Imágenes que abren grietas en el tiempo y enseñan a vivir el instante
27 abril 2026
- Encontrarse con una imagen del ayer sigue siendo un acto lleno de resonancias inesperadas. No es solo memoria: es una grieta en el tiempo por donde se cuela algo que creíamos concluido, pero que insiste en volver con una luz distinta. Lo que más me atrae de ese regreso es su modo furtivo, casi clandestino, como si la imagen eligiera aparecer justo cuando la mente está desarmada. Llega envuelta en esos tonos grises que no pertenecen al pasado ni al presente, sino a ese territorio intermedio donde la imaginación dicta sus propias leyes.
- A veces me sorprende comprobar cómo aquel pragmatismo profesional, tan rígido y tan necesario en su momento, ha quedado suspendido como un fósil útil pero ya inerte. En su lugar ha ido creciendo un espacio más libre, más ambiguo, donde conviven los sueños, los pequeños pecados que alivian el alma y esa gnosis íntima que uno no confiesa pero reconoce. Un espacio donde el demonio se vuelve casi un aliado irónico y el Dios de la infancia reaparece como un compañero inevitable, quizá aburrido, sí, pero tan necesario como la realidad de quienes dicen no creer en nada.
- Hoy, mi voto sigue siendo por el momento. Por cada instante que se abre ante mí sin exigir explicaciones. El siguiente ya llegará, y cuando llegue, también sabrá encontrarme.

Pues es el voto más sabio que puedes emitir. Me encantan las imágenes antiguas en blanco y negro, y de verdad que las disfruto cuando algún amigo bloguero las comparte. Tí siempre traes unas muy buenas y hablando de infancia aún más. Un fuerte abrazo
ResponderEliminarAngelo, qué cierto lo que dices: llega un momento en la vida en que uno aprende a votar por la serenidad, por la memoria buena y por aquello que nos devuelve a lo esencial. Las imágenes antiguas tienen ese poder de abrir una ventana a lo que fuimos y, al mismo tiempo, de recordarnos lo que permanece.
EliminarMe alegra que disfrutes esas fotografías en blanco y negro. A veces basta una escena sencilla de la infancia para que todo cobre sentido y para que el pasado se vuelva un lugar amable al que regresar sin nostalgia amarga.
Gracias por tu mirada siempre tan generosa y por acompañar con esa sensibilidad tuya que reconoce lo valioso en lo pequeño.
Un fuerte abrazo, Angelo.
Es la postura más adecuada al momento, que cuando se produzca, nos ha de coger con todas las fotos vistas.
ResponderEliminarUn abrazo.
Alfred, así es: hay momentos en los que la postura más sensata es simplemente estar atentos, con la mirada abierta y todas las fotos vistas, como dices tan bien. La vida acaba trayendo lo que tenga que venir, y lo mejor es recibirlo con serenidad y sin prisas por adelantarse a nada.
EliminarA veces basta con observar, dejar que el tiempo haga su trabajo y no forzar conclusiones antes de hora. Esa calma también es una forma de sabiduría.
Un fuerte abrazo, Alfred.
Enrique, tu texto respira esa rara cualidad de lo verdadero cuando se piensa sin prisa y se escribe sin máscaras. Me ha interesado especialmente esa idea de la imagen como “grieta en el tiempo”: no como simple recuerdo, sino como irrupción, casi como epifanía discreta. Ahí hay una intuición muy afinada, porque sitúas la memoria fuera de lo meramente psicológico y la llevas a un territorio más ambiguo, más fértil, donde lo vivido se reconfigura.
ResponderEliminarTambién me parece muy sugerente la evolución que describes: ese pragmatismo que fue necesario y que ahora queda como fósil. Hay en ello una aceptación serena del cambio, sin nostalgia excesiva ni rechazo. Y en ese nuevo espacio —más libre, más poroso— introduces con naturalidad figuras tan potentes como el demonio aliado o ese Dios que persiste, casi doméstico. Esa convivencia de contrarios le da al texto una profundidad que no necesita enfatizarse.
El cierre, además, es limpio y coherente: votar por el instante es, en el fondo, una forma de reconciliación con lo incierto. Tu escritura no explica: sugiere, abre, deja respirar.
Un cálido abrazo
Joselu, qué lectura tan afinada haces y cuánto agradezco esa atención tuya que sabe entrar en los pliegues del texto. Esa idea de la imagen como “grieta en el tiempo” nace justo de ahí: de entender que la memoria no es un simple archivo, sino una irrupción que desordena, ilumina y reconfigura lo vivido. Me alegra que hayas captado esa intención.
EliminarTambién es muy cierto lo que dices sobre el pragmatismo convertido en fósil. Durante años fue necesario, casi una coraza, y ahora queda como un resto arqueológico que uno observa con distancia. En ese espacio más poroso aparecen figuras que antes no tenían sitio: el demonio aliado, el Dios doméstico, las contradicciones que conviven sin necesidad de resolverse.
Tu lectura del cierre me honra. Votar por el instante es, efectivamente, una forma de reconciliación con lo incierto, una manera de aceptar que no todo necesita explicación y que a veces basta con dejar que la vida respire.
Un saludo, Joselu.
Estas fotos de recuerdos son una preciosidad.
ResponderEliminarY esos recuerdos que estan en la sfotos son recuerdos que tenemos dentro nuestro y viviran siempre con nosotros.
Pero realmente hay que vivir el momento , siempre con esos recuerdos , eso si .
Un abrazo amigo.
Joaquín, me alegra que te hayan gustado esas fotos. Tienes toda la razón: los recuerdos que guardan no están solo en la imagen, sino en lo que cada uno lleva dentro, en esa parte nuestra que sigue viva mientras la memoria respira.
EliminarY sí, vivir el momento es lo único que realmente tenemos, pero siempre acompañado por esos recuerdos buenos que nos sostienen y nos explican. Es un equilibrio hermoso cuando se consigue.
Un fuerte abrazo, Joaquín.
Fotos como esta nos trae recuerdos de otros tiempos y si nos fijamos el niño situado entre el 600 y la furgoneta era un privilegiado al disponer de una pistola de juguete ya que los otros dos usan palos como rifles.
ResponderEliminarNo se si es casualidad o es que cuando se realizo la foto solo existía ese modelo de SEAT 600, al que se le conocía como "braguero" ya que todos son de ese tipo.
Saludos.
Tomás, qué buena observación la de los niños: basta fijarse un poco para descubrir esas pequeñas jerarquías de la infancia, donde una simple pistola de juguete convertía a uno en privilegiado mientras los demás improvisaban con lo que había. Son detalles que solo aparecen cuando se mira con calma.
EliminarY lo del “braguero” me ha hecho sonreír. Es verdad que en aquella época parecía que no existía otro modelo de 600, todos con ese aire tan reconocible que hoy despierta tanta nostalgia. La foto captura muy bien ese tiempo y esa forma de vivirlo.
Un fuerte abrazo, Tomás.
Me has traído a la memoria a mí "Seitas" y los ratos tan buenos que pasé con él y las lágrimas que echë cuando se lo llevaron y las cosas que le escribí...
ResponderEliminarTracy, qué bonito lo que cuentas de tu “Seitas”. Hay animales que se quedan para siempre en la memoria porque forman parte de un tiempo bueno, de una compañía que no se olvida. Es normal que aquellas lágrimas sigan teniendo un eco, porque hablan de un cariño verdadero.
EliminarMe alegra que esta foto te haya devuelto ese recuerdo tan tuyo y tan vivo.
Un fuerte abrazo, Tracy.
Viendo la fotografía recordé una anécdota con mi mamá. Le había regalado a mi hijo menor unas sandalias que estaban de moda con imagen de Rambo. Todo bien hasta que a las orillas de un río, con los pies dentro, se llevó el agua las famosas sandalias. Menos mal que lo teníamos agarrado. Fuimos a comprarle otras y ahí nos dimos cuenta de que la abuela había sustraído un cuchillo de plástico del famoso héroe de película porque no estaba de acuerdo con las armas! A algunos de por acá nos trajeron recuerdos, otros fueron más sensatos y valoraron tu texto, menos mal, Enrique, hubo equilibrio! Un abrazo!
ResponderEliminarMaría Cristina, qué historia tan buena la de las sandalias de Rambo. Puedo imaginar perfectamente la escena en el río, el susto, la risa nerviosa y ese momento en que uno se da cuenta de que lo importante no era el calzado, sino tener bien sujeto al niño. Y lo de tu madre retirando discretamente el cuchillo de plástico es maravilloso: una mezcla de ternura, principios y picardía que solo las abuelas dominan.
EliminarMe alegra que la foto haya despertado recuerdos tan vivos y tan distintos, porque al final eso es lo que hace que estos momentos compartidos tengan sentido: un equilibrio entre memoria y lectura atenta.
Un fuerte abrazo, María Cristina.
Bonitos momentos hemos pasado jugando al aire libre con los amigos del barrio. Es lindo recordar y las fotos así tienen ese dejo nostálgico que te lleva de paseo al pasado.
ResponderEliminarAbrazos
Cecilia, qué cierto lo que dices: esos juegos al aire libre, con los amigos del barrio, eran pequeños tesoros que entonces no sabíamos valorar y que ahora regresan con una claridad que conmueve. Las fotos tienen ese poder de abrir una puerta al pasado y llevarnos de la mano a esos días en que todo era sencillo, luminoso y lleno de vida.
EliminarEs hermoso comprobar cómo una imagen puede despertar no solo recuerdos, sino también la emoción intacta de aquellos momentos que nos hicieron quienes somos.
Un fuerte abrazo, Cecilia.