Un recuerdo en la Plaza de la Catedral de Barcelona, a las tres en punto, cuando mi Padre me enseñó que algunos gestos guardan más verdad que mil palabras.
03 abril 2026
- Cada Viernes Santo, cuando el reloj marca las tres en punto, vuelve a mí un recuerdo que no se ha borrado nunca. Mi Padre tomándome de la mano y llevándome a la Plaza de la Catedral de Barcelona, donde el silencio se hacía más hondo que cualquier palabra. Allí empezaba el rezo de las llagas de Jesús, un rito sencillo y solemne que, sin yo saberlo entonces, estaba grabando en mí una forma de mirar la vida.
- No sé si aquello era tradición, fe o simplemente un gesto de amor de un padre hacia su hijo. Quizá era todo a la vez. Lo cierto es que, con los años, he comprendido que no se trataba solo de repetir un rito, sino de aprender a detenerse, a escuchar, a sentir que hay momentos que merecen ser vividos con respeto.
- Hoy, cuando muchos se preguntan qué queda de aquellas costumbres, yo vuelvo a ese instante en la plaza. Y descubro que las tradiciones no desaparecen: se transforman en memoria, en gratitud, en una forma de estar en el mundo.

Entrañable tradición hecha recuerdo; y nostalgia.
ResponderEliminarHe pensado mucho en cómo la vivíamos con mi madre y sus siete cazuelas.
Un gran abrazo, amigo
Qué hermoso lo que compartes, Maia.
EliminarHay recuerdos que se vuelven casi un refugio, y esas tradiciones vividas junto a quienes amamos quedan grabadas con una profundidad que el tiempo no borra.
Tu madre y sus siete cazuelas… qué imagen tan llena de vida y de cariño. Gracias por traerla aquí.
Un fuerte abrazo, amiga.
Se puede hablar largo y tendido sobre las tradiciones, pero a mí me llama la atención que algo muy parecido a lo que cuentas me pasaba de pequeño. No entendía nada de lo que ocurría, y sin embargo lo recuerdo como algo que me gustaba.
ResponderEliminarHabía algo ahí que me serenaba. Yo, que era inquieto y bastante travieso, me veo en esos momentos distinto, más recogido, sin saber muy bien por qué.
Con los años lo he entendido mejor. No era cuestión de comprender, sino de vivirlo.
Y eso, curiosamente, se quedó.
A veces de niños no entendíamos nada, y aun así algo dentro de nosotros se aquietaba sin pedir explicaciones. Esas vivencias tenían una fuerza propia, casi silenciosa, que nos envolvía sin necesidad de palabras.
EliminarCon el tiempo uno descubre justo eso que dices: que no hacía falta comprender, sino dejarse llevar y vivirlo. Y qué curioso cómo permanece, como una serenidad que vuelve cuando la recordamos.
Un fuerte abrazo, amigo.
Aquel rezo te sirvió entonces. Fue semilla de algo que, floreciendo, te ha llegado hasta hoy. Marcó tu vida y, entre otras muchas cualidades, adquiridas y sustentadas, eres la realidad que hoy conocemos.
ResponderEliminarGran abrazo, amigo Enrique.
Ernesto, qué bien lo dices.
EliminarA veces uno no es consciente de que ciertos gestos, vividos casi sin entenderlos, van dejando una semilla que con los años acaba dando forma a lo que somos. Ese rezo, aquel silencio en la plaza, la mano de mi padre… todo eso quedó ahí, creciendo sin hacer ruido.
Si hoy algo de mí refleja aquello, entonces valió la pena.
Gracias por mirarlo con tanta profundidad y por tu amistad de siempre.
Un gran abrazo, amigo.
Enrique, tu evocación del Viernes Santo me ha conmovido profundamente. En tus palabras late la fuerza de esas tradiciones que, más que costumbre, fueron escuela de silencio y de ternura. Lo que viviste con tu padre no fue solo un rito, sino la revelación de una forma de mirar el mundo con respeto y gratitud. En tiempos en que todo parece fugaz, tu recuerdo ilumina la permanencia de lo esencial: el amor que da sentido a las creencias y convierte la memoria en presencia viva.
ResponderEliminarUn abrazo
Joselu, tus palabras me llegan muy adentro.
EliminarEs cierto: aquellas tradiciones eran mucho más que un rito. Eran una forma de aprender el silencio, de mirar despacio, de descubrir que lo esencial no hace ruido. Lo que viví con mi padre —su mano firme, su respeto, su manera de estar— fue quizá la primera lección de que la fe, antes que doctrina, es un modo de amar.
Me alegra que ese recuerdo te haya conmovido. A veces basta evocar un instante para que lo vivido vuelva a hacerse presente, como si la memoria respirara de nuevo.
Un fuerte abrazo, amigo.
Un momento de silencio y contemplación junto a tu papi que te sigue acompañando, Enrique, un abrazo y Buen Viernes Santo!
ResponderEliminarMaría Cristina, muchas gracias por tu cercanía.
EliminarSí, fue un momento de silencio lleno de profundidad, de esos que uno comparte con quienes siguen acompañando desde otro lugar.
Te envío un fuerte abrazo y mis mejores deseos en este Viernes Santo.
Creo que es un poco de todo. Veo que las tradiciones en Barcelona eran en tus recuerdos similares a las castellanas sin grandes demostraciones al exterior.
ResponderEliminarSaludos.
Tomás, así es, un poco de todo.
EliminarEn Barcelona, al menos en mis recuerdos, las tradiciones tenían ese aire más recogido, muy parecido al castellano, sin grandes demostraciones externas pero con mucha profundidad interior.
Gracias por tu lectura y por aportar siempre matices tan certeros.
Un fuerte abrazo.
Hola Enrique.
ResponderEliminarQué ilusión me ha hecho encontrar nuevamente una foto de Barcelona y en este caso nada menos que la entrada de la catedral y con ese homenaje a tu papá.
Aquellos tiempo no volverán pero estan en nuestro recuerdo.
Yo tambien recuerdo con mis padres la bendición de las Palmas y muchos actos mas religiosos.
Gracias por traerme a mi tambien esos bonitos recuerdos.
Un abrazo y feliz Semana Santa , bueno, lo que queda de ella , aunque aqui el Lunes como sabes es tambien fstivo.
Un abrazo.
Joaquín, qué alegría saber que la foto te ha traído también a ti un pedacito de aquellos años.
EliminarLa entrada de la Catedral guarda para muchos de nosotros recuerdos que no se borran, y me emociona que este pequeño homenaje a mi padre haya conectado con los tuyos, con esas Palmas bendecidas y los gestos sencillos que vivíamos en familia.
Es verdad que aquellos tiempos no volverán, pero siguen vivos en lo que nos dejaron: en la memoria, en la forma de mirar, en la gratitud por lo vivido.
Gracias por compartir tus recuerdos y por acompañarme siempre con tanta cercanía.
Un fuerte abrazo y que sigas disfrutando de esta Semana Santa, que en tu tierra aún se alarga un día más y en Alicante, también.
Puro amor, ya en tu memoria y también en tu destino, Enrique...
ResponderEliminarHasta mañana y un abrazo tan admirado como grande!
Carlos, gracias de corazón por tus palabras.
EliminarEse “puro amor” que mencionas es, al final, lo que permanece: en la memoria, en lo que nos sostiene y también en lo que nos impulsa hacia adelante.
Me alegra que lo hayas sentido así.
Un fuerte abrazo, tan admirado como sincero, y hasta mañana.
Tradiciones, mitos, yo diria forma de vida, esos momentos te dejaron vivencias que nunca olvidaste y que seguramente en momentos dificiles te acompañaron.
ResponderEliminarUn abrazo Enrique y felices Pascuas.
mariarosa
Mariarosa, qué cierto lo que dices: más que tradiciones o mitos, era una forma de vida.
EliminarEsas vivencias se quedaron grabadas y, como bien señalas, en los momentos difíciles regresan para acompañar, sostener y dar un poco de luz.
Gracias por tu mirada siempre tan sensible.
Un fuerte abrazo y felices Pascuas.
Hola Enrique, compartes un recuerdo muy bonito de un momento muy especial. Me imagino la solemnidad de tu padre, llevando a su pequeño hijo para compartir con él la solemnidad del momento.
ResponderEliminarUn abrazo!
Cecilia, muchas gracias por tu mirada tan sensible. Sí, aquel momento tenía una solemnidad que, incluso siendo yo un niño, se me quedó grabada. Mi padre vivía esos gestos con una profundidad serena, y quizá por eso me los transmitió sin necesidad de explicarlos. Bastaba su mano, su silencio, su forma de estar.
EliminarMe alegra que tú también hayas reconocido algo de eso en lo que conté. Al final, son esos instantes compartidos los que permanecen.
Un abrazo, Soñadora.
Um Santo Domingo de Aleluia.
ResponderEliminarAbraço pascal.
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Igualmente para ti, querida amiga Majo.
EliminarUn fuerte abrazo
Son tradiciones y recuerdos de toda la vida. Te mando un beso.
ResponderEliminarAsí es, querida Judit
EliminarUn fuerte abrazo