Ciclos que pasan deprisa, vidas que se enseñan despacio
Fotografía de Robert Doisneau
22 febrero 2026
- Un día corres detrás de un balón de trapos mientras Él vigila todos tus pasos, como si el mundo entero cupiera en su mirada. Y, sin darte cuenta, llega ese instante irrepetible en que tu primer y único enano se queda dormido sobre tu barriga, haciendo la pipa, y descubres que no existe mayor milagro que ese pequeño peso confiado sobre tu pecho. Pasa el tiempo y, en un día que nunca quisiste que llegara, te encuentras en una sala de hospital diciéndole adiós a Él, a tu viejo, agradeciendo en silencio todo lo que te enseñó, sin palabras.
- Más tarde la vida te devuelve al principio, como si quisiera recordarte que nada se pierde del todo. Vuelves a Él cuando ves a los enanos de tu enano dormirse en tu, ahora ya, oronda barriga, y sientes que la rueda sigue girando con una ternura que desarma. Ellos empiezan a querer ser mayores, y tú empiezas a entender que la vida es eso: una sucesión rápida y preciosa de ciclos que se repiten sin repetirse nunca igual. Descubres que la vida es irrepetible, única y corta, sí, pero también inmensa en cada pequeño instante que se deja vivir.
- Vayamos con cuidado, porque a veces, sin darnos cuenta, nos perdemos en lo que no importa. El tiempo pasa con una prisa que asusta y, precisamente por eso, cada momento merece ser vivido como si fuera el único.
- La vida nos reclama presencia, dedicación y cariño hacia quienes nos quieren, pero también nos recuerda que nosotros existimos, que también somos parte del viaje. No venimos a dar lecciones, ni falta que hace; basta con acompañar, con explicar lo que aprendimos, con enseñar a razonar y, sobre todo, con fomentar eso tan sencillo y tan difícil de encontrar y que los intelectuales del alma llaman “aprender a ser personas”.
- Porque al final, cuando miras atrás, descubres que lo único que permanece es la huella de cómo hemos querido y cómo lo hemos hecho sin que apenas fuera perceptible hasta el día en que la ausencia nos devuelva la presencia que algún día tuvimos igual que nosotros hicimos con nuestros ancestros.

Cuando te leo, soy consciente de la claridad y transparencia de tus sentimientos, esencialmente buenos, porque te nutriste de modelos que te inspiraron esta forma de ver las cosas, generosa y agradecida a la existencia. Has sido afortunado, porque conozco a personas que se nutrieron desde la cuna con la oscuridad y la negrura de otras formas de ver las cosas. Y entonces, no es un oficio de voluntad ni un esfuerzo de claridad porque no se puede convertir el agua turbia y cenagosa en agua clara y transparente. Sin embargo, estas personas a que me refiero, si volvieran a tener la oportunidad de elegir su destino desde el principio, contumazmente volverían a elegir lo que han vivido. Es el "amor fati" del que habló Nietzsche. Ama tu destino. Es un impulso poderoso que nos arrastra. Tal vez es amar lo que has conocido porque no puedes hacerlo de otra manera. Eso me reconforta y me anima a seguir adelante. Un fortísimo abrazo, Enrique.
ResponderEliminarJoselu, siempre agradezco tu mirada porque ilumina zonas que uno mismo no siempre ve. Dices algo muy cierto: cada cual bebe del agua que le tocó, clara o turbia, y desde ahí aprende a mirar el mundo. En mi caso hubo luz y modelos que enseñaban gratitud; en otros, como bien señalas, la vida empezó en la penumbra y no es sencillo transformar ese origen. Por eso me conmueve tu referencia al amor fati: aceptar el propio destino, no como resignación, sino como una forma de reconciliación con lo vivido. Esa idea, tan nietzscheana y tan humana, también me anima a seguir adelante.
EliminarUn fortísimo abrazo, amigo.
Cuando llego y veo los comentarios de Joselu, veo que él tiene contacto con personas diferentes, creo que es profesor si mal no leí. La experiencia en salas de escuela es variada, se conocen diferentes personalidades, algunas muy complejas dado su origen y familia, por eso entiendo lo que explica. Quienes tuvimos la suerte de nacer en hogares amorosos somos afortunados y podemos ayudar a ver al mundo mejor, aunque como dice el dicho "arbolito que nace torcido...". Disfrutemos quienes podamos hacerlo de nuestros seres queridos, un abrazo Enrique!
ResponderEliminarMaría Cristina, qué bien expresas esa diferencia de orígenes que marca tanto la manera de estar en el mundo. Joselu, por su oficio, ha visto muchas vidas desde dentro, y es verdad que no todas nacen en el mismo clima emocional. Quienes crecimos en hogares amorosos llevamos una ventaja silenciosa: la de mirar con más confianza y ofrecer un poco de luz donde otros solo conocieron sombra. Pero también es cierto que cada persona carga su historia como puede, y no siempre es fácil enderezar lo que nació torcido. Por eso tus palabras sobre disfrutar a los nuestros resuenan tanto: al final, lo que sostiene es ese círculo cercano donde uno se siente querido y en paz.
EliminarUn abrazo grande, María Cristina.
Leo, con el interés de siempre, tus certeras reflexiones sobre la vida, tu vida, y circunstancias.
ResponderEliminarNo añadiré una sola palabra más, cabida no hay!
Pero sí un pequeño matiz... Y ello sólo porque incides en él.
El tiempo!
"...la vida es irrepetible, única y corta".
"El tiempo pasa con una prisa que asusta y...".
No lo percibo así, amigo mío! De hecho no percibo el tiempo de ninguna manera.
Doce del mediodía. Dentro de una hora espero estar en la calle en este soleado día. Conocidos, amigos, nos encontraremos, copa de "blanco" frío en la mano...
Risas y algún chascarrillo que otro ocuparán ese tiempo. Para verdades profundas no será el momento... :)))))
Fuerte abrazo, querido Enrique.
Ernesto, me gusta esa manera tuya de vivir el tiempo sin medirlo, sin someterlo a relojes interiores, simplemente habitándolo. Yo a veces lo siento más fugaz, quizá porque lo miro desde la memoria, pero tu enfoque tiene una sabiduría ligera: el mediodía, la calle soleada, los amigos, el blanco frío, las risas… ahí el tiempo no pesa, solo acompaña. Gracias por ese matiz que abre otra forma de entenderlo.
EliminarUn abrazo fuerte, amigo Ernesto.
Yo tambien creo que el tiempo pasa que ni te das cuenta .
ResponderEliminarY creo que cuanto mas mayor se hace uno , más deprisa pasa .
Pero hay que pasar la vida pues la vida , si lo pensamos bien , es eso, pasar ...pasar los dias , los meses , los años..
Pero mientras no dejar de vivir y de sonreir porque la vida es maravillosa .
Un abrazo.
( He visto que en tu anterior actualizacion no pasé y voy a hacerlo pues veo unas fotos muy , muy interesantes ...)
Joaquín, comparto esa sensación: cuanto más años cumplimos, más veloz parece ir el calendario. Pero lo dices muy bien: la vida es pasar… sí, pero pasar viviendo, no dejándonos llevar. Seguir sonriendo, seguir disfrutando, seguir mirando lo maravilloso que aún nos ofrece cada día. Y gracias por asomarte también a la entrada anterior; esas fotos guardan mucha memoria.
EliminarUn abrazo grande, amigo.
La vida es una carrera de relevos, hecha con obstáculos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Alfred, así es: una carrera de relevos donde cada tramo nos exige aprender a sortear obstáculos sin perder el aliento interior.
EliminarY, aun así, lo hermoso es que siempre hay un testigo que entregamos y recibimos: la experiencia, la memoria, la serenidad que llega con los años.
Un abrazo grande, y gracias por seguir corriendo —y compartiendo— en esta misma pista de vida.
ETF, es un texto precioso que resume la vida como ese relevo de afectos y barrigas que sirven de refugio, desde el padre que nos cuidó hasta los nietos que ahora nos habitan. Me llega mucho esa idea de que "aprender a ser persona" no es dar lecciones, sino simplemente estar presente y dejar una huella de cariño silencioso y luminoso que ilumina a tiempo. En todos los tiempos. Va un abrazo.
ResponderEliminarEse “relevo de afectos y barrigas” que mencionas es, en el fondo, la verdadera genealogía del cariño, la que no se escribe en documentos sino en piel, en memoria y en presencia.
EliminarDices algo esencial: aprender a ser persona no es impartir doctrina, sino estar, sostener, acompañar sin ruido, dejando esa huella de luz que no deslumbra pero orienta. Esa luz que recibimos de quienes nos cuidaron y que, casi sin darnos cuenta, entregamos a quienes vienen detrás.
Y sí, iluminar “a tiempo, en todos los tiempos” es quizá la mayor forma de amor: llegar cuando toca, sin exigir nada, sin pretender moldear, solo ofreciendo un refugio que permanece incluso cuando uno ya no está.
Va un abrazo grande, agradecido por la belleza con que has leído el texto.
Tienes razón lo que importa es a quien amamos y la forma como lo tratamos. Te mando un beso.
ResponderEliminarJudit, así es: al final todo se resume en a quién amamos y en la delicadeza con que lo tratamos. Gracias por tu mirada tan clara; te mando un beso grande, escritora.
EliminarLembrei uma estrofe de Fernando Pessoa...
ResponderEliminar«Segue o teu destino,
Rega as tuas plantas,
Ama as tuas rosas.
O resto é a sombra
De árvores alheias.»
O Amor é realmente o fundamental de uma vida.
Agradeço de 💟, a atenção e incentivo que as minhas publicações te merecem.
Tem uma excelente semana.
Um beijo, querido Amigo.
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Majo, qué hermoso ese eco de Pessoa: seguir el destino, cuidar lo que florece y amar lo que nos sostiene. Tu presencia y tu cariño iluminan siempre, y tus publicaciones son un regalo que agradecemos de verdad.
EliminarQue la semana te encuentre rodeada de esa misma luz que siembras. Un beso grande, amiga querida.
Todo va pasando y nosotros pensando que ya habrá tiempo. Y no siempre lo hay.No somos eternos, eso está claro. Pero somos parte de la cadena. Nos dieron cosas y ahora nos toca dar otras. Así de simple.
ResponderEliminarY muchas veces nos liamos con chorradas. Con lo urgente que luego no era para tanto. Mientras tanto, los momentos buenos pasan sin que les hagamos caso. Estar de verdad, prestar atención, no es algo bonito para decir. Es lo que toca.
Al final no importa lo que juntaste ni lo que defendiste a capa y espada. Lo que queda es cómo quisiste a los tuyos. Cómo miraste. Cómo estuviste cuando hacía falta. Eso es lo que pesa cuando echas la vista atrás. Feliz semana
Angelo, qué verdad tan limpia dices: el tiempo no espera y lo único que de verdad pesa es cómo estuvimos con los nuestros, cómo miramos y cómo cuidamos cuando tocaba. Lo demás se desvanece, pero esa forma de querer queda. Feliz semana.
EliminarYa lo dijo el poeta "lo nuestro es pasar" y si un día como has realizado en el articulo nos paramos a pensar vemos lo rápido que ha pasado el tiempo. En especial cuando comenzamos a detectar ausencias y la llegada de reemplazos.
ResponderEliminarSaludos.
Tomás, así es: “lo nuestro es pasar”, y cuando uno se detiene un momento descubre lo veloz que ha sido todo, sobre todo al sentir las ausencias y ver cómo llegan los relevos que continúan la historia.
EliminarGracias por tu mirada tan clara.
Saludos.
Amoroso texto de principio a fin Enrique. Nada que agregar.
ResponderEliminarPero...es cierto lo que he leído en otros comentarios: no todas las personas tienen la dicha de nacer y crecer en un hogar amoroso. Qué digo amoroso, hay quienes ni siquiera tienen un hogar.
Y respecto al tiempo, me gusta decir que nosotros somos sus pasajeros. Tenemos boleto de ida...pero no de regreso.
Por eso, y como bien lo sabes y lo expresas: "cada momento merece ser vivido como si fuera el único".
Fuerte abrazo va, amigo querido ¡buen lunes y días por venir!
Lu, qué hondura tan sencilla y tan verdadera en lo que dices. No todos nacimos en un hogar amoroso, es cierto, y a veces la vida empieza en un andén frío donde nadie espera. Por eso quienes sí tuvimos esa dicha llevamos también la responsabilidad silenciosa de ofrecer un poco de cobijo a quienes crecieron sin él.
Eliminar.
Esa imagen que usas —ser pasajeros del tiempo, con billete de ida pero sin regreso— me parece de una lucidez que desarma. Al final, eso somos: viajeros que no pueden volver atrás, pero que sí pueden elegir cómo caminar, cómo mirar, cómo querer.
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Y ahí está lo esencial: vivir cada momento como si fuera el único, porque lo es. No se repite, no vuelve, no se negocia. Se vive o se pierde.
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Gracias por tu abrazo, amiga querida. Va otro igual de fuerte para ti, y que este lunes —y los días que vengan— te encuentren con luz, con calma y con esa manera tuya tan limpia de mirar la vida.
La vida es un AVE de esos que realmente funcionan... Y las estaciones se van dejando atrás sin que muchas veces, como en el AVE, nos demos siquiera cuenta. Nada es inmóvil. Todo corre demasiado. Menos mal que, a pesar de lo que dicen algunos sabios, el pasado existe y siempre tenemos el recurso de evocarlo. Aunque otros sabios dicen que realmente solo recordamos parte del pasado, como unos 100 episodios, por decir algo, y que esos episodios son los que recordamos y con los que soñamos... Que el resto, se perdió quién sabe donde...
ResponderEliminarUn abrazo, amigo
Ildefonso, qué hermosa imagen la del AVE que avanza sin detenerse, dejando estaciones atrás casi sin que reparemos en ello. Así es la vida: un viaje rápido, silencioso a veces, y otras lleno de ese vértigo que solo se comprende cuando miramos por la ventanilla y descubrimos cuánto ha quedado atrás.
EliminarTienes razón: nada permanece inmóvil, y quizá por eso el pasado —ese que algunos sabios reducen a un puñado de episodios— se convierte en nuestro pequeño tesoro. No importa si son cien, diez o mil: son los que nos sostienen, los que nos explican, los que nos permiten seguir soñando incluso cuando el tren acelera.
Y aunque parte de lo vivido se pierda en algún rincón que ya no sabemos nombrar, lo esencial siempre regresa: un gesto, una voz, un olor, una estación que creíamos olvidada. Ahí está la magia de recordar: no es exactitud, es sentido.
Gracias por tu reflexión, amigo. Leerla es como asomarse un momento a ese paisaje que pasa y darnos cuenta de que, mientras podamos evocarlo, seguimos siendo dueños de nuestro viaje.
Un abrazo, maestro de la fotografía.