15/07/26

La serenidad que vuelve cuando la nombramos

Una verdad tranquila para seguir caminando sin prisa.

Fotografía de Cartier-Bresson

15 julio 2026

Me levanté con el alma poética y me lancé a contarle, cantarle (una vez más), uno de los poemas más ilustres, dentro de mis favoritos:
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
 Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
 ¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!…
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!
 Lo escribió Antonio Machado 

- Y mientras releo estos versos que tantas veces me han acompañado, descubro que aún hoy siguen abriéndome una ventana limpia hacia lo que permanece. Porque incluso en los días más silenciosos, siempre queda una mano que recordar, un amanecer que esperar, una vereda blanca que vuelve a aparecer cuando menos lo imaginas. La vida, al final, suele estar en el otro lado de la cama, aguardando con paciencia a que volvamos a levantarnos para seguir caminando hacia esos montes azules que nunca se terminan.

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