06/03/26

La sonrisa que sostenía una pierna de metal

Aprendizajes inesperados entre camillas, esfuerzo y dignidad

Imagen de Grok
06 marzo 2026

- Hace un par de semanas, en mi última visita a mi SPA favorito (y yo le llamo SPA a mi admirado Hospital de San Juan de Alicante), mientras caminaba por el pasillo hacia el gimnasio donde se trata a los pacientes que necesitan rehabilitación o fisioterapia, vi sentado en la larga fila de asientos a uno de los compañeros habituales de estos dos últimos meses. Me saludó, como siempre, con una amplia sonrisa y con esa amabilidad suya que le llevó a ofrecerme el asiento contiguo.

- Bien, eso no tendría nada de especial, porque parece que todos los que acuden a esa zona terapéutica muestran un entusiasmo y una locuacidad envidiables, como si agradecieran a la vida estar como están a pesar de su estado. Pero en esta última visita, al entrar en el gimnasio y comenzar mis movimientos recomendados, vi que mi amigo (el sonriente del pasillo), estaba tumbado haciendo flexiones con las piernas, apoyando las rodillas en una cuña. A medida que pasaba el tiempo, en un momento dado él detuvo el ejercicio, se sentó en la camilla y, con gesto de dolor, se subió el pantalón de una pierna hasta la rodilla. Entonces descubrí que era una pierna metálica. La desenroscó con naturalidad, dejando a la vista el muñón. Al levantar la vista y verme sorprendido (supongo que con cara de gran asombro), sonrió y me dijo: “No pasa nada, falta un poco de aceite y sigo”.

- Yo también sonreí, pero dentro de mí volvió a quedar claro lo afortunados que somos y lo poco que a veces lo reconocemos. Nos quejamos por nada, sin apreciar el ejemplo de tantos hombres y mujeres de cualquier edad que, con lo que tienen, no se quejan de nada y son un ejemplo del que tanto deberíamos aprender.

- Mi querido fisioterapeuta, al verme cariacontecido y con los ojos ligeramente abrillantados, me dijo: “A este lugar suelen traer a los médicos residentes para que vean casos como el que acabas de presenciar y se acostumbren a la realidad de su labor. Pero yo creo (prosiguió), que también deberían traer a muchos de los enfermos que a veces inundan las salas de espera de este y otros centros sanitarios, quejándose de sus males, de su mala suerte y de su mala vida, cuando en realidad su nivel de salud es muy superior al de todos los que estáis aquí en este gimnasio con el no te rindas entre los dientes”. Me salió del alma, le di un gran abrazo... él me dio un kleenex, claro.

- Días y sucesos para no olvidar.

26 comentarios:

  1. Entrar en tu espacio siempre es una lección de vida, Enrique; de vida, de superación, de resistencia alegre frente a la adversidad de aquellos que más motivos tendrían para quejarse de su suerte. Tengo algún contacto cuyo pesimismo es profundo -por su vida familiar, por su trabajo, por el estado del mundo, por las guerras, la ecología-, y él está perfectamente de salud. Yo le digo que el problema no está en el mundo ni en sus circunstancias personales, sino que está en él. Leerte me da razones para sostener este punto de vista, aunque a veces la resiliencia viene dada por el carácter, y si uno es depresivo, entonces no hay argumento que valga. Muchas gracias por tus textos. Un abrazo.

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    1. Joselu, gracias por tus palabras siempre tan profundas. Coincido contigo: muchas veces el pesimismo nace menos del mundo que de la mirada con que lo afrontamos. Y aun así, es cierto que algunos cargan con sombras que no eligieron, y ahí solo cabe acompañar y abrir pequeñas rendijas de luz. Yo solo intento recordar que, incluso en medio de lo difícil, aún hay espacio para una resistencia alegre.
      Un abrazo grande.

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  2. Toda una lección, para todos los quejicas con su mala suerte congénita, que no sabemos llevar con la consistencia adecuada.
    Gracias, un abrazo.

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    1. Alfred, gracias por tu lectura generosa. A veces olvidamos lo afortunados que somos hasta que la vida nos pone delante ejemplos que desarman cualquier queja. Yo solo cuento lo que veo, y lo que veo —en personas como ese compañero del gimnasio— es una dignidad que nos deja sin excusas.
      Un abrazo grande.

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  3. Lecciones de vida, querido Enrique, de la que tú eres exponente!
    Y gran divulgador de ello. Gracias, amigo!
    Fuerte abrazo.

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    1. Ay, querido amigo... gracias.
      Un fuerte abrazo para ti, también.

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  4. Personas que dan ejemplo! Me toca a veces en el taller de cine que hacemos por zoom, compartir momentos con una señora totalmente desubicada, tiene un problema de salud que lo pregona y lo pone de excusa para hacer comentarios desagradables, habla por encima, quiere sobresalir. Tendría que visitar lugares como ese para enmendarse. Un abrazo Enrique!

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    1. María Cristina, qué bien lo dices.
      A veces aparece alguien que rompe el clima y se escuda en su propio problema para imponerse. Comprender no obliga a aguantarlo todo, y tu mirada mantiene la empatía sin perder claridad.
      Quizá, como apuntas, ciertos lugares enseñan más que muchas palabras.
      Un abrazo grande, y gracias por traerlo con tanta lucidez.

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  5. Enrique, al llegar al final me quedé con la sensación de que tenía que volver arriba y empezar otra vez. Me pasó eso que ocurre pocas veces cuando uno lee algo y se queda un rato pensando, y más cuando tienes una música de fondo que parece acompañar al post y de la que ahora mismo estoy disfrutando.Te agradezco que hayas traído hasta el blog a ese hombre del pasillo. Con qué naturalidad sigue adelante. Lo que te digo siempre, eres capaz de traer esperanza a muchas facetas de esta vida. Un abrazo

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    1. Esa sensación de tener que volver arriba es de las mejores señales que puede dejar un texto: que algo se queda resonando por dentro, como esa música que mencionas y que parece acompañar la escena sin pedir permiso.
      A mí también me impresionó la naturalidad con la que ese hombre sigue adelante, sin dramatismos, sin épica, solo con una dignidad que desarma. Si algo intento —y tus palabras me lo recuerdan— es traer un poco de esa luz a los rincones donde a veces falta.
      Gracias por leer así, por sentir así.
      Un abrazo grande.

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  6. En la vida siempre encontramos motivos para aprender de alguien, aunque sea pequeño o muy importante, el tema es mirar y saber ver. Un abrazo y buen fin de semana.
    mariarosa

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    1. Así es, mariarosa, eso que llaman formación continua y que muchos profesionales olvidan pronto, ha sido siempre mi interés y sigue siéndolo. Dices bien, mirar y saber ver.
      Un fuerte abrazo.

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  7. Aprendizajes inesperados, a la vuelta de la esquina si estamos “despiertos”
    Lo he vivido en mi familia y lo agradezco.
    Hoy te lo agradezco a ti, que eres el mejor ejemplo con tu vida y tu cercanía, de lo que con tus palabras nos comunicas de otros.
    Un fuerte abrazo Enrique

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    1. Ángela, gracias de corazón.
      A veces los aprendizajes más hondos llegan así, silenciosos, y tú siempre sabes reconocerlos. Me alegra que mi cercanía te sirva tanto como a mí me sirve la tuya.
      Un fuerte abrazo.

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  8. Conmovedora enseñaza nos dejas, otra más, Enrique. Qué coraje admirable de vivir exhibe ese amigo tuyo del spa que lejos de compadecerse nos muestra otra opción para seguir... Es que hay gente como tu aguerrido amigo que tiene "problemas" sin hacer un "drama" de ellos. Yo de esos tipos quiero siempre aprender...
    Abrazo admirado extensivo a tu amigo del spa!!

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    1. Ese hombre del spa —con su naturalidad, su humor y su falta absoluta de dramatismo— me dejó una lección que aún sigo rumiando. Hay personas que, sin proponérselo, nos muestran otra manera de estar en el mundo: sin queja, sin épica, solo con una dignidad que desarma.
      Yo también quiero aprender siempre de gente así, de los que convierten sus “problemas” en una forma serena de seguir adelante.
      Abrazo admirado, y recibido ese saludo extensivo para mi amigo del spa.

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  9. Nos toca seguir luchando. Te mando un beso.

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    1. Siempre, eso es, Judit, con el NO TE RINDAS entre los dientes.
      Un fuerte abrazo, escritora

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  10. Admirable lo que nos cuentas. Creo que enfrentar situaciones tan extremas hace que se valore mas lo que se tiene, la vida, y la fortaleza interior se multiplica por honrarla.
    Abrazos y que tengas un lindo fin de semana!

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    1. Situaciones así afinan la mirada y nos recuerdan cuánto vale la vida cuando se honra desde dentro. Tu lectura añade luz a lo vivido.
      Un abrazo grande y que tengas un fin de semana precioso.

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  11. Cierto, Sabio amigo... Una gran lección de vida la que nos brindas con tus palabras. Todos deberíamos tomar conciencia de lo que con ellas nos expresas.
    Un abrazo fuerte, Enrique

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    1. Ildefonso, gracias por tus palabras tan generosas.
      Si algo intento con estas historias es recordarme —y recordaros— lo esencial que a veces dejamos pasar sin darnos cuenta. Que te llegue así me honra.
      Un abrazo fuerte, maestro de la fotografía.

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  12. Tarde pero seguro. Acá llego.
    Admirable, amigo Enrique. No se me ocurre decir algo más. O si, hay en el mundo muchas personas "corajudas", con una fe inquebrantable y fortaleza interior que son dignos ejemplos para quienes se quejan porque "se les quebró una uña", "se le notan las canas", "no pueden cambiar el coche"... Sólo por dar una idea.
    Ejemplar reportaje.
    ¡Gracias!
    Abrazo.

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    1. Gracias por llegar, siempre suma tu mirada.
      Coincido contigo: hay personas cuya entereza desarma cualquier queja ligera. Gente que, sin alardes, sostiene la vida con una mezcla de fe, coraje y una serenidad que inspira.
      A veces basta asomarse a historias como esta para recordar lo esencial y poner en perspectiva nuestras pequeñas tribulaciones cotidianas.
      Me alegra que el reportaje te haya gustado. A mí también me dejó pensando en esa fuerza silenciosa que algunos llevan por dentro.
      Abrazo grande, dulce Lu.

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  13. Cierto lo que te dijo el fisio sobre los que nos quejamos por un simple arañazo como si iríamos a perder la vida y personas como pueden ser ese compañero de rehabilitación se lo tomen a broma.

    Saludos.

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    1. Tomás, qué razón tienes.
      A veces hacemos de un arañazo una tragedia griega, mientras otros —como ese compañero de rehabilitación— convierten lo verdaderamente duro en un gesto casi cotidiano, incluso con humor.
      Ahí es donde uno entiende la diferencia entre quejarse y agradecer, entre dramatizar y vivir.
      Tu comentario resume muy bien esa lección silenciosa que nos dan quienes no presumen de nada y, sin embargo, sostienen el mundo con una sonrisa y una pierna de metal.
      Saludos, y gracias por traerlo con tanta claridad.

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