09 octubre 2026
- Hace ya veinte años de aquella decisión que obligadamente tuve que tomar en tal día como hoy, día que es, precisamente, festivo en la Comunidad Valenciana. Para no equivocarme en su recuerdo dejaré aquí un artículo que sobre ella (la decisión y sus motivos), escribí en un día, también como hoy, de 2010. Espero no aburriros, para mí es como seguir manteniendo encendida la vela que sigue alimentando mi fe en el futuro que me quede y para que sirva, si se diera el caso, para alimentar la de otros que, con problemas muy parecidos a eso que el mundo de la investigación y hospitalario llama enfermedades raras, sufren la tormenta de una vida minusvalizada sin remedio:
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"No creía yo que alguna vez llegara a contarlo, pero lo hago para todos aquellos que aún creen, equivocadamente, que las miopatías son un mal divino. No hay dificultad que no te obligue a esfuerzos complementarios y a recuperar sentimientos y valores muy olvidados".
9 octubre 2010“Los músculos que mueven la maquinaria coronaria y la pulmonar son el último bastión, si esos fallan, adiós a todo, Enrique, cuídate. Deja de fumar y baja el colesterol, no hagas mas el animal. Puede que tengas la enfermedad de tu madre, no lo descartes.”Eso me lo dijo un “batablanca” valenciano en el 2001. El 31 de julio de ese mismo año dejé mi cargo en Valencia, me vine a ocupar otro cargo, con menor movilidad, en Alicante y ese mismo día dejé de fumar mis cinco paquetes diarios de malporro. Si, si, he dicho cinco y lo hice sin parches y sin orientación espiritual alguna. Su mirada me ayudó mucho, ella siempre ha estado a mi lado y sabe como hacerlo.
Hospital Medimar, noviembre 2001: “Todo apunta a que tenga Ud. la enfermedad de su madre” – Quizás no, ya veremos. No hice mucho caso, o eso creía.Andas como un pato, pues no puedes doblar las rodillas con facilidad, y ello provoca un andar con las piernas rígidas, los cuádriceps dicen que se han ido de vacaciones y lo hacen poco a poco, abandonándote cuando llevas 100 pasos y has de parar. La cara se te va poniendo de perro, se desploman los músculos faciales y entonces debes estar todo el tiempo sonriendo para que les cueste caerse. Al dormir, si lo haces de lado, que es como debe ser para evitar las mil apneas que te van adjudicando, notas que se van a juntar los dos hombros pues cada vez están mas caídos hacia adelante, mal gesto, algún dolor y sobre todo: mal dormir. El glúteo derecho ha comenzado una huelga general y ya no puedes levantar la rodilla hasta la horizontal como haces, perfectamente, cual bailarina rusa, con la rodilla izquierda. El brazo derecho ha dicho que ya no le da la gana de subirse por la espalda para atizarle a los picores de rigor en los omoplatos, (la escápula), y tienes que recurrir a los cepillos de pelo que lo hacen de vicio. Subir los platos limpios al estante del armario alto es un alarde ingenio, no sé cómo lo hago, pero lo hago trepando como me enseño Virtu en Rehabilitación. Los brazos no pasan, en cruz, de la horizontal, pero con trucos lo hago mejor y suben, suben, hasta que lo consigo.La musculatura abdominal es ya un chicle por lo que se te va haciendo un barrigón exagerado y no, precisamente, al estilo cervecero, se te va hacia la izquierda, por ejemplo, como si fueras a alojar un bebé, pero hacia el lado rojo. Te pones una faja y al comer casi vomitas, pero vas como la Roberts, mas guapo que un sol. Ir a la Playa sin camiseta es una provocación a la clásica pregunta; ¿Tienes una eventración, Enrique? – ¡Cabrones porque no os miráis en el espejo!, pero no, no se lo digo, no saben de qué va y ni siquiera lo hacen con mala intención. La gente, sin querer, es muy cruel, aunque solo a veces.Los brazos, los débiles bracitos que tenía, se van convirtiendo en los de un mono, te las ingenias para solucionar el fallo de los cuádriceps, especialmente cuando te agachas a recoger algo del suelo y dices: Enrique, la has cagado, ¿y ahora como te levantas?, pues entonces ahí están ellos, actúan con toda la energía que les queda y lo haces con la habilidad de un monito bailarín, te agarras a cualquier cosa o te apoyas con las palmas en el suelo y zas, arriba campeón, en pie como si nada. (Hoy, 2026, ya no puedo levantarme, tengo que llamar al 112)Ah, y el baile, las noches del dancing club, eso si que es un milagro. Año a año, mes a mes, día a día, notas que cada vez aguantas un minuto menos, pero no pasa nada: “Arriba, Enrique, tu sigue y te paras cuando quieras, yo sigo bailando y tu mira, solo mira, carga la batería y cuando puedas, pues continuas y ya está” – Si, cariño, sí; “¿Qué haría yo sin ti?” (Hoy, 2026, ya no puedo bailar y la movilidad es escasa)– ¿Tú crees que la gente se da cuenta?– “¿Y que le importa a la gente lo que tú hagas?, no te fijes en nadie, levanta la cabeza y sigue, solo cuando puedas, cariño, pero no dejes de hacerlo”– Pues sí.El embrague, ese maldito pedal, no hay quién pueda con él. El pie izquierdo se cae, cuelga, y eso es porque el músculo elevador y el depresor delantero de la pierna ha decidido extinguirse. Tú te crees que llevas la punta del zapato arriba y no es así, al mínimo desnivel o resalto en el pavimento, zas, al suelo. Al principio no ganaba para pantalones pues las rodilleras se pelaban con facilidad, pero me iba acostumbrando, aunque con mucha dificultad. La última de ellas, la definitiva, me refiero a las caídas, la recuerdo como si fuera ahora mismo. Era un día de los del final del mes de abril del 2006, cruzaba por el semáforo de Oscar Esplá, justo delante de La CAM y en dirección a ella, viniendo de El Corte Inglés, pero al pisar el resbaladizo suelo del paseo central, un resalte en él quiso darle el día a mi zapato y tropezó con él y ya me ves a mí con mi americana, mi corbata, mi maleta, mi teléfono móvil en mano y mis prisas, todo yo, con esa humanidad, aterrizando en medio de ese precioso suelo con un “cataplás” espectacular. Verte allí en el suelo como un escarabajo, sin poderte levantar y todo el mundo mirándote, fue la puntilla para mis expectativas de futuro profesional. (Hoy, 2026, aún puedo conducir, pero con cierta adaptación a mi discapacidad que lleva nuestro coche)Tras el aviso traidor del galeno que solo vende realidades con un: “Enrique, tu harás lo que te de la gana, siempre lo has hecho, pero o te tomas en serio esto o te vas a ir a tpc* en muy poco tiempo. Ya no puedes esperar más, llevas cinco años engañándote y yo no sé si lo podrás aguantar”, y a los pocos días de aquél suceso, el 9 de mayo de 2006, me marché a Madrid a ver a mi entonces amigo y consejero delegado de la cosa inmobiliaria de la empresa que apostó por mí en los últimos cinco años, MGG, y decidimos darle carpetazo a esa etapa del mejor modo que el supo y pudo hacer. “Cuídate, Enrique”, me dijo. Gracias Manuel, no esperaba menos de ti.Entonces, tú que es lo que tienes, Enrique, ¿no sé si me he enterado de mucho de lo que me has contado?– Yo, amigo mío, tengo una enfermedad miopática, degenerativa muscular, y que se llama Distrofia Facioescapulohumeral, DFEH o FSHD (siglas en inglés).– ¿Duele?– Para nada, es la mayor y mejor de las cosas que he descubierto en mi vida, me ha hecho sentirme persona y por encima de todo me ha enseñado a apreciar lo que tengo– ¿Es contagioso? – Pues NO, pero ojalá que los sentimientos que provoca lo hicieran con todo el mundo y en el momento adecuado, aún y estando sano.
*tpc: tierras poco conocidas

Veinte años después, aquella decisión sigue siendo una parte esencial de tu historia. Entiendo que recuperes el artículo tal como lo escribiste entonces, porque ahí quedaron las razones y el momento que te tocó vivir. No aburre leer algo que nace de una experiencia así. Si además sirve para que otra persona con FSHD o con alguna de esas enfermedades tan poco conocidas se sienta comprendida y menos sola, compartirlo vuelve a tener todo el sentido. Un abrazo
ResponderEliminarGracias, Angelo, me alegra saber tu opinión y mucho.
EliminarUn fuerte abrazo.
Gracias por compartirnos en detalle tu dolencia, Enrique, por pudor nunca quise preguntarte aunque tus escritos siempre revelaban el tema conflictivo de la movilidad, sos una persona valiente que sabe luchar contra la adversidad y no se da por vencida, creo que ELLA tiene mucho que ver con todo esto, un abrazo grande!
ResponderEliminarGracias maria cristina por tu delicadeza y también por tu sinceridad. Entiendo perfectamente ese pudor que te impedía preguntar; no siempre resulta fácil acercarse a los dolores ajenos. Con el tiempo he aprendido que hablar de la FSHD no supone darle más poder, sino ponerle nombre a una compañera de viaje tan incómoda como persistente.
EliminarY sí, tienes razón: ELLA tiene mucho que ver con todo esto. La enfermedad me ha obligado a librar muchas batallas, pero también me ha enseñado a valorar cada pequeño paso, cada gesto de cariño y cada mano tendida en el camino. Quizá por eso sigo escribiendo como escribo.
Te agradezco de corazón tus palabras sobre la valentía. Como todos, hay días mejores y peores, pero mientras haya motivos para compartir, aprender y agradecer, merece la pena seguir adelante.
Un fuerte abrazo, María Cristina.
Enrique lo importante es como estas llevando la enfermedad, que a tenor de lo que nos dices es con cierto humor a pesar de lo que debes estar pasando por todas molestias.
ResponderEliminarCreo que se debería invertir mas en investigación de estas enfermedades llamadas raras, pero claro el coste sería muy grande para pocos pacientes y a las farmacéuticas no interesan.
Saludos.
Tomás, gracias por tus palabras y por tu reflexión.
EliminarProcuro llevar esta compañera de viaje con la mejor actitud posible y, cuando se deja, también con una pizca de humor. No siempre resulta sencillo, pero he comprobado que sonreírle a la adversidad le resta parte de su fuerza.
Comparto plenamente tu opinión sobre la investigación. Las llamadas enfermedades raras afectan a pocas personas de forma individual, pero en conjunto son millones los pacientes que esperan avances, tratamientos y, sobre todo, esperanza. Ojalá sigan creciendo los recursos destinados a la ciencia y a quienes dedican su vida a investigar estas patologías.
Mientras tanto, nos toca seguir caminando, adaptándonos y disfrutando de todo aquello que la enfermedad no puede arrebatarnos.
Un fuerte abrazo, Tomás.
Hay que ser valiente para seguir con ganas y desafiando la desesperación, pero creo que tienes gran merito y hay alguien a tu lado que es la fuerza, quien te inyectas ganas de vivir y es tu esposa. ¡¡Fuerza Enrique, Dios te bendiga...!!
ResponderEliminarmariarosa
Gracias por compartir tu querida y turbadora amiga, compañera de tantos años. Mostrarnos tu diagnóstico, puede que ayude a otros a comprender mejor y tener ese ánimo que siempres te vemos al leerte Enrique.
ResponderEliminarNunca me atreví a preguntrar, pero leyéndote sabía que algo pasaba. Y ahora que sabemos, deseo que sigas con esa sana ironía que compartes y que además eres un As dando ánimos y levantando la moral cuando tenemos un mal día.
La medicina nunca tendría que dejar de invertigar para poder ayudar más, muchos lo necesitan.
Te deseo un buen fin de semana.
Un abrazo.
Que paz transmiten ese cielo y ese mar. Gracias.
EliminarUn abrazo.
Boa noite meu querido amigo Enrique. O Brasil tem lugares maravilhosos. Difícil, comentar sobre o uso de maconha. Como nasci num lar evangélico ou protestante, para algumas pessoas, nunca usei maconha ou fumei cigarro. Já bebi cerveja, na adolescência e vinho para nunca mais. Uma excelente noite de sexta-feira, para você e todos os seus familiares na Espanha e um grande abraço do seu amigo carioca.
ResponderEliminarDebe ser duro yo a veces con mi rodilla que se pone mala y no puedo moverme como antes me quejo . Pero tu tu sigues adelante luchando por ti y los que amas- Te mando un beso y te deseo un buen fin de semana.
ResponderEliminarHola Enrique, gracias por compartir tu testimonio. Es admirable tu fortaleza, tu actitud y tu determinación para aprender a vivir así y sobre todo hacerlo con esa chispa que te acompaña. Creo que a su vez, la enfermedad es como una maestra.
ResponderEliminarTe dejo un abrazo grande!
Muchas gracias por compartir con nosotros todo el proceso de tu enfermedad, somos tú familia, no de sangre, pero tú familia.
ResponderEliminarCreo y siempre lo he creído desde que te conozco, que eres un Campeón y tienes que seguir batallando por mantener ese título. La naturaleza te ha dotado con ese armazón espiritual que mantiene siempre en alza tu optimismo y tú buen humor.
Nos sirves mucho a todos cuantos te leemos porque eres un ejemplo a seguir.
Gracias querido amigo.
Un placer haberte conocido y que podamos hacer este tramo del camino juntos.
Un abrazo