Crónica íntima de un cansancio que enseña, y de una chispa que insiste en seguir viva
12 febrero 2026
- Tuve ayer un día agotador aún y no habiendo hecho nada para estar como si hubiera subido andando al Himalaya, pero, no, no es eso, las sesiones de Rehabilitación en el Hospital a días alternos tienen la culpa.
- Seguramente me cansa más ver que la mejora es una quimera y que el gran esfuerzo que hago pudiera servir para poco o para nada. Raro en mí, pero el día empieza con una parte de mi forma de ser que ya había olvidado. Existe el cansancio ... ¿cansancio? ¿de qué?
- Tomo mi café de madrugada, me visto para la ocasión (rehabilitación), y abrazo la parte herida de mi alma, la abrazo, la agito y le doy calor. Vivir, saber vivir la vida, no es un don, ni siquiera un placer, es una necesidad que solo se aprende, curiosamente, cuando más cerca estás de que pueda terminarse y es entonces, justo entonces, cuando las cosas que parecen sencillas se convierten en … extraordinarias.
- Y así, mientras avanzo a trompicones por este camino extraño, descubro que algo dentro de mí sigue encendido. Una chispa pequeña, testaruda, que no se rinde. Quizá no sea la fuerza de antes, pero es suficiente para recordarme que cada día trae un matiz nuevo, una posibilidad mínima, un gesto que me sostiene. Y con eso, por ahora, me basta para seguir."
- Listo amor: "Sí, cariño" ... vivamos.

Buenos días Enrique. No sé qué decirte, nada más que eres un espejo donde mirarse para aprender de tí. Esa fuerza de voluntad tan extraordinaria que tienes para seguir tirando de la vida, es admirable.
ResponderEliminarTe deseo que sigas con esa fuerza haciéndole frente a cualquier impedimento, y con ese amor tan hermoso que te acompaña siempre.
Un cálido abrazo Enrique.
Hasta para vivir se necesita esa fuerza de voluntad que lo haga posible.
ResponderEliminarBuena lección la tuya.
Un abrazo.
Hoy especialmente, querido amigo Enrique, y gracias a tu clara determinación de seguir..., cosa que nadie que te conozca podría poner en duda, me he adentrado, me has permitido adentrarme, algo más en esa parte profunda que, siendo, ¡te alimenta! ¡Te sostiene!
ResponderEliminarFuerte abrazo, Enrique. Y siéntelo físico porque así es!
Ese cansancio que no sabes de dónde sale… ese es el que más pesa.
ResponderEliminarNo el del Himalaya. El otro. El que se mete por dentro... Y como siempre tus finales de post excelente
Y debemos permitirnos el cansancio a veces, luego el día cambia, algo nos hace ver que ya se fue y disfrutamos de todo lo que nos rodea, que ya sabemos es un milagro, un abrazo Enrique!
ResponderEliminarCuando nuestras fuerzas decaen y los años en el horizonte ya no se cuentan por décadas como cuando éramos jóvenes o de mediana edad, surgen fuerzas de resistencia y valor que no esperábamos. Lo extraordinario emerge si uno lo sabe ver a pesar de transitorios decaimientos o cansancios. Y tú lo sabes ver y tienes esa compañía que te hace ver las cosas con luz propia. Se llama amor y esperanza.
ResponderEliminar