Cuando la música rescata lo que el mundo intenta torcer
28 marzo 2026
- Comenzar el día (siempre que puedo), escuchando a Joan Báez sigue siendo una forma honesta de recordarle al mundo que aún quedan gestos que nos sostienen. Es como lavarte la cara con agua fría o darte dos palmadas frente al espejo para decirle al tipo que te mira: “Vamos, hombre, que hoy también puedes”. Hay mañanas en las que la realidad insiste en mostrarse con su peor cara, con injusticias que duelen y discursos que suenan a cartón mojado. Uno ya ha vivido lo suficiente como para no tragarse promesas huecas ni aceptar que la justicia sea un lujo reservado para unos pocos.
- Por eso, en días así, conviene teñir el amanecer de otras voces, de otras memorias, de esas emociones que Víctor Jara dejó suspendidas en el aire para su Amanda. Hoy he tomado –como hago siempre– mi primer café con Ella, con mi Amanda, con su música y con su historia, como quien abre una ventana para que entre un poco de verdad. Hay canciones que no se escuchan: se recuerdan. Y hay recuerdos que no se olvidan porque son la única brújula que nos queda cuando el mundo se empeña en girar torcido.
- Y mientras sonaba esa guitarra que parece venir de un lugar donde la dignidad aún no ha sido derrotada, he pensado en lo que realmente nos salva. No son los titulares, ni los discursos, ni las promesas de quienes creen que la vida se arregla con un eslogan. Lo que nos salva es lo que permanece. Lo que no se compra ni se vende. Lo que vuelve cada mañana sin pedir permiso.
- Porque al final, por encima del ruido, lo que de verdad sostiene la vida es el amor viejo, ese que ha sobrevivido a los inviernos, a los silencios, a las dudas y a los días malos. Ese amor que no necesita demostrarse nada porque ya lo ha demostrado todo. Ese amor que no presume, que no exige, que simplemente está. El amor para siempre, el que se sienta contigo a tomar el primer café del día aunque el mundo esté del revés. Ese amor que, como Amanda, nunca se olvida.
Creo que tenemos la gran suerte de tener esas boyas indicadoras en nuestro navegar cotidiano, que nos permiten saber qué es lo importante.
ResponderEliminarUn abrazo.
Sí, Albert, totalmente de acuerdo contigo.
EliminarUn fuerte abrazo.
La canción es triste pero tu presente feliz, Enrique, a seguir disfrutándolo junto a tu Amanda que es Ella, un abrazo!
ResponderEliminarGracias, María Cristina.
EliminarUn fuerte abrazo.
Buenos días, amigo Enrique.
ResponderEliminarNo habiendo "gozado" en la juventud del arte de la música, no es algo que hoy domine, o ni tan siquiera conozca... Pero no hay queja alguna. Ahora mismo estoy escuchando la melodía que tengo puesta en el blog, arriba a la dcha. ¡Una maravilla!
Por otro lado, y en sentido figurado, he empezado el día tocando el caramillo. Se ve que ambos hemos recurrido a la música. :)))))
Excelente texto el de hoy. Real y certero. Te has convertido en el trovador de moda de lo que es la vida bien entendida.
Y más desde la atalaya de ¡los que ya tenemos una edad!
Bonito finde.
Fuerte abrazo, amigo mío!
Querido Ernesto, siempre me produce mucha alegría leerte.
EliminarLa música tiene esas cosas: llega cuando quiere, sin pedir permiso, y nos acompaña como si siempre hubiera estado ahí. Me encanta que hayas empezado el día “tocando el caramillo”; cada uno encuentra su melodía, literal o figurada, para poner en marcha la mañana. Y sí, parece que hoy ambos hemos afinado en la misma frecuencia.
Gracias por tus palabras, amigo mío. Si algo escribo con cierto acierto es porque, desde esta atalaya de los que ya sumamos unas cuantas primaveras, uno aprende a mirar la vida con menos prisa y más profundidad. Y tener lectores como tú hace que el camino sea más amable.
Que disfrutes mucho del fin de semana.
Un fuerte abrazo, amigo.
Comenzar el día escuchando a estos canta autores de eso que se dio en llamar canción protesta ya que denunciaban injusticias y echaban a las calles a la gente para conseguir derechos, esos mismos derechos que hoy parecen querer quitarnos, es una gozada.
ResponderEliminarSaludos.
Querido Tomás, qué razón llevas.
EliminarEscuchar a aquellos cantautores que pusieron voz a las injusticias y despertaron conciencias sigue siendo un privilegio. No solo por la música, sino por la memoria de una época en la que la palabra tenía filo y la gente se echaba a la calle para defender derechos que hoy, como bien dices, algunos parecen querer desdibujar.
Quizá por eso reconforta tanto volver a esas canciones: nos recuerdan de dónde venimos y lo que costó llegar hasta aquí. Y también nos animan a no bajar la guardia.
Gracias por tu comentario, Tomás..
Un fuerte abrazo
Me emocioné, como suele pasarme cuando leo tus publicaciones...
ResponderEliminarEn Portugal, en 1975, en homenaje al mártir chileno, crearon la Brigada Víctor Jara... son buenos, pero siempre me parecieron muy ruidosos...
Me gusta Joan Báez.
Que tengas un feliz domingo. Un abrazo.
~~~~~
Majo, qué bonito lo que compartes. Esa emoción que te despiertan mis textos es un regalo que valoro mucho.
EliminarConocía la Brigada Víctor Jara, aunque no sabía que había nacido como homenaje en Portugal; qué gesto tan significativo para un artista que dejó una huella tan profunda. Y sí, a veces la pasión viene acompañada de mucho ruido.
Joan Báez… ahí coincidimos plenamente. Su voz tiene esa mezcla de firmeza y ternura que atraviesa el tiempo.
Que tengas también un domingo luminoso.
Un fuerte abrazo
Muy cierto, la musica te cobija y hace que te sientas conectado. Te mando un beso.
ResponderEliminarJudit, así es… la música tiene esa magia: te envuelve, te acompaña y te hace sentir parte de algo más grande. Gracias por tus palabras tan cercanas.
EliminarTe mando un beso y mi cariño.
Un fuerte abrazo
La música tiene magia, tiene la capacidad de animarnos, entendernos, acompañarnos y nos eleva. Me ocurre a veces que me siento un poco agobiada o triste y pongo música para cantar y me animo nuevamente.
ResponderEliminarAbrazos y buen domingo
Cecilia, qué bien lo dices. La música tiene esa magia que nos sostiene cuando algo dentro se nubla: nos anima, nos comprende y nos eleva casi sin darnos cuenta. También a mí me ocurre que, en esos momentos de agobio o tristeza, una canción abre una ventana y vuelve a entrar el aire.
EliminarAbrazos y que tu domingo siga siendo amable.
Un fuerte abrazo
Buen día Enrique
ResponderEliminarMe gusta mucho tu texto. Todo, pero rescato , particularmente el siguiente párrafo:
"Hay canciones que no se escuchan: se recuerdan. Y hay recuerdos que no se olvidan porque son la única brújula que nos queda cuando el mundo se empeña en girar torcido."
Por aquí, "Te recuerdo Amanda" se ha convertido en un himno. Las canciones de protesta, lamentablemente, regresan una y otra vez.
Y digo lamentable no porque no sea válido escucharlas siempre por el valor de sus letras e interpretaciones, sino porque una y otra vez tenemos que volver con los reclamos.
Canciones que trascienden a sus compositores, mucho de los cuales- como Víctor Jara- no pudieron seguir contando y cantando ya que sus voces fueron acalladas por alguna dictadura.
Magnífica también tu referencia a Joan Báez.
Va mi abrazo, con el deseo de que comiences una gran semana
Lu, muchas gracias por tu lectura tan atenta y por rescatar ese párrafo que, para mí, también guarda una verdad sencilla pero persistente.
Eliminar“Te recuerdo Amanda” se ha convertido en himno en muchos lugares, y no es casual: hay canciones que no solo cuentan una historia, sino que sostienen una memoria colectiva que no debería borrarse.
Tienes razón en lo que dices sobre las canciones de protesta. Ojalá no hiciera falta volver a ellas una y otra vez, no por su valor —que es inmenso— sino porque cada regreso nos recuerda que aún quedan reclamos pendientes, voces que siguen pidiendo lo que debería ser obvio.
Víctor Jara, como tantos otros, pagó demasiado caro por cantar la verdad. Y quizá por eso su música sigue viva: porque hay voces que, aunque intenten silenciarlas, se quedan para siempre.
Y Joan Báez… qué decir. Ella es de esas brújulas morales que no envejecen.
Gracias por tu abrazo y por tu mirada tan lúcida.
Que tu semana empiece con luz y con calma.
Ese amor con el que la vida te abre cada día los ojos para esperanzarnos, Enrique, con cada prosa, relato o reseña de tus recuerdos, observaciones y vivencias...
ResponderEliminarHasta mañana, amigo, que tiene tanto aún para revelarnos tu sensible mirada y experiencia!!
Querido Carlos,
EliminarQué palabras tan generosas las tuyas. Si algo intento cada día es mirar la vida con la mayor honestidad posible, y compartir lo que veo o recuerdo con la esperanza de que a alguien le acompañe, aunque sea un instante.
Que tú lo recibas así, con esa sensibilidad tuya tan fina, es un regalo que agradezco de verdad.
Hasta mañana, amigo. La vida siempre guarda algo más para mostrarnos, y uno aprende a caminar atento, con humildad y gratitud.
Un fuerte abrazo.
Hola Enrique .
ResponderEliminarQue maravillas escuchar " nuestras canciones " que són las que ,para nosotrso, són las únicas. respetando siempre las de ahora .
Es que canciones como las de antes ya no hacen .
Solo hay que ver quienes estan dandolo todo hace mas de 50 años .
Y desde luego levantarse y desayunar con ellos es lo mejor que se puede hacer .
Espero hayas pasado un feliz Domingo de Ramos .
Un abrazo.
Hola, Joaquín.
EliminarTienes toda la razón: esas canciones que sentimos como “nuestras” tienen una fuerza especial, quizá porque nos han acompañado en tantos momentos y siguen ahí, intactas, mientras todo lo demás cambia.
Es verdad que ya no se hacen canciones como aquellas, y sin embargo siguen sosteniendo los amaneceres, los desayunos y hasta los silencios. Escucharlas es como reencontrarse con uno mismo.
Espero que tu Domingo de Ramos haya sido, también, tranquilo y bonito.
Un fuerte abrazo, amigo.
ETF, qué certero eso que dices: hay canciones que no se escuchan, se recuerdan. Cuando recuerdo una canción, quizás, es porque la había escuchado en otra vida. La gente, y me sumo, dice que siente nostalgia por algo que no ha vivido. Yo creo que el alma, encarnación tras encarnación, lleva consigo gestos, miradas, palabras, canciones, etc, que no le dan identidad ni ego, sino más bien simplemente le embellecen, le enriquecen la experiencia de estar siendo un alma viviendo una experiencia humana en lo que dure su viaje o participación. Va un abrazo.
ResponderEliminarHola, Julio David.
EliminarQué hermoso lo que dices: hay canciones que no se escuchan, se recuerdan… como si vinieran de un lugar anterior a nosotros, o quizá de un rincón del alma que no entiende de calendarios. Esa nostalgia por lo “no vivido” siempre me ha parecido una señal de que somos más antiguos que nuestra propia biografía.
Tu idea de que el alma trae gestos, melodías y miradas de otros viajes me parece una imagen preciosa: no para darnos identidad, como bien dices, sino para enriquecer esta experiencia humana que a veces es tan breve y tan intensa.
Gracias por compartir esa visión tan luminosa.
Va un fuerte abrazo.