24/03/26

Cuando la vida te pide opinión a la sombra de una tenue luz de sala de hospital

Entre preguntas imposibles e inesperadas, seguimos vivos y conversando

Imagen obtenida con la ayuda de la IA de Microsoft

24 marzo 2026

- A veces la vida nos sorprende con preguntas que llegan en el momento y lugar menos oportuno. Tres noches atrás, sin buscarlo, alguien quiso saber qué es —y qué no es— razonable. Y ahí estábamos, en un lugar que pedía calma y no filosofía, intentando poner orden en un concepto que siempre se nos escapa entre los dedos. Porque lo razonable, cuando se mira de cerca, suele tener más que ver con la vida vivida que con los libros leídos.

- Al final, entre sonrisas y silencios, llegamos a un acuerdo inesperado: ninguno de los dos tenía ni idea. Y qué liberador fue reconocerlo. No saber también es una forma de sabiduría, una puerta abierta a la curiosidad, un recordatorio de que no estamos obligados a tener respuestas para todo. A veces basta con acompañar la pregunta, dejarla reposar, permitir que nos mire sin exigirle nada.

- Quizá lo verdaderamente razonable sea eso: aceptar que no lo sabemos todo y que, aun así, seguimos adelante. Con dudas, sí, pero también con ganas. Con preguntas, claro, pero también con la certeza de que cada conversación, incluso las improvisadas, nos acerca un poco más a entendernos. Y en ese camino, siempre hay un motivo para el optimismo: seguimos aprendiendo, seguimos conversando, seguimos vivos y a mí me dieron el alta a la mañana siguiente.

25 comentarios:

  1. Es curiosa la vida. Mientras preparaba el té pensaba en escribir algo relacionado con las tertulias, charlas entre amigos y conocidos, familia, e incluso con desconocidos circunstanciales.
    Un ambiente en el que exponer e intercambiar opiniones con unos y otros.
    Algo que no siempre está al alcance de la mano... más allá de alguna insustancialidad que otra
    Temas no necesariamente complejos o relevantes, menos desde luego insustanciales. ¡Ni calvo ni con tres pelucas!
    Algo entretenido, dinámico, gratificante.
    Tertulia, al fin y al cabo, bien entendida.
    Y mira por donde apareces tú con una pregunta que, entre dimes y diretes, llegasteis a la conclusión, certera, de que no se tiene idea cierta sobre el tema.
    Me hubiese gustado participar. Llegando posiblemente a la misma conclusión! :)))))
    Me alegra saber que ya estás de vuelta a casa.
    Fuerte abrazo, amigo Enrique.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué curioso, Ernesto… mientras te leía pensaba precisamente en eso: en lo que se echa de menos una buena tertulia, de esas en las que uno entra sin prisa, se sienta, escucha, aporta, duda, se ríe y vuelve a dudar. Conversaciones que no buscan sentar cátedra, sino abrir ventanas.
      Lo que planteas es justo lo que yo sentí: que a veces una simple pregunta, lanzada casi al aire, despierta un pequeño torbellino de ideas, opiniones y silencios compartidos. Y sí, llegamos a la conclusión más honesta posible: que no teníamos una respuesta clara. Pero qué bien sienta reconocerlo entre amigos.
      Me hubiese encantado tenerte ahí, porque sé que habrías añadido esa mezcla tuya de ironía fina y sentido común. Y seguramente, como dices, habríamos acabado en el mismo punto… pero disfrutando el camino.
      Ya en casa, recuperando fuerzas y con ganas de esas tertulias que tanto bien hacen.
      Un abrazo fuerte, amigo.
      PD: El jueves me darán los resultados del análisis del charco pulmonar. Siempre emocionante.

      Eliminar
  2. No, no sabemos todo. Más bien sabemos pocas cosas y con ese hatillo de preguntas sin respuesta, hemos de caminar hacia el horizonte con nuestra fragilidad a cuestas. El universo es un lugar de interrogantes, y de oscuridad, que hemos de llenar con nuestra esperanza y generar luz con lo que tenemos que no es poco.

    Tus palabras, siempre llenas de fe, me acompañan. Me alegro con Ernesto de que ya estés en casa.

    Abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué cierto lo que dices, Joselu. Caminamos con más preguntas que certezas, con esa fragilidad que a veces pesa… y, aun así, seguimos avanzando porque algo dentro —llámalo esperanza, fe o simple terquedad luminosa— insiste en abrirse paso en medio de la oscuridad.
      Quizá ahí esté la clave: no en saberlo todo, sino en sostenernos unos a otros mientras intentamos comprender un poco más. En generar luz con lo que somos y con lo que compartimos, que como bien dices, no es poco.
      Tus palabras me acompañan también, y reconfortan. Ya en casa, recuperando fuerzas y agradecido por esta red de afectos que hace el camino más amable.
      Un abrazo grande, amigo.

      Eliminar
  3. Y a veces la respuesta nos la da la vida, Enrique, ahí estás ya restablecido del pequeño susto, un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, María Cristina. Gracias.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  4. Así es, María Cristina. Gracias.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Siempre hay que tener esperanza y fe. Te mando un beso.

    ResponderEliminar
  6. Hola Enrique, surgen así a veces las preguntas. De modo inesperado y donde menos suponemos que puede aparecer. Y me parece genial que salgan, hallen o no respuesta, por lo menos se pudo intercambiar ideas .
    Fuerte abrazo!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A veces la vida hace eso, ¿verdad? Deja caer una pregunta en mitad del camino, sin avisar, como si quisiera recordarnos que seguimos despiertos. Y lo hermoso es justo lo que dices: que podamos detenernos un momento, mirarla juntos y dejar que las ideas circulen, aunque no haya una respuesta definitiva. Al final, lo valioso es ese pequeño puente que se tiende entre dos miradas.
      Un fuerte abrazo, Cecilia.

      Eliminar
  7. Desde luego es de sabios, entender no saberlo todo, porque así es.
    Hay personas que hablan con la certeza de que lo que piensan, "es", incluso en temas que no son de este mundo, por eso cuando te leo las circunstancias que rodean tú vida con esa sensibilidad, prudencia y verdad, solo puedo decir que tienes toda mi admiración, y siempre me sirve de aprendizaje...
    Me alegro muchísimo que los momentos de inquietud lo superes con esa actitud tan esperanzadora que te caracteriza, y que ya estés en tu zona de confort donde todo parece que se relaja.
    Un cálido abrazo Enrique, y que tengas unos buenos días de Semana Santa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Elda, qué importante es lo que dices. Aceptar que no lo sabemos todo no nos resta, al contrario, nos abre a escuchar, a aprender y a mirar la vida con un poco más de humildad. Por eso valoro tanto tus palabras: porque nacen de esa misma lucidez que reconoce lo esencial sin necesidad de alzar la voz.
      Me alegra que encuentres algo útil en lo que comparto. Al final, todos vamos avanzando como podemos, con nuestras inquietudes y nuestras luces, y es un regalo sentir que ese camino se acompaña, aunque sea a través de unas líneas.
      Y sí, estos días de calma ayudan a recolocar lo que a veces se desordena por dentro. Ojalá también tú encuentres en esta Semana Santa ese respiro que tanto bien hace.
      Un fuerte abrazo, y que disfrutes de unos días tranquilos y luminosos.

      Eliminar
  8. Hola Enrique. Luego de un conmovedor 24 de marzo -50 años del golpe de estado en mi país- acá llego, aun imbuida de tanto sentimiento apretando el corazón.
    ¡Lo bien que me vendría una tertulia en estos momentos!
    Esas conversaciones con desconocidos que surgen espontaneas, en ocasiones suelen ser confidentes. ¿Las causas de ello? Es un tema que mucho me gusta pero no da para desarrollar acá una extensa conversación.
    ¡Y claro que no se sabe todo! Ni se tiene la obligación de saberlo ni hay que sostener esa mentira con los hijos o hijas. Mamá y papá también se equivocan.
    ¡Uff! Disculpa, me estoy yendo por las ramas.
    Ya me voy, no sin antes dejarte un fuerte abrazo y ¡a seguir pa' delante amigo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué hondos quedan ciertos días en la memoria, ¿verdad? El 24 de marzo no pasa de largo: se instala, remueve, obliga a mirar hacia dentro. Es natural que el corazón quede apretado después de tanta historia y tanto dolor recordado. Y sí, cómo reconfortan esas tertulias espontáneas con desconocidos, esas conversaciones que de pronto se vuelven refugio. Tal vez porque, sin expectativas ni máscaras, uno se permite decir lo que pesa y lo que late. Coincido contigo: no hay obligación de saberlo todo ni de fingirlo ante los hijos. También nos equivocamos, también aprendemos, también seguimos andando. Gracias por compartir tu sentir en un día tan cargado de memoria.
      Te dejo un fuerte abrazo y que sigamos pa’ delante, siempre, con la frente serena y el corazón despierto.

      Eliminar
  9. Muy de acuerdo con el razonamiento, amigo Enrique. ¿Imaginas saber todo de todo? Tenemos limitaciones evidentes. Lo positivo: aceptarlo, avanzar con humildad, reconocer errores, vernos reflejados en el espejo de la vida y ser receptivos a lo que el mundo de bueno tiene preparado y nos ofrece. Sobre todo cuando la duda ante la edad nos invade. Siempre habrá mucho que nos falte por aprender.
    Gracias por tanto, querido amigo. Un inmenso abrazo.
    Te dejo mi correo por si en algún momento deseas contactarme:
    santullan@hotmail. com
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Coincido plenamente: saberlo todo sería casi una condena. La vida nos recuerda a cada paso que somos limitados, sí, pero también capaces de avanzar con humildad, de rectificar, de mirarnos al espejo sin miedo y de seguir aprendiendo incluso cuando la edad nos susurra dudas al oído. Quizá ahí esté la verdadera grandeza: en permanecer receptivos a lo bueno que aún nos espera.
      Gracias por tu cercanía y por tu generosidad. Tomo nota de tu correo.
      Un fuerte abrazo, querido amigo.

      Eliminar
  10. Hola Enrique .

    Nunca llegaremos a saberlo todo , porque es casi imposible .
    Y estos "sustos" que nos dá la vida a veces , nos hacen pensar en eso, que por mucho que sabemos , nunca es suficiente .
    Porque muchas veces uno se creo que , informándanos por aqui y por alli , ya lo sabemos todo y eso ya vemos que no es asi.

    Lo importante es salir de estos baches ,que a nuestras edades , pues mas o menos es normal .

    Sigue cuidándote .

    Estamos viendo Champions F. Madrid -Barça-De momento gana el Barça por 2.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Joaquín, amigo, qué razón tienes. Nunca llegaremos a saberlo todo, y quizá sea mejor así. Estos sustos que la vida nos va dejando por el camino nos recuerdan que, por mucho que leamos, preguntemos o nos informemos, siempre habrá un margen de misterio que no controlamos. Lo importante, como dices, es salir de los baches con serenidad, aceptando que a nuestras edades estas curvas del camino entran dentro del guion. Y seguir cuidándonos, que eso sí está en nuestras manos.
      Espero que disfrutarais del partido.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  11. La filosófía comenzó con la admisión de que no sabemos, pero luego aparecieron y tomaron posesión los sabihondos (de los que habla Discépolo en su tango) de todas las disciplinas... De ahí que creo cada vez más necesario que logremos cranear nuevas preguntas que refuten las ya ineficientes viejas respuestas... Tu texto va en esa línea, amigo. Tienes tanto para darnos, Enrique!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Carlos, amigo, qué bien lo dices. La filosofía nació del reconocimiento humilde de no saber, y sin embargo siempre aparecen —como en el tango de Discépolo— esos sabihondos que creen tener respuestas para todo. Por eso es tan necesario, como apuntas, seguir formulando nuevas preguntas que descoloquen las viejas certezas y nos obliguen a pensar de nuevo. Ahí está el verdadero movimiento del espíritu. Me alegra que hayas visto esa intención en mi texto.
      Gracias por tu lectura generosa y por tu palabra siempre lúcida.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  12. Sólo sé que nada sé dijo Sócrates y ese es el principio de la sabiduría

    Paz

    Isaac

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Isaac, qué verdad tan sencilla y tan luminosa dejó Sócrates. Reconocer que nada sabemos no es una derrota, sino el punto de partida de toda sabiduría. Desde ahí se abre el camino: aprender, escuchar, dudar, crecer. Gracias por recordarlo con esa claridad tan tuya.
      Paz también para ti.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  13. ETF, comparto tu sentir: la obsesión por tener la razón, porque supuestamente esa persona ya lo entendió y conoció todo sobre un tema (que además los temas son relacionales, unos llevan a otro y la cosa, la telaraña, se va complejizando) me causa algo de rechazo. ¡Por favor, deja espacio para el misterio, que si es sagrado, es porque, tal vez, todavía o no estamos preparados (pero nos podemos permitir explorar, jugar e intuir su superficie) o todavía no somos dignos de resolverlo e integrarlo! Eso sí, letra chica: Esto no aplica para los aliens. ¡Quiero saber ya si existen o no! jaja. Va un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Julio David.
      Qué bien expresas esa sensación: cuando alguien se aferra a “tener la razón”, el diálogo deja de ser un espacio vivo y se convierte en un pequeño territorio cercado. Como dices, los temas se entrelazan, se complejizan, se abren… y ahí está precisamente la gracia: en dejar que el misterio respire, que nos sorprenda, que nos enseñe sin exigirle conclusiones inmediatas.
      Explorar, intuir, jugar con la superficie de lo desconocido —eso sí que mantiene despierta la curiosidad y el alma.
      Y sobre los aliens… ahí coincido contigo: ese misterio en particular ya podría ir soltando alguna pista más clara. Jaja.
      Va un fuerte abrazo, amigo.

      Eliminar

Iluminar el túnel

Seguir, sin reproches y sin mirar atrás 10 junio 2026 - Un nuevo tiempo en el SPA de la vida y la verdad es que esta vez me pilló de sorpres...