Una reflexión tranquila sobre los pilares que creíamos eternos.
04 febrero 2026
- Oía una buena historia esta madrugada (enganchado a mi radio de siempre con un cable y un monoauricular en el oído bueno), en la que hablaban del amor en el mundo de hoy.
- El más joven de la tertulia decía que hoy, dada la extremada libertad sexual existente en todo el mundo occidental y liberada la mujer de vestir como monjas, el hombre se enamora antes del cuerpo que del alma o de la fuerza del pensamiento y que por eso las parejas (antes llamadas matrimonios), se separan en plazos muy cortos de convivencia lo cual, acompañado de una crisis existencial en la que conseguir un empleo fijo u obtener una vivienda, se hace imposible y con ello la natalidad desciende de modo vertiginoso en ese llamado mundo del mercado libre y democrático en el que creemos vivir.
- No voy a escribir, hoy, sobre inmigración y la forma de administrar los visados, ni de su innegable conveniencia. Tampoco lo haré sobre la moralidad de las llamadas religiones dominantes en nuestro mundo, no, pero sí me gustaría hablar o, mejor, preguntar: ¿Hacia dónde va esta civilización en la que creemos saber vivir?
- Los tres pilares de nuestra antigua civilización y de derecho están basados en tres pilares fundamentales: Religión, Matrimonio y Contrato. Visto con tranquilidad y sin pasión: ¿podemos decir con toda seguridad que esos pilares aún se sostienen y nos sostienen?
- Y aun así, pese a tantas grietas visibles, sigo creyendo que esta civilización nuestra no está condenada, porque cada generación vuelve a preguntarse por el sentido, por el amor, por la justicia. Quizá los viejos pilares ya no sostienen como antes, pero siempre aparece la voluntad humana de levantar otros nuevos, más honestos, más libres, más acordes con lo que somos hoy. Tal vez ahí resida la esperanza, en que seguimos buscando, seguimos pensando y, sobre todo, seguimos intentando vivir con un poco más de verdad.

¡Hacia el encuentro consigo misma en su versión más real!
ResponderEliminar¡La de cada individuo! ¡Una vez que toma conciencia de su «única» realidad!
Gran abrazo, amigo Enrique!
Ernesto, lo dices con una fuerza que atraviesa. Al final todo camino auténtico pasa por ese encuentro con la propia realidad, la que no se disfraza ni se delega, la que cada uno reconoce cuando por fin se mira sin miedo. Ahí empieza lo verdadero.
EliminarUn gran abrazo, amigo.
Cuando pienso en los pilares que sostuvieron el matrimonio de mis padres, abuelos, tíos y demás, me da escalofrío; y amo más ésta actualidad, -como dice, Ernesto-, más real consigo mismo, ¿que está desajustada?, sí, sin duda, pero llegará el momento de asentarse, o eso espero.
ResponderEliminarCálido abrazo, Enrique
Maia, te entiendo perfectamente. Cuando miramos hacia atrás y vemos aquellos modelos rígidos que sostenían tantos matrimonios, cuesta no estremecerse. Esta época nuestra, con todos sus desajustes, al menos permite algo esencial: vivir desde la propia verdad. Falta camino, sí, pero también se está construyendo algo más honesto y más humano. Ojalá, como dices, termine asentándose.
EliminarUn cálido abrazo.
A veces da la sensación de que hemos cambiado certezas por consignas y profundidad por alivio rápido.
ResponderEliminarSeguimos hablando de amor, de sentido y de futuro, pero cada vez con menos ganas de sostenerlos en el tiempo.
Quizá no sea solo cuestión de derribar pilares, sino de ver quién está dispuesto a quedarse cuando el entusiasmo se acaba.
Un abrazo.
Angelo, qué bien lo expresas. Es verdad que hoy todo parece más volátil, más inmediato, como si costara mantener el pulso de lo que realmente importa. Hablamos de amor, de sentido, de futuro, pero a menudo sin la paciencia ni la entrega que requieren. Y sí, quizá el verdadero filtro no esté en derribar viejos pilares, sino en comprobar quién permanece cuando ya no hay brillo ni impulso inicial, cuando toca sostener en silencio. Ahí se ve la verdad de cada vínculo.
EliminarUn abrazo grande.
Una visión esperanzada tras un preámbulo preocupante, especialmente el primero. Pienso que el optimismo o el pesimismo es una cuestión química. Conozco a personas profundamente pesimistas - a la vez extremadamente sensibles- que me han escrito hoy en el blog, 'el mundo se acaba'. Tú no lo ves así y piensas que es una crisis de transformación y que de nuevo habrá una consolidación en busca de nuevos caminos en que el ser humano sacará todo lo mejor de sí mismo. En tu cerebro tienes algún neurotransmisor que te alienta a esta esperanza. Se tiene o no se tiene. Entre la perspectiva desoladora de pensar que este mundo se está rompiendo sin solución de continuidad y la esperanza de un futuro mejor que el pasado, hay una buena diferencia de niveles de dopamina. Me gustaría pasarle a un amigo muy querido una fracción de la que tú tienes. Es diferente el diálogo con un pesimista radical al de un optimista extremo como tú. Yo he vivido los dos mundos y me gusta entrar en tu espacio a nutrirme de luminosidad y de fe, pero también me atrae la visión negativa porque expresa otro íntimo latido del alma humana. Un fuerte abrazo, Enrique.
ResponderEliminarJoselu, qué reflexión tan rica has dejado. Es cierto que hay una parte química en nuestra manera de mirar el mundo, pero también creo que cada cual cultiva, a su modo, la perspectiva desde la que quiere sostenerse. Yo no niego lo inquietante del momento, ni las grietas que señalas, pero me resisto a pensar que todo se desmorona sin remedio. Prefiero verlo como una transición convulsa, una de esas épocas en que lo viejo ya no sirve y lo nuevo aún no sabe cómo nacer.
EliminarQuizá mi “dopamina”, como dices, no sea más que una forma de no renunciar a la posibilidad de que el ser humano vuelva a encontrar caminos más sensatos. Y, al mismo tiempo, entiendo y valoro la mirada pesimista, porque también revela una sensibilidad profunda, un latido que no se conforma.
Por eso tus visitas a este espacio me alegran tanto: porque vienes con esa doble mirada, crítica y luminosa, capaz de ver la sombra sin perder del todo la fe.
Un fuerte abrazo.
Los mandatos han cambiado, sobre todo los que devienen de los grandes poderes y sus decisiones, hace ya algunos años se alienta el consumismo, la libre vida sin compromisos de hijos, disfrutar del momento, de ahí que las relaciones sean eso, nada de echar raíces ni formar una familia, algo que nosotros vivimos y disfrutamos. Un abrazo Enrique!
ResponderEliminarMaría Cristina, lo que señalas es muy cierto. Los grandes mandatos han virado y ahora parecen empujar hacia una vida inmediata, ligera, sin raíces ni compromisos duraderos. Todo se orienta al consumo rápido, también de experiencias y vínculos. Frente a eso, quienes vivimos otra época sabemos lo que significaba construir, sostener, apostar por algo que crecía con el tiempo. No era perfecto, pero tenía un sentido profundo. Ojalá esta etapa tan volátil encuentre también su equilibrio.
EliminarUn abrazo grande.
Buen día Enrique. Me quedo con el último párrafo, lo suscribo y van mis aplausos por él.
ResponderEliminarFelizmente han cambiado varios paradigmas. En ese sentido acuerdo con los dichos de Maia.
Y, con esperanza siempre, también creo que hay que seguir buscando, hay que seguir creciendo y en ese proceso, obviamente, hay que aceptar también lo que no "funciona" y seguir intentando. De los errores también se aprende.
Va mi abrazo ¡que tengas un excelente día!
Lu, qué alegría leerte así, con esa mezcla de lucidez y esperanza que siempre aportas. Coincido en que los paradigmas han cambiado y, aunque a veces el proceso sea torpe o irregular, también abre caminos más honestos para cada uno. Crecer implica aceptar lo que no funciona, como dices, y tener la valentía de seguir ajustando el rumbo sin perder la confianza en lo que puede venir. Al final, todo aprendizaje nace de esos intentos sucesivos.
EliminarGracias por tus palabras y por ese aplauso que recibo con cariño, dulce Lu.
Un abrazo grande, que tu día siga siendo luminoso.
Esos tres pilares fundamentales , yo cero que si se sostienen mas o menos bien , lo malo , creo yo , es que los que los están sosteniendo, muchos de ellos , por una razón u otra , no los sostiene bien y la cosa tambalea un poco .
ResponderEliminarHay que buscar a gente que los siga sosteniendo para que no caigan -
Las generaciones sin duda cambian y todo dá la vuelta ,
Ahora estamos en un momento critico ,pero todo volverá a su ser .
Si antes nos nos dan un garrotazo y nos mandan a todos a la Luna , ahora que estan diciendo que volveran,...
Un abrazo grande .
Joaquín, lo dices muy bien. Los pilares pueden ser sólidos, pero si quienes deberían sostenerlos aflojan la mano, todo empieza a tambalear. Las generaciones cambian, las prioridades también, y a veces parece que el edificio entero se inclina. Aun así, confío como tú en que todo acaba encontrando su sitio, aunque ahora estemos en un momento crítico y algo desconcertante. Ojalá no nos manden a la Luna antes de tiempo, que bastante tenemos ya con mantener los pies en la tierra.
EliminarUn abrazo grande.
Más que imprevisible es un mundo de inconcebibles consecuencias y derivaciones el que estamos transitando. Va a ser cruento, pero el ser humano prevalecerá entre los restos de este sistema que definitivamente no sirve puesto que no nos contiene a todos...
ResponderEliminarUn supremo humanismo se impondrá sobre creencias e ideologías que no hicieron más que intentar imponerse y sojuzgar a la contraria... De modo que tengo esperanzas de que tras el cambio aprenderemos la lección.
Abrazo agradecido Enrique amigo!!
Carlos, comparto plenamente tu mirada. Estamos atravesando un tiempo de consecuencias difíciles de imaginar, donde cada movimiento parece desencadenar otro aún más inesperado. El sistema cruje porque hace tiempo que dejó de servir a todos, y quizá ese sea el verdadero origen de esta crisis que sentimos tan cerca. Aun así, como tú, mantengo la esperanza de que tras el derrumbe surja algo más humano, más inclusivo, más digno de llamarse civilización. Tal vez este tránsito sea duro, incluso cruento, pero confío en que aprenderemos la lección y que ese humanismo que mencionas acabará imponiéndose sobre ideologías que solo han sabido enfrentarnos.
EliminarAbrazo agradecido, amigo.
Algo que siempre me ha gustado de ti es tu optimismo. Yo creo que nuestra sociedad esta condenada o por lo menos va a sufrir mucho para levantarse. Te mando un beso.
ResponderEliminarQuerida Judit, gracias por tus palabras. Ya sabes que mi optimismo no nace de cerrar los ojos, sino de intentar mirar un poco más lejos del desastre inmediato. Coincido contigo en que nuestra sociedad va a pasar por momentos duros, quizá más de lo que imaginamos, pero también creo que el ser humano tiene una capacidad sorprendente para rehacerse cuando todo parece perdido. No sé si estamos condenados, pero sí sé que rendirse antes de tiempo nunca ayudó a nadie.
EliminarTe mando un beso grande y agradecido, escritora.
Hemos de conformar nuestro propio espacio, con nuestras propias reflexiones.
ResponderEliminarLos charlatanes no son, lo más adecuado para ello.
Un abrazo.
Alfred, así es, al final cada uno debe construir su propio espacio interior, ese lugar donde pensar sin ruido y sin la interferencia de quienes solo buscan confundir. Los charlatanes abundan, pero no tienen por qué ocupar el centro de nuestra atención. Lo importante es mantener la lucidez y seguir alimentando nuestras propias reflexiones, que son las que de verdad nos sostienen.
EliminarUn abrazo.
Una gran reflexión la que nos propones y que yo también creo que esos tres pilares que nos dices son o eran los tres grandes pilares de esta nuestra civilización se están resquebrajando.
ResponderEliminarLos dos primeros pueden ser por las misma razones, las formas y el fondo. En el matrimonio antes como nos dices antes lo primero era el fondo y después las formas y en la religión era un poco lo contrario.
Y lo del contrato también hemos pasado de que un buen apretón de manos era mas seguro que a multitud de firmas no sean mas que papel mojado.
Saludos.
Tomás, gracias por tu lectura tan atenta. Coincido contigo en que esos tres pilares que sostenían nuestra civilización se están resquebrajando por razones distintas, pero con un mismo trasfondo: hemos cambiado la esencia por la apariencia. En el matrimonio antes importaba el fondo y las formas venían después, mientras que en la religión ocurría casi lo contrario, aunque ambas cosas mantenían un equilibrio que hoy parece perdido. Y lo del contrato es un buen ejemplo de cómo hemos pasado de la palabra firme y el apretón de manos a un océano de firmas que a veces no valen más que el papel que las sostiene. Quizá por eso sentimos que todo se tambalea, porque lo que antes era sólido ahora se ha vuelto frágil.
EliminarSaludos, amigo.
Ya me tiene en tu nuevo espacio leyendo una reflexión estupenda.
ResponderEliminarAbrazos.
Conchi, qué alegría volver a verte por aquí. Me hace mucha ilusión que hayas llegado a este nuevo espacio y que la reflexión te haya gustado. Ojalá sigamos encontrándonos y compartiendo palabras como siempre. Abrazos.
EliminarETF, pienso que es la intuición que se impone a los programas mentales heredados, muchos de ellos rígidos (y quizás por eso mismo) obsoletos. La intuición, en parte, amplía la consciencia y con la consciencia ampliada, vemos esas grietas que, para mí, exponen a la matriz de control y su simulación. "¿Hacia dónde va esta civilización en la que creemos saber vivir?". Creo que avanza hacia aquello que sostengamos como verdadero y beneficioso para el bien común. Que refleje, en el mundo exterior, las virtudes internas... Puede que sea la nueva normalización que se está gestando. Va un abrazo.
ResponderEliminarHola Julio David. Coincido en que la intuición aparece cuando logramos aflojar esos programas heredados que, por rígidos, ya no nos sirven para comprender el mundo que habitamos. Cuando la consciencia se expande, aunque sea un poco, empezamos a ver esas grietas de las que hablas, pequeñas fisuras que dejan entrever la estructura que sostiene la simulación y también la posibilidad de transformarla. La pregunta sobre hacia dónde va esta civilización quizá no tenga una única respuesta, pero me parece valioso lo que planteas: avanzamos hacia aquello que somos capaces de sostener como verdadero y beneficioso para todos, hacia una coherencia entre lo que cultivamos dentro y lo que proyectamos fuera. Tal vez esa nueva normalización ya está germinando en quienes se atreven a mirar más allá del ruido y a confiar en esa intuición que no compite, sino que orienta.
EliminarUn abrazo grande.