11 enero 2026
- Las conversaciones que se producen cuando los amigos nos reunimos en ese bendito encuentro que bauticé como “viernes la nuit” (y más aún cuando todos somos ya de la llamada “cierta edad”), suelen arrancar con un optimismo admirable. El primer brindis siempre llega cargado de alegría y de esa esperanza tranquila que da la experiencia. Pero basta que algún compañero imprudente abra el melón de la geopolítica o del desorden internacional (y, en menor medida, de nuestras cuitas patrias), para que el tono empiece a oscurecerse, como si la noche quisiera recordarnos que también existen las sombras.
- Y, claro, nunca faltan los feroces cenizos de guardia: esos que disfrutan terraplanizando el mundo y recomendando cascos o mascarillas para protegernos de las supuestas fumigaciones venenosas con las que (según ellos), los aviones pretenden aniquilar a jubilados y parados. Pero, dejando a un lado a esa minoría "tan creativa", siempre acaba imponiéndose la serenidad de quienes ya tenemos el corazón de vuelta de lo que hagan y/o digan los políticos (que no de la política). Al final, lo que se nos ve (y se nos nota), es que somos unos afortunados: disfrutamos de lo vivido, celebramos el presente y confiamos en que lo que quede por venir nos depare todavía buenos momentos. Y lo hacemos acompañando a nuestro entorno y especialmente a los más jóvenes, animándolos (en aquellos momentos en que podemos hacerlo), a tomar las riendas de ese futuro que ya empieza a ser y es, suyo.
- Quizá por eso, cada viernes la nuit termina con una sensación de gratitud difícil de explicar. A nuestra edad, uno aprende que la vida, con sus luces y sus tropiezos, sigue siendo un regalo inmenso. Y que soñar con un futuro en paz y libertad no es ingenuidad, sino un acto de resistencia amable. Mientras podamos seguir reuniéndonos, riendo, discutiendo y brindando por lo que vendrá, ese sueño seguirá vivo.

Certera y profunda reflexión, amigo Enrique, de quien ha vivido, ¡vive! y sabe lo que la vida es! Esa "cierta edad" que señalas como identificador de experiencia, es un regalo a día de hoy. Casi un don... Que a muchos permite seguir expresándose con la humanidad con que tú lo haces.
ResponderEliminarDe nuevo, querido Enrique, un fuerte abrazo.
Gracias, Ernesto, me he emocionado leyendo tu comentario.
EliminarGracias otra vez
Un fuerte abrazo
Buena reflexión de lo que podemos hacer y esperar en nuestros momentos actuales.
ResponderEliminarSon los espacios ocupados al tiempo de los que disfruto con agrado.
La política es una cosa, seria, y los políticos, otra vergonzosa.
Un abrazo.
Buena reflexión, Alfred. A veces olvidamos que lo único verdaderamente nuestro son estos momentos presentes, esos espacios que vamos ocupando con calma, conversación y compañía. Son instantes que, cuando se viven con atención, acaban siendo los que más agradecemos.
EliminarEn medio de todo esto, uno no puede evitar pensar en la política: tan seria en su esencia, tan necesaria para ordenar la vida común… y, sin embargo, tan maltratada por quienes deberían honrarla. La distancia entre la idea y quienes la representan es, a menudo, vergonzosa. Quizá por eso estos pequeños refugios —una charla honesta, una copa compartida, un pensamiento bien hilado— se vuelven tan valiosos. Nos recuerdan que todavía hay espacios donde la dignidad y el sentido permanecen intactos.
Un fuerte abrazo.
Todo bien con el encuentro, pero a la señora de anteojos le falta su copa, creo que ella tiene derecho a protestar la primera. Que sigas disfrutando de tus viernes, Enrique, un abrazo.
ResponderEliminar¡María Cristina!
EliminarTienes toda la razón: a la señora de anteojos le han escamoteado su copa y, visto lo visto, es la primera que debería alzar la voz. Tomo nota para el próximo encuentro, no vaya a ser que se nos rebele con razón.
Gracias por tus buenos deseos. Yo sigo disfrutando de estos viernes que tanto bien hacen.
Un abrazo grande.
Como nos ilustras con el cuadro y defines con tu magnifico texto que grande son esas reuniones, un viernes noche o cualquier otro día ya que a partir de cierta edad cualquier día es bueno, en las que al igual que se hacía desde la juventud nos reuníamos un grupo de amigos.
ResponderEliminarSaludos.
Tomás, qué bien lo expresas. Tanto el cuadro como tus palabras capturan a la perfección la grandeza de esas reuniones que, ya sea un viernes por la noche o cualquier día de la semana —porque a cierta edad cualquier día es bueno— nos devuelven a aquella esencia de la juventud en la que bastaba juntarnos un grupo de amigos para que el mundo volviera a tener sentido.
EliminarUn abrazo y saludos.
Gracias por este rato robado al caos. Por recordar que, pese a todo, todavía merece la pena sentarse, mirarse a los ojos y brindar. Sales de ahí distinto: más en calma, más entero, con la sensación de que no todo está perdido y de que aún hay futuro cuando hay mesa, palabra y amistad.
ResponderEliminarQue la noche nos pille hablando. Y el mundo, si quiere, que espere.
Angelo, gracias a ti por abrir ese paréntesis luminoso en medio del desorden. Hay conversaciones que no solo acompañan: recolocan, afinan, devuelven el pulso. Lo de anoche fue eso. Un recordatorio de que, mientras existan mesas donde compartir la vida sin prisa, todavía queda un lugar donde el mundo no duele tanto.
EliminarMe fui con la certeza de que la amistad —la de verdad, la que escucha y sostiene— sigue siendo un refugio y una brújula. Que sigan viniendo noches así, de palabras que abrigan y silencios que no pesan.
Que la noche nos encuentre hablando. Y que el mundo, si tiene prisa, siga sin nosotros.
Siempre es bueno disfrutar con amigos. Te mando un beso
ResponderEliminarPara mí es imprescindible y aún más, mantenerlos.
EliminarUn abrazo, Judit.
Bravo por esos encuentros con amigos, con los que es posible conversar de todo y uno sale renovado. Que sigas disfrutando de esos viernes nuit.
ResponderEliminarUn abrazo grande!
Gracias, Cecilia, a mí se me hacen totalmente imprescindibles.
EliminarGracias, un fuerte abrazo.
Siempre se ha dicho que la experiencia es un grado, por el hecho de haber vivido tantas y variadas situaciones, y que nos dan capacidad para discernir entre lo que opinan tantos locos que hay sueltos y lo que realmente nos interesa como temas para esas entrañables veladas de buen tono, a las que titulas como "viernes la nuit", y en las que estoy de acuerdo el evitar tanto hablar de política como de fútbol, si queremos realmente disfrutar en armonía de los buenos amigos y amigas, y de una copa de buen vino con que brindar, para que ese sueño de libertad siga vivo.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, amigo Enrique.
Querido Manuel, qué gusto leerte y qué razón tienes. La experiencia —la vivida de verdad, la que deja poso— acaba siendo ese faro que nos ayuda a distinguir el ruido de lo esencial. Y quizá por eso valoramos tanto esas veladas tranquilas, donde la conversación fluye sin estridencias y donde uno puede disfrutar de la compañía, del vino y de la libertad de estar entre amigos sin necesidad de arreglar el mundo.
EliminarMe alegra que compartas ese espíritu de los “viernes la nuit”: espacios pequeños pero llenos de sentido, donde lo importante no es el tema, sino la armonía que se crea alrededor de la mesa. Ojalá sigamos brindando por muchos años más por esa libertad que mencionas, tan frágil a veces y tan necesaria siempre.
Un abrazo enorme, amigo.
¡Por suerte, creo que soy inmune!
ResponderEliminarDurante la Guerra Fría, mi padre nunca perdía los grandes noticieros nacionales...
Las noticias sensacionalistas sirven para desviar la atención y causar turbulencia.
Es genial cultivar la amistad a cualquier edad... ☕🥤🍰🍺
Que tengas una buena semana, querido amigo.
¡Un fuerte abrazo!
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Majo, qué gusto leerte.
EliminarTu padre tenía un instinto finísimo: saber distinguir lo importante de lo ruidoso es casi un arte, y hoy sigue siendo más necesario que nunca. Coincido contigo en que el sensacionalismo solo busca distraer, mientras que la amistad —esa sí— nos centra, nos calma y nos recuerda lo esencial.
Brindo por esas conversaciones que atraviesan épocas y por la alegría de seguir compartiendo, a cualquier edad, una palabra amable, un café o una sonrisa.
Que tu semana sea luminosa y tranquila.
Un abrazo enorme, querida amiga.
Pues sí, querido amigo, la vida es un gran regalo, y debemos vivirla día a día, siendo conscientes de ello. Si algo tengo claro es que yo (nosotros, las gentes sencillas) no tenemos la culpa de todos los males que asolan al mundo, así que muchas veces, simplemente, hay que dejar que el agua corra.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte
Querido Ildefonso, qué razón tienes. Al final, lo único verdaderamente nuestro es este día que tenemos entre las manos, y la forma en que decidimos vivirlo. Las gentes sencillas, como dices, bastante hacemos con sostener la vida, cuidar lo que amamos y seguir adelante sin perder la sonrisa.
EliminarDejar que el agua corra… qué imagen tan justa. A veces es la única manera de que el alma respire y el mundo vuelva a colocarse en su sitio.
Un abrazo enorme, amigo y maestro de la fotografía, y gracias por recordarme lo esencial.
Enrique, es bello lo que escribes y un día con amigos es olvidarnos de todo y disfrutar de su compañía, un brindis por todos los amigos que hacen de este mundo un lugar mas bello, la vida es un regalo que debemos cuidar y compartir con los amigos.
ResponderEliminarQue tengas una semana genial.
Besos Enrique
Momentos, gracias por tus palabras tan hermosas.
EliminarTienes toda la razón: un día con amigos es una pausa del mundo, un refugio donde la conversación, las risas y la simple presencia compartida nos recuerdan lo esencial. Brindo contigo por esas personas que hacen que la vida sea más amable y más bella, y por la fortuna de poder celebrarla juntos.
La vida, como dices, es un regalo que merece ser cuidado y compartido.
Te deseo también una semana llena de momentos buenos, de esos que se quedan a vivir en la memoria.