Juventud, errores y la luz que aún nos acompaña
Fotografía de Bert Hardy
29 junio 2026
- Juan era el peor estudiante del grupo de amigos de siempre, a mediados de los 60 nos íbamos al San Carlos Club y a La Cova del Drac, éramos los reyes del futuro. Todos nuestros antecesores se habían vuelto bobos y acomodados, la revolución buena era pija y además, en el otro lado de ésta, de la revolución, estaba la de los obreros de la Seat, los Cocos y hasta los resurgidos Anarquistas que lo eran sin saber por qué, pero lo eran por ser siempre de lo contrario. Ellos ponían la masa y los cuerpos, ya que se llevaban los mayores palos y la mayor represión de los grises de la época.
- Pero Juan ya apuntaba maneras, más rojo y más rico que nadie. Él siempre pagaba las copas y los melindros con chocolate en Petrixol y lo que hiciera falta. Era nuestro Líder. Su padre, el que salía en los papeles del amiguismo político de la época (aunque luego, a partir del 78, se autoenfundó la camiseta de los de CiU de toda la vida), era nuestro protector y el de su hijo, claro. Si había palos y retirada de DNI, él nos lavaba con agua bendita y nos sacaba de las garras de Layetana. (Central CNP).
- Juan, como todos, se hizo —y nos hicimos— del SLDEUB, el sindicato libre democrático de estudiantes de la UB. Salíamos a la calle a protestar y hasta nos hacíamos heridas en el alma para ser más convincentes. Éramos la estrella polar de nuestros compañeros. Bueno, yo solo me subí al carro, pero como si lo fuera: dejé el alma en ello. Luego el fútbol, el amor y la frustrante realidad sobre la moral del líder me hicieron desertar. Lo pasamos bien, pero fue el primer aviso sobre las consecuencias de creer que la estupidez humana no existe.
- Y, sin embargo, con los años descubrimos que no todo había sido inútil. Juan, el peor estudiante, acabó encontrando su sitio lejos de los discursos y más cerca de las personas; algunos de nosotros aprendimos a vivir sin héroes; y todos, incluso los más descreídos, comprendimos que aquella mezcla de ingenuidad, coraje y torpeza juvenil nos salvó de convertirnos en adultos tristes.
- Hoy, cuando nos reencontramos —los que quedamos—, ya no hablamos de revoluciones ni de líderes, sino de la suerte inmensa de haber compartido un tiempo en el que creíamos que podíamos cambiar el mundo. Y quizá, sin darnos cuenta, algo sí cambiamos: a nosotros mismos.

Hola Enrique, un estupendo recuerdo de aquellos tiempos donde por doquier había lideres y algunos de pacotilla. Me hace gracia lo de tu amigo, el más rojo y más rico que nadie, que contrariedad, cuando siempre han criticado a los contrarios por sus riquezas. Lo bueno de él es que os invitaba a todo, :))).
ResponderEliminarLos universitarios siempre fueron los más revolucionarios, aunque al pasar los años como bien dices, cada cual se bajo del carro, como tú, y surgieron otras cosas más importantes personalmente.
La foto es preciosa, ese blanco y negro me trae hermosos recuerdos.
Un placer como siempre leerte Enrique.
Te deseo pases un buen verano, y que tu actitud divina, siga siempre igual.
Un abrazo grande.
Elda, qué bien recuerdas aquellos tiempos de líderes de verdad y de pacotilla. Y sí, mi amigo rojo y rico era una contradicción deliciosa, sobre todo porque invitaba a todo sin pestañear. Los universitarios fueron los más revolucionarios, pero con los años cada cual se bajó del carro y aparecieron prioridades más íntimas, como dices. La foto en blanco y negro guarda una belleza que todavía acompaña.
EliminarUn fuerte abrazo, Elda.
Un fabuloso recuerdo de algo, que fue del todo inútil.
ResponderEliminarEl tiempo pasa y de aquellos "héroes" van quedando pocos; ley de vida le llaman. Por suerte, conocí a algunos de los que se la jugaron con poca o nula protección y de los que se salvaron porque tuvieron la suerte de cara en el momento preciso.
Un día tendría que hablar sobre el tema, rescatando unos papeles que conservo de aquellos jóvenes y sus acuerdos sobre la sociedad de la época.
Un abrazo.
Alfred, qué bien lo dices: un recuerdo fabuloso de algo que, visto con distancia, fue del todo inútil. El tiempo pasa y aquellos “héroes” van quedando pocos, ley de vida. Tuviste la suerte de conocer a quienes se la jugaron sin protección y sobrevivieron porque el instante les fue favorable. Algún día deberías contarlo, sí, rescatar esos papeles y esa mirada sobre una época que merece ser entendida.
EliminarUn fuerte abrazo, Alfred
Un hallazgo, Enrique, querer cambiar el mundo y cambiar uno mismo! Hermoso relato de tu juventud, un abrazo!
ResponderEliminarMaría Cristina, qué hallazgo tan cierto: querer cambiar el mundo y terminar cambiándose uno mismo. A veces ese giro íntimo es la verdadera revolución, la que nos acompaña toda la vida. Gracias por leer este recuerdo de juventud con tanta cercanía.
EliminarUn fuerte abrazo, María Cristina.
Boa noite meu querido amigo Enrique. Obrigado pela visita e comentário. Meu primeiro nome é João. Parabéns pelo seu texto maravilhoso. Desejo una excelente noite de segunda-feira, para você e todos os seus familiares na Espanha, muita saúde e um grande abraço do seu amigo carioca.
ResponderEliminarJoão, qué placer recibir tu mensaje tan lleno de cariño. Gracias por tu visita, por tus palabras y por esa amistad que cruza océanos sin perder fuerza. Me alegra que el texto te haya gustado y que lo hayas leído con esa sensibilidad tuya tan generosa. Te deseo a ti y a tu familia en Río una noche tranquila, salud y serenidad.
EliminarUn fuerte abrazo, amigo mío.
¡Qué lindos y "acariciadores" recuerdos de tu juventud Enrique! Lindos tiempos esos de fuertes convicciones, de ideales y esas intensas ganas de querer cambiar el mundo.
ResponderEliminarTambién las he vivido. Y no, no creo que haya sido en vano.
En lo personal, sigo apostando a lo mismo: un mundo más igualitario -como para resumir los valores que quisiera imperen-. Sigo participando, cuando puedo, de marchas reivindicadoras.
Pero...¡Ya no creo que por ello algo vaya a modificarse!
Los años no vienen solos...
Preciosa la imagen con que acompañas tu sentido texto
Fuerte abrazo y que tengas una muy buena semana
Lu, qué placer leer tus recuerdos y esa convicción que aún te acompaña. Tienes razón: aquellos años de ideales fuertes no fueron en vano. Nos hicieron adultos, nos dieron una brújula y nos enseñaron a mirar el mundo con deseo de justicia. Me emociona que sigas apostando por un mundo más igualitario, aunque ahora sepamos que las marchas no siempre cambian lo que deberían. Los años no vienen solos, pero la esperanza tampoco se va del todo. Gracias por tu mirada y por tus palabras tan cálidas.
EliminarUn fuerte abrazo, Lu, y que tengas una semana muy buena.
Los años nos hacen ir bajando del carro, pero que nos quiten lo bailao en ese tiempo joven que vivimos amigo. Nuestras ideas nos parecian las mejores, hasta que la realidad se nos hacía presente y fuimos comprendíendola. Tu imagen me ha llevado esa época. Llevé esos vestidos :))
ResponderEliminarBuena semana Enrique y gracias.
Un abrazo.
Laura, qué placer leer tu mirada tan llena de verdad. Sí, los años nos hacen bajar del carro, pero nadie nos quita lo vivido, lo bailado, lo sentido en aquella juventud que creía que podía mover el mundo. Las ideas parecían invencibles hasta que la realidad se presentó y nos enseñó a comprenderla. Me alegra que la imagen te haya llevado a esa época y que recuerdes esos vestidos con una sonrisa. Gracias por tu cercanía y tu cariño de siempre.
EliminarUn fuerte abrazo, Laura.
Qué bien nos has llevado de la mano por aquellos años, que los jóvenes teníamos unos ideales por los que luchar y poníamos el alma en ello.bviviéramos en distintos lugares del país teníamos unos objetivos comunes.
ResponderEliminarEso como bien dices en el último párrafo nos sirvió para cambiarnos a nosotros mismos, y también para para hacer posible el cambio que anhelábamos en la sociedad.
Algo hicimos, que luego la vida haya tomado otros derroteros, no es nuestra culpa. Peleamos non la mirada limpia y eso es encomiable.
Tracy, qué placer leer tu recuerdo tan lleno de fuerza. Aquellos años nos unían aunque viviéramos lejos unos de otros: los mismos ideales, la misma energía, la misma convicción de que el mundo podía cambiar si poníamos el alma. Y es verdad lo que dices: algo hicimos. Quizá no transformamos la sociedad como soñábamos, pero sí nos transformamos a nosotros mismos, y eso sigue siendo una victoria limpia. Peleamos con la mirada honesta, y esa decencia nunca se pierde.
EliminarUn fuerte abrazo, Tracy.
Simplemente jóvenes con impulso, creencias, valores, prioridades... Cuatro conceptos que van amoldándose con los años... Un abrazo, amigo Enrique.
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