Un recordatorio sereno para quienes sienten que ya no cuentan… y para quienes queremos acompañarlos sin soltarlos
26 marzo 2026
- En estos días de hospital he escuchado a demasiadas personas mayores decir que ya no merece la pena vivir, que se sienten invisibles, que sus achaques les empujan a rendirse. Y me duele, porque no es cierto.
- La vida que queda —la que sea, la que podamos— sigue teniendo valor. No por lo que hacemos, sino por lo que somos. Cada arruga es una victoria, cada cicatriz un capítulo, cada día un acto de resistencia tranquila. No somos invisibles: somos memoria viva, somos historia en movimiento, somos la prueba de que llegar hasta aquí ya es un logro extraordinario.
- Quienes intentamos convencerles no lo hacemos desde la superioridad ni desde el optimismo fácil. Lo hacemos desde la cercanía. Desde la escucha. Desde el respeto profundo a su cansancio. No venimos a negar su dolor, sino a recordarles que no están solos. Que todavía hay manos que quieren sostener, voces que quieren acompañar, miradas que siguen buscándolos.
-A veces basta con decirles: “Quédate un poco más. No para luchar contra nada, sino para seguir compartiendo lo que eres. Para que podamos seguir aprendiendo de ti. Para que sigas dejando luz, incluso en los días nublados.”
- La esperanza no es ingenuidad: es valentía. Y todavía nos queda.

Me has emocionado hasta las lágrimas, en este momento haría todo por avurrucar mis manos en las tuyas. En ti está la calidez, la ternura, la sabiduría, la paz.
ResponderEliminarUn abrazo, amigo
Maia, tus palabras me llegan como un abrazo que atraviesa la distancia y se queda. Gracias por esa ternura que regalas sin reservas. Ojalá pudiera ahora mismo ofrecerte ese refugio de manos entrelazadas, ese silencio compartido donde todo se calma.
EliminarEn ti también habita una luz que reconforta y sostiene.
Un fuerte abrazo, amiga.
Ante el que no quiere seguir sufriendo, no hay razón ajena válida para no respetar su serena voluntad.
ResponderEliminarUn abrazo.
Así es, Alfred, no obstante, mi mensaje se dirige hacia aquellos en que, sin razón alguna que pueda sostener el propio sentimiento humano, el mundo que les rodea los invisibiliza.
EliminarUn abrazo.
Cada persona importa hasta su último aliento. No es una idea bonita, es una realidad que he experimentado con quienes ya no están. Cuando alguien se siente mirado de verdad, cuando se le acompaña, cuando se le hace ver que su presencia sigue contando, algo cambia.
ResponderEliminarMuchas veces no es que no quieran vivir… es que han dejado de sentir que su vida merece la pena. Y ahí es donde entramos los demás. En cómo miramos, en cómo escuchamos, en cómo nos quedamos.
Porque cuando alguien percibe que todavía es importante, que sigue dejando huella, entonces vuelve a valorar no solo lo que ha vivido, sino también lo que aún le queda.
Angelo, qué profundidad en tus palabras. Lo que dices es verdad pura: cuando alguien se siente visto de verdad, cuando percibe que su presencia sigue teniendo peso en la vida de otro, algo se reordena por dentro. A veces no es falta de ganas de vivir, sino la sensación —terrible— de no importar ya. Y ahí, como bien señalas, entramos los demás: en cómo miramos, en cómo escuchamos, en cómo permanecemos. Acompañar así no salva el mundo, pero sí puede salvar un mundo. Gracias por recordarlo con tanta claridad y tanta humanidad.
EliminarUn fuerte abrazo.
Unas palabras de gran belleza, que brindan luz en los momentos dificiles de tantas y tantas personas.
ResponderEliminarUn abrazo, amigo Enrique
Unas palabras así solo nacen de quien mira la vida con bondad, incluso en los tramos difíciles. Gracias, Ildefonso, por tu sensibilidad y por acompañar con tu luz estos días tan intensos.
EliminarUn fuerte abrazo, amigo.
Cada encuentro con mi amiga Irene tiene mucho de esto. Ella está deprimida, su pesimismo aumenta, pero entre las charlas y mis salidas humorísticas hacemos una pausa para su desaliento, luego nos despedimos hasta la próxima, un abrazo Enrique!
ResponderEliminarMaría Cristina, qué valioso es ese espacio que le ofreces a Irene: un respiro, una pausa donde el humor y la amistad sostienen lo que pesa. A veces ese pequeño claro en medio del día es lo único que permite seguir. Gracias por compartirlo y por tu sensibilidad.
EliminarUn fuerte abrazo.
De acuerdo en que hay que apoyar a esas personas que están o creen estar en los últimos capítulos de sus vidas y mas si se sienten solas.
ResponderEliminarSaludos.
Tomás, totalmente de acuerdo.
EliminarAcompañar a quienes sienten que están viviendo sus últimos capítulos —o simplemente lo creen— es casi un deber de humanidad. Y más aún cuando la soledad pesa. A veces basta una presencia, una palabra o un gesto para que la vida vuelva a sentirse cercana.
Un fuerte abrazo.
Coraje te sobra o no pensarías, escribirías y soñarías así, amigo... El coraje es para quien tiene mucho por vivir!!
ResponderEliminarAbrazo hasta vos, emocionado, sí...
Carlos, gracias, amigo.
EliminarSi algo he aprendido en estos días es que el coraje no siempre ruge; a veces apenas susurra, pero empuja igual. Y sí, quizá uno sigue soñando porque, en el fondo, todavía queda mucho por vivir, incluso cuando la vida se estrecha un poco.
Abrazo hasta vos, también emocionado.
Querido Amigo Enrique, lo que dices es muy cierto, expresivo, alentador, generoso, motivador y conmovedor... Gracias.
ResponderEliminarMe tranquiliza saber que estás bien... te deseo una excelente convalecencia
Un fuerte abrazo sincero. 💐💟
~~~.
Majo, gracias de corazón por tus palabras tan generosas.
EliminarMe alegra que lo que escribí te haya llegado así, y me reconforta saber que te quedas tranquila. La convalecencia avanza despacio, pero avanza, y eso ya es un regalo.
Un fuerte abrazo sincero, amiga.
Me encantó la ultima frase. Lo dice todo. Te mando un beso y sigue siempre con esperanza y fe en tu corazón.
ResponderEliminarA veces una sola frase condensa lo que uno lleva dentro desde hace tiempo, y me alegra que te haya llegado así. La esperanza y la fe siguen aquí, quietas pero firmes, acompañando cada paso.
EliminarUn beso y gracias por estar, escritora.
Na realidade, há situações na vida, que nos deixam de tal forma frágeis, que perdemos muito da nossa força interior e só nos apetece desisitir.
ResponderEliminarÉ aí que os outros se tornam importantes com a sua força, estímulo e empatia.
Bom fim de semana.
Abraço de amizade.
Juvenal Nunes
Juvenal, así es.
EliminarHay momentos en que la vida nos deja tan vulnerables que la fuerza interior parece apagarse, y uno siente la tentación de rendirse. Justo ahí, como dices, la presencia de los demás —su ánimo, su fortaleza, su simple empatía— se vuelve decisiva. A veces es lo único que nos sostiene.
Que tengas también un gran fin de semana.
Abrazo de amistad.
Enrique, querido amigo, tus palabras delatan ese corazón de oro que posees y esa humanidad tuya que me llega muy adentro y me hace emocionar.
ResponderEliminarSiempre te leo con enorme atención porque aprendo algo nuevo.
Me alegro que estés rodeado de gente que te ama. Amor, por amor, seguro.
Así es más fácil seguir adelante con fortaleza y dignidad hasta el final.
Abrazo inmenso.
Maripaz, querida amiga, gracias por tus palabras tan llenas de cariño. Me emociona que lo que escribo pueda llegar así, tan adentro, y que encuentres en ello algo que te acompañe o te ilumine. A veces uno solo intenta poner en orden lo que siente, y es un regalo descubrir que al otro lado alguien lo recibe con tanta sensibilidad.
EliminarTambién me alegra que percibas ese amor que me rodea. Es verdad: cuando uno se sabe querido, sostenido, mirado con afecto sincero, el camino se vuelve más llevadero y la dignidad se mantiene incluso en los tramos más estrechos. El amor —el de verdad— siempre encuentra la forma de sostenernos.
Gracias por estar, por leer con esa atención tan tuya y por recordarme que las palabras, cuando nacen desde dentro, encuentran su destino.
Abrazo inmenso.
Hola Enrique .
ResponderEliminarOtra gran larga reflexión con esas bellas palabras que tu como nadie sabe decir .
Quizas sea triste llegar a una edad y desear no seguir viviendo.Claro que , habria que analizar a cada persona y el momento actual en que viven .
igual están solos, enválidos y con una enfermedad grave .
Yo creo que la vida es muy bonita y nunca se tendria que llegar a la situacion de desear no vivir mas.
Pero desde luego , hay que respetar las voluntades de cada uno , aunque intentar convencerles que tiene que luchar y seguir en este mundo , todo somo necesarios ,.
Nos metemos ya en la Semana Santa .
Y el cambio de hora .
Un gran abrazo.
Joaquín, amigo, gracias por tus palabras siempre tan generosas.
EliminarEs verdad que llegar a ese punto en el que uno siente que ya no quiere seguir viviendo suele nacer de un cansancio muy hondo, de la soledad, de la enfermedad o de la sensación —terrible— de no contar ya para nadie. Por eso, más que juzgar, conviene mirar despacio, escuchar y comprender el momento de cada persona.
Coincido contigo en que la vida es hermosa y que, en condiciones justas, nadie debería desear marcharse antes de tiempo. Pero también es cierto que hay quienes cargan con un peso que nosotros no vemos, y ahí el respeto se vuelve imprescindible. Aun así, como dices, siempre queda ese gesto de acompañar, de animar, de recordarles que siguen siendo necesarios, que su presencia importa más de lo que creen.
Entramos en Semana Santa y llega también el cambio de hora: dos señales de que el tiempo sigue moviéndose, que la luz vuelve a alargarse y que, incluso en los días difíciles, algo nos invita a seguir.
Un gran abrazo.
Lamentablemente hay personas que se sienten solas y no encuentran una razón para seguir. Que importante tender esa mano, esa palabra de ánimo, esa compañía que les hace ver que valen, que cuentan, que no están solos y que su vida tiene un sentido y mucho aún por hacer .
ResponderEliminarAbrazos
Cecilia, qué cierto lo que dices. A veces una sola palabra, una presencia discreta o un gesto sincero pueden convertirse en ese hilo que vuelve a unir a quien siente que ya no tiene nada a lo que aferrarse. Todos necesitamos, en algún momento, que alguien nos recuerde nuestro valor y nos devuelva un poco de luz.
EliminarOjalá nunca dejemos de tender esa mano que sostiene y acompaña, incluso en silencio.
Un fuerte abrazo
Es un texto profundamente verdadero, Enrique, y no puedo sino darte la razón desde mi propia experiencia. El amor incondicional, cuando se ha compartido una vida entera, no se dice: se manifiesta en gestos, silencios y cuidados. También he visto ese cansancio del otro que no se rinde, que sigue ahí incluso cuando la fortaleza parece agotarse. Ese “¿no lo harías tú por mí?” define mejor que cualquier poema la reciprocidad del amor verdadero. Llega un momento —lo he sentido muchas veces con Rosa Mari— en que uno ya no sabe quién sostiene a quién, porque ambos nos sostenemos mutuamente, incluso en la debilidad. Lo que dices de que el amor “se conquista y se cuida cada día” es la pura realidad: no un estado, sino un continuo acto de presencia. Y sí, Enrique, el amor para toda la vida existe. Lo sé porque lo vivo, y aún me sigue asombrando. Abrazo.
ResponderEliminarGracias, Joselu. Qué hondura —qué profundidad— tiene lo que dices. Me reconozco en cada una de tus palabras, quizá porque cuando el amor ha sido vivido de verdad, uno acaba hablando desde un territorio común, casi sagrado. Ese cansancio que no se rinde, esa presencia silenciosa que sostiene incluso cuando las fuerzas flaquean… ahí es donde el amor deja de ser un concepto y se vuelve un acto cotidiano, casi un instinto.
EliminarMe ha emocionado lo que cuentas de Rosa Mari. Esa reciprocidad que ya no distingue quién sostiene a quién es, para mí, la prueba más clara de que el amor para toda la vida no es una idea romántica, sino una experiencia real, concreta, hecha de gestos pequeños y de una lealtad que no necesita explicarse.
Gracias por compartirlo con tanta verdad. Un fuerte abrazo.