Sucedió nuevamente ...
Fotografía de Scott Carpenter (1925 – 2013)
27 diciembre 2025
- Cuando desperté, tuve la sensación de no haber regresado del todo. Aún me veía allí, rodeado de todos ellos, sin ausencias, como si alguien hubiera detenido el tiempo y lo hubiera pintado en un lienzo antiguo, quizá uno de Velázquez, pero sin colores, solo sombras y luces.
- El aire estaba cargado de vida: tortilla recién hecha, pan con tomate, chuletas chisporroteando, el vino de Alella perfumando la mesa… y ese bullicio juvenil que me envolvía. Eran chicos de mi quinta, o eso creía; quizá algo mayores, aunque en aquel instante me daba igual. Incluso el estruendo me resultaba armonioso, como el coro de la misa de doce en la parroquia de la Travessera de Gràcia.
- De pronto, una voz profunda, surgida justo detrás de mí, me preguntó: Niño, ¿qué haces aquí? ¿No ves que este ya no es tu tiempo?
- No supe qué responder. Me mordí la lengua para no soltarle: ¿Y tú quién eres para expulsarme de mi propio cuento?
- Me levanté para ir al baño y, al golpearme la tibia contra la esquina de la cama, regresé de golpe a mi presente. Aun así, mientras me frotaba la pierna, no pude evitar preguntarme de quién sería aquella voz que parecía venir desde el fondo de mis años. ¿Sería la mía?, pensé.

No sé si tuya, querido amigo, pero sí hay ocasiones en que se oye una voz...
ResponderEliminarEn mi caso, primera y única vez, y tras la partida de mi amigo Rafita el día anterior, todo un personaje en vida, me despertó su voz de madrugada: ¡Adiós, Ernesto!
Fuerte abrazo, Enrique.
PD: Lo de la esquina de la cama creo recordar que no es la primera vez... :)))))
¡Cuídate!
Esas voces se oyen desde un recóndito lugar de nuestra memoria, amigo Ernesto. Lo peor o lo mejor, no sé, es que aún no sé si es un síntoma de los que solemos llamar normales a cierta edad o un avance del inesperado final al estilo del que se anunciaba en esa gran película de Richard Fleischer llamada Soylent Green. Ah, lo del golpe en la tibia con la esquina de la cama es ya un clásico desde que en el 2006 dispusimos la cama en la nueva y estrenada vivienda de Playa San Juan contra mi opinión y que con los años y mi torpe caminar, se ha acrecentado el riesgo de tal colisión.
EliminarFeliz sábado, querido amigo y, ah, mañana que no se te olvide felicitar a los Santos Inocentes
Esas voces, amigo Enrique, la "escuchada" por mí aquella noche, es de hace mucho tiempo, de cuando no entraba en el segmento de "los que tenemos una edad"... .))))) Y ha sido la única vez. Por ello no me afectaba lo del "avance del inesperado final". Tampoco es tu caso! Si surgen en tu vida serán causa más de esa mayor sensibilidad que demuestras en los últimos tiempos. Que me consta está desde siempre, pero que la veo expuesta más ahora.
EliminarEn cuanto a no olvidar felicitar a los Santos Inocentes..., diré. De este día y en tiempos pasados había que estar atentos a que no te colgasen en la espalda el consabido muñeco de papel. Hoy habrá otro tipo de inocentadas!
La idea de felicitar a dichos santos, reconozco que nunca estuvo presente. Pero entiendo que sea un día en el que las familias recuerden sus seres queridos.
Fuerte abrazo, querido Enrique.
Sabio recomentario, amigo ERnesto.
EliminarUn fuerte abrazo.
Esos sueños son tan impresionantes que creemos vivir en muchos lugares a la vez. Y cuando despertamos queremos seguir viendo lo que sucede. Lo de la cama es comun a muchos cuando regresamos del baño, paciencia o hielo, Un abrazo Enrique.
ResponderEliminarGracias por tu acompañamiento y comprensión, maría cristina. Es cierto que cada vez son más sonoros mis sueños y mis golpes en la tibia. O espinilleras como los futbolistas o hielo, probaré.
EliminarFuerte abrazo y gracias por darle un toque de sensato humor a estos cada vez más frecuentes sucesos que se van manifestando con mayor frecuencia a mi veterana y joven edad.
¡Esas voces! ¡Esas imágenes ! ¡Esos sueños que nos transportan!
ResponderEliminarEnrique querido, pocas, muy pocas veces, recuerdo lo que sueño. Y cuando lo recuerdo es, justamente, porque me he despertado sintiendo alguna voz amiga, alguna "presencia" tan pero tan fuerte que necesito "reacomodarme" y pensar en ello -en esa voz, en esa imagen-.
Queda esa sensación de ¿Lo viví, estuve ahí?
Y queda esa sabor de nostalgia que, con el comienzo del día, se desvanece poco a poco. Y, con el paso de las horas ya no puedo recordar de forma tan vívida eso que pasó "entre la almohada y yo".
Bueno...es que al no golpearme la tibia no vuelvo tan abruptamente a la realidad...:):) ¡Espero que no esté doliendo aún!
Fuerte abrazo
¡Que tengas un bello fin de semana!
Querida Lu, qué bien describes ese territorio incierto donde los sueños parecen más reales que la propia vigilia. Esa “presencia” que te obliga a reacomodarte —qué palabra tan precisa— es exactamente lo que a veces me deja a mí suspendido entre dos mundos, sin saber del todo si he vuelto o si sigo allí, en ese lugar donde las voces no se oyen: se sienten.
EliminarEsa pregunta tuya, ¿Lo viví, estuve ahí?, es la misma que me hago cada vez que un sueño me devuelve a personas, tiempos y lugares que ya no están, pero que en ese instante respiran como si nunca se hubieran ido. Y sí, luego llega la mañana y la nostalgia se va deshilachando, como un perfume que se resiste a desaparecer del todo.
Lo de la tibia… ay, Lu, créeme que a veces pienso que ese golpe es mi despertador oficial. Tú, que no te das contra las esquinas, vuelves con más elegancia a la realidad. Yo, en cambio, regreso a base de topetazos. Pero ya ves, cada uno tiene su método.
Gracias por tu abrazo, por tu sensibilidad y por ese modo tan tuyo de mirar lo invisible.
Que tu fin de semana sea tan sereno como esos sueños que, aunque escasos, te visitan con la fuerza de lo verdadero.
Un fuerte abrazo.
Quien sabe si esa voz es aquella que nos despierta de nuestros sueños cuando recordamos tiempos de nuestra infancia.
ResponderEliminarSaludos.
Esa duda, entonces, la voy a mantener, amigo Tomás.
EliminarUn fuerte abrazo.
El tropiezo nos devuelve a la realidad, esperemos que el dolor no se prolongue en demasía.
ResponderEliminarAbrazo.
Agradezco tu fino humor de buen escritor, Alfred.
EliminarAbrazo.
A vida transmite-nos sempre esses sinais.
ResponderEliminarAbraço de amizade.
Juvenal Nunes
Sí, a cierta edad, Juvenal, parece que fluyen con insistencia.
EliminarFeliz fin de semana.
La voz interior que suele intervenir cuando no debemos incidir en lo que ha pasado para no desvirtuarlo... sí para aprender o para explicarnoslo... pero no cambiarlo...
ResponderEliminarAbrazo siempre admirado amigo Enrique!! Feliz 2026 para vos, tu compañera, tus hijos, nietos, amigos... y todos los que quieras!!
Querido amigo Carlos Perrotti, esa voz interior de la que hablas —tan discreta como firme— es quizá la única que sabe cuándo conviene dejar intacto lo vivido, sin maquillarlo ni corregirlo, porque en su forma original guarda la verdad que nos sostiene. Aprender de ello, sí; reinterpretarlo, también; pero cambiarlo… sería como borrar las huellas que nos trajeron hasta aquí.
EliminarGracias por tu abrazo siempre generoso y por tu mirada amiga, que nunca falla.
Que el 2026 te encuentre con salud, alegría y esa lucidez afectuosa que te caracteriza. Que abrace también a los tuyos, a los que están cerca y a los que viven en tu memoria.
Un abrazo enorme, admirado amigo.
Si me ha pasado que el sueño y cociente se mezclan a veces. te mando un beso.
ResponderEliminarUn abrazo, querida Judit
EliminarEn el mundo de los sueños, origen de las religiones ancestrales, todo es posible... Podemos sentir que nos hablan/hablamos voces que nunca sabremos de donde proceden: otras dimensiones, otras etapas de nuestra vida... ¿Quien sabe? Quizás meros escapes de alguna valvula de seguridad de nuestros cerebros... Todo son dudas.
ResponderEliminarUn abrazo y mis mejores deseos, querido amigo
Querido Ildefonso, qué bien lo dices: en ese territorio incierto donde los sueños se mezclan con lo vivido, con lo imaginado y con lo que quizá nunca existió, todo parece posible. A veces esas voces o presencias, o intuiciones, parecen venir de lugares que no sabremos nombrar: otras vidas, otros tiempos, o simplemente esos recovecos profundos de la memoria donde guardamos lo que no queremos perder.
EliminarTal vez sean, como dices, válvulas de seguridad del cerebro… o tal vez sean recordatorios de que seguimos vivos por dentro, que aún hay preguntas que nos empujan, que no todo está dicho. Y en ese misterio, en esa duda que no se resuelve, también hay una forma de compañía.
Gracias por tu forma de expresarte siempre lúcida y cercana.
Un abrazo grande y mis mejores deseos, querido amigo.
Hay sueños tan reales que se mezclan con la realidad, y otros son tan bonitos que uno quisiera permanecer en ellos.
ResponderEliminarAbrazos!
Justo eso, Cecilia, justo eso.
EliminarUn fuerte abrazo