Releer el pasado para comprender el presente y abrazar lo que viene
- Vivir, tener una cita, y seguir adelante
- Releer lo que escribimos en plena pandemia es como abrir una ventana a un tiempo suspendido. Aquel abril de 2020 nos obligó a detenernos, a mirarnos por dentro y a sostenernos en palabras que, de algún modo, nos mantenían vivos cuando todo parecía frágil. Hoy, con la serenidad que da la distancia, vuelvo a esas citas que entonces me acompañaron y las dejo crecer hacia este presente más complejo, pero también más consciente.
- Decía Quevedo: “Mejor vida es morir que vivir muerto”. En aquellos días oscuros, esa frase era casi un latigazo. Hoy la siento como una advertencia luminosa: no dejarnos arrastrar por inercias que nos apagan, no convertirnos en espectadores de nuestra propia vida. Vivir exige presencia, decisión, incluso torpeza. Exige equivocarse y volver a empezar. Quevedo nos recuerda que la verdadera muerte es la renuncia a sentir.
Una amiga nos escribió entonces: “Tenemos una cita con vosotros”. Qué frase tan sencilla y tan poderosa. Una cita no es solo un encuentro: es una promesa de presencia, un pacto silencioso con el otro y con uno mismo. En tiempos de distancia, aquella frase era un abrazo. Hoy sigue siéndolo, porque cada cita —con un amigo, con un libro, con un amanecer— es una forma de decirnos que seguimos aquí, que seguimos apostando por la vida.
- Cortázar, siempre tan certero, nos dejó esta maravilla: “Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”. Qué verdad tan limpia. La esperanza no es ingenuidad: es un impulso profundo que nos empuja hacia adelante incluso cuando creemos que no queda nada. Es la vida recordándonos que quiere seguir siendo vida.
- Y luego está esa otra frase suya (de Cortázar), tan humana: “Si caes te levanto y si no, me acuesto contigo”. En 2020 la leímos como un gesto de complicidad en medio del encierro. Hoy la leo como una declaración de afecto radical: acompañar sin condiciones, estar en la caída y en la quietud, en la lucha y en el descanso. Querer sin exigir, sostener sin invadir.
- Todo aquello —las citas, los miedos, las risas, la incertidumbre— nos enseñó que la imaginación es un territorio inviolable. Por muy estrechos que sean los márgenes de la realidad, siempre queda un espacio interior donde podemos volar, recordar, inventar, soñar. Ese espacio es refugio y motor, memoria y porvenir.
- Hoy, en este tiempo nuevo, me quedo con esa lección: vivir es un acto de resistencia luminosa. No se trata de grandes gestas, sino de pequeños gestos que nos devuelven a nosotros mismos: una conversación, una lectura, un paseo, una cita inesperada, una esperanza que vuelve sin que la llamemos.
- Y por eso, ahora, mirando hacia adelante, quiero quedarme con lo que entonces apenas intuíamos: que la vida siempre encuentra la manera de abrirse paso. Que seguimos aquí, más frágiles quizá, pero también más atentos, más agradecidos, más capaces de reconocer la belleza que antes pasaba desapercibida. Que cada día es una oportunidad —modesta, imperfecta, real— para empezar de nuevo.

Vivir puede ser un acto de valentía.
ResponderEliminarUn abrazo.
Es verdad, Alfred: a veces vivir exige una valentía silenciosa, esa que no presume de nada pero sostiene cada día. No se trata solo de enfrentar lo que duele, sino de seguir adelante incluso cuando el camino se estrecha y uno duda de sus propias fuerzas.
EliminarQuizá la mayor valentía sea esa: mantenerse en pie, cuidar lo que importa y no renunciar a la posibilidad de un mañana más amable.
Un fuerte abrazo, Alfred.
Enrique, soy de los que también le gusta releer cosas que dejé plasmadas en el pasado. Lo que has compartido hoy me ha hecho pensar en cómo las cosas se ven tan distintas con el tiempo. Aquellos días nos dejaron una forma distinta de valorar tantas cosas, desde lo pequeño, una conversación, un plan concreto con alguien, cosas que antes pasaban sin pena ni gloria. Pero no sé si realmente hemos avanzado o retrocedido. Un abrazo.
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