Una reflexión sobre los miedos de la edad y la necesidad de seguir avanzando con calma, curiosidad y confianza
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06 febrero 2026
- Según observo y leo en distintas encuestas de opinión, las principales preocupaciones de las personas llamadas o ya entradas en eso que llamamos "cierta edad" se centran en el deterioro de la salud física y mental, la seguridad económica, la soledad, el miedo al abandono y la brecha tecnológica. La autonomía y la calidad de vida, incluyendo el temor a depender de otros o a la institucionalización, aparecen como desafíos clave en esta etapa.
- Llegado a este punto me hago la siguiente pregunta: ¿todo eso es cierto o es que (al menos yo), no somos capaces de darnos cuenta de ello? Quizás todo sea, como diría nuestro amigo Ernesto, que "solo sucede", y ante ello nada podemos hacer para variarlo o asimilarlo. Parar el reloj o modificar el funcionamiento del poder fáctico que nos dirige (político, social, intelectual y moral), se queda fuera de nuestro alcance, pero quizá también esté ya fuera de nuestra preocupación e interés intentarlo y aún menos desearlo.
- No obstante, cuál es entonces la verdadera posición de mis compañeros de calendario ante esta situación en la que viven (vivimos): ¿futuro de salud incierta? ¿abdicar del amor familiar? ¿vivir como si fuera el último día de nuestra vida? o, mejor, y repito, solo esperar a que suceda.
- Quizás la actitud más sensata sea otra: levantar la cabeza y seguir caminando con una mezcla de serenidad y curiosidad, como quien sabe que lo mejor aún puede estar por llegar. No se trata de negar los miedos ni de disfrazar las incertidumbres, sino de recordar que cada día trae una oportunidad pequeña o grande que merece ser vivida. Nadie conoce el futuro, pero sí podemos decidir no renunciar a él. Confiemos en que quien organiza nuestras agendas vitales todavía guarda alguna sorpresa buena en el bolsillo y mantengamos abierta la puerta a lo que venga, porque incluso en los tramos más inciertos siempre hay un destello que invita a seguir adelante.
- El futuro nos observa, rendirse, nunca.

Mira, Enrique, la mejor respuesta que te puedo dar es que ayer me matriculé en la UOC para cursar una materia de Literatura, mi especialidad. Tengo una enorme ilusión por adentrarme de nuevo en estudios literarios. Claro que lo mejor está por venir. No siento que esto sea una lenta espera a lo que fatídicamente vendrá. Si esperamos lo haremos con fuerza, con ganas, con ilusión. Y en cuanto a la muerte, siento muy dentro de mí que no es un final sino un proceso, una transformación, un cambio radical de modo de estar en el universo en que hay que abandonar lo que conocemos y amamos, pero para seguir adelante. Yo era muy pesimista, radicalmente pesimista, pero hubo un momento, hace unos años que cambié y consideré que había luz, mucha luz, que no somos corderos a medio degollar, sino leones, y asumir la identidad de leones es el desafío a que nos enfrenta la vida. Un fuerte abrazo.
ResponderEliminarJoselu, me alegra leer lo que has escrito. Esa matrícula en la UOC no es solo un gesto académico, es una declaración de vida. Volver a la literatura desde la ilusión, desde el deseo de seguir aprendiendo, es una forma de decirle al tiempo que aún contamos con él. Y tienes razón, no estamos en una sala de espera resignada, sino en un tramo donde todavía se puede avanzar con fuerza, con ganas, con esa curiosidad que nunca se apaga del todo.
EliminarLo que dices sobre la muerte me llega hondo. También creo que no es un apagón, sino un tránsito, un cambio de forma, quizá una continuidad que no alcanzamos a imaginar. Me reconforta esa imagen de pasar de corderos temerosos a leones conscientes de su propia energía. Es una metáfora poderosa, y también un recordatorio de que la vida nos pide coraje, incluso en los momentos en que uno pensaría que ya solo toca replegarse.
Celebro tu cambio, tu luz nueva, tu impulso. Y celebro que lo compartas.
Un abrazo fuerte.
Querido amigo.
ResponderEliminarSin quitarte razón de que toda esa lista de situaciones traumáticas que aseguras haber leído en encuestas puedan alcanzar, algunas de ellas, a personas de “cierta edad”, ¡lo que sí destaca es lo inquietante que todo ello resulta ya! ¡Aquí y ahora!
Cuando nada de eso puede que esté sucediendo en quienes hoy te leemos.
¿Como hacemos frente a algo inquietante, para quitar el sueño, que ni sucede hoy, ni certeza hay de que nos llegue a suceder?
Doy por sentado que quienes hoy participemos de este ejercicio que nos propone nuestro querido Enrique, no estamos todos en esa tesitura de riesgo. Y por lo tanto no apreciaremos esas consecuencias.
Claro que no se trata de negar los miedos ni de disfrazar las incertidumbres. Cada quien sus vicisitudes! Reales, no en potencia! A mi modo de ver, desde luego.
Claro que nadie conoce el futuro. Tener en casa unas katiuskas para cuando llueva, previsión e inteligencia. Salir cada día a la calle con ellas puestas en “previsión” de que llueva…
Tal vez la clave de todo, amigo Enrique, consista en esto que tú con acierto señalas: “¡¡Confiemos en que quien!! organiza nuestras agendas vitales todavía guarda alguna sorpresa buena en el bolsillo y mantengamos abierta la puerta a lo que venga, porque incluso en los tramos más inciertos siempre hay un destello que invita a seguir adelante.
¡Rendirse, nunca!
Gran abrazo, Enrique.
Buen finde!
Querido Ernesto, qué bien que estés ahí, con esa mirada siempre lúcida y ese modo tan tuyo de poner las cosas en su sitio sin perder la ternura. Me gusta mucho cómo planteas la diferencia entre lo que nos inquieta y lo que realmente nos sucede. Es cierto que no todos estamos atravesando esos tramos difíciles que mencioné, pero también es verdad que hay algo en el aire, una especie de fragilidad compartida, que nos hace mirar el futuro con más preguntas que certezas. Tu imagen de las katiuskas me parece preciosa: tenerlas en casa es sensato, salir con ellas cada día quizá sea excesivo. Y sin embargo, hay quienes ya no saben si va a llover o si el suelo se abrirá bajo sus pies. Por eso, más que anticipar tormentas, lo que intento es abrir espacio para que cada uno pueda decir lo que siente sin sentirse fuera de lugar. Porque como bien dices, cada quien sus vicisitudes, reales o en potencia, pero todas merecen ser escuchadas. Me alegra que rescates esa frase sobre las sorpresas buenas, porque creo que ahí está la clave: no se trata de negar lo que duele, sino de mantener abierta la puerta a lo que aún puede iluminar. Y tú, con tu manera de pensar y de escribir, siempre traes luz. Gracias por estar, por sumar, por cuestionar con afecto.
EliminarUn abrazo grande y buen finde también para ti.
Preguntas, que todos nos hacemos alguna vez, me admira la forma tranquila de mirarlas sin dramatismo ni resignación. Debemos ser honestos en reconocer los miedos sin convertirlos en centro de todo, y en esa idea de seguir avanzando con curiosidad. Sé que te lo digo casi siempre pero me encanta la manera de cerrar tus escritos, siempre con esperanza y optimismo. Feliz fin de semana
ResponderEliminarÁngelo, gracias de verdad por tus palabras. Me alegra que leas esas preguntas sin dramatismo, porque la intención nunca es oscurecer nada, sino mirar de frente lo que a veces nos ronda por dentro. Creo, como tú dices, que reconocer los miedos sin convertirlos en el centro es una forma de vivir con más serenidad, casi con más dignidad. Avanzar con curiosidad, incluso cuando el camino se estrecha, es quizá la única manera de no quedarnos atrapados en lo que imaginamos. Y me emociona que menciones los cierres, porque intento que siempre quede un hilo de luz, algo que recuerde que no todo está dicho y que aún puede aparecer lo inesperado. Gracias por estar ahí con esa sensibilidad tuya tan limpia.
EliminarFeliz fin de semana, amigo.
Hay que seguir caminando, amigo Enrique.
ResponderEliminarEs la actitud más acertada mientras la vida no se detenga o nos detenga. Ni siquiera deberíamos hacernos ya tantas preguntas, hartas nos hicimos mientras ha y está transcurriendo la vida. Hay un ciclo que cumplir, es así. Uno comienza a ver la luz un día y acaba en la oscuridad total otro, ojalá habiéndola llenado de aciertos. Mientras tanto hay una búsqueda persona, subjetiva y con responsabilidad, donde debe darse la experiencia y voluntad de mejorar nuestra trayectoria como seres humanos lo mejor posible. El amor, la creatividad, la búsqueda de la estabilidad emocional y física, la solidaridad y generosidad con nuestros semejantes.... Y sobre todo vivir el presente, que nada ni nadie nos lo arruine ni cambie contra voluntad.
Mira en qué tema nos has metido con tu sentido de la mesura, la amistad y el buen planteamiento que te caracteriza.
Un abrazo inmenso, caro Enrique.
Querido Teo, qué gusto leerte y qué serenidad transmites siempre cuando entras en estos temas que a veces nos remueven más de la cuenta. Tienes razón en algo esencial: la vida no se detiene y mientras siga avanzando, lo más sensato es caminar con ella, sin quedarnos atrapados en preguntas que ya nos hicimos mil veces y que quizá nunca tuvieron una respuesta definitiva. Hay un ciclo, como dices, y aceptarlo no es resignación, sino una forma de vivir con más claridad. Me ha gustado mucho esa imagen tuya de la luz y la oscuridad, porque resume con una honestidad enorme lo que somos: un tránsito, un intento, un deseo de acertar lo máximo posible antes de que el telón caiga. Y en ese tránsito está la búsqueda personal, esa que nadie puede hacer por nosotros, donde se mezclan el amor, la creatividad, la estabilidad emocional, la generosidad y ese empeño íntimo por mejorar un poco cada día. Vivir el presente, como recuerdas, es quizá el mayor acto de valentía. No permitir que nada ni nadie nos lo arrebate es una forma de dignidad que a veces olvidamos. Y sí, mira en qué tema nos hemos metido, pero qué necesario es abrir estos espacios donde uno puede pensar en voz alta sin miedo a sonar vulnerable. Gracias, Teo, por tu claridad, por tu afecto y por esa manera tan tuya de poner palabras donde otros solo sienten ruido. Un abrazo inmenso, amigo.
EliminarYo diría que tenemos que seguir con proyectos, en lo posible que podamos realizar, y las personas que tienen que ordenar sus finanzas, (las mías son ropas viejas) que lo hagan para no dejar embrollos a los que quedan, un abrazo Enrique!
ResponderEliminarCertera y sabia determinación, Cristina.
EliminarNo dejar, por dejadez hoy, embrollos "insuperables" a los que se quedan!
María Cristina, qué razón tienes. Al final, más allá de las grandes preguntas y de los miedos que a veces se nos cuelan sin pedir permiso, lo que nos sostiene son los proyectos que todavía podemos abrazar. No hace falta que sean enormes, basta con que tengan sentido para nosotros y nos mantengan en movimiento. Y me ha hecho sonreír lo de las finanzas, porque todos tenemos algún cajón lleno de cosas pendientes, ya sean papeles, recuerdos o, como dices, ropas viejas. Ordenar un poco lo que dejamos atrás también es una forma de cuidar a quienes vendrán después, pero sobre todo de cuidarnos a nosotros mismos. Gracias por tu mirada siempre práctica y afectuosa.
EliminarUn abrazo grande, María Cristina.
Creo que quedarse quieto es la mayor de las equivocaciones que podemos hacer. Cuando digo quietos no me refiero solo a caminar u otro tipo de ejercicio, también en viajar y conocer otros lugares (algo que no quiere decir a miles de kilómetros ya que en ocasiones a unos pocos de casa tenemos algo desconocido) y de vivir en un lugar en que podemos adquirir algún tipo de conocimiento aprovecharlo.
ResponderEliminarSaludos.
Tomás, qué bien expresado lo dices. Quedarse quieto, en el sentido profundo, es quizá la única forma real de estancarse. No hablo de correr detrás de nada ni de vivir con prisa, sino de mantener esa disposición interior que nos empuja a seguir descubriendo, aprendiendo y moviéndonos aunque sea un poco cada día. Viajar, como recuerdas, no siempre implica grandes distancias. A veces basta con salir a unos kilómetros de casa para encontrar algo que no habíamos visto nunca, o incluso mirar de otra manera lo que siempre estuvo ahí. Y lo mismo ocurre con el conocimiento: cualquier lugar, cualquier conversación, cualquier lectura puede abrir una puerta nueva si uno se acerca con curiosidad. Me gusta esa idea tuya de aprovechar lo que cada entorno ofrece, porque al final la vida se ensancha cuando uno se permite explorar, aunque sea en lo pequeño. Gracias por tu mirada siempre práctica y luminosa.
EliminarUn saludo grande, Tomás.
Desistir do futuro é desisitir da vida e isso nada traz de positivo.
ResponderEliminarAbraço de amizade.
Juvenal Nunes
Juvenal, qué verdad tan sencilla y tan contundente has dejado.
EliminarRendirse con el futuro es, en efecto, rendirse con la vida, y ahí no hay nada que pueda construirse, ni para uno ni para quienes caminan a nuestro lado.
Tu frase tiene esa claridad que no necesita adornos:
- El futuro no es un enemigo, es un territorio que aún no conocemos.
- La vida siempre pide un paso más, aunque sea pequeño.
- Y la esperanza, cuando es serena y realista, sostiene más de lo que parece.
Gracias por tu presencia y por esa manera tuya de resumir en una línea lo que a otros nos lleva un párrafo entero.
Abrazo grande, amigo.
Enrique, maravilloso texto para reflexionar, me quedo con esta frase que dejaste al final y me encanto.
ResponderEliminarEl futuro nos observa, rendirse, nunca.
La vida siempre nos sorprende con destellos de luz.
Que tengas un hermoso y feliz día
Besitos Enrique, a ti y a tu familia
Mathilde, qué sensibilidad tan bonita tienes para quedarte justo con la frase que resume el espíritu del texto.
Eliminar“El futuro nos observa, rendirse, nunca” cobra otra fuerza cuando lo dices tú, porque lo lees desde la luz, no desde el miedo. Y eso se nota.
La vida, como bien apuntas, siempre sorprende con destellos que aparecen cuando menos se esperan, a veces pequeños, a veces deslumbrantes, pero siempre suficientes para recordarnos que vale la pena seguir.
Gracias por tu lectura tan atenta y por esa calidez que siempre dejas en tus palabras.
Que tengas un día hermoso y sereno.
Un fuerte abrazo.
Uno debe vivir esperando lo mejor y gozar plenamente el momento. Te mando un beso.
ResponderEliminarJudit, qué bien lo dices.
EliminarVivir esperando lo mejor no es ingenuidad, es una forma de cuidar el ánimo, de abrirle espacio a lo que aún puede llegar. Y gozar el momento… ahí está la verdadera sabiduría, porque el presente es lo único que realmente tenemos entre las manos.
Tu frase resume una filosofía sencilla y poderosa: mirar hacia adelante sin perder la capacidad de disfrutar lo que ya está aquí.
Gracias por tu cercanía de siempre, escritora.
Te mando un beso grande.
Hola Enrique, te leo y pienso en las preocupaciones que mencionas como las más frecuentes según las encuestas. Son temores que a todos se nos cruzan por la cabeza alguna vez. La clave es no quedarnos estancados en ellas y vivir el día a día con ilusión, curiosidad, proyectos, y disfrute. Hay que celebrar la vida mientras la tengamos y transitarla sin alimentar los miedos.
ResponderEliminarUn abrazo y gracias por tus profundas reflexiones.
Cecilia, qué bien lo has leído.
EliminarEs cierto que esas preocupaciones aparecen en las encuestas y también, de vez en cuando, en nuestras propias noches en vela. Pero lo importante es justo lo que señalas: no quedarnos atrapados en ellas, no permitir que se conviertan en el centro de nuestra vida.
Tu mirada aporta algo esencial:
- Vivir el día a día con ilusión, aunque sea pequeña.
- Mantener la curiosidad, que es una forma de juventud interior.
- Tener proyectos, incluso modestos, que nos recuerden que seguimos en marcha.
• Y celebrar la vida mientras la tenemos, sin alimentar miedos que solo crecen si se les da espacio.
Me gusta mucho esa idea tuya de “transitar sin alimentar los miedos”, porque ahí está la clave: reconocerlos, sí, pero no darles el timón.
Gracias por tu lectura tan lúcida y por tu abrazo, que recibo con gratitud.
Otro para ti, Cecilia.
Hola amigo Enrique .
ResponderEliminarEfectivamente yo creo que , como bien dices lo mejor es levantar la cabeza y seguir caminando con una mezcla de serenidad y curiosidad, como quien sabe que lo mejor aún puede estar por llegar.
Porque las encuestas para mi no son nada fiables .La verdad.
Porque preocupaciones y miedos no nos faltan ,sobre todo viendo el futuro para nuestros hijos y sobre todo ,nietos.Pero tampoco podemos vivir con ese miedo constante .Hay que seguir viviendo y luchando.
Como siempre te agradezco tus palabras en mi blog , palabras sinceras y sabias como bien sabes tú decirlas .
Si algún dia quieres participar en mis adivinanzas , seria para mi un placer y me puedes poner la soluciób en abierto, sin problemas . Aunque tamben tengo , no se si abras visto, un "libro de visitas" , a la derechha de la pantalla y despues de mi nombre , lo último que sale .
Són preguntas como habras visto superfaciles casi todos y casi todas tambien "inventadas" por mi . Y ahora desde hace un mes , doy 2 puntos por acierto 1 si hay ayuda . E intentare en junio y a final e año , dar como un diploma a los acertaes primeros .
Lo que pretendo con esto , es que se piese aunque sean 2 minutos en la pregunta , la mente se mueva al pasado y sino , tambien vale buscrlo por google
Un barazo y buen fin de semana .
Hola Joaquín.
EliminarDa gusto leerte, amigo. Coincido plenamente contigo: uno puede mirar las encuestas, los titulares y los augurios, pero al final lo único que de verdad nos sostiene es seguir caminando con serenidad, con curiosidad y con esa mezcla de prudencia y esperanza que da la experiencia.
Es verdad que el futuro inquieta, sobre todo cuando pensamos en los hijos y en los nietos. Pero vivir con miedo constante sería como caminar siempre mirando al suelo: no ves el paisaje, ni el camino, ni las oportunidades que aún pueden aparecer. Así que sí, toca seguir viviendo, luchando y disfrutando lo que se pueda, que también es una forma de resistencia.
Te agradezco mucho tus palabras sobre mis comentarios. Ya sabes que te las digo siempre desde la sinceridad y el afecto. Y sobre tus adivinanzas, claro que me pasaré. Me gusta esa idea tuya de mover la mente dos minutos, viajar al pasado o, si hace falta, tirar de Google sin remordimientos. También miraré ese libro de visitas que comentas, que no lo tenía controlado.
Un abrazo grande y que tengas un fin de semana tranquilo y bueno.
Hola Enrique. Otra "oleada de optimismo" nos dejas en esta entrada.
ResponderEliminarY eso se agradece.
Cierto es que no podemos estancarnos en esos temores. ¿Quién no ha tenido - o tiene- alguno de ellos?
A mi me pasa, me siento insegura, temerosa de tomar decisiones o de hacer actividades que hasta hace no mucho tiempo hacía . (Por ejemplo viajar sola, por mi cuenta y riesgo)
Y, me parece, es un proceso que hay que atravesar, pero no quedarse estancada en ello.
Lo importante es poder encontrar opciones y seguir disfrutando el día a día, aún con las limitaciones que vayan surgiendo. Hay que poner la imaginación a funcionar y encontrar alternativas, que sin dudas las hay, para cada nueva etapa.
Y, me parece, es básico el acompañamiento de los afectos y del entorno.
Va mi abrazo ¡disfruta del finde!
Hola Lu.
EliminarMe alegra que veas esa “oleada de optimismo”, aunque ya sabes que no es un optimismo ingenuo, sino ese que uno se va construyendo a base de golpes, dudas y aprendizajes. Todos hemos pasado por esos temores que mencionas, y a veces vuelven sin avisar. Lo importante, como dices, es no quedarse atrapado en ellos.
Esa inseguridad que cuentas (viajar sola, tomar decisiones que antes salían sin pensarlo), forma parte de esos cambios que trae la vida. No es fácil aceptarlo, pero tampoco es el final de nada. Es más bien una invitación a encontrar otras maneras de seguir moviéndose, otras formas de disfrutar, otras rutas que quizá antes ni mirábamos.
Y ahí la imaginación ayuda, claro, pero sobre todo ayuda lo que tú misma señalas: el acompañamiento de los afectos. Saber que hay gente cerca, aunque sea en la distancia, que te sostiene un poco cuando flaqueas, hace que todo sea más llevadero.
Gracias por tu mirada siempre tan humana y tan lúcida.
Un abrazo grande y que disfrutes tú también del finde.
Existe la red familiar, que nos salva del desastre de la caída, en la desconexión tecnológica. Al menos en mi caso, en cuanto a la salud de momento aguanto, y mientras pueda, sueño con poder ser autónomo durante algunos años más. Ese es el miedo que asusta, en no poder valerte y ser una carga para otros. Pero supongo que, egoístamente, pensamos poco o nada en ello, y nos limitamos en el vivir cada día, como se pueda.
ResponderEliminarUn abrazo.
Alfred, te entiendo muy bien. Esa red familiar que mencionas es, al final, lo que nos sostiene cuando la tecnología falla, cuando el cuerpo protesta o cuando la vida nos recuerda que no somos invencibles. Y sí, el miedo a perder autonomía está ahí, silencioso, asomando de vez en cuando, pero no por eso deja de ser legítimo seguir viviendo cada día como se pueda, con la dignidad de quien aún se siente dueño de su paso.
EliminarCreo que mientras uno conserve la lucidez, el humor y la capacidad de agradecer lo que tiene alrededor, ya está ejerciendo una forma de autonomía que no depende solo del cuerpo. Y tú, por lo que escribes, sigues muy en pie en ese sentido.
Ojalá la salud te acompañe muchos años más y ese temor quede siempre en un segundo plano.
Un abrazo grande, Alfred.
A medida que avanzan los años, uno siento más cercanos el dolor y la soledad. Es lo que más temor produce. Lo demás, parece ser más soportable. Y mientras tanto, se trata, simplemente, de seguir viviendo, ilusionado en la medida de lo posible, cada uno con sus cosas. Buscar objetivos modestos pero que nos ilusionen. Yo, por ejemplo, he terminado un curso sobre Copilot, y hoy, si nada lo impide, me iré al río a hacer alguna fotografía de la crecida...
ResponderEliminarSe trata, simplemente, de seguir viviendo, pero siendo conscientes de que el dolor y la soledad siempre están al acecho.
Un abrazo, querido amigo
Querido Ildefonso, te leo y reconozco esa mezcla de lucidez y temblor que llega con los años. Es verdad que el dolor y la soledad se vuelven más visibles, como si hubieran estado siempre ahí, pero que ahora caminaran más cerca. Y aun así, seguimos, quizá porque la vida (incluso cuando aprieta), siempre deja un resquicio por donde entra un poco de luz. Me gusta lo que dices de los objetivos modestos. A veces son los únicos que de verdad sostienen: un curso que terminamos, una fotografía que buscamos, un paseo que nos reconcilia un poco con el mundo. No son grandes gestas, pero nos mantienen en movimiento, que ya es bastante. Y sí, el dolor y la soledad acechan, pero también lo hacen la curiosidad, la ternura, la amistad, la capacidad de sorprendernos. No desaparecen con los años; solo hay que prestarles más atención para que no se nos escapen. Que disfrutes ese rato junto al río. A veces basta con mirar el agua para recordar que todo fluye, incluso lo que pesa.
EliminarUn abrazo grande, maestro de la fotografía.