14/12/25

Latidos de dignidad en la edad serena

Imagen de mi baúl-e
 

14 diciembre 2025

- Hoy quiero escribir sobre la salud, pero también sobre esa extraña dependencia que tenemos del mal funcionamiento de los sistemas públicos y privados. Quienes ya tenemos cierta edad empezamos a ser incluidos en ese grupo al que llaman con cierta condescendencia: “usted es que ya tiene una edad”. Es un apelativo que médicos, amigos y opinadores bienintencionados utilizan casi como un eufemismo para ocultar la falta de soluciones reales.

- Recuerdo aquella anécdota de la hija que, feliz, le dijo a su madre: “Mamá, me han contratado en Telecinco”. Y la madre, con ironía, respondió: “Pues haber estudiado”. Algo parecido ocurre con nosotros: cuando pedimos ayuda, la respuesta suele ser un consejo simplista, como si la complejidad de la vida pudiera resolverse con un gesto trivial.

- En informática, la frase mágica es: “¿Has probado a apagarlo y encenderlo?”. En sanidad, la respuesta es: “Entre en la web del Gobierno Autonómico”. Y en banca: “Descárguese la aplicación en su móvil”. Pero para quienes ya tenemos cierta edad, ese lenguaje digital es una jungla. Navegar por portales administrativos, pedir una cita médica o descargar un informe se convierte en una odisea.

- El teléfono del centro de salud rara vez se atiende con solvencia, porque los sanitarios trabajan bajo un estrés permanente. Los bancos han cerrado oficinas y nos empujan hacia cajeros automáticos que parecen diseñados para ingenieros, no para jubilados. Las administraciones públicas multiplican formularios y contraseñas, olvidando que detrás de cada trámite hay una persona que busca dignidad, no obstáculos.

- La comunicación es, sin duda, uno de los grandes problemas de este grupo del “usted ya tiene una edad”. Pero no es el único. También lo son:

  • La falta de acompañamiento digital para trámites esenciales.

  • La escasa empatía en servicios públicos que priorizan la rapidez sobre la humanidad.

  • La invisibilidad de los mayores en un mundo que corre demasiado deprisa y olvida que la experiencia también es un valor.

  • La soledad que se multiplica cuando la tecnología sustituye al contacto humano.

Y así llegamos al final de este desahogo.


Plegaria final

- Que quienes nos gobiernan recuerden que detrás de cada pantalla, cada cita y cada trámite, hay un rostro que merece respeto. Que no se dejen apabullar por la prisa ni por la burocracia, y que tengan el coraje de poner orden en sistemas que hoy parecen diseñados para excluir a los más vulnerables.

- Que escuchen la voz serena de quienes ya tenemos una edad, no como un lamento, sino como un latido que pide dignidad. Y que nosotros, los afectados, no perdamos nunca la esperanza ni la fuerza de seguir reclamando nuestro lugar en esta sociedad que también construimos.

- ¿Y mientras tanto nosotros qué hacemos? Resistir, acompañarnos, y seguir recordando que la dignidad no se negocia y con ello debemos protestar humilde y educadamente en todos aquellos lugares en que podamos hacerlo. Cada uno lo hará a su manera, ésta, aquí y ahora, es una de mis formas de hacerlo.


27 comentarios:

  1. Hay una frase para mí, lapidaria y definitoria, que evidentemente no me gusta. "Para su edad, está muy bien". E cuanto a todo lo demás, es la deshumanización vergonzante, que conlleva el eliminar el trato humano, es caro. Por muy rico que sea mejorando la vida. Así nos va.
    Un abrazo.

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    1. Me sumo a tu lamento, escritor.
      Un fuerte abrazo.

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  2. Necesario reclamo de atención el que nos dejas, Enrique. Cierto que la sensación, a medida que cumples años y te acercas o estás en el último capítulo de la vida, la falta de atención se manifiesta más, se hace evidente en todos los aspectos y organismos sociales produciendo un inevitable aislamiento, sobre todo si la persona carece de familia o amigos afectos cercanos. La soledad es el principal problema, un riesgo para la depresión, la ansiedad, las enfermedades físicas y demenciales. Hay mucha desatención, amigo, qué bien lo has expuesto. Y recordar que las necesidades de quienes te apoyan cuando caes enfermo y necesitas ayuda hay que cuidarla también para que estas personas no fallezcan. En fin, gracias, pues necesario tenerlo presente, decirlo y también denunciarlo.
    Un abrazo y buen domingo, apreciado amigo.

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    1. Así es, Teo, debemos seguir y tratar de convencer al mundo que nos rodea de la existencia de esa soledad, a veces, no deseada.
      Un fuerte abrazo

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    2. Donde puse fallezcan quise poner desfallezcan. Otro abrazo.

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    3. Entendido a la primera.

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  3. Una experiencia personal. Hace unos dias fui a quitarme los puntos del puente de mi nariz por la caida. En la madrugada de un sabado me habian entregado un papel con el turno, La empleada de la ventanilla me pedia la orden medica, le explique que me habian dado el turno en la guardia, me lo devolvio diciendo, esto no sirve. La mire y le dije, bueno, entonces me atendere otra vez por guardia, y asi fue, me atendieron muy bien los seres humanos. La modenidad volvio robots a algunos, un abrazo Enrique.

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    1. Querida María Cristina, tu relato refleja con claridad esa contradicción que vivimos: sistemas que se vuelven rígidos y fríos frente a la sencillez del trato humano. Al final, lo que nos salva es justamente lo que cuentas: la humanidad de quienes todavía saben mirar a los ojos y atender con empatía.
      Gracias por compartir tu experiencia, porque nos recuerda que la dignidad se defiende también en lo cotidiano.
      Un abrazo agradecido.

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  4. Sin quitar una sola coma a tu texto, y plegaria, amigo Enrique, basada esta última en la fe y el derecho que nos asiste, :))))) ¡qué decir!
    ¿Hablo en general o personalmente? Me inclino por esto último pues es la realidad actual...

    - En el uso del ordenador, tanto en el plano lúdico como en el "administrativo", público y privado, me defiendo. Si bien ya estoy en el club de "los que temos una edad." (No, aparentar no aparento... De ahí lo de "torero torero" del otro día.)
    - También se da la circunstancia de vivir en una Comunidad que es la otra cara de la moneda en las cuales gobiernan las "derechas".
    - Y por último, en la misma ciudad donde solemos movernos, hay una oficina de la Seguridad Social, entre otras, en la que atienden y gestinan todo tipo de asuntos que atañen al ciudadano. Y no me refiero sólo a la gente mayor, también a infinidad de personas de otras nacionalidades y culturas que poco o nada saben de la nuestra y sus trámites

    Ya sobre la soledad no deseada... Lacra social, sin duda. Y a la vez promovida en parte por el tipo de relaciones que hoy nos permitimos entre nosotros.
    ¿Dónde está aquella sociedad "antigua" de hace 70 años para atrás? ¿Dónde aquella en la que los "mayores" vivian sus últimos años en casa, con la familia, al cuidado de sus hijas? ¿Dónde aquella con aquella humanidad de siempre?

    La "modernidad social" abrazada por tantos, y a la vez, no se puede negar, las cuestiones económicas y laborales actuales, no facilitan o permiten aquellas "antigüedades" naturales.
    Fuerte abrazo, amigo Enrique.

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    1. Querido Ernesto, tu comentario es un espejo que devuelve con claridad la realidad que vivimos. Esa defensa que haces del ordenador, con ironía torera incluida, muestra que seguimos resistiendo y adaptándonos, aunque nos quieran encasillar en el “ya tiene una edad”. Y es cierto lo que señalas: la otra cara de la moneda política, las oficinas que aún atienden con humanidad, y la diversidad de rostros que buscan soluciones en un mismo mostrador, son parte de ese mosaico que nos toca habitar.
      Sobre la soledad no deseada, comparto tu lamento: es una herida que se abre no sólo por las circunstancias económicas, sino también por la forma en que nos relacionamos hoy. Aquella sociedad antigua que mencionas, con sus cuidados familiares y su humanidad cotidiana, parece lejana, pero sigue siendo un referente que nos recuerda lo que no deberíamos perder.
      Gracias por tu palabra sincera, que suma y acompaña. Sigamos, cada uno a su manera, recordando que la dignidad no se negocia y que la compañía, aunque sea en forma de diálogo como este, es ya un gesto de resistencia.
      Un fuerte abrazo, amigo Ernesto, con el latido sereno de la edad que compartimos.

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  5. Sobre este último punto de la soledad, lo repito una vez más.
    Quienes, por circunstancias de la vida, "van de cabeza a ella", deben, debéis, tratar de evitar que cada día se haga algo más profunda. ¡Debéis socializar más! Aunque hasta ahora no lo hayáis considerado.
    Saludar más. Sonreír más. Hablar más... con unos y otros. ¡Abriros! ¡Estrechar manos! ¡Incluso... proponeros abrazar!
    Si no abrís vuestra puerta, cómo esperáis que otros abran la suya.

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    1. Tus palabras son un recordatorio luminoso: la soledad no se combate con resignación, sino con gestos sencillos que abren puertas y corazones. Saludar, sonreír, estrechar manos… son pequeñas llaves que nos devuelven al mundo. Gracias por insistir en ello, porque a veces olvidamos que la compañía empieza en un gesto humilde. Sigamos, cada uno a su manera, sembrando cercanía.

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  6. Hola Enrique. Un texto muy necesario y dolorosamente certero. No es la edad lo que limita, sino los sistemas mal diseñados que confunden modernización con deshumanización. Digitalizar sin acompañar es excluir; agilizar sin empatía es abandonar. Detrás de cada trámite hay una persona, no un usuario. Gracias por poner palabras a una realidad que muchos viven en silencio. Un fuerte abrazo

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    1. Querida Neuriwoman, tus palabras son un espejo que devuelve con claridad lo que intentaba expresar: no es la edad la que nos limita, sino esos sistemas que olvidan que detrás de cada trámite late una persona. Coincido contigo: digitalizar sin acompañar es excluir, y agilizar sin empatía es abandonar. Gracias por sumar tu voz a este reclamo silencioso que compartimos tantos. Que nunca olvidemos que la dignidad no se negocia. Un fuerte abrazo.

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  7. Hola amigo.

    Hoy voy " escopeteado" pero no quiero dejar de al menos , saludarte ,-

    y como no ...¡¡felicitarte por esos exitos de tu equipo que este año está impresioanante .
    Un abrazo

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    1. Gracias, Joaquín. No obstante, los del Espanyol estamos muy acostumbrados a ver desinflar el globo cuando más hinchado está. Jjajajaja.
      Un abrazo.

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  8. Muchas gracias Enrique por poner en palabras la preocupación de muchos y por denunciar... El ser humano ha dejado de importar, definitivamente nuestros sistemas politico-económicos, la república, la democracia, las instituciones por donde mires y vivas se deterioran cada vez más, el descreimiento de la población mundial en filosofías y religiones, en fin... la modernidad con sus notables avances tecnológicos finalmente podría estar conduciéndonos a un inevitable colapso de imprevisibles, más que eso, inconcebibles consecuencias... Ya va siendo hora de aunar una voz humanista se me ocurre decir pero cómo es la pregunta que nadie alcanza hoy a precisar...

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    1. Querido Carlos, tu reflexión es un espejo lúcido de lo que muchos sentimos: la modernidad avanza con un ímpetu que parece arrasar con la empatía y la humanidad, y las instituciones se desmoronan como viejos muros sin cimientos. Coincido contigo en que la pregunta no es sencilla, pero quizá la respuesta no esté en grandes sistemas ni en discursos solemnes, sino en la suma de pequeñas voces que se atreven a recordar que la dignidad no se negocia.
      Aunar una voz humanista puede empezar en lo cotidiano: en el gesto que rescata la mirada, en la palabra que acompaña, en la resistencia humilde frente a la indiferencia. Tal vez no podamos detener el colapso que anuncian los signos, pero sí podemos sembrar humanidad en medio del ruido. Y esa siembra, aunque parezca mínima, es ya una forma de respuesta.
      Un fuerte abrazo, con el latido sereno de quienes seguimos creyendo que la esperanza es también un acto de resistencia.

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  9. Si es terrible cuando la empatia a sido sustituida con indiferencia. La personas no convertimos en invisibles y solo inmportan redes y otras cosas. Te mando un beso.

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    1. Querida Judit, tu comentario es como un espejo que devuelve una verdad dolorosa: cuando la empatía se desvanece y la indiferencia ocupa su lugar, las personas quedamos relegadas a una sombra, invisibles en un mundo que corre demasiado deprisa y que parece medir el valor de la vida en “likes” y apariencias. Es terrible, sí, porque la indiferencia no hiere con ruido, sino con silencio; no golpea, pero va borrando poco a poco la dignidad de quienes aún tenemos tanto que ofrecer.
      Nos convertimos en invisibles, como bien dices, y esa invisibilidad es quizá la forma más cruel de abandono. No se trata de que falte tecnología o redes, sino de que falta mirada, falta escucha, falta ese gesto humano que nos recuerda que detrás de cada rostro late una historia. Las redes pueden conectar, pero también pueden aislar; pueden dar voz, pero también pueden silenciar lo esencial.
      Por eso tu reflexión es necesaria: porque nos recuerda que la verdadera modernidad no debería ser la que sustituye el abrazo por un clic, ni la que confunde rapidez con humanidad. La modernidad auténtica es la que sabe detenerse, mirar a los ojos y reconocer que la dignidad no se negocia.
      Sigamos, como tú y yo hacemos aquí, resistiendo con palabras, con gestos, con compañía. Que nuestra voz no se pierda en el ruido, que nuestra presencia no se diluya en la indiferencia. Porque mientras haya alguien que diga “te mando un beso”, todavía hay calor humano, todavía hay esperanza.
      Un fuerte abrazo, con el latido sereno de quienes seguimos creyendo que la empatía es la raíz de toda convivencia.

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  10. Querido Enrique
    Navidad es tiempo de agradecer y compartir. ¡Feliz y bendecida Navidad!
    Que el amor de Dios te acompañe en estas fiestas y siempre.

    Abrazos y te dejo un besito
    *♥♫♥**♥♫♥**♥♫♥*--*♥♫♥**♥*

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    1. Gracias, Liz, lo mismo te deseo y gracias también por aparecer desde tu voluntario retiro y lo hagas desde aquí.
      Un fuerte abrazo.

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  11. Tienes toda la razón, amigo Enrique, aquí pasa lo mismo...
    Estamos a años luz de los sistemas perfectos.
    Cada vez hay más personas mayores; debería haber un sector sanitario donde las personas mayores cuiden a las personas mayores, con geriatras competentes.
    No apareciste en el Convivio de Poetas... me pregunté si estabas bien... Mientras, ya te encontré en otro blog.
    https://refugiodospoetass.blogspot.com/
    Días buenos y tranquilos... El estrés mata...
    Un grande abrazo.
    ~~~~

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    1. Querida Majo, tu comentario me llega como un abrazo sereno en medio de este desahogo que compartí. Gracias por tu mirada, que sabe detenerse en lo esencial y devolverlo con palabras llenas de humanidad. No es fácil hablar de estas realidades sin caer en la queja amarga, pero tú lo haces con esa delicadeza que convierte la reflexión en compañía.
      Coincido contigo: la modernidad, con sus avances, parece olvidar que detrás de cada trámite, cada pantalla y cada cita, late un corazón que busca respeto y calor humano. No es la edad lo que limita, sino los sistemas que confunden rapidez con deshumanización. Y ahí, tu voz se suma como un recordatorio luminoso de que todavía podemos resistir desde lo cotidiano, desde el gesto sencillo que devuelve dignidad.
      Me reconforta saber que hay personas como tú, que no sólo leen sino que acompañan, que no sólo entienden sino que se solidarizan. Esa es la verdadera riqueza: la empatía que no se negocia, la compañía que se ofrece sin condiciones.
      Sigamos, cada uno a su manera, levantando esta plegaria humilde pero firme: que la dignidad no se pierda, que la voz serena de quienes ya tenemos una edad siga siendo escuchada, y que la esperanza no se apague nunca.
      Un fuerte abrazo, con el latido sereno de la edad que compartimos.

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  12. Enrique, maravilloso texto y cierto.
    Hacen las leyes o las reformas pensando en la gente joven, los mayores ni siquiera tienen servicio de internet, son presas fáciles de estafas porque no saben como funciona todo.
    Una señora pidió ayuda para retirar su jubilación de un cajero y la persona que se ofreció ayudarla le robo toda su jubilación, no pudo hacer nada porque este señor la amenazo si salía del cajero.
    Que bueno que difundas estos relatos tan importantes.
    Cuando vamos aprender que los mayores son los mejores libros para aprender de la vida.
    Que pases un hermoso día, junto a tus seres queridos
    Besos Enrique

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    1. Gracias, "Momentos". Tu comentario me llega como un abrazo sereno, de esos que no necesitan palabras para transmitir cariño y complicidad. En este rincón donde intentamos resistir con dignidad, tu voz se suma como un latido que acompaña y fortalece. Porque en medio de tanta prisa y deshumanización, lo que verdaderamente nos sostiene son estos gestos sencillos: la palabra amable, la mirada que reconoce, la presencia que no juzga.
      Es cierto que la edad nos coloca en un lugar distinto, a veces condescendiente, otras veces invisible. Pero también nos regala la posibilidad de mirar la vida con una calma que no se negocia, con la certeza de que lo esencial no está en los trámites ni en las pantallas, sino en la compañía que nos damos unos a otros. Y ahí tu comentario se convierte en bálsamo: nos recuerda que no estamos solos, que todavía hay quien escucha y comparte.
      Gracias por tu ternura, por tu manera de estar sin imponerte, por esa delicadeza que se siente como un soplo de primavera en pleno invierno. Ojalá sigamos encontrándonos en este espacio, sumando palabras que dignifiquen y que nos hagan sentir que, pese a todo, la esperanza sigue viva.
      Con afecto y gratitud.

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