15/01/26

Lo que la vida te susurra cuando la escuchas


15 enero 2026

- Todos tenemos a ese buen amigo que, de vez en cuando, nos recuerda y que yo repito en cuanto se me olvida, que ya no tenemos 35 años (ni falta que hace), y que la vida está llena de pequeñas cosas que pasan a nuestro lado sin hacer ruido. Cosas que, cuando eres joven, parecen insignificantes, pero que con los años descubres que son las que realmente importan.

- Su consejo, que hoy comparto, es sencillo y profundo:
"Aprender a apreciar la vida por el simple hecho de vivirla, y vivirla bien. Elegir con quién, elegir por qué, y no dejar que lo esencial se nos escape mientras corremos detrás de lo urgente."
- Muchos no se dan cuenta de esto hasta que tropiezan, igual que nos pasó a nosotros. Y aunque hay aprendizajes que solo llegan así, a golpes suaves o duros, hago caso a ese buen amigo y os paso este mensaje tal como él me lo envió hace ya mucho tiempo acompañado con un viejo vídeo… por si a alguien le sirve.

- Déjate llevar, igual que hago yo cuando quiero recordarlo (a mi amigo), escuchando ese vídeo de André Rieu interpretando el Vals de Primavera (Mariage d'Amour), Paul de Senneville (Piano y Paisajes de la Toscana). Una música que no solo se escucha: te coloca en el lugar exacto donde la vida se vuelve más lenta, más amable y más tuya.

- Si vas con prisas, no abras el vídeo. Guárdalo para un momento tranquilo, cuando puedas dejar que la música te acompañe sin interrupciones.


13/01/26

Debe ser horrible verse así, sin poder pagar, sin poder vivir

Imagen de mi amigo y su Copilot

13 enero 2026

- Esta madrugada, mientras veía cómo se le escapaban algunas lágrimas a la que da luz a mi vida al leer que han aumentado los abandonos de niños en algunos países, me he acordado de lo que le pasó esta semana en Carrefour:

Estábamos en la cola de la Caja X. Delante, un hombre de mi edad, encorvado, con su chándal, sus bambas y su compra entre las manos. Tenía cara de susto y un aire de estar un poco perdido. Al llegar el momento de pagar, la cajera le dice que no llega con lo que ha puesto sobre el mostrador: unas monedas y unos billetes arrugados que había soltado abriendo el puño. El hombre, de acuerdo con la chica, empieza a retirar productos… y, de pronto, detrás de mí, escucho la voz de mi otra mitad diciendo: “No, no, páselo todo”.

Ese “todo” fueron apenas unos pocos euros más, pero bastó para que tanto la cajera como ella, mi otra mitad, acabaran con los ojos enrojecidos y unas benditas lágrimas asomando. El hecho no tendría mayor importancia si no fuera por el acto de solidaridad que ella tuvo… y por el arrepentimiento que me provocó a mí no haber sido capaz de decirlo antes que ella. Pero lo más curioso y sorprendente fue que el hombre, con una expresión bondadosa y una mueca casi de perrito agradecido, nos dijo: “Gracias, muchas gracias” (sonriendo tristemente), “luego paso y les dejo un cheque”.

- Seguramente mi admirable y agradecido compañero de cola vive en otro mundo. Su felicidad, probablemente, irá ligada a una buena parte de su aparente ignorancia. Pero a mí, a nosotros, nos transmitió algo que no se puede explicar, aunque sí nos puso, una vez más, los pies en la tierra. Cuando le pregunto a madtlv, hoy y aquel día, tras el bendito acto de nuestra cola en Carrefour, me dice algo que me hiela la sangre: “Enrique, debe ser horrible verse así, sin poder pagar, sin poder vivir”.

- Es muy bonito vivir, muchísimo, pero a veces se nos olvida que para, quizás, demasiados también es muy difícil.

*madtlv: Mi amor de toda la vida

11/01/26

Viernes la nuit: cuando la conversación, una buena copa y la amistad hacen que el mundo vuelva a tener sentido.

Crónicas de un "viernes la nuit"

Veteranos en su elemento: brindando por lo vivido y soñando con lo que vendrá
(Archivo de Copilot que no se pierde ni un solo viernes la nuit)

11 enero 2026

- Las conversaciones que se producen cuando los amigos nos reunimos en ese bendito encuentro que bauticé como “viernes la nuit” (y más aún cuando todos somos ya de la llamada “cierta edad”), suelen arrancar con un optimismo admirable. El primer brindis siempre llega cargado de alegría y de esa esperanza tranquila que da la experiencia. Pero basta que algún compañero imprudente abra el melón de la geopolítica o del desorden internacional (y, en menor medida, de nuestras cuitas patrias), para que el tono empiece a oscurecerse, como si la noche quisiera recordarnos que también existen las sombras.

- Y, claro, nunca faltan los feroces cenizos de guardia: esos que disfrutan terraplanizando el mundo y recomendando cascos o mascarillas para protegernos de las supuestas fumigaciones venenosas con las que (según ellos), los aviones pretenden aniquilar a jubilados y parados. Pero, dejando a un lado a esa minoría "tan creativa", siempre acaba imponiéndose la serenidad de quienes ya tenemos el corazón de vuelta de lo que hagan y/o digan los políticos (que no de la política). Al final, lo que se nos ve (y se nos nota), es que somos unos afortunados: disfrutamos de lo vivido, celebramos el presente y confiamos en que lo que quede por venir nos depare todavía buenos momentos. Y lo hacemos acompañando a nuestro entorno y especialmente a los más jóvenes, animándolos (en aquellos momentos en que podemos hacerlo), a tomar las riendas de ese futuro que ya empieza a ser y es, suyo.

- Quizá por eso, cada viernes la nuit termina con una sensación de gratitud difícil de explicar. A nuestra edad, uno aprende que la vida, con sus luces y sus tropiezos, sigue siendo un regalo inmenso. Y que soñar con un futuro en paz y libertad no es ingenuidad, sino un acto de resistencia amable. Mientras podamos seguir reuniéndonos, riendo, discutiendo y brindando por lo que vendrá, ese sueño seguirá vivo.

09/01/26

El silbido de mi abuelo


Fotografía de © Robert Doisneau, L'information scolaire, Paris,1956


09 enero 2026

- Yo no era más que un mocoso (y lo digo en el sentido más literal, porque mis achaques otorrinolaringológicos venían de serie), y aun así, con apenas ocho años, ya me mandaban a hacer recados por las tiendas que rodeaban Santa María del Mar. Mi abuelo, con esa mezcla suya de autoridad y picardía, me daba siempre la misma instrucción: “Compra lo que pone en la nota y diles que luego ya pasará tu abuelo silbando”. Y yo, sintiéndome un hombrecito investido de misión, me lanzaba calle abajo convencido de estar cumpliendo un deber de adulto.

- El ritual siempre terminaba igual: el tendero del Ultramarinos llenaba la bolsa, yo soltaba la frase del silbido, y él estallaba en una carcajada tan desbordada que parecía que alguien le estuviera cosquilleando la planta de los pies con una pluma. Yo volvía a casa desconcertado, y mi abuelo, al escuchar mi relato, se reía igual o más que el tendero… y me abrazaba. Yo no entendía nada, pero me contagiaba de aquella alegría. Me sentía un hombre, sí… y ahora que ya casi lo soy de verdad, puedo reírme de aquello sin que nadie tenga que recordármelo.

- Con el tiempo (y gracias a las ventajas de ser el pequeño de tres hermanos, dos de ellos brillantísimos), mis Padres y, cómo no, mi querido Abuelo, fueron colocándome delante pequeñas pruebas que debía ir superando. El Fuerte Apache de Reyes del 56 me cayó por ser un alumno aplicado en Primaria, y el balón Matollo (ese que cuando despejabas o rematabas de cabeza te dejaba marcado en el cráneo los cordones del cierre), llegó cuando terminé el Bachiller Elemental en el 63 con un NUEVE. Nada venía regalado. Todo tenía su precio en esfuerzo.

Balón Matollo

- Siempre quise ser mejor. Siempre fui inquieto, vivaz, con esa necesidad casi física de sentir que la vida empuja. Ansias de vivir… qué expresión tan grande, tan cierta. Y ahora, cuando reviso mis propias contradicciones, solo puedo decir: “Cuán lejos… y cuán cerca. Nunca estuve tan enamorado de cualquiera de esas dos opciones, tan distantes y tan próximas. Saber elegir cuál mirar en cada momento… quizá ahí esté la verdadera sabiduría". 

07/01/26

Motivos y compañia para brindar



07 enero 2026

- Se terminó el ciclo de lo que llamamos "tiempo Navideño". Me levanté con, quizás, un cansancio nuevo en las piernas, pero notaba que mi alma me sonreía, aunque no sé si maliciosa o bondadosamente. Lo sé, ni hoy, ni mañana me voy a pesar, pero queda el regustillo a pecado venial de las inolvidables horas de comer y ver a todos en la mesa; queda también al abrazo aún reciente de la feliz "muchachada de humanos" que se han movido a nuestro alrededor durante este tiempo (nietos, familia, amigos), y, sí, todo eso se ha quedado atrás, pero como le sucede a la buena fruta o al buen vino, ese tratamiento recibido y vivido ayuda a ser mejor, más bueno, más feliz y, seguramente (también), más orondo.

- Nada nuevo, son ya muchos años experimentando ese engañoso placer postnavideño del "se acabó" y aunque los intentas comparar con otros de otras épocas, sabes que el mejor será siempre el del año que viene o, al menos, con las manos juntas en plegaria y ya con la muy cierta edad que llevamos encima, así lo pides.

Y así seguimos, año tras año, aceptando que la vida avanza a golpes de calendario, pero también descubriendo que cada ciclo deja un poso que nos sostiene. No importa si las piernas protestan o si la báscula nos mira con sorna: lo esencial es que seguimos aquí, con la memoria llena de abrazos recientes y la esperanza puesta en los que vendrán. Enero siempre empieza con un suspiro, sí, pero también con una promesa: la de seguir celebrando, aunque sea en voz baja, que aún tenemos motivos y compañía, para brindar.

05/01/26

Poema para una bella Noche de Reyes

Zapatos especiales para el balcón en Noche de Reyes

05 enero 2026

- En un día como el de hoy, en el que me toca ser el Melchor de la noche, no diré mucho, sólo daré un consejo para todos aquellos que creen haberse portado muy bien durante todo el año: Pongan un zapato bien grande en el balcón y en la mesa del comedor, no me sean ustedes (los papases de los niños), unos rancios y austeros vigilantes de la moral, de la salud o del bolsillo estrecho y pongan unas buenas copas, un buen roscón y algún terrón de azúcar negro para quien se lo merezca. Los RRMM vienen muy cansados tras ese largo viaje y necesitan recuperar fuerzas.

- Aquí dejo mi poema de hoy para esa bendita noche de Reyes:

En la noche callada, cuando el mundo se aquieta, y los niños sueñan alto con camellos y cometas, dos adultos se miran, cómplices, sin prisa, como quien guarda un tesoro que no cabe en la risa.

Los Reyes cruzan cielos, desiertos y distancias, pero el regalo más grande lo tenemos en casa: tu mano en mi mano, tu voz que me acompasa, tu forma de mirarme que enciende la esperanza.

Mientras los pequeños dejan zapatos en la entrada, nosotros dejamos sueños sobre la almohada: los que se construyen juntos, día a día, sin magia de oriente… pero con la nuestra, bien viva.

Que Melchor traiga calma, que Gaspar deje ternura, que Baltasar nos regale la fuerza que perdura. Y que, al amanecer, cuando la casa despierte, sigamos siendo nosotros… mi regalo, mi suerte.


¡¡¡FELIZ DÍA DE REYES!!!

04/01/26

Entre camellos, recuerdos y ruido ajeno

Fort Apache y otras certezas que no se olvidan



04 enero 2026

- Mientras el mundo parece enloquecer intentando entender el conflicto venezolano, por aquí parece que lo consideramos un espectáculo más de los que nos tienen acostumbrados las distintas cadenas de radio y televisión nacional. Para ellas esta noticia y sus incidencias (minuto a minuto), es como hueso para perro casero, no lo van a soltar en días, quizás en semanas lo cual puede resultar preocupante para quienes consumen bodrios de programas en las que todos los contertulios pelean para ver quien habla más fuerte e interrumpe más al otro para hacerse valer y así ganar puestos en el escalafón de la cola de los pretendientes a ser llamados para sucesivos programas.

- Pues bien, mientras el mundo parece dispuesto a dejarse convencer por la bondad y/o maldad del resultado de esta gesta venezolanoamericana, nuestro mundo, el más cercano, se debate en saber si todavía tienen edad los más pequeños para creerse lo de los camellos y los RRMM que vendrán la noche del día cinco a favorecer los deseos de todos los que hayan escrito una buena y convincente carta reclamando su parte de los regalos de la familia y para ver si los benefactores serán capaces de tomarse las copas del vino y los dulces que estarán allí preparados para ellos mientras el abuelo se ofrece a recibirlos y "compartir" charla, dulces y copas con los de Oriente.

- A veces creo que nada cambia, no sé. Quizás nuestros niños (los de hoy), ya no sean tan inocentes como lo éramos nosotros, pero yo sí creo en ello y en aquellas largas noches (ahora convertidas en la Noche de la Verbena del Roscón), en los que desde la cama hasta oía el ruido de los camellos, las voces de los RRMM y los golpes de distintas cajas al destriparse. Ver el Fort Apache con los soldaditos de plomo bien uniformados dentro del fuerte y a los Apaches montados en sus caballos encima de la mesa del comedor provocaba lágrimas de alegría, mientras mis adorables Padres disfrutaban con el espectáculo que yo ofrecía ya que mis hermanos eran mayores que yo y la inocencia la habían dejado en sus primeros guateques.

- Concluyo hoy, una vez más, dando gracias a la vida la cual me ha permitido llegar hasta aquí para que pueda comerme a besos a mis niños y a todos cuantos me rodean, mientras la abuela ponga su cabeza en mi hombro a la vez que observaremos el espectáculo que supone verlos (aún y sin la inocencia de los niños del ayer), disfrutar abriendo cajas mientras siguen emocionados comprobando que lo pedido se corresponde con lo "llegado". 

- Queda un día, pero a veces un día es toda una vida. 



Lo que la vida te susurra cuando la escuchas

15 enero 2026 - Todos tenemos a ese buen amigo que, de vez en cuando, nos recuerda y que yo repito en cuanto se me olvida, que ya no tenemos...