Entre fatalismos heredados y titulares sombríos, aún queda un resquicio para la luz
Es mejor soñar
Escribo para que la vida no pase sin dejar huella.
07/04/26
Cuando Murphy se empeña… y la vida insiste
05/04/26
Cuando el tiempo empieza a hablar más alto que nosotros
Cuando la vida se estrecha, el sentido se ensancha
Entre la noche y el amanecer
(Imagen obtenida con la ayuda de la IA de Microsoft)
05 abril 2026
- Hay un momento —no siempre llega a la misma edad, ni con el mismo aviso— en el que el sentido, el valor y la necesidad de la vida dejan de ser ideas abstractas y se convierten en algo urgente. Curiosamente, ese interés crece de forma inversamente proporcional al tiempo que sentimos que nos queda para disfrutarla. Como si la vida, al estrecharse, nos obligara a mirarla de frente.
“aprovecha cada segundo”,“vive hoy, mañana puede ser tarde”,“hazlo ahora”.
- Siempre los leímos como quien mira un cartel en la carretera: se ve, se reconoce, pero no se siente propio. Y además, muchos de ellos llegaban con ese “reenviado” que les quitaba alma y los convertía en ruido.
- Pero un día —sin pedir permiso— descubres que quizás ayer se hizo corto, que dejaste cosas por hacer, que el mañana empieza a cubrirse de nubes que no habías previsto. Y entonces entiendes que esos mensajes, tan repetidos, tan manidos, tenían más verdad de la que queríamos admitir.
Sí, me cuesta dormir.Sí, mis males me van cercando.Sí, hay noches en las que el silencio pesa más de lo que debería.
- Pero también sé esto:
Llegar hasta aquí ya es un éxito.
Haber amado, reído, creado, acompañado… eso no me lo quita nadie.
Cada día que pude caminar, escribir, escuchar, aprender, ha sido un regalo.
Y aunque el tiempo no siempre lo hayamos usado con la maestría que merecía, la vida no se mide por la perfección, sino por la presencia.
"En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible." Albert Camus
03/04/26
Viernes Santo: ¿solo tradiciones?
Un recuerdo en la Plaza de la Catedral de Barcelona, a las tres en punto, cuando mi Padre me enseñó que algunos gestos guardan más verdad que mil palabras.
03 abril 2026
- Cada Viernes Santo, cuando el reloj marca las tres en punto, vuelve a mí un recuerdo que no se ha borrado nunca. Mi Padre tomándome de la mano y llevándome a la Plaza de la Catedral de Barcelona, donde el silencio se hacía más hondo que cualquier palabra. Allí empezaba el rezo de las llagas de Jesús, un rito sencillo y solemne que, sin yo saberlo entonces, estaba grabando en mí una forma de mirar la vida.
- No sé si aquello era tradición, fe o simplemente un gesto de amor de un padre hacia su hijo. Quizá era todo a la vez. Lo cierto es que, con los años, he comprendido que no se trataba solo de repetir un rito, sino de aprender a detenerse, a escuchar, a sentir que hay momentos que merecen ser vividos con respeto.
- Hoy, cuando muchos se preguntan qué queda de aquellas costumbres, yo vuelvo a ese instante en la plaza. Y descubro que las tradiciones no desaparecen: se transforman en memoria, en gratitud, en una forma de estar en el mundo.
01/04/26
¿Semana Santa: tradición, fiesta o folclore?
Entre costumbres perdidas y nuevas formas de sentir
Imagen obtenida con la ayuda de la IA de Microsoft
01 abril 2026
- Cada año vuelve la misma pregunta, casi como un eco antiguo que resuena entre tambores, incienso y silencios: ¿qué es hoy la Semana Santa? ¿Tradición, fiesta o simple folclore? Quizá sea un poco de todo, quizá nada de eso, quizá algo que ya no sabemos nombrar porque las costumbres que nos enseñaron nuestros padres se han ido diluyendo entre prisas, pantallas y nuevas formas de vivir.
- Hubo un tiempo en que cada gesto tenía un sentido: el respeto al paso, la vela encendida, el silencio compartido en la calle estrecha. Muchas de esas costumbres se han perdido, sí, pero no por desinterés, sino porque la vida cambia y nosotros con ella. Lo que antes se transmitía en casa, ahora se aprende en otros lugares; lo que antes era obligación, hoy es elección. Y aun así, algo permanece.
- Porque las tradiciones no mueren: se transforman. No somos los mismos que nuestros padres, ni ellos fueron iguales a los suyos. Cada generación reinterpreta lo heredado, lo adapta, lo hace suyo. ¿Es bueno, malo, normal? Probablemente es simplemente humano.
- Y quizá ahí esté la esperanza: en aceptar que cada era encuentra su manera de celebrar, de recordar, de sentir. La Semana Santa seguirá viva mientras haya alguien que la mire con emoción, aunque sea desde un lugar distinto al de antes. Al final, lo importante no es repetir los gestos, sino mantener encendida la intención.
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