John Berger: "Lo que nos sostiene no es la fuerza, sino la claridad con la que miramos lo que nos ocurre."
Es mejor soñar
Escribo para que la vida no pase sin dejar huella.
15/04/26
Mañanas que despiertan certezas
13/04/26
Vivir, tener una cita, y seguir adelante
Releer el pasado para comprender el presente y abrazar lo que viene
- Vivir, tener una cita, y seguir adelante
- Releer lo que escribimos en plena pandemia es como abrir una ventana a un tiempo suspendido. Aquel abril de 2020 nos obligó a detenernos, a mirarnos por dentro y a sostenernos en palabras que, de algún modo, nos mantenían vivos cuando todo parecía frágil. Hoy, con la serenidad que da la distancia, vuelvo a esas citas que entonces me acompañaron y las dejo crecer hacia este presente más complejo, pero también más consciente.
- Decía Quevedo: “Mejor vida es morir que vivir muerto”. En aquellos días oscuros, esa frase era casi un latigazo. Hoy la siento como una advertencia luminosa: no dejarnos arrastrar por inercias que nos apagan, no convertirnos en espectadores de nuestra propia vida. Vivir exige presencia, decisión, incluso torpeza. Exige equivocarse y volver a empezar. Quevedo nos recuerda que la verdadera muerte es la renuncia a sentir.
Una amiga nos escribió entonces: “Tenemos una cita con vosotros”. Qué frase tan sencilla y tan poderosa. Una cita no es solo un encuentro: es una promesa de presencia, un pacto silencioso con el otro y con uno mismo. En tiempos de distancia, aquella frase era un abrazo. Hoy sigue siéndolo, porque cada cita —con un amigo, con un libro, con un amanecer— es una forma de decirnos que seguimos aquí, que seguimos apostando por la vida.
- Cortázar, siempre tan certero, nos dejó esta maravilla: “Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”. Qué verdad tan limpia. La esperanza no es ingenuidad: es un impulso profundo que nos empuja hacia adelante incluso cuando creemos que no queda nada. Es la vida recordándonos que quiere seguir siendo vida.
- Y luego está esa otra frase suya (de Cortázar), tan humana: “Si caes te levanto y si no, me acuesto contigo”. En 2020 la leímos como un gesto de complicidad en medio del encierro. Hoy la leo como una declaración de afecto radical: acompañar sin condiciones, estar en la caída y en la quietud, en la lucha y en el descanso. Querer sin exigir, sostener sin invadir.
- Todo aquello —las citas, los miedos, las risas, la incertidumbre— nos enseñó que la imaginación es un territorio inviolable. Por muy estrechos que sean los márgenes de la realidad, siempre queda un espacio interior donde podemos volar, recordar, inventar, soñar. Ese espacio es refugio y motor, memoria y porvenir.
- Hoy, en este tiempo nuevo, me quedo con esa lección: vivir es un acto de resistencia luminosa. No se trata de grandes gestas, sino de pequeños gestos que nos devuelven a nosotros mismos: una conversación, una lectura, un paseo, una cita inesperada, una esperanza que vuelve sin que la llamemos.
- Y por eso, ahora, mirando hacia adelante, quiero quedarme con lo que entonces apenas intuíamos: que la vida siempre encuentra la manera de abrirse paso. Que seguimos aquí, más frágiles quizá, pero también más atentos, más agradecidos, más capaces de reconocer la belleza que antes pasaba desapercibida. Que cada día es una oportunidad —modesta, imperfecta, real— para empezar de nuevo.
11/04/26
El arte sencillo de vivir
Fotografía de Judy Dater
09/04/26
Cuando la noche también ilumina
Pequeños instantes que regresan desde la memoria para recordarnos quiénes fuimos
Imagen: Enzzo Barrena
“A veces, el camino más difícil es el que conduce a la verdad de uno mismo.” — Albert Camus
07/04/26
Cuando Murphy se empeña… y la vida insiste
Entre fatalismos heredados y titulares sombríos, aún queda un resquicio para la luz
05/04/26
Cuando el tiempo empieza a hablar más alto que nosotros
Cuando la vida se estrecha, el sentido se ensancha
Entre la noche y el amanecer
(Imagen obtenida con la ayuda de la IA de Microsoft)
05 abril 2026
- Hay un momento —no siempre llega a la misma edad, ni con el mismo aviso— en el que el sentido, el valor y la necesidad de la vida dejan de ser ideas abstractas y se convierten en algo urgente. Curiosamente, ese interés crece de forma inversamente proporcional al tiempo que sentimos que nos queda para disfrutarla. Como si la vida, al estrecharse, nos obligara a mirarla de frente.
“aprovecha cada segundo”,“vive hoy, mañana puede ser tarde”,“hazlo ahora”.
- Siempre los leímos como quien mira un cartel en la carretera: se ve, se reconoce, pero no se siente propio. Y además, muchos de ellos llegaban con ese “reenviado” que les quitaba alma y los convertía en ruido.
- Pero un día —sin pedir permiso— descubres que quizás ayer se hizo corto, que dejaste cosas por hacer, que el mañana empieza a cubrirse de nubes que no habías previsto. Y entonces entiendes que esos mensajes, tan repetidos, tan manidos, tenían más verdad de la que queríamos admitir.
Sí, me cuesta dormir.Sí, mis males me van cercando.Sí, hay noches en las que el silencio pesa más de lo que debería.
- Pero también sé esto:
Llegar hasta aquí ya es un éxito.
Haber amado, reído, creado, acompañado… eso no me lo quita nadie.
Cada día que pude caminar, escribir, escuchar, aprender, ha sido un regalo.
Y aunque el tiempo no siempre lo hayamos usado con la maestría que merecía, la vida no se mide por la perfección, sino por la presencia.
"En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible." Albert Camus
03/04/26
Viernes Santo: ¿solo tradiciones?
Un recuerdo en la Plaza de la Catedral de Barcelona, a las tres en punto, cuando mi Padre me enseñó que algunos gestos guardan más verdad que mil palabras.
03 abril 2026
- Cada Viernes Santo, cuando el reloj marca las tres en punto, vuelve a mí un recuerdo que no se ha borrado nunca. Mi Padre tomándome de la mano y llevándome a la Plaza de la Catedral de Barcelona, donde el silencio se hacía más hondo que cualquier palabra. Allí empezaba el rezo de las llagas de Jesús, un rito sencillo y solemne que, sin yo saberlo entonces, estaba grabando en mí una forma de mirar la vida.
- No sé si aquello era tradición, fe o simplemente un gesto de amor de un padre hacia su hijo. Quizá era todo a la vez. Lo cierto es que, con los años, he comprendido que no se trataba solo de repetir un rito, sino de aprender a detenerse, a escuchar, a sentir que hay momentos que merecen ser vividos con respeto.
- Hoy, cuando muchos se preguntan qué queda de aquellas costumbres, yo vuelvo a ese instante en la plaza. Y descubro que las tradiciones no desaparecen: se transforman en memoria, en gratitud, en una forma de estar en el mundo.
Mañanas que despiertan certezas
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