23 enero 2025
- Subir la persiana de la ventana del dormitorio y ver que el día empieza a despuntar supone un enorme abrazo a la vida cada mañana cuando ese "siempre amanece" se hace realidad.
- Uno de esos muchos amables amigos con los que sigo manteniendo algún tipo de relación, aunque sea virtual, me manda cada día (y desde que comenzó el tiempo de postconfinamiento tras la pandemia del 2019), unas fotografías que enfocan a algunos lugares del recorrido que yo solía hacer cuando aún podía andar por esos extraordinarios parajes que ofrece el mar, la playa y el lejano y ardiente horizonte madrugador que muestra la belleza de lo natural de lo sencillo, de lo, demasiadas veces, olvidado.
- Pero hoy, en una de esas madrugadoras fotografías que me manda mi amable amigo, me descubro a mí mismo.
- Quien fuera gaviota para poder volar y darle las gracias a la vida por haberme permitido llegar hasta este instante, igual que mi imaginación lo hace cuando se libera y se atreve.
- Volar soñando que el mundo, aun con su belleza maltratada, sigue guardando destellos de luz que esperan ser descubiertos. Y en ese vuelo íntimo, casi secreto, sentir que lo mejor no solo está por llegar, sino que ya empieza a asomarse en cada pequeño gesto de esperanza que nos sostiene.
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Aún mejor que tu deseo, Enrique, es tener a ese amigo que te acompaña diariamente con las imágenes que va encontrando! Un abrazo para ambos!
ResponderEliminarUno aprende con los años que la imaginación no sirve para huir, sino para resistir.Verse a uno mismo reflejado en una imagen del pasado no es nostalgia, es constatar que se ha vivido.Y volar, aunque solo sea con la cabeza, sigue siendo una manera digna de plantar cara al tiempo y la esperanza, siempre suele ser la más fiable. Vuelvo a apreciar la imagen que acompaña el post. Buen fin de semana
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