La luz que permanece incluso en los días sin ganas de escribir
22 agosto 2026
- No es hoy un día en el que tenga un especial deseo de lanzar mis dedos sobre el teclado, pero hay recuerdos que no admiten demora. A veces regresan sin avisar, como una música que vuelve a sonar dentro de uno mismo, y entonces no queda más remedio que dejarles pasar, abrirles la puerta y permitir que digan lo que tengan que decir.
- Hoy ha vuelto aquella noche que marcó un antes y un después, la escena que sigue viva en mí como si el tiempo no hubiera conseguido desgastarla. Ella bailaba descalza, ligera, apoyando sus pies sobre los míos, y el mundo parecía detenerse en ese gesto tan simple como definitivo. No importaba el lugar, ni las sombras que nos rodeaban, ni la torpeza de mis diecisiete años: importaba ese sí que no se pronunció en voz alta, pero que se escuchó con una claridad que aún hoy me acompaña.
- No escribo esto para mirar atrás con nostalgia, sino para reconocer que hay instantes que se quedan dentro de uno como una luz que no se apaga. No son un refugio, ni una excusa, ni una idealización del pasado: son parte de lo que nos sostiene cuando el presente exige calma, lucidez y cariño. Quizá por eso vuelven, porque todavía tienen algo que decirnos, porque siguen siendo verdad.
- Y así, sin haberlo buscado, este día sin ganas de escribir se convierte en un día necesario. A veces basta con recordar para que todo vuelva a su sitio.

Son situaciones, momentos, días. que activan por sí solos una corriente. una descarga, qu e enciende todas las luces de colores que tenemos en la cabeza.
ResponderEliminarUn abrazo fuerte, Enrique.