10/08/26

Cuando el humo deja de mandar

Los daños del tabaco, mi historia con cien cigarrillos al día y el día en que decidí respirar de nuevo


10 agosto 2026

- Ya sé que cuanto más te insistan en que lo dejes, más tardarás en hacerlo. La mente humana —y su estupidez, me refiero a la humana— funciona así. Parches de nicotina y otras tonterías no hacen más que enredar y esconder la verdadera solución: asumir que el tabaco enferma, que roba aire, años y calidad de vida, y que solo se deja cuando uno está convencido de verdad. 

- Aprovechando que hoy no tengo ni médicos, ni pruebas clínicas para hacer por culpa de él (el tabaco),  debo decir aquí que yo lo dejé una mañana de agosto de 2001, cuando le dije a mi Santa: “Este es mi último cigarrillo”. Nunca antes lo había dicho y, desde entonces, solo me limito a aspirar los humos que otros sueltan con total impunidad en esos lugares en los que, supuestamente, está prohibido hacerlo. 

- Yo fumaba cien cigarrillos al día, cinco paquetes, y de "Malporro". Todo un récord. Vivía con la nicotina pegada al pecho, al corazón y a los pulmones, sin darme cuenta de que cada calada era un pequeño recorte de futuro. Pero un día encontré un motivo para dejarlo —que aún vive conmigo— y lo dejé. Sin tratamiento alguno. Solo estaba convencido de que debía hacerlo, y lo hice. Por tanto, si no estás convencido y “solo” fumas un poquito, diez cigarrillos al día, por ejemplo, no te engañes: también te estás haciendo daño. No se trata de esconderse ni de dejarlo por obligación o por moda. Hay que dejarlo únicamente cuando uno está convencido, porque antes no sirve de nada. 

- El tabaco no negocia: siempre gana él, hasta que un día decides que ya no. Ah, sí, es cierto: me parece extraño y poco ceremonioso que alguien salga a la calle a fumarse un cigarrillo en plena comida o mientras toma copas. A veces lo pienso y otras hasta lo digo. Pero yo me los fumaba entre plato y plato y entre copa y copa, como si fuera lo más normal del mundo. Ahora soy un antitabaco no extremista, parezco la misma Mercedes Milá, La Reina Letizia, o el no menos conocido Alejandro Sanz. Cuando lo pienso, no sé explicármelo. Cuando fumaba tanto, tampoco. 

- La parte buena de esta historia es que se puede salir. Yo lo hice, y no soy ningún héroe: solo encontré un motivo que pesaba más que el humo. Desde entonces empecé a respirar mejor y aunque me dejó secuelas que ahora, veinticinco años después debo afrontar, he vivido más tranquilo y sé que cada día sin tabaco es un regalo que me hice a mí y a los que quiero. Si tú también encuentras ese motivo, el último cigarrillo llegará. Y cuando llegue, te aseguro que la vida, sin humo, sabe mucho mejor.

1 comentario:

  1. Qué bueno, Enrique, tener el valor de hacerlo es fundamental. Mi marido lo hizo también, cuando no podía correr una cuadra se asustó. Pero mi papá y mi hermano murieron por su causa. Aún hoy veo mujeres saliendo a la calle a fumar y me da impotencia no poder decirles basta! Un abrazo!

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