No es rebeldía ni indiferencia; es el diálogo interior de quien busca razones para seguir creyendo
Labordeta y Anguita, 1989
27 de octubre de 2026
- Sé que votar es necesario. Lo he creído siempre incluso cuando vivíamos en un País que no se podía. Sin embargo, a cierta edad, cuando uno mira hacia atrás y compara las esperanzas de ayer con las realidades de hoy, corre el riesgo de asomarse al precipicio de la desilusión, del desencanto e incluso del engaño. Quizás no sea fácil explicarlo de una forma sencilla, pero existe un viejo dicho que, acertado o no, resume bastante bien ese sentimiento: en política vale todo.
- Y es precisamente ahí donde aparecen las dudas. Mi limitada movilidad no ayuda, pero tampoco encontrar un candidato a la Presidencia del Gobierno de España que despierte en mí una mínima ilusión. Ni siquiera puedo refugiarme en aquello de que más vale malo conocido que bueno por conocer. A estas alturas prefiero ser honesto conmigo mismo.
- No sé qué haré el próximo 29 de noviembre. Tampoco me atrevo a recabar la opinión de algunos amigos, porque sospecho que acabaríamos en uno de esos coloquios tan apasionados como poco agradables. La política tiene la extraña capacidad de dividir a personas que coinciden en casi todo lo importante.
- Quiero dejar claro que esto que aquí escribo no es más que un ensayo construido a partir de reflexiones escuchadas aquí y allá, en tertulias, foros y conversaciones de café. Probablemente lo correcto sea ir a votar. Sin embargo, hay una pequeña voz rebelde que me susurra en el oído que no lo haga. Me recuerda que ya no están Anguita,Tierno Galván y tantos otros referentes que, con independencia de las ideas de cada cual, despertaban respeto y admiración.
- No me he declarado en rebeldía ni mucho menos. Simplemente he trasladado al teclado algunas de las opiniones que uno escucha de boca de los más parlanchines, de los expertos de sobremesa y de los gurús de la medianoche de cualquier viernes.
- ¿Será verdad que existe tanto desencanto entre la gente corriente? ¿Es tan profunda la distancia entre los ciudadanos y quienes los representan? Son preguntas que flotan en el ambiente y para las que no encuentro una respuesta clara.
- Malos tiempos para la ilusión política, quizás, pero no necesariamente para la esperanza. La vida sigue ofreciéndonos motivos para confiar en las personas y en la capacidad de la sociedad para corregir sus errores. Mientras tanto, a los que ya tenemos cierta edad me gustaría aconsejarles que vivamos lo que nos quede de la mejor y más feliz manera posible, manteniendo abiertos los ojos, la mente y el corazón.

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