Imperfecciones, entusiasmo y la sorprendente fuerza de seguir adelante
1 julio 2026
- Dicen tantas cosas de los españoles que uno ya no sabe si reír o asentir con resignación: que somos los más maleducados al volante, que lideramos el fracaso escolar, que trabajamos más horas de las que conviene y que aun así rendimos menos que cuando cruzamos la frontera; que podemos pagar 250 € por un partido de fútbol y al día siguiente encabezar una manifestación contra la explotación del obrero; que solo somos infieles cuando nos pillan; que Colón descubrió América y nadie entiende por qué volvió… y, sin embargo, también dicen —y ahí sí que nos reconocemos— que en España se vive como en ningún otro lugar del planeta, con permiso de griegos, chipriotas, portugueses e italianos del sur. Una mezcla deliciosa de contradicción y vitalidad que, nos guste o no, forma parte de nuestra manera de estar en el mundo.
- Quizá por eso seguimos adelante con una sonrisa que a veces parece resistencia y otras, pura celebración. Porque, pese a nuestras manías y nuestras torpezas, sabemos encontrarnos, reírnos de nosotros mismos y levantar el ánimo del que camina a nuestro lado. Y en ese gesto —tan sencillo, tan nuestro— está la verdadera fuerza de vivir: la capacidad de mejorar sin perder la alegría, de aprender sin renunciar a lo que nos hace únicos. Contarás con ello siempre; en esa mezcla de imperfección y entusiasmo late la mejor versión de lo que somos y de lo que aún podemos llegar a ser, como si cada día nos ofreciera una oportunidad discreta pero luminosa para seguir creciendo sin perder la alegría.

Cómo perder la alegría tras leer esta hermosa y animadora entrada que nos refleja de manera tan especialmente real y general. Cierto que se puede caer en tópicos, en ideaizaciones, en exagerar los aspectos que dominan nuestra idiosincrasia como país, pero también es cierto que hay una serie de comportamientos, actitudes y valores que nos conforman como pueblo. Y no quedamos tan mal retratados, aunque siempre hay margen de mejora.
ResponderEliminarGracias, Enrique: tu corazón, bondadoso y luminoso, siempre lleva las cosas al mejor lado de la vida. Y eso ayuda a sentirla, a ser conscientes de sus valores, a mejorarla.
Un inmenso abrazo.
Teo, qué placer leer tu alegría después de la entrada. Tienes razón: podemos caer en tópicos, pero también es cierto que hay actitudes y valores que nos definen como pueblo y que no nos dejan mal parados, aunque siempre haya margen para mejorar. Gracias por tus palabras tan generosas: si algo intento es mirar la vida desde su lado más luminoso, porque así se siente mejor y así se mejora.
EliminarUn fuerte abrazo inmenso, amigo mío.
Enfrente de mi casa hay un negocio de electricidad que viene de hace años de familia española, en la actualidad uno de los hijos de quien conocí me recibió con muy buen humor, yo le llevaba una tostadora con un protector de enchufe que creí era novedad de conexión, él muy sonriente lo quitó, dejó al descubierto la ficha y me dijo, chiste de gallegos! Eso es reirse de uno mismo, por acá no andamos escasos de mala fama, Enrique, así que a tomárselo con soda y sonreir! Un abrazo!
ResponderEliminarMaría Cristina, qué placer leer tu anécdota tan llena de humor y verdad. Ese electricista que quita el protector y suelta “chiste de gallegos” con una sonrisa demuestra lo mejor: la capacidad de reírse de uno mismo sin herir a nadie. Como dices, por allá tampoco escasea la mala fama, así que lo más sano es tomárselo con soda y seguir sonriendo. Gracias por traer esta escena tan humana y tan ligera.
EliminarUn fuerte abrazo, María Cristina.
Este país es capaz de sacarte de quicio por la mañana y hacerte presumir de él por la tarde, sin despeinarse. Nos quejamos mucho, exageramos bastante y aun así tenemos una facilidad enorme para sentarnos, hacer una broma y seguir caminando. Está bien reírse de uno mismo, siempre que después no dejemos todo igual. Un fuerte abrazo.
ResponderEliminarÁngelo, qué placer leer tu manera tan certera de describir este país: capaz de sacarte de quicio por la mañana y hacerte presumir de él por la tarde. Nos quejamos mucho y exageramos bastante, pero también sabemos sentarnos, hacer una broma y seguir caminando con esa facilidad tan nuestra. Y sí, está bien reírse de uno mismo, siempre que después no dejemos todo igual.
EliminarUn fuerte abrazo, Ángelo.