29/01/26

La realidad de la vida… y la otra

Lo que vemos, lo que sentimos, lo que importa

André Kertész - Paris, 1928.


29 enero 2026

- Hay días en los que uno se levanta, enciende la radio o abre el móvil, y parece que el mundo se ha convertido en un concurso de tragedias. Cada medio cuenta su versión interesada, cada político vende su relato como si fuera el único posible, y cada gurú de turno (de esos que aparecen como setas), dicta sentencias sobre lo que debemos pensar, comer, temer o celebrar.

- Y luego está la vida real. La nuestra. La que no sale en los titulares.

- He decidido escribir sobre esa realidad, la que no necesita maquillaje ni discursos grandilocuentes. Y, por cierto, voy a dejar fuera la realidad médica, que ya es otro universo paralelo. Porque si hiciera caso a mi amigo (ese que cambia de médico cada vez que uno le prohíbe algo), acabaría creyendo (por ejemplo), que la avena es, a la vez, el elixir de la eterna juventud y el veneno de los venenos. Depende del día, del médico o del influencer de turno. En fin.

- Con la realidad pasa algo parecido. Hay quien vive convencido de que todo va mal, de que el mundo se desmorona, de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y oye, respeto su visión, pero no la comparto. Porque mientras algunos se dedican a coleccionar desgracias, otros seguimos encontrando motivos para sonreír, para agradecer, para seguir adelante.

- La vida no es perfecta, claro que no. Pero es nuestra. Y está llena de momentos que ningún medio puede manipular y que ningún político puede apropiarse: el abrazo de un hijo, el olor del café por la mañana, una conversación inesperada, un paseo sin prisa, una canción que te rescata, un recuerdo que te sostiene.

- Esa es la realidad que me interesa. La que se construye con afectos, con humor, con paciencia, con ganas. La que no depende de titulares ni de discursos, sino de cómo decidimos mirar el mundo.

- Y por eso, hoy, como siempre, elijo el optimismo. No un optimismo ingenuo, sino uno consciente, trabajado, casi artesanal. Elijo creer que el futuro será mejor porque nosotros lo haremos mejor. Elijo la vida, con sus curvas y sus sorpresas. Elijo el amor, que al final es lo único que de verdad deja huella.

- Que cada uno se quede con la realidad que quiera. Yo me quedo con la que me hace vivir, no con la que me quieran vender.

30 comentarios:

  1. Amigo Enrique, a mí me está pasando que ya me produce terror poner la tele y las noticias... Puro espanto. Me consuelo pensando, diciendo a los que me acompañan, que yo, que nosotros, no tenemos la culpa de todos los males y desgracias del mundo... Pero a pesar de todo, cuesta ya encender la tele y enfrentarse a tantas maldades y desgracias.
    Un abrazo fuerte, amigo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es una realidad de nuestros tiempos, querido Ildefonso. Esa tendencia informativa a magnificar el "todo va mal" no ayuda en nada a mantener la moral en lugares álgidos. Una pena y una gran realidad. No obstante, no tenemos que renunciar al optimismo.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  2. Positivismo vital, eso es lo único que nos mantendrá con ganas de seguir.
    Somos conscientes del desastre que representa la situación internacional e incluso la comedia de la política propia, pero ello no impide, que la vida propia y la que nos afecta, siga siendo muy interesante.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Alfred, qué cierto lo que dices. Ese positivismo vital no es ingenuidad, sino una forma lúcida de seguir habitando el mundo sin rendirle el alma al ruido ni al desastre. La realidad global puede ser un despropósito y la política, a veces, una tragicomedia interminable, pero aun así —o quizá por eso mismo— la vida cotidiana sigue ofreciéndonos motivos para la curiosidad, la alegría y el asombro.
      Al final, lo que nos sostiene no es el panorama general, sino esos pequeños territorios donde todavía podemos elegir cómo mirar, cómo cuidar y cómo seguir caminando.
      Un abrazo.

      Eliminar
  3. —Te leo, Enrique, y siento que en tus palabras sopla un viento sereno, como el del amanecer después de la tormenta.
    —No niego —respondes— que el mundo ande revuelto; pero elijo mirar lo que sostiene, no lo que se derrumba.
    —Eso es sabiduría, amigo. En el Tao, aceptamos que la vida se curva y se endereza. No hay derrota en el fluir, solo proceso.
    —Entonces quizá mi optimismo no sea ingenuo, sino ese fluir del que hablas… una decisión de construir mientras otros sólo lamentan.
    —Es el arte de abrazar lo que llega sin perder el pulso interior. En cada gesto de gratitud, el universo respira.
    —Sí, la realidad más honda no la cuentan los noticiarios; la tejemos entre abrazos, café y levedad.
    —Y el Tao sonríe —le digo—, porque todo sigue moviéndose en su curso.

    Un abrazo, Enrique.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Joselu:
      —Te leo y sonrío, porque en tu voz el Tao no es doctrina, sino compañía.
      —Quizá —te digo— lo único que hacemos es aprender a mirar sin miedo, como quien abre la ventana y deja que entre el aire nuevo.
      —Y tú respondes que el fluir no exige heroicidades, solo presencia.
      —Entonces entiendo que la serenidad no es quietud, sino un modo de caminar sin romperse.
      —A veces basta un gesto amable, un silencio compartido, un café que humea mientras el mundo se agita.
      —Ahí, en lo pequeño, la vida se vuelve verdad.
      —Y sí, el Tao sonríe… porque seguimos andando, ligeros, atentos, agradecidos.
      Un abrazo

      Eliminar
  4. Querido Enrique.
    Estando de acuerdo en todo lo que expones sobre la vida nuestra, de cada día, esa real que no sale en los titulares de nada o nadie, y poniendo en el título la palabra "...la otra", pensé que ibas a hacer referencia a esa otra «realidad». Ésta más real y profunda que nos ¿abarca, sostiene, Somos?
    Pero veo que hoy no tocaba. Hoy tocaba más mundo. Si bien visto desde el lado más realista, todo lo que describes. Y menos hipotético. ¡Todo lo que vuela por la red, noticias, etc.!
    Sé que sabes, o por lo menos intuyes a qué me refiero. Pero también sé que puede que estos medios, blogs, etc., no sean el cauce adecuado para comentar algo al respecto.
    Respetando el conocimiento, o el querer saber, o no, que cada persona pueda tener sobre esa otra «realidad»... ¡Silencio!
    Fuerte abrazo, amigo Enrique.
    PD: ¿Tanto le falta a la humanidad para «despertar» a ESO?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querido Ernesto:
      Tu comentario abre una puerta que, aunque no he cruzado en esta entrada, reconozco bien. Esa “otra realidad” a la que aludes (más honda, más silenciosa, más fundante), no es materia menor. Quizá, incluso, sea la única que permanece cuando todo el ruido del mundo se apaga.
      Hoy, como bien intuiste, me quedé en la superficie visible: en lo cotidiano, en lo que podemos tocar y agradecer sin necesidad de grandes palabras. Pero eso no significa que ignore lo que late por debajo. A veces uno escribe desde la piel; otras, desde el subsuelo. Y no siempre el cauce es el adecuado para adentrarse en ciertos territorios que requieren más recogimiento que exposición.
      Sobre ese “despertar” del que hablas… no sé si a la humanidad le falta mucho o poco. Tal vez el despertar no sea un acontecimiento colectivo, sino una suma de despertares discretos, íntimos, casi imperceptibles. Un gesto de lucidez aquí, una mirada más amplia allá, una pregunta que se abre en quien nunca se la había hecho. Y así, poco a poco, como quien enciende velas en una habitación oscura, algo cambia sin hacer ruido.
      Mientras tanto, cada uno hace lo que puede: vivir con atención, cuidar lo que ama, no perder la capacidad de asombro, y mantener (aunque sea en silencio), un hilo de conexión con aquello que nos sostiene nos abarca… o quizá, como dices, somos.
      Un fuerte abrazo, amigo.
      Y gracias por recordarme que también existe “la otra”.

      Eliminar
  5. Tuve una tía que me decía, vos siempre estás sonriendo, querés quedar bien con Dios y con el diablo! Bueno, yo soy así, busco lo bueno de cada cosa, mi hija me llama para contarme alguna contrariedad y le hago un recuento de cosas mías que la hacen reir, se le pasa el malhumor y agradece. Por supuesto que sufro cuando tengo que hacerlo, pero no elijo quedarme ahí, un abrazo compañero Enrique!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. María Cristina, qué hermoso eso que contás. Esa mezcla tuya de humor, ternura y coraje es un regalo para quienes te rodean. No es fácil atravesar lo propio y aun así tener una palabra que alivie al otro, pero vos lo hacés con una naturalidad que inspira. Ojalá más gente eligiera, como vos, no quedarse en la sombra cuando duele.
      Un abrazo grande, compañera, y gracias por esa luz que compartís sin pedir nada a cambio.

      Eliminar
  6. Como nos dices si haríamos caso a todas cosas que nos dicen nos volveríamos locos y acabaríamos tomándonos unos tragos de lejía como alguno nos decían era la solución para el Covid.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tomás, totalmente de acuerdo. Si siguiéramos cada ocurrencia que se dijo en aquellos meses acabaríamos, como dices, haciendo auténticas barbaridades. Por suerte, el sentido común suele imponerse… aunque a veces tarde.
      Un saludo.

      Eliminar
  7. Enrique, no tuve una vida fácil, tuve amor y mucho dolor, pero el amor hizo posible calmar el dolor y ser optimista en todo.
    Disfruto de los pequeños momentos que me regala la vida y aprendo de ellos, creo en un futuro donde los humanos despertemos y hagamos de este nuestro mundo un lugar sin fronteras, sin políticos corruptos.
    Pienso que la paz el amor y la humildad empiezan por cada hogar, y así se expande.
    A mi ya no me venden nada, la calle me enseño a sobrevivir y esa es una buena escuela, es maravilloso leerte, escribes con la sabiduría de alguien que aprendió de la vida.
    Que tengas un hermoso y feliz día
    Besitos Enrique

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras tan llenas de vida y de verdad. Lo que compartes refleja una fortaleza que solo nace de haber caminado por senderos difíciles sin perder la capacidad de amar ni de mirar el mundo con esperanza.
      Coincido contigo: los pequeños momentos son los que sostienen el alma, y la paz empieza en cada hogar, en cada gesto sencillo, en cada persona que decide no rendirse a la dureza del mundo.
      La calle enseña, sí, y enseña sin adornos. Pero también es cierto que quienes logran aprender de ella sin perder la sensibilidad, como tú, llevan una luz especial que se nota en cada palabra.
      Gracias por leerme con tanto cariño. Que la vida te siga regalando instantes de calma, de amor y de claridad.
      Un abrazo grande y mis mejores deseos para tu día.

      Eliminar
  8. Muy cierto uno debe agradecer todo lo que tiene y hacer su propio mundo en medida de lo posible. Te mando un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, querida Judit.
      Un abrazo, escritora

      Eliminar
  9. Lo real primero y principal es la vida de cada cual inmerso en la ficción a menudo malintencionada que nos imponen como realidad... Por lo que empezar por el principio es esencial... Y una vez más tu texto sirve para alertar e inspirar, Enrique.
    Me quedo con eso. Abrazo agradecido hasta allá.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Carlos. Tus palabras siempre encuentran el ángulo justo para iluminar lo que uno intenta decir. Esa “ficción malintencionada” en la que nos quieren sumergir solo se combate, como bien apuntas, empezando por lo esencial: la vida real de cada uno, lo que sentimos y pensamos sin filtros impuestos.
      Me alegra que el texto te haya resonado y, si además inspira o alerta, entonces ya valió la pena escribirlo.
      Abrazo grande hasta allá, amigo.

      Eliminar
  10. Creo recordar que desde pequeño siempre he sido bastante optimista. Entre los míos, de hecho, tengo fama de ello, para bien o para resignación ajena.
    Por eso me ha gustado que destaques esa cualidad en tu escrito. No como ingenuidad, sino como una buena dosis para afrontar contratiempos y seguir confiando en que, incluso en esta sociedad tan aficionada al catastrofismo, todavía hay motivos de sobra para no dejarse arrastrar por el pesimismo.
    No es que todo vaya bien. Es que no todo va tan mal. Feliz fin de semana

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Angelo, me alegra mucho leerte así, con esa serenidad que no niega las sombras pero tampoco les concede más espacio del que merecen. Ese equilibrio tuyo siempre me ha parecido una forma de inteligencia práctica, casi una brújula interna que te mantiene orientado incluso cuando alrededor todo parece inclinarse hacia el dramatismo. Tienes razón en algo que a veces olvidamos: no se trata de fingir que todo va bien, sino de reconocer que la realidad es más amplia que sus momentos difíciles. Hay grietas, sí, pero también luz entrando por ellas. Y mantener esa mirada limpia, sin ingenuidad pero sin cinismo, es una forma de resistencia que admiro. Gracias por traerla aquí. Que disfrutes mucho el fin de semana, con esa calma tuya que contagia.

      Eliminar
  11. Con este mundo tan loco y tantos gurús queriendo enseñar y tal vez adoctrinar, es mejor no hacerles caso y seguir con nuestras costumbres que mal nos nos va.
    Eso si, como bien dices, en este caminar hacia adelante, todos tenemos vaivenes y lo que importa de verdad es que podamos seguir encontrando motivos para poder seguir p´alante, palabra que usamos mucho en Extremadura, es la realidad que nos importa. Gracias y siempre p´alante Enrique.
    Buen viernes, casi ya terminado.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Laura, qué gusto leerte. En este mundo tan ruidoso, donde cada día aparece alguien queriendo decirnos cómo vivir, coincido contigo en que lo más sensato es mantener nuestras costumbres, que al final son las que nos sostienen y nos dan identidad. En ese caminar que mencionas, con sus vaivenes inevitables, lo importante es no perder de vista esos pequeños motivos que nos empujan p’alante, como decís allí, con esa fuerza tan vuestra y tan auténtica.
      Gracias por tu cercanía y por recordarme esa palabra que resume tan bien la actitud que necesitamos. Que tu viernes haya terminado bonito y que el fin de semana te traiga calma y alegría.
      Un abrazo grande, Laura.

      Eliminar
  12. Hola Enrique .

    El mundo como comentamos el otro dia , está muy revuelto , gran verdad eso de que uno abre la tele y solo vé y oye tragedias y calamidades.
    Pero con eso quizas no nos tenemos que quedar , tampoco volver la vista atras ni mucho menos .
    Pero es que no se puede vivir todo el día con esta angustia .

    Yo soy de los que piensa que todo se irá solucioanndo y que todos tiene que poner su granito de arena , me refiero sin duda a los politicos .

    Quzas lo que nos tiene que preocupar si realmente esto no se arregla, en lo que les espera a nuestro hijos y sobre todo a nuestros nietos .

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Joaki, qué razón tienes. Vivimos rodeados de noticias que parecen hechas para desanimar, y si uno se queda solo con eso acaba respirando angustia desde que se levanta hasta que se acuesta. Pero como bien dices, no podemos quedarnos atrapados ahí ni mirar atrás con nostalgia, porque la vida sigue pidiendo que avancemos, aunque el mundo esté revuelto.
      Comparto esa idea tuya de que las cosas, con tiempo y responsabilidad, pueden ir encajando. Hace falta que cada cual aporte lo suyo y, sobre todo, que quienes tienen la capacidad de decidir lo hagan pensando en el bien común. A veces cuesta confiar, pero rendirse tampoco es opción.
      Y sí, al final lo que más nos inquieta es el futuro de quienes vienen detrás. Ojalá encuentren un mundo un poco más sereno que este que nos ha tocado, y ojalá nosotros podamos contribuir, aunque sea con pequeños gestos, a que así sea.
      Un abrazo grande, Joaki.

      Eliminar
  13. Tem razão, a vida de cada um não pode ser colocada em causa só porque alguém defende determinados princípios que nos transcendem.
    Abraço de amizade.
    Juvenal Nunes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Juvenal, gracias por tus palabras. Hay principios que pueden inspirar, elevar y dar sentido, pero nunca deberían convertirse en una excusa para poner en riesgo la vida de nadie. Cuando las ideas se vuelven más importantes que las personas, algo esencial se pierde por el camino. Al final, lo que nos sostiene es precisamente lo contrario, el cuidado mutuo y la sensatez que evita que lo abstracto pese más que lo humano.
      Recibo tu abrazo con gratitud y te envío otro de amistad, Juvenal.

      Eliminar
  14. Hola Enrique, espero estes muy bien, por lo menos tu animo es muy bueno y de eso se trata, de ver la vida con los mejores colores. Te lo digo, después de salir de varios meses en los que creí que me estaba disolviendo en el aire y gracias a Dios y a los buenos cardiologos he renovanado mi vida.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. María Rosa, qué alegría leerte así. Saber que has pasado por meses tan duros impresiona, porque cuando el cuerpo falla también se tambalea el ánimo y parece que todo se vuelve más frágil. Por eso reconforta tanto saber que estás mejor, que los cardiólogos han hecho su parte y que tú has recuperado esa sensación de volver a estar en tu sitio, con la vida otra vez en las manos.
      Y sí, al final todo empieza por la mirada, por esos colores que cada uno intenta poner incluso en los días más grises. Me alegra que ahora puedas verlos con más claridad.
      Te envío un abrazo grande, lleno de cariño y de celebración por esa renovación que cuentas.

      Eliminar
  15. Hola Enrique, me identifico mucho con tus palabras. Yo también me considero optimista, soy de las que ve el vaso medio lleno y me gusta saborear el día a día, tan lleno de luz y detalles bonitos.
    Abrazos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cecilia, qué alegría leerte así. Compartir ese modo de mirar la vida, con el vaso medio lleno y la atención puesta en los pequeños detalles que iluminan el día, siempre reconforta. Al final, esa forma de estar en el mundo nos sostiene más de lo que parece. Gracias por tu cercanía. Abrazos.

      Eliminar

Los brazos que no se ven

Pequeños gestos que alargan la vida, acercan las almas y dibujan mañanas más amables Imagen obtenida con la ayuda de la IA de Microsoft 20 m...