25/12/25

Navidad: Nearer, My God, to Thee

 Hoy y siempre ...


25 diciembre 2025

Feliz Navidad. Que el espíritu de la Navidad llegue a todos los rincones del mundo, ahora, hoy y siempre.

24/12/25

Post de Nochebuena

Vivamos la Nochebuena de corazón, hagamos firme ese momento



24 diciembre 2025

- Hay años en los que uno comprende, casi sin darse cuenta, que los mejores regalos no caben en una caja. Por eso, este año me atrevo a recomendar algo distinto: en lugar de pedir cosas… pidamos momentos.

- Pidamos reencuentros y cafés con esas personas a las que, sin querer, habíamos empezado a echar de menos. Pidamos tardes inesperadas, con un par de copas de vino y conversaciones que nos devuelvan la risa. Pidamos encontrar a alguien que nos inspire a ser mejores, que nos recuerde que aún queda mucho por vivir.

- Pongamos toda nuestra ilusión en un décimo de lotería del niño (por si acaso), y preparemos una lista de viajes, aunque sea solo para soñar. Pidamos cenas acogedoras en familia, comidas con amigos, y entendamos que la felicidad, al final, es compartir estas fechas con quienes están ahí todo el año, no solo en diciembre.

- Pidamos también aprender a cambiar lo que no nos gusta de nosotros mismos, porque crecer sigue siendo posible a cualquier edad. Pidamos una declaración de amor, aunque sea pequeñita. Pidamos tardes de peli-sofá-manta-chimenea, de esas que curan el frío de fuera y el de dentro. Pidamos dibujar sonrisas a quienes viven una postal navideña distinta, más dura, más silenciosa.

- Y pidamos por nosotros mismos, porque también lo merecemos. Que al menos uno de esos mil deseos que guardamos en el corazón se haga realidad.

- Deseos: En esta Nochebuena, que la nostalgia no duela, sino que abrace. Que recordemos lo vivido con ternura y miremos al futuro con esperanza. Que sepamos valorar lo pequeño, lo cotidiano, lo que permanece. Y que cada uno encuentre, en estas fechas, un motivo para sonreír y otro para seguir adelante.

De corazón, ¡¡¡Felices Fiestas!!!

22/12/25

Sonreí mientras mis ojos brillaban: No necesito que me toque la lotería ...

Ese indiscreto brillo de nuestros ojos que ...

Imagen de mi baul-e

22 diciembre 2025

Hoy dejaré aquí algo que escribí hace cuatro años y que me gusta recordar:
Estaba, estábamos, (Ella y yo), viendo el Sorteo de la Lotería Nacional por TV. En la parte baja de la pantalla, aparecían distintos mensajes de espectadores que la TV publicaba sin añadir comentario alguno, pero leí uno que me puso el punto de brillo necesario en mis ojos cual clara manifestación de mi estado. El mensaje leído, decía algo así:

«Yo no necesito que me toque la Lotería, cada año me junto con mi abuela para ver juntas el Sorteo por TV, y eso, estar junto a ella, para mí ya es un gran premio.» 
 ¡¡¡Feliz Navidad!!!

20/12/25

El mejor regalo de Navidad 10 años después

Una historia navideña que revive emociones diez años después…

Imagen de mi baúl-e
20 diciembre 2025

- Han pasado diez años desde aquellas oficinas con la mesa llena de presentes navideños y cientos de postales que nos hacían sentir importantes. Hoy esas costumbres apenas sobreviven, y lo que antes era ostentación se ha vuelto recuerdo.

- Lo esencial, sin embargo, sigue intacto. Y cada vez lo siento más: la familia, la salud, los pequeños gestos que no se compran. Aquellos presentes y aquellas postales fueron símbolo de un tiempo que ya no vuelve, pero lo que permanece es mucho más valioso. Hoy, el mejor regalo no viene envuelto en celofán, sino en la mirada cómplice de mis nietos, en la conversación pausada con quien me acompaña, en el silencio compartido que ya no necesita palabras.

- Este año, como entonces, descubro que el verdadero regalo no está en lo que se recibe, sino en lo que se comparte. Un beso inesperado de mi nieta, una sobremesa sin prisas, la risa que brota sin motivo… todo eso es ahora mi premio, mi verdadero presente navideño.

- Feliz Navidad, sí, diez años después, sigue siéndolo.

18/12/25

Dos besos y una victoria

Fotografía de mi viejo baúl-e

18 diciembre 2025

- Hoy quisiera dejar claro que, por mucho que hable de ella y que hasta me emocione más y más a cada minuto que se acerca la Navidad, no, yo no la inventé, ni soy su principal valedor en todos los mundos de mi universo cercano. Hoy, para evitar confusiones, no hablaré de ella.

- Dejaré escrito una vez más cuál es la razón de mi existencia, es decir, cuál es el motivo principal por el cual he conseguido llegar hasta aquí y con ello, aunque sea a ratos, consigo mantenerme en pie: Ella, la que lleva cincuenta y tres años en el otro lado de mi cama.

- Eran las nueve de la mañana. Un monitor colgado en la pared de la sala de espera iba mostrando unos enrevesados textos que marcaban la siguiente cita y, tras un ligero retraso, sonó a la vez que se vio en el monitor ese texto que coincidía con el que estaba escrito en mi ticket de cita. Curiosamente, el texto era: ATQM1972.

- El médico me recibió con gran amabilidad y me mandó a la sala de las Eco Doppler para hacerme algunas pruebas. “Túmbese en la camilla”, me dijeron. Médico y enfermera nos miraban como si de un gran espectáculo se tratara, viendo a Ella hacer la labor de tumbarme. Con su brazo, su abnegación y su habilidad consiguió que así fuera. Me senté en la camilla y, antes de tumbarme, Ella me miró fijamente durante un par de segundos antes de darme un sencillo y discreto beso en los labios. Después, con gran esfuerzo, consiguió que me tumbara en la camilla. Médico y enfermera seguían allí, paralizados.

- Terminadas las pruebas, médico y enfermera hacían gestos de querer ayudar, pero sin hacerlo. Vieron de nuevo cómo Ella, en un importante esfuerzo, consiguió dejarme sentado en la camilla, cómo me puso los calcetines y los zapatos… y cuando ya estaba en posición de saltar de la camilla, Ella volvió a darme otro discreto beso como el anterior. Entonces miré al médico y a la enfermera: los dos estaban con los ojos en lágrima y sin soltar palabra alguna, hasta que la enfermera, una vez estábamos ya los dos de pie, nos dijo: “Por Dios, hace muchísimo tiempo, quizás años, que no veía nada igual, ni tan bonito”. Y sin decir nada más, envuelta en unas disimuladas lágrimas, salió apresuradamente de la sala con el ánimo de no ser vista en ese estado.

- El médico, con cara sonriente y sin disimular su discreta emoción, me estrechó la mano y me dijo: “Enhorabuena”. Tras un par de segundos de silencio y mientras tragaba saliva, apostilló: “Ah, está usted como un chaval… bueno, como un chaval de su edad”.

- Y yo pensé que, en efecto, la vida me sigue regalando milagros cotidianos: dos besos discretos que vencen al cansancio, una mano que nunca se suelta, una mirada que sostiene más que cualquier medicina. No hay edad que pueda derrotar a quien se aferra a la ternura y a la esperanza. Porque la verdadera juventud no se mide en años, sino en la fuerza de seguir amando y resistiendo.

No te rindas: cada día, cada gesto, cada latido compartido es una victoria.

16/12/25

El día de Navidad, hoy y ayer

Imagen de mi viejo baúl-e

16 diciembre 2025

- Llega la Navidad y parece como si el mundo se hiciera pequeño, íntimo, amable, nostálgico.

- No sé muy bien por qué, pero un mar de lágrimas, húmedas y silenciosas, se desliza por mis mejillas mientras recorro la ciudad y contemplo un árbol iluminado, un incansable Papá Noel que no cesa en su empeño de recoger todas las cartas de ese mundo feliz de los inocentes jovencitos que se colocan junto a él para que su padre les haga una foto que guardarán como un tesoro toda la vida.

- Cada instante en que una imagen, una cita, una película (de esas que, dada mi escasa capacidad de moverme, ya solo puedo ver por televisión), despierta en mí un cosquilleo, como hormigas recorriendo mis viejos brazos manchados por el tiempo, brazos que algún día me darán un susto, como nos dicen a todos los que ya estamos en eso de “es que usted ya tiene una edad”.

- Sueño con ese momento en que, cada año, cuando los tenemos a todos con nosotros, evoco aquella otra era en que era yo el impaciente por descubrir qué habían preparado los abuelos o la cocinera familiar de turno para la fiesta. Lloro sin soltar lágrima alguna, no sé si escucho aquello de “cariño, no comas más que vas a subir al cielo como un globo”, pero ese día nadie se atreve a llamarnos la atención. Al contrario, pequeños y mayores se desviven por halagarnos con frases como “prueba esto que ha hecho tu nieta para ti” o “Papá, he traído ese vino que tanto te gusta”, y, cómo no, el esperado anuncio de… ¡¡¡y ahora los dulces!!!

- Pero, sin duda, lo mejor es la cantidad de conversaciones cruzadas que se repiten de un lado al otro de la mesa como si no hubiera fin del mundo. Todos hablan, ríen, comen, cuentan sus cosas… todos te abrazan y se abrazan. Y es entonces, justo entonces, cuando el Espíritu de la Navidad se apodera de mí, de nosotros, de todos nosotros, y nos sorprenden las cinco, las seis, las siete y hasta las once. La Felicidad, sentirla, nos hace felices. Y siempre me surge la misma pregunta, desde que recuerdo haberla celebrado: “¿Tan difícil sería conseguir que para el mundo entero siempre fuera el Día de Navidad?”

- Y cuando la noche se apaga y las luces del árbol titilan como estrellas cansadas, me quedaré en silencio, abrazado a la certeza de que este día no muere: se queda latiendo en cada recuerdo, en cada risa compartida, en cada abrazo que nos sostuvo. Navidad se despedirá, pero dejará su huella como cada año: un latido que nos recuerda que la vida, cuando se celebra juntos, es siempre un milagro.

14/12/25

Latidos de dignidad en la edad serena

Imagen de mi baúl-e
 

14 diciembre 2025

- Hoy quiero escribir sobre la salud, pero también sobre esa extraña dependencia que tenemos del mal funcionamiento de los sistemas públicos y privados. Quienes ya tenemos cierta edad empezamos a ser incluidos en ese grupo al que llaman con cierta condescendencia: “usted es que ya tiene una edad”. Es un apelativo que médicos, amigos y opinadores bienintencionados utilizan casi como un eufemismo para ocultar la falta de soluciones reales.

- Recuerdo aquella anécdota de la hija que, feliz, le dijo a su madre: “Mamá, me han contratado en Telecinco”. Y la madre, con ironía, respondió: “Pues haber estudiado”. Algo parecido ocurre con nosotros: cuando pedimos ayuda, la respuesta suele ser un consejo simplista, como si la complejidad de la vida pudiera resolverse con un gesto trivial.

- En informática, la frase mágica es: “¿Has probado a apagarlo y encenderlo?”. En sanidad, la respuesta es: “Entre en la web del Gobierno Autonómico”. Y en banca: “Descárguese la aplicación en su móvil”. Pero para quienes ya tenemos cierta edad, ese lenguaje digital es una jungla. Navegar por portales administrativos, pedir una cita médica o descargar un informe se convierte en una odisea.

- El teléfono del centro de salud rara vez se atiende con solvencia, porque los sanitarios trabajan bajo un estrés permanente. Los bancos han cerrado oficinas y nos empujan hacia cajeros automáticos que parecen diseñados para ingenieros, no para jubilados. Las administraciones públicas multiplican formularios y contraseñas, olvidando que detrás de cada trámite hay una persona que busca dignidad, no obstáculos.

- La comunicación es, sin duda, uno de los grandes problemas de este grupo del “usted ya tiene una edad”. Pero no es el único. También lo son:

  • La falta de acompañamiento digital para trámites esenciales.

  • La escasa empatía en servicios públicos que priorizan la rapidez sobre la humanidad.

  • La invisibilidad de los mayores en un mundo que corre demasiado deprisa y olvida que la experiencia también es un valor.

  • La soledad que se multiplica cuando la tecnología sustituye al contacto humano.

Y así llegamos al final de este desahogo.


Plegaria final

- Que quienes nos gobiernan recuerden que detrás de cada pantalla, cada cita y cada trámite, hay un rostro que merece respeto. Que no se dejen apabullar por la prisa ni por la burocracia, y que tengan el coraje de poner orden en sistemas que hoy parecen diseñados para excluir a los más vulnerables.

- Que escuchen la voz serena de quienes ya tenemos una edad, no como un lamento, sino como un latido que pide dignidad. Y que nosotros, los afectados, no perdamos nunca la esperanza ni la fuerza de seguir reclamando nuestro lugar en esta sociedad que también construimos.

- ¿Y mientras tanto nosotros qué hacemos? Resistir, acompañarnos, y seguir recordando que la dignidad no se negocia y con ello debemos protestar humilde y educadamente en todos aquellos lugares en que podamos hacerlo. Cada uno lo hará a su manera, ésta, aquí y ahora, es una de mis formas de hacerlo.


Motivos y compañia para brindar

07 enero 2026 - Se terminó el ciclo de lo que llamamos "tiempo Navideño". Me levanté con, quizás, un cansancio nuevo en las pierna...