Imagen orientada hacia la creación final de Gemini
19 enero 2026
- Amar sin límites, vivir con una libertad que no necesite muelles, defender la justicia como única salida posible… y, sobre todo, recuperar el sentido profundo de cuáles son —o deberían ser— los valores que nos conducen a la felicidad. Durante años hemos ido derivando, casi sin darnos cuenta, hacia un culto a lo material que ha desplazado cualquier otra brújula. Preguntarnos de dónde venimos y hacia dónde vamos parece hoy un ejercicio reservado a los viejos filósofos de siempre o a esos románticos que aún creen en la utilidad de lo inútil.
- Sin embargo, la vida insiste en recordarnos que la felicidad no es un tesoro oculto en lugares remotos. Está ahí, delante de nuestros ojos, en rincones que pasamos por alto: al otro lado de la cama, en un gesto que no esperabas, en el beso espontáneo de un niño que te llama y habla como si te conociera desde siempre. Y aun así, seguimos buscándola en horizontes que no nos pertenecen.
- Vivimos en una sociedad que premia el pragmatismo, el eclecticismo de conveniencia y el poder como forma de supervivencia. Parece que ese es el precio de pertenecer a este tiempo. Pero quizá la única salida real sea la de siempre: volver a la filosofía, a ese espacio donde el espíritu se refuerza y la vida recupera su escala natural.
- Anoche (una vez más), me preguntaron: “¿Tú eres rico, Enrique?”. Respondí lo único que me salió del alma: “Según en qué”. Me dijeron que era una respuesta demasiado básica. Apostillé: "tal vez ahí esté la clave. Volver a lo básico. Volver a lo que nunca debimos dejar atrás".
- A veces pienso que tardé demasiado tiempo en entenderlo, quizá más de lo razonable. Pero llegué. Y cuando por fin dejé de buscar la felicidad en teorías, en metas ajenas o en horizontes que no me pertenecían, descubrí que ella (la felicidad), llevaba tiempo esperándome en lo cotidiano. Hoy vivo abrazado a ella, sin innecesarios alardes, sin certezas absolutas, pero con la tranquilidad de saber que no se esconde: camina conmigo en lo simple, en lo que permanece, en lo que nunca pedía nada a cambio. No era difícil ... bastaba con abrir los ojos y querer encontrarla.

El sentirse con la conciencia limpia, hace mucho en pro de transmitir felicidad.
ResponderEliminarUn abrazo.