Pintura de Alberto Pancorbo
21 enero 2026
- Hoy quiero dejar aquí un breve post (algo que nunca consigo), que recuerde algo que a veces olvidamos: la verdadera vida suele estar mucho más cerca de lo que creemos. No siempre es necesario viajar a otros confines para apreciar la belleza que nos regala el entorno inmediato. Lo nuestro y los nuestros conforman, casi siempre, esa felicidad próxima que tantas veces pasamos por alto.
- Y, sin embargo, los tiempos que vivimos no ayudan a mantener la mirada serena. No llegan noticias esperanzadoras sobre un futuro inmediato; gobernantes alocados, hipócritas y narcisistas parecen haber olvidado su propia fragilidad mientras el mundo sangra por todas sus costuras mal remendadas. Es un castigo visible a sus maldades… y también a nuestra pasividad, a esa incapacidad creciente para distinguir el bien del mal, como si todo nos resultara ya tan normal como que un pájaro vuele o que un viejo empiece a paladear el sabor del olvido.
- Y aun así, pese a este panorama desalentador, me niego a renunciar al optimismo. El ser humano, incluso cuando tropieza una y otra vez, conserva una sorprendente capacidad para detenerse, mirarse al espejo y rectificar. Siempre queda un resquicio por donde entra la luz: un gesto noble, una palabra que reconcilia, una decisión tomada desde la bondad. Quizá ahí resida nuestra verdadera fuerza, en recordar que todavía podemos recomenzar y que la belleza cercana —esa que a veces olvidamos— sigue esperando a que la reconozcamos.

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