Un francés, un alemán, un español
13 octubre 2026
- Hay días en los que conviene abrir la olla a presión. O, al menos, quitarle el silbato para que salga algo de vapor. Entre informativos que parecen partes de guerra, redes sociales enfadadas desde primera hora de la mañana y expertos que saben de todo y solucionan poco, uno acaba necesitando una pausa de las de verdad.
- Por eso hoy rescato este cuento que me envió hace años mi amigo Pepe, de Casa Pepe, gran maestro de los arroces y doctor honoris causa en cachondeo aplicado, aunque ya jubilado pues las hojas del calendario se caen para todos, incluso para él.
Estaban tres oficiales en una fragata realizando unas maniobras: un francés, un alemán y un español.El francés, muy orgulloso de sus hombres, ordena:¡Cabo Pierre! ¡Tírese al agua inmediatamente con este arpón, dé dos vueltas alrededor del barco y capture un tiburón blanco!¡A sus órdenes, mi coronel!El hombre se lanza al agua y, al poco rato, aparece con un magnífico tiburón.¿Han visto ustedes qué valor?El alemán sonríe y decide subir la apuesta:¡Cabo Diermisch! ¡Al agua con este cuchillo! ¡Tres vueltas al barco y no regrese sin tres tiburones blancos!Media hora después emerge con los tres escualos.Esto sí son hombres preparados.El español, que contemplaba la escena sin alterarse demasiado, llama al suyo:¡Cabo Pérez!¡A sus órdenes!¡Tírese al agua, dé cinco vueltas al barco y tráigame cinco tiburones blancos sin cuchillos, sin arpón y sin nada de nada! Solo con sus propias manos.El cabo lo mira unos segundos y responde:Con todos mis respetos, mi coronel... ¡se los va a traer su santa madre!Los otros dos oficiales se quedaron petrificados.Y entonces el español, orgullosísimo, preguntó:¿Qué? ¿Tiene cojones o no tiene cojones mi cabo?Todavía me gustaría ver la cara que puso el alemán.Porque una cosa es el valor y otra muy distinta la confianza ciega en las ocurrencias de quien manda.
- Y ahora, si me permitís añadir algo de cosecha propia, diré que el buen humor se está convirtiendo en un bien escaso. Entre un mundo que parece disfrutar preocupándonos y unos políticos que, a menudo, parecen haber olvidado que también existe la sonrisa, conviene reivindicar la risa como un acto de higiene mental. Reírse no arregla los problemas, pero ayuda a llevarlos mejor. Y eso, en los tiempos que corren, ya es una victoria bastante respetable. Así que, cuando podáis, reíos un poco más. De vosotros mismos, de las pequeñas tonterías de cada día y hasta de los tiburones imaginarios que algunos se empeñan en ponernos delante.





