Imagen obtenida con la ayuda de Grok
15 de septiembre de 2026
- Recordando a Lucía, esa vieja e invisible amiga, traigo aquí y ahora el recuerdo de mi última conversación con ella.
- Las voces de la tertulia en los cafés de madrugada se alzaban una vez más en la clásica apología mundana hacia los ídolos de eso que algunos llaman fútbol. Comparaban a unos con otros, elevando a la categoría de dioses a determinados jugadores cuando de justificar una victoria del Real Madrid C. F. se trataba, ganase como ganase y jugase como jugase el equipo. Otros, los conservadores de siempre, hablaban de las bondades de las cifras de la EPA (Encuesta de Población Activa), otorgando al Gobierno todo el mérito de la gesta, aunque cada vez haya más ricos y más pobres en esa otra encuesta que el mundo mediático suele ignorar: la que valoran quienes pisan la calle y viven la realidad cotidiana.
- A todo esto, vi a Lucía apartada del grupo y de la tertulia. Estaba en la mesa del fondo, junto a los lavabos. Sentada, con las piernas cruzadas, me recordó que un día fue una mujer elegante y hermosa. Miraba hacia el infinito y sostenía una media sonrisa en la que parecía esconderse alguna íntima y oscura complicidad consigo misma.
- Me acerqué.
—Lucía, ¿estás bien?
Sí, sí, claro. No me pasa nada, Enrique. Estaba recordando que ayer conseguí reunir a mi hija, a mi nieta y a mi biznieta alrededor de la misma mesa en la que, hace treinta años, mi madre nos reunió a nosotras. Ya sé; somos mujeres precoces y, además, venimos de una larga tradición de serlo. Hemos amado tanto que solo el recuerdo de haberlo hecho me mantiene despierta y viva.He querido tanto, Enrique, que me parece una tristeza que haya quien renuncie a su maternidad, a la cercanía de los suyos, a su historia compartida y a todo lo que representa ese proyecto irrepetible que yo llamo familia. Soy feliz. Ayer estuvimos todas juntas y, posiblemente, sea la última vez que volvamos a estarlo. Nunca tuvimos demasiada suerte en el amor. Dimos y seguimos dando más de lo que recibimos, pero aun así jamás dejamos de querer. Ellos fueron y son felices; nosotras fuimos y somos sus cómplices. Somos mujeres hermanadas por un deseo común: nuestro amor por ellos y por la vida.He sido y sigo siendo una mujer feliz. Quise a mi hombre como a nada en este mundo hasta que murió. Ahora aprendo a vivir acompañada por su recuerdo. Soy feliz así. Me siento fiel a una manera de entender la vida, me siento mujer preparada para todo, me siento persona. Por eso sonrío cuando me acuerdo de él.No me hagas mucho caso, Enrique... Apenas me di cuenta de que pasó el tiempo. ¿Qué me querías decir?
—Creo que nada que no me hayas dicho tú ya.
N: Lucía es un nombre imaginario, evocando sueños, irrealismo y espacio en el mundo de lo interpretable

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