Un recordatorio de que aún queda vida para quien decide mirarla de frente.
16 febrero 2026
- Andaba muy preocupado intentando convencer a uno de mis mejores amigos (esos que solemos llamar, amigos de toda la vida, o sea, nacidos a finales de los cuarenta), para que deje de repetirme a menudo que lo único que le queda es pasar pronto a mejor vida pues ya no se siente ni útil, ni necesario para nadie.
- Intento convencerle de que no hay mejor vida que la que uno quiera tener, qué aburrirse de ella no es algo que merezca atención alguna y que, recordando aquella letra de una inolvidable canción, habrá que decir que la alegría y las ganas de vivir van con la persona.
- Pasar a mejor vida no siempre consiste en eso de iniciarla en un local o edificio de servicios postvida, no, no es eso, pasar a mejor vida es pasar a esa otra vida en la que te puedes permitir que todo te importe un bledo. Esa en la que nadie te hace la agenda; esa en la que nadie te busca para nada; esa en la que ya te importa un pimiento llevar el teléfono abierto o no; esa vida en la que puedes pararte a leer un libro en medio del océano urbano sin que nadie te interrumpa; esa vida a la que antes creías un aburrimiento y que hoy es o te parece, una vida intensa, llena de reflexiones, de sensaciones, de tiempo para pensar. Es como vivir a cámara lenta … es como vivir en bolas dentro de una película de arte y ensayo en V.O. Es la bella senectud, hoy también denominada vida 3.0.
- Y quizá eso es lo que mi amigo aún no ve: que no se trata de despedirse de nada, sino de aprender a mirar de otra manera. Que la vida no se acaba cuando uno deja de ser imprescindible, sino cuando deja de sentirse vivo por dentro. Y ahí, por suerte, siempre queda margen. Siempre queda un gesto, una curiosidad, una conversación, una risa inesperada que te recuerda que sigues aquí, que sigues siendo tú. A veces, pasar a mejor vida es simplemente decidir que esta (la de ahora, la que tenemos entre manos), todavía merece ser vivida con calma, con humor y con un poco de descaro.

No todo tiene que ir rápido, que no todo tiene que ser útil según los estándares de fuera. Hay algo muy humano en esa defensa del tiempo propio, del derecho a vivir sin tanta presión. Y como siempre que es como un don que se te ha regalado. La gran esperanza, y fuerzas que tienes mirando siempre de frente cada etapa y encontrarle luz. Eso si que es tener vida latiendo fuerte. Gracias por ello
ResponderEliminarAngelo, gracias por tus palabras tan hondas.
EliminarTienes razón: no todo debe ir deprisa ni ajustarse a lo que dictan otros. Defender el propio ritmo es casi un acto de dignidad, una forma de cuidar la vida que uno lleva dentro.
A mí me ayuda a caminar cada etapa con más calma, a buscar la luz incluso cuando el día se vuelve áspero, y a recordar que ese impulso de seguir adelante también es un regalo.
Te lo agradezco de veras.
Un abrazo fuerte.
Hemos de tener siempre una ilusión por delante.
ResponderEliminarUn abrazo.
Imprescindible, Alfred.
EliminarUn abrazo.
Enquanto à vida há esperança. Desistir não é solução.
ResponderEliminarAbraço de amizade.
Juvenal Nunes
Juvenal, muchas gracias.
EliminarCoincido contigo: mientras haya vida, hay un hilo de esperanza que no conviene soltar. Rendirse nunca trae luz, y siempre queda algún motivo, por pequeño que sea, para seguir avanzando.
Un abrazo de amistad.
Dando por sentado lo del “descaro” de última hora, para esos nacidos a finales de los cuarenta, pero no encontrándome en absoluto en la dinámica de tu amigo, ni previsto está en el llamado futuro, si reconozco haber visto situaciones en las que algunas personas pueden “aburrirse”, no sentirse “útiles” y, ni tan siquiera necesarios para nadie…
ResponderEliminar¡Y ansiar, de alguna manera, “pasar” a otra cosa.
La vida de cada uno es no sólo un mundo, sino más bien un recorrido, un curso a desarrollar, trascender, llegado el caso, que, dando por sentado el libre albedrío, también contiene “compromisos” a cumplir!
Que se cumplan en esta vida o no, ¡ya es otra historia!
En ocasiones, intentar convencer a alguien de algo, sea bueno o menos bueno, conlleva sus riesgos… Empezando por el compromiso propio de “intentarlo”. ¡Arduo compromiso a veces!
Anécdota real en la que mis múltiples intentos de que mi esposa aprendiese que, por las noches cuando ponía ella la alarma en el reloj para despertarnos al día siguiente, la patilla del mismo que permitiría que sonase, debía de quedar hacia arriba. Cosa que preguntaba cada noche.
¿Meses con esta “enseñanza” ajena? ¡Muchos!
¿Cómo resolví esta cuestión para ambos? ¡Rompiéndole el esquema mental en el que se había instalado!
Cuando una noche me preguntó que si la patilla era hacia arriba, le respondí que no, que era hacia abajo.
¡¡Nunca más volvió a preguntar!!
¿Cómo aplicar algo así a tu amigo?…
Careciendo del arte de la diplomacia que sueles emplear por estos lares, diré que soy más bien de “rompe y rasga”. :)))))
Gran abrazo, amigo Enrique.
Ernesto, gracias por tu reflexión tan bien hilada.
EliminarTienes razón: cada recorrido es distinto y cada cual carga con sus propios compromisos, visibles o no. A veces uno intenta ayudar y se encuentra con esos límites que mencionas, y ahí también se aprende.
Me ha hecho sonreír tu anécdota del reloj: a veces basta un pequeño giro para que todo encaje.
Te agradezco mucho tu mirada siempre lúcida.
Un abrazo grande, querido amigo.
Si hay algo que me desagrada profundamente es la expresión de personas de cierta edad que exclaman 'a mis años ya no tengo que dar explicaciones', 'a mi edad no tengo que justificarme', 'a mi edad ya todo está hecho'... Y muchas más. Yo no pienso que se llegue a un estadio diferente en que 'con lo que queda en el convento, me cago dentro'. Yo no entiendo que esta sea una etapa diferente de otras de mi vida anterior. Siguen mis dudas, sigue mi necesidad de indagación interior común a toda mi vida, pienso que tengo que dar explicaciones y si es necesario justificarme, sigue mi necesidad de aprender. No he llegado a un estadio desde el que mirar ya sin lamentaciones el panorama. Sigo adelante; no pienso que haya llegado a un punto en que pueda mirar todo de una forma diferente. Pienso que nuestra vida es 'inmortal' como escribió Ungaretti, y si esto es así, como así intuyo, esto solo es un paso más hacia el misterium magnum... Un abrazo, Enrique.
ResponderEliminarJoselu, gracias por tu reflexión tan sincera.
EliminarComparto esa idea de que no hay un “punto de llegada” donde uno ya no tenga que explicarse ni aprender. Las dudas, la búsqueda y la necesidad de entendernos forman parte del pulso de la vida, también ahora.
Esa intuición tuya de lo “inmortal” me parece luminosa: seguimos avanzando, etapa tras etapa, hacia ese misterio mayor que nos envuelve.
Un abrazo grande, Joselu.
Realmente la vida tal y como nos dices la debemos disfrutar hasta el ultimo minuto, cada uno de la mejor forma posible y en arreglo a sus posibilidades.
ResponderEliminarSaludos.
Tomás, muchas gracias.
EliminarAsí es: cada cual vive y disfruta como puede y según le alcanza, y ahí está precisamente la gracia, en sacar luz de lo que uno tiene entre manos.
A mí me ayuda recordarlo cada día.
Un saludo muy cordial.
Hola Enrique. Loable tu intento de "convencer "a tu amigo, y lo entiendo. Entiendo que desde lo más profundo de tu ser y tu bondad quieras que ese amigo disfrute de la vida como tú sabes hacerlo .
ResponderEliminarPero... Enrique, yo creo que se trata de sentimientos muy instalados, muy fuertes y que, seguramente, tienen su razón de ser. Entonces es muy difícil que las personas que sienten de esa manera, puedan comprender el mensaje. O tal vez sí, lo entienden pero no logran vivenciarlo.
De todos modos, vale y mucho tu intención, quien sabe algún día ese amigo logre también disfrutar de cada nuevo día.
Fuerte abrazo y ¡buena semana!
Gracias, Lu, por leerme con esa sensibilidad tuya que siempre encuentra el matiz justo.
EliminarEs verdad: hay sentimientos que se instalan tan hondo que uno casi los confunde con su propia identidad. Y desde ahí, cualquier invitación a mirar la vida de otro modo puede sentirse lejana, incluso cuando se comprende intelectualmente.
Yo, aun así, no pierdo la esperanza. No porque crea que mis palabras vayan a obrar milagros, sino porque a veces basta una grieta mínima, un instante de calma, para que algo empiece a moverse por dentro. Y si ese día llega para mi amigo, aunque sea de forma imperceptible, ya habrá valido la pena intentarlo.
Gracias por tu abrazo, que recibo con alegría. Te envío otro igual de fuerte y mis mejores deseos para esta semana que empieza.
Un poco lo que te decía recién en la anterior entrada, Enrique, tú sabes y puedes vivenciar, alentar, gozar, inspirar, influir y convencer. Es tu misión, cada día asúmela y los demás te vamos a seguir...
ResponderEliminarAbrazo hasta vos inspirador, amigo!!
Carlos, amigo, tus palabras me llegan hondo.
EliminarPorque uno a veces duda, pero voces como la tuya recuerdan que lo que hacemos tiene sentido.
Porque alentar, inspirar o acompañar no es una misión solemne, sino un modo de estar en el mundo, y tú lo entiendes como pocos.
Porque cuando alguien te mira con esa confianza, uno se endereza un poco más y sigue.
Abrazo hasta vos, compañero del camino, y gracias por sostener siempre esa luz que también nos guía a los demás.
Hola Enrique .
ResponderEliminarYo creo que todos somos imprescindibles, quizas al dejar el trabajo por edad de jubiilación a muchos les cuesta creer que , auque no trabajen , siguen siendo imprescindibles .No creo que nadie , deje de serlo .Hay cantidad de cosas que aun dependen de nosotros y una de ellas es vivir.
Es seguir con una ilusión , es buscar nuevos alicientes , es intenter ayudar y todo eso forma parte del ser imprescindivle s.
Ya sabemos que si faltamos , otro ocupara nuestro lugar pero es por ley de vida ,no porque ya no valgamos .
Tienes que seguir luchando para convencer a tu amigo .
Un abrazo.
Joaki, amigo, qué verdad tan sencilla y tan grande has dicho.
EliminarPorque cuesta aceptar que la jubilación no nos borra, solo nos cambia el escenario.
Porque seguimos siendo necesarios en lo que importa: en la vida, en la ilusión, en el gesto que ayuda, en la palabra que sostiene.
Porque lo imprescindible no es el puesto, sino la presencia, y eso no nos lo quita nadie.
Y sí, seguiré insistiendo con mi amigo, pero tus palabras ya son un argumento más fuerte que cualquiera de los míos.
Un abrazo grande, y gracias por recordarnos lo esencial.
Uno debe seguir a pesar de todo y disfrutar de su día a día. Te mando un beso,
ResponderEliminarJudit, así es: seguir, a pesar de todo, y saborear cada día como viene.
EliminarGracias por ese impulso tan claro y tan tuyo. Te mando otro beso, escritora.