08/02/26

Lo que permanece encima de mi mesa

La historia de un objeto, un gesto y una huella


08 febrero 2026

- A veces me gusta volver a ciertos recuerdos que no se marchan, y hoy he querido traer de nuevo uno de esos que siempre me acompañan. Hace ya mil años (unos cincuenta y seis, que ya son mil en según qué cosas), coincidí en mi primera obra como aparejador responsable, con gente a mi cargo (en una empresa constructora que no fue otra que CYT y la obra era la del Metro de Plaza España a Paralelo, en mi querida Barcelona natal), con un ingeniero alemán que venía a pasar unos meses con nosotros en un intercambio profesional entre becarios de aquí y de otros países de Europa. Él tendría casi 30 y yo apenas 21. Me enseñó muchas cosas: de la profesión, de la forma de trabajar, de organización, de ordenación y hasta de civismo laboral. 

- Pero lo que más me marcó llegó el día de su despedida, cuando se volvió a su Liebe Erde. Me regaló un cartabón numerizado para medir distancias y ángulos sobre el papel de forma rápida. Un artilugio sencillo, práctico, único. Lo usé toda mi vida y aún hoy descansa sobre mi mesa de despacho, como si siguiera esperando la siguiente medición. Cada vez que lo miro me trae un recuerdo extraño, reconfortante y grato. Con los años he entendido que no lo conservo por lo que es, sino por lo que representa. Igual que guardo otras pequeñas cosas que me recuerdan a quienes hicieron algo bueno por mí, aunque fuese un gesto mínimo. Es mi manera de no olvidar, de mantener cerca a quienes dejaron una huella sin proponérselo. 

- Recuerdo que un día, hace ya más de treinta años, un compañero (que ya murió), me preguntó de dónde había sacado aquel magnífico cacharro. Acabé contándole que en este precioso camino hacia no sabemos dónde, y que consiste en andarlo de modo llevadero, yo procuraba rodearme de cosas que me recordaran a personas que hubieran hecho algo bien ante mí, para no olvidarlas cada día. Mi amigo me preguntó si era por eso que siempre estábamos juntos y se puso a reír. Yo también. Hoy, cuando lo recuerdo, la risa se mezcla con una punzada dulce, de esas que no duelen del todo porque vienen envueltas en cariño. 

- El tiempo pasa, sí. A veces demasiado deprisa. Pero sigo creyendo que la vida se sostiene en estas pequeñas cosas: un objeto que te mira desde la mesa, un gesto que no se olvida, una amistad que sigue viva, aunque falte el amigo. Y mientras pueda seguir levantando la vista y encontrándome con esos recuerdos que me acompañan, seguiré pensando que este camino (largo, corto, incierto), merece la pena.

06/02/26

Cuando el futuro aún nos mira

Una reflexión sobre los miedos de la edad y la necesidad de seguir avanzando con calma, curiosidad y confianza

Photo By Robert A. McCabe-Grecia 1954

06 febrero 2026 

- Según observo y leo en distintas encuestas de opinión, las principales preocupaciones de las personas llamadas o ya entradas en eso que llamamos "cierta edad" se centran en el deterioro de la salud física y mental, la seguridad económica, la soledad, el miedo al abandono y la brecha tecnológica. La autonomía y la calidad de vida, incluyendo el temor a depender de otros o a la institucionalización, aparecen como desafíos clave en esta etapa.

- Llegado a este punto me hago la siguiente pregunta: ¿todo eso es cierto o es que (al menos yo), no somos capaces de darnos cuenta de ello? Quizás todo sea, como diría nuestro amigo Ernesto, que "solo sucede", y ante ello nada podemos hacer para variarlo o asimilarlo. Parar el reloj o modificar el funcionamiento del poder fáctico que nos dirige (político, social, intelectual y moral), se queda fuera de nuestro alcance, pero quizá también esté ya fuera de nuestra preocupación e interés intentarlo y aún menos desearlo.

- No obstante, cuál es entonces la verdadera posición de mis compañeros de calendario ante esta situación en la que viven (vivimos): ¿futuro de salud incierta? ¿abdicar del amor familiar? ¿vivir como si fuera el último día de nuestra vida? o, mejor, y repito, solo esperar a que suceda.

- Quizás la actitud más sensata sea otra: levantar la cabeza y seguir caminando con una mezcla de serenidad y curiosidad, como quien sabe que lo mejor aún puede estar por llegar. No se trata de negar los miedos ni de disfrazar las incertidumbres, sino de recordar que cada día trae una oportunidad pequeña o grande que merece ser vivida. Nadie conoce el futuro, pero sí podemos decidir no renunciar a él. Confiemos en que quien organiza nuestras agendas vitales todavía guarda alguna sorpresa buena en el bolsillo y mantengamos abierta la puerta a lo que venga, porque incluso en los tramos más inciertos siempre hay un destello que invita a seguir adelante. 

- El futuro nos observa, rendirse, nunca.

04/02/26

¿Hacia dónde va nuestra civilización?


Una reflexión tranquila sobre los pilares que creíamos eternos.


04 febrero 2026

- Oía una buena historia esta madrugada (enganchado a mi radio de siempre con un cable y un monoauricular en el oído bueno), en la que hablaban del amor en el mundo de hoy.

- El más joven de la tertulia decía que hoy, dada la extremada libertad sexual existente en todo el mundo occidental y liberada la mujer de vestir como monjas, el hombre se enamora antes del cuerpo que del alma o de la fuerza del pensamiento y que por eso las parejas (antes llamadas matrimonios), se separan en plazos muy cortos de convivencia lo cual, acompañado de una crisis existencial en la que conseguir un empleo fijo u obtener una vivienda, se hace imposible y con ello la natalidad desciende de modo vertiginoso en ese llamado mundo del mercado libre y democrático en el que creemos vivir.

- No voy a escribir, hoy, sobre inmigración y la forma de administrar los visados, ni de su innegable conveniencia. Tampoco lo haré sobre la moralidad de las llamadas religiones dominantes en nuestro mundo, no, pero sí me gustaría hablar o, mejor, preguntar: ¿Hacia dónde va esta civilización en la que creemos saber vivir? 

- Los tres pilares de nuestra antigua civilización y de derecho están basados en tres pilares fundamentales: Religión, Matrimonio y Contrato. Visto con tranquilidad y sin pasión: ¿podemos decir con toda seguridad que esos pilares aún se sostienen y nos sostienen? 

- Y aun así, pese a tantas grietas visibles, sigo creyendo que esta civilización nuestra no está condenada, porque cada generación vuelve a preguntarse por el sentido, por el amor, por la justicia. Quizá los viejos pilares ya no sostienen como antes, pero siempre aparece la voluntad humana de levantar otros nuevos, más honestos, más libres, más acordes con lo que somos hoy. Tal vez ahí resida la esperanza, en que seguimos buscando, seguimos pensando y, sobre todo, seguimos intentando vivir con un poco más de verdad.

02/02/26

Domingos que hablan de nosotros

Entre la calma ganada, la distancia de los hijos y la serenidad de comprender su camino

Foto fruto de la composición dictada a la IA de Microsoft

02 febrero 2026

- Ay, vaya con los domingos, son todo un símbolo de nuestro estado, sí, nos sonríe la vida cuando ya tenemos cierta edad porque la presión laboral, las prisas y las citas a todas horas se terminaron. Ahora es siempre domingo. ¿Añoramos aquellos tiempos?

- No hay una respuesta clara para esa pregunta ya que depende en gran parte de la calidad de nuestra salud y del estado físico de cada cual. Los hay que a sus sesenta y siete años (y más), siguen corriendo maratones o aún juegan al pádel, mientras que a otros sólo les apetece reunirse con los amigos en el quiosco o en el Bar de Manolo para tomar café y así charlar toda la mañana o toda la tarde (va a gustos de cada uno).

- Pero hay otros que se sumergen en su soledad pareciéndoles que nada puedan hacer. A los hijos les dieron estudios y apoyo hasta que finalmente se casaron, marcharon de casa y de ciudad (algunos, incluso de país), y ya solo se ven una o dos veces al mes con suerte o al año según la lejanía.

- Pero... ¿es justo o necesario entristecerse por este aparente olvido en el que quedan esos jóvenes maduritos? (como diría nuestra admirada Pepa Fernández).

- Quizá convenga recordar que no siempre se trata de olvido, sino de esa independencia natural que todos deseamos para nuestros hijos cuando los vemos crecer. Ellos también navegan sus propios retos, sus trabajos inciertos, sus horarios imposibles y estas épocas tan complicadas que a veces apenas les dejan aire. No es desamor, ni desinterés, es simplemente la vida avanzando. Y en ese avance, aunque nos veamos menos, seguimos siendo su puerto seguro, su referencia tranquila, la certeza de que cuando vuelvan, aunque sea de tarde en tarde, encontrarán el mismo cariño intacto. Seamos felices viéndolos felices, ese debe ser nuestro principal orgullo.

31/01/26

Una mañana en mi gimnasio especial

Gimnastas de la esperanza: sudor, sonrisas y gratitud en el camino rehabilitador



31 enero 2026

- En la última sesión de fisioterapia rehabilitadora (séptima de este nuevo intento), en el Hospital Público que queda cerca de donde vivo, reviví, nuevamente, la maravillosa actitud de médicos, sanitarios y personal de servicio del departamento de Rehabilitación (cariño, templanza, amabilidad, atención esmerada y una enorme empatía hacia cada uno de los que allí convivimos en nuestras sesiones de una hora). No sé si podremos agradecerles alguna vez lo suficiente esa voluntad de servicio que veo en todos ellos.

- No obstante, lo más importante de esas sesiones sigue siendo, a mi juicio, que ese cordial comportamiento de los sanitarios se traslada a los mermados pacientes que acuden al gimnasio, contagiándolos de ese espíritu al grito de “no te rindas” y “prohibido decir no puedo”, “porque yo te ayudo”.

- Por otra parte, ver allí sonrientes a todos los compañeros sudando la gota gorda por superar las “enormes pruebas” (para ellos) a las que son sometidos, unos por subir tres enormes peldaños de escalera y bajar por una rampa, una y otra vez, nunca más de tres veces; otros andando tozudamente por el pasillito corto entre dos barandillas paralelas; y los más tumbados en una camilla, los del ictus, intentando mover cualquier parte de su cuerpo con la ayuda del especialista que no se separa, en ningún caso, de los sufridos “gimnastas” del espacio rehabilitador. Toda esa vista es un espectáculo que conmueve y enseña.

- El jueves, mientras andaba entre las paralelas y bien agarrado a ellas a la vez que arrastraba unas pesas en los pies, me detuve unos segundos a contemplar ese maravilloso espectáculo: no hay lamentos, hay sonrisas, hay caras felices a la vez que sudorosas, hay compañerismo, hay bromas con los sanitarios y entre los “gimnastas”. Y al final, como siempre, intento encontrar ese punto de optimismo que a todos nos debiera abrazar al ver el ejemplo que ellos nos ofrecen, y que podría resumirse en una buena frase: Gracias, vida, por dejarme llegar hasta aquí y de qué poco puedo quejarme si soy feliz con lo que tengo.

- Y, aun así, mientras avanzaba paso a paso, comprendí algo más profundo: que cada día que puedo seguir intentándolo es un regalo, que cada gesto de ayuda es una forma de luz y que cada pequeño logro, por humilde que sea, merece celebrarse. La vida, con sus límites y sus sorpresas, sigue ofreciéndome motivos para seguir adelante, para agradecer lo que permanece y para abrazar lo que llega. Por eso, hoy más que nunca, repito en silencio y con serenidad: gracias, vida, por seguir enseñándome a vivir.

29/01/26

La realidad de la vida… y la otra

Lo que vemos, lo que sentimos, lo que importa

André Kertész - Paris, 1928.


29 enero 2026

- Hay días en los que uno se levanta, enciende la radio o abre el móvil, y parece que el mundo se ha convertido en un concurso de tragedias. Cada medio cuenta su versión interesada, cada político vende su relato como si fuera el único posible, y cada gurú de turno (de esos que aparecen como setas), dicta sentencias sobre lo que debemos pensar, comer, temer o celebrar.

- Y luego está la vida real. La nuestra. La que no sale en los titulares.

- He decidido escribir sobre esa realidad, la que no necesita maquillaje ni discursos grandilocuentes. Y, por cierto, voy a dejar fuera la realidad médica, que ya es otro universo paralelo. Porque si hiciera caso a mi amigo (ese que cambia de médico cada vez que uno le prohíbe algo), acabaría creyendo (por ejemplo), que la avena es, a la vez, el elixir de la eterna juventud y el veneno de los venenos. Depende del día, del médico o del influencer de turno. En fin.

- Con la realidad pasa algo parecido. Hay quien vive convencido de que todo va mal, de que el mundo se desmorona, de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y oye, respeto su visión, pero no la comparto. Porque mientras algunos se dedican a coleccionar desgracias, otros seguimos encontrando motivos para sonreír, para agradecer, para seguir adelante.

- La vida no es perfecta, claro que no. Pero es nuestra. Y está llena de momentos que ningún medio puede manipular y que ningún político puede apropiarse: el abrazo de un hijo, el olor del café por la mañana, una conversación inesperada, un paseo sin prisa, una canción que te rescata, un recuerdo que te sostiene.

- Esa es la realidad que me interesa. La que se construye con afectos, con humor, con paciencia, con ganas. La que no depende de titulares ni de discursos, sino de cómo decidimos mirar el mundo.

- Y por eso, hoy, como siempre, elijo el optimismo. No un optimismo ingenuo, sino uno consciente, trabajado, casi artesanal. Elijo creer que el futuro será mejor porque nosotros lo haremos mejor. Elijo la vida, con sus curvas y sus sorpresas. Elijo el amor, que al final es lo único que de verdad deja huella.

- Que cada uno se quede con la realidad que quiera. Yo me quedo con la que me hace vivir, no con la que me quieran vender.

27/01/26

Cuando el futuro parece temblar

La voluntad, el amor y el trabajo como antídotos frente a los presagios oscuros


Detrás de la Gare Saint-Lazare (1932) - Cartier-Bresson


27 enero 2026

- Todavía hoy recibo mensajes —pidiendo consejos— de algunos buscadores de fortuna que piensan hacerla muy grande construyendo casas, algo que, por cierto, es tan necesario para un país como el nuestro, en el que parece, a ratos, que se está desmoronando todo: el bienestar, la sanidad, la educación, las carreteras, los trenes, la bolsa de las pensiones, los sueldos, los alquileres, el empleo juvenil y el de los mayores de 55… en fin, todo. Y, para que no falte nada, también siguen muy activos los agoreros terraplanistas y los negacionistas del cambio climático provocado por la mano del hombre, convencidos de que ese CC es un fenómeno natural y cíclico de nuestro planeta.

- A esos buscadores de consejos para generar una exuberante fortuna les digo lo mismo que decía a quienes me querían escuchar cuando aún tenía voz para levantarla encima de una tarima: “Planteaos la pregunta de si realmente vivimos para vivir, o si vivimos para algo más. Reflexionad sobre la naturaleza de la vida y la importancia de disfrutarla plenamente; la mayor riqueza es encontrar la felicidad. Encontrarla… una gran tarea”.

- Y, aun así, pese a este paisaje convulso que a veces nos empequeñece, sigo creyendo que el porvenir no está escrito en ninguna nube oscura. El futuro lo modelan quienes deciden no rendirse, quienes ponen fe donde otros ponen miedo, amor donde otros levantan muros y trabajo donde otros solo ven imposibles. Nada está perdido mientras existan personas dispuestas a construir, a cuidar, a pensar y a soñar. Quizá el mundo tiemble, sí, pero también late; y en ese latido cabe la esperanza de que, con voluntad y humanidad, sepamos despejar esos negros presagios y abrir paso a un mañana más digno, más justo y más nuestro.

Lo que permanece encima de mi mesa

La historia de un objeto, un gesto y una huella 08 febrero 2026 - A veces me gusta volver a ciertos recuerdos que no se marchan, y hoy he qu...