes, en Sevilla, porque me enervo, ya que piqueta en mano se estima que destruyeron más de quinientos edificios tanto religiosos como civiles, además de puertas de entradas a la ciudad, acueductos, etc.
    Un fuerte abrazo, amigo.

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    1. Manuel, qué bien lo dices: ese vídeo nos recuerda que incluso después de la devastación más absurda, cuando se trabaja con respeto y con amor por lo que se hereda, la belleza vuelve a levantarse. Esa delicadeza en la restauración es casi un acto moral.
      Y entiendo tu enfado con lo ocurrido en Sevilla. La piqueta, cuando se usa sin memoria, no solo derriba edificios: derriba identidad. Quinientos edificios… puertas, acueductos… es una cifra que duele solo leerla. Y, sin embargo, aquí seguimos, intentando que al menos no se pierda también el relato de lo perdido.
      Gracias por traer tu mirada y por sumar siempre desde la pasión por lo que merece ser cuidado.
      Un fuerte abrazo, amigo.

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  14. Somos esos paisajes que fuimos, esos lugares en que reímos o lloramos o soñamos y lo somos aunque ya no existan o hayan cambiado

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    1. Es gratificante compartir ese sentimiento contigo.
      Gracias

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  15. Muy conmovedor el video que compartes Enrique, como se han esmerado en conservar los espacios. Me gusta mucho visitar fotos antiguas de mi ciudad y tratar de identificar que lugares se conservan y cuales quedaron solo para el recuerdo.
    Abrazos

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    1. Me alegra saber, Cecilia, que compartimos ese interés. A mí me encanta.
      Feliz sábado

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  16. Creo como tu que hemos destruido muchas cosas que mostraban nuestro pasado urbanístico de las nuestras localidades, esas perdidas que las diferenciaban de otras. Este video bien nos muestra que en esos lugares tan solo recuperaron le estética anterior a la destrucción de la guerra.

    Saludos.

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    1. Tomás, qué bien lo señalas. Hemos ido perdiendo, casi sin darnos cuenta, esos rasgos urbanísticos que daban identidad a nuestras localidades, esas diferencias que las hacían únicas y reconocibles.
      Lo que muestra el vídeo es justamente lo contrario: allí no inventaron nada nuevo, simplemente devolvieron la dignidad a lo que ya existía antes de la destrucción. · Recuperaron la estética, sí, pero también la memoria, que es lo que de verdad sostiene a un lugar. Ojalá aquí hubiéramos tenido esa misma mirada antes de que tantas cosas desaparecieran. Gracias por tu comentario, Tomás. Saludos.

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