Memoria, paisaje e identidad en un tiempo que corre demasiado deprisa
04 marzo 2026
- A veces pienso que lo más frágil que tenemos no son las cosas, sino la memoria que las sostiene. El paisaje que nos vio crecer, las casas que guardaban voces, los rincones que parecían eternos… todo eso se nos va deshaciendo entre los dedos mientras miramos hacia otro lado.
- Y, sin embargo, aún quedan quienes se empeñan en recordarnos que hubo un tiempo en que nuestras ciudades tenían un pulso distinto. Gente buena, testaruda, que rescata fotos antiguas, planos olvidados, historias que parecían condenadas al polvo. Ellos nos enseñan, sin decirlo, que la identidad no se hereda: se cuida.
- Aquí, en nuestro Mediterráneo, sabemos bien lo que es perder paisaje a velocidad de vértigo. Creímos que el progreso era una carrera y que había que correrla sin mirar atrás. Y cuando quisimos darnos cuenta, ya habíamos dejado demasiadas huellas borradas. No se trata de llorar (quizá ya ni sepamos), pero sí de aprender a contarlo sin excusas a quienes vienen detrás.
- Hoy comparto un vídeo que me emociona cada vez que lo veo. Muestra cómo, en otros lugares, fueron capaces de reconstruir desde las cenizas, de honrar lo que quedó y devolverle dignidad. No es nostalgia: es una lección. Ojalá sepamos escucharla. Ojalá aún estemos a tiempo de salvar lo que queda, aunque sea poco. Porque incluso lo poco, cuando es nuestro, vale más de lo que creemos.
En el VIDEO se ven instantáneas tomadas durante la Guerra Mundial y en el mismo cuadro se ve otra con su imagen actual. Digno de elogio.
Somos muy buenos para destruir, pero también lo somos para construir
ResponderEliminarUn cálido abrazo, smigo
La diferencia es que el turismo es una de las fuentes de ingresos mayores que hay en nuestro país. En el año 2024 fueron doscientos mil millones de euros. España se ha especializado en ofrecer sol, gastronomía y playa a precios baratos -aunque ya no son tan baratos- y el crecimiento en los lugares de costa ha sido a costa de su equilibrio urbanístico. Era la gallina de los huevos de oro que benefició a algunos y al país en su conjunto a costa de degradar los espacios de belleza natural y los pueblecitos de mar. Habría que haber elegido otro tipo de desarrollo y tener conciencia del paisaje urbano y natural, pero no lo hicimos y nos dejamos arrullar por las divisas que llegaron para paliar el subdesarrollo español de los años cincuenta. Esperemos que lo que queda, sea salvable, pero no creo. Los municipios optan por el crecimiento turístico a costa de lo que sea. Un abrazo.
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