Un bendito vaivén del autobús que los llevaba a diario a su destino los unió para toda su vida
21 septiembre 2026
- Hoy tengo prisa pues tengo cita en mi SPA favorito (hoy otorrino), bien temprano, por eso dejaré aquí (nuevamente), una bonita historia de amor que me gusta recordar de vez en cuando.
- Él cogía el autobús de las ocho menos veinte, en la parada de San Pablo, Él sabía por qué.- Ella subía en la parada de Padilla, y se puso ahí, como siempre, mirada coqueta hacia los cristales del infinito y agarrada con firme elegancia a la barra vertical de la puerta central del autobús rojo, pero siempre ante la atenta y torpemente disimulada mirada de Él.- Él, un buen día, aprovechando un vaivén del bus en la curva del Paseo San Juan, se dejó caer, también torpemente, sobre ella y al susurro de un sonoro y discreto "perdón" consiguió que sus ojos, los de Ella y los de Él, se anclaran durante unos cortos y muy largos segundos, como si hubieran descubierto, ambos, un bienestar natural oculto de una belleza emocional, hasta ese momento de sus felices 17, desconocida para ellos.- Seis años más tarde se casaron en una bella iglesia de un pueblecito cercano a la capital y se prometieron amor eterno.- Hoy, sesenta años después de aquel bendito vaivén, ellos, (Ella y Él), siguen amándose como si fuera el primer día, haciéndolo del modo que su condición, su devoción y su sincera protección de algo que saben tener y valorar sentidamente, les permite hacerlo en la forma que la inmensidad de su sentimiento eterno les ayuda a hacerlo.
N: Parecen historias parecidas las que cuento sobre Ella y Él y hasta parecen informalmente inventadas, pero no lo son, son tan ciertas como su imaginario, aún y siempre real, final ... común y eterno.

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