Los daños del tabaco, mi historia con cien cigarrillos al día y el día en que decidí respirar de nuevo
- Ya sé que cuanto más te insistan en que lo dejes, más tardarás en hacerlo. La mente humana —y su estupidez, me refiero a la humana— funciona así. Parches de nicotina y otras tonterías no hacen más que enredar y esconder la verdadera solución: asumir que el tabaco enferma, que roba aire, años y calidad de vida, y que solo se deja cuando uno está convencido de verdad.
- Aprovechando que hoy no tengo ni médicos, ni pruebas clínicas para hacer por culpa de él (el tabaco), debo decir aquí que yo lo dejé una mañana de agosto de 2001, cuando le dije a mi Santa: “Este es mi último cigarrillo”. Nunca antes lo había dicho y, desde entonces, solo me limito a aspirar los humos que otros sueltan con total impunidad en esos lugares en los que, supuestamente, está prohibido hacerlo.
- Yo fumaba cien cigarrillos al día, cinco paquetes, y de "Malporro". Todo un récord. Vivía con la nicotina pegada al pecho, al corazón y a los pulmones, sin darme cuenta de que cada calada era un pequeño recorte de futuro. Pero un día encontré un motivo para dejarlo —que aún vive conmigo— y lo dejé. Sin tratamiento alguno. Solo estaba convencido de que debía hacerlo, y lo hice. Por tanto, si no estás convencido y “solo” fumas un poquito, diez cigarrillos al día, por ejemplo, no te engañes: también te estás haciendo daño. No se trata de esconderse ni de dejarlo por obligación o por moda. Hay que dejarlo únicamente cuando uno está convencido, porque antes no sirve de nada.
- El tabaco no negocia: siempre gana él, hasta que un día decides que ya no. Ah, sí, es cierto: me parece extraño y poco ceremonioso que alguien salga a la calle a fumarse un cigarrillo en plena comida o mientras toma copas. A veces lo pienso y otras hasta lo digo. Pero yo me los fumaba entre plato y plato y entre copa y copa, como si fuera lo más normal del mundo. Ahora soy un antitabaco no extremista, parezco la misma Mercedes Milá, La Reina Letizia, o el no menos conocido Alejandro Sanz. Cuando lo pienso, no sé explicármelo. Cuando fumaba tanto, tampoco.
- La parte buena de esta historia es que se puede salir. Yo lo hice, y no soy ningún héroe: solo encontré un motivo que pesaba más que el humo. Desde entonces empecé a respirar mejor y aunque me dejó secuelas que ahora, veinticinco años después debo afrontar, he vivido más tranquilo y sé que cada día sin tabaco es un regalo que me hice a mí y a los que quiero. Si tú también encuentras ese motivo, el último cigarrillo llegará. Y cuando llegue, te aseguro que la vida, sin humo, sabe mucho mejor.

Qué bueno, Enrique, tener el valor de hacerlo es fundamental. Mi marido lo hizo también, cuando no podía correr una cuadra se asustó. Pero mi papá y mi hermano murieron por su causa. Aún hoy veo mujeres saliendo a la calle a fumar y me da impotencia no poder decirles basta! Un abrazo!
ResponderEliminarMaría Cristina, qué duro lo que contás. Tener el valor de parar a tiempo es fundamental, y tu marido hizo muy bien en escucharse.
EliminarCon tu historia familiar es imposible que no te atraviese ver a alguien fumar; esa impotencia que describís nace del amor y de lo vivido.
Gracias por compartir algo tan personal y tan valioso.
Un fuerte abrazo.
Tu desicion, tu salud, tu vida, hermosa ecuación, yo igual pero lo unico que ahora no puedo cantar... Fumando espero a la mujer que yo quiero
ResponderEliminarMarcos, qué bien lo resumís: decisión, salud y vida, una ecuación que no falla.
EliminarY sí, dejar el cigarrillo cambia muchas cosas… incluso esas canciones que ya no se pueden cantar igual.
Gracias por tu cercanía de siempre.
Un fuerte abrazo.
solo uno puede salvarse de una adicción. Somos héroes de nuestro destino. Te mando un beso.
ResponderEliminarJ.P., qué verdad la que decís: al final, solo uno puede salvarse de una adicción. Ese gesto de hacerse cargo convierte a cada persona en héroe de su propio destino.
EliminarGracias por tu cercanía y por ese beso que llega con fuerza.
Un fuerte abrazo.
No tengo consecuencias de haber fumado durante años, ¡años ha!
ResponderEliminarYa fumador "normal", en casa los fines no fumaba... ¡Comía!
Por las mañanas antes de las once, que llegaba al trabajo y tomaba el café, tampoco. Luego ya en el día podía fumar un paquete...
Y hace unos 53 años que, al subir una loma corriendo, noté cierto ruido en la respiración... Y me dije hasta aquí!
Aproveché que había cogido algo de catarro, y no salí de casa en tres días, para...
Ya que llevo tres días sin fumar, ¡a ver hasta dónde!
¡Hasta hoy!
Fue un 14 de Diciembre. PLenas Navidades, comidas de cuadrilla de amigos, todos con el puro Montecristo en la boca, menos yo! Que aguanté!
Fuerte abrazo, amigo Enrique.
Ernesto, qué historia tan bien contada. Impresiona esa decisión tuya de aquel 14 de diciembre, aprovechando el catarro y esos tres días en casa para decir “hasta aquí”.
EliminarY más aún la fuerza de mantenerte firme en plenas Navidades, con todos encendidos en Montecristo menos tú. Eso habla de carácter y de cuidado por la propia vida.
Gracias por compartir un recuerdo tan claro y tan valioso.
Un fuerte abrazo.
Felicidadse por dejarlo en su momento; con esas concentraciones de nicotina en el cuerpo no creo que fuera fácil.
ResponderEliminarMi caso personal fue el de fumador de mínimo un paquete diario, más alguna pipa en casa, en momnetos de relax.
Se sabía que el tabaco no traía nada bueno, pero tampoco me planteaba el dejarlo, ya sabía que el porcentaje de consolidaciones no era que se diga muy alto. Visto en familiares y amigos.
Pero la chispa que hizo que pronunciase esa frase, yo también se la dije a mi mujer, "Éste es el último", fue gracias a mi hija, la mayor, aun no tenía los dos años, estabamos en un casa de veraneo en un pueblo de mallorca, acabábamos de regresar a casa, y yo feliz con mi periódico del día, me disponía leerlo con frunción, me senté en un sillón y en esto viene ella, con mi paquete de tabaco, an aquella época fumaba la de un simpático dromedario, y el correspondiente encendedor. Entonces fue cuando me di cuenta de la asociaciñon de ideas que tenía, papá sentado, con su periódico, le falta el tabaco. Eso fue sificiente para evitar dar ese ejemplo. Y hasta hoy, de eso hace 40 años. y sí, molesta mucho toda esa gente fumando en terrazas o por la calle o a las puertas de los edificios.
Un abrazo.
Alfred, qué historia tan clara y tan humana. Ese momento en Mallorca, con tu mujer acercándote el paquete y el encendedor, debió ser un golpe de realidad: la asociación de ideas estaba hecha, papá sentado con su periódico… y faltaba el tabaco.
EliminarQue ese gesto bastara para decir “este es el último” y sostenerlo durante cuarenta años habla de convicción y de cuidado por el ejemplo que querías dar.
Gracias por compartir un recuerdo tan significativo.
Un fuerte abrazo.
Realmente para dejar de fumar es hacer lo que hiciste tu un buen día decir este es el ultimo cigarro y no volver ni ha comprar ni aceptar aquellos que te ofrezcan. Aunque en nuestra salud según dicen los expertos también influyen los que fuman aquellos que están en nuestro rededor.
ResponderEliminarYo fume muy poco en esa edad que lo hacíamos a escondidas, quizás por eso de que lo prohibido era un impulso de libertad. Recuerdo que seguro un despiste mi padre me vio el paquete de tabaco y en lugar de reprenderme me aconsejo que no lo hiciera, creo que fue el ultimo que compre.
Saludos.
Tomás, qué bien lo explicás: dejar de fumar empieza exactamente por ese gesto, decir “este es el último” y no volver a comprar ni aceptar ninguno.
EliminarTu recuerdo de juventud también dice mucho. Ese consejo de tu padre, sin reproches, solo desde el cariño, fue seguramente lo que necesitabas para que aquel paquete fuera el último.
Gracias por compartir una experiencia tan clara y tan cercana.
Un fuerte abrazo.
Pero cómo te comprendo querido amigo Enrique, me he visto reflejada en tus letras cuando te iba leyendo. Me hiciste recordar aquel día de verano también fue, cuando me dije a mí misma:" ya no vuelvo a fumar más". Y hasta ahora.
ResponderEliminarYo fumaba dos paquetes diarios. Tiraba uno y empezada otro cigarrillo, desde por la mañana, hasta por la noche, incluso fumaba en mi habitación antes de quedarme dormida. Ahora pienso cómo no habré prendido fuego a las sábanas. Era un vicio exagerado, pero ya se sabe en aquel entonces eras joven y no te dabas cuenta.
Un familiar directo me contó lo mal que estaba pasandolo una amiga suya con cáncer de pulmón, y su hija y marido, me quedó grabada las escenas en la mente, cuando me iba contando lo que estaban sufriendo. Y me di cuenta de lo daño que puede llegar a hacer el tabaco.
No volví a fumar ninguno más desde entonces, en su lugar utilicé caramelos y regalices sin azúcar, aunque no tiré el tabaco del cajón pasados unos días.
Fue lo mejor que he hecho en mi vida. Mentalizarse de ello para abandonarlo. Imagino que los pulmones se regeneran con los años. Porque ya de ello hace lo menos veintitantos años.
En la juventud se hacen muchas locuras, pero si después sigues con ello después de tanto tiempo, es que una no tiene perdón.
Te felicito por tus logros, querido amigo, y gracias por esta entrada que nos ha permitido retroceder hasta la juventud para darnos cuenta de los errores que llegamos a cometer.
Que estés pasando un feliz día.
Un abrazo enorme.
María, qué testimonio tan claro y tan valiente. Dejar atrás dos paquetes diarios no es poca cosa, y ese momento en que dijiste “ya no vuelvo a fumar más” tiene la fuerza de las decisiones que cambian una vida.
EliminarImpresiona lo que contás de aquella amiga con cáncer y el sufrimiento de su familia; a veces es una historia cercana la que nos abre los ojos de verdad.
Y qué bien describís esa mezcla de juventud, inconsciencia y costumbre… hasta que un día la mente hace clic y ya no hay vuelta atrás. Veintitantos años después, tu logro habla de convicción y de cuidado por vos misma.
Gracias por compartir un recuerdo tan sincero y tan humano.
Un fuerte abrazo.
Boa noite meu querido amigo Enrique. Obrigado pela visita e comentário. Parar de fumar, foi a melhor decisão da sua vida. Graças à Deus, nunca fumei ou tive desejo de fumar. Detesto o cheiro de cigarro, se for em lugar fechado, como dentro do ônibus, passo mau. Lembro de uma viagem, que eu fiz em 2023, para um encontro de família, no estado brasileiro de Minas Gerais, uma senhora exalava nicotina pela pele, foi só sentir o odor e comecei a vomitar. Uma excelente noite de terça-feira, para você e todos os seus familiares na Espanha e um grande abraço do seu amigo carioca João Luiz.
ResponderEliminarJoão Luiz, qué sensibilidad la tuya para contarlo. Qué suerte haber crecido sin el hábito del cigarro y con esa reacción tan clara ante el olor: el cuerpo sabe lo que no le hace bien.
EliminarImpresiona lo que relatás de aquella señora en el viaje a Minas Gerais; hay olores que no se quedan en el aire, se quedan en la memoria.
Gracias por tu cercanía de siempre y por esa manera tan franca de compartir.
Un fuerte abrazo para vos y tu familia, desde España.
Hola amigo .
ResponderEliminar5 paquetes es mucho tabaco.Desde luego .
Pero te felicito porque salir cuesta mucho.
Aunquea mi me pasó un cosa parecida en el sentido que un dia por un costipado, no me apetcia fumar y luego ya ...nunca mas.De eso hace ya mas de 30 años ..
No he fumado nunca mas.
Yo de todas formas fumaba poco ..no llegaba al paquete .
Y que bien se está sin fumar ¡¡¡
Un abarzo amigo.
Joaki, qué bien lo cuentas. Cinco paquetes eran una barbaridad, sí, pero lo importante es ese día en que el cuerpo dijo basta y tú lo escuchaste.
EliminarTu historia del resfriado tiene mucha verdad: a veces es un detalle mínimo el que abre la puerta para dejarlo atrás para siempre. Treinta años sin fumar se dicen rápido, pero hablan de salud, de aire y de libertad.
Y tienes razón: qué bien se está sin humo alrededor.
Un fuerte abrazo.
Yo también era una gran fumadora, pero de la noche a la mañana decidí dejarlo
ResponderEliminarEs una decisión de las mejores que tomé ren mi vida