27/01/26

Cuando el futuro parece temblar

La voluntad, el amor y el trabajo como antídotos frente a los presagios oscuros


Detrás de la Gare Saint-Lazare (1932) - Cartier-Bresson


27 enero 2026

- Todavía hoy recibo mensajes —pidiendo consejos— de algunos buscadores de fortuna que piensan hacerla muy grande construyendo casas, algo que, por cierto, es tan necesario para un país como el nuestro, en el que parece, a ratos, que se está desmoronando todo: el bienestar, la sanidad, la educación, las carreteras, los trenes, la bolsa de las pensiones, los sueldos, los alquileres, el empleo juvenil y el de los mayores de 55… en fin, todo. Y, para que no falte nada, también siguen muy activos los agoreros terraplanistas y los negacionistas del cambio climático provocado por la mano del hombre, convencidos de que ese CC es un fenómeno natural y cíclico de nuestro planeta.

- A esos buscadores de consejos para generar una exuberante fortuna les digo lo mismo que decía a quienes me querían escuchar cuando aún tenía voz para levantarla encima de una tarima: “Planteaos la pregunta de si realmente vivimos para vivir, o si vivimos para algo más. Reflexionad sobre la naturaleza de la vida y la importancia de disfrutarla plenamente; la mayor riqueza es encontrar la felicidad. Encontrarla… una gran tarea”.

- Y, aun así, pese a este paisaje convulso que a veces nos empequeñece, sigo creyendo que el porvenir no está escrito en ninguna nube oscura. El futuro lo modelan quienes deciden no rendirse, quienes ponen fe donde otros ponen miedo, amor donde otros levantan muros y trabajo donde otros solo ven imposibles. Nada está perdido mientras existan personas dispuestas a construir, a cuidar, a pensar y a soñar. Quizá el mundo tiemble, sí, pero también late; y en ese latido cabe la esperanza de que, con voluntad y humanidad, sepamos despejar esos negros presagios y abrir paso a un mañana más digno, más justo y más nuestro.

20 comentarios:

  1. Todo eso que nombras lo vemos y lo vivimos. Me gusta que siempre en tus escritos la rendición no entra en tu vocabulario sino desde una confianza muy humana, siempre con un hilo de esperanza.

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    1. Qué bonito lo escribes, Angelo. Al final, ese hilo de esperanza es lo único que no estoy dispuesto a soltar. Gracias por verlo y caminarlo conmigo.

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  2. Enrique, mientras te leo, resuena en mí esa convicción tan tuya —tan necesaria— de que el futuro sigue siendo una tarea por construir. Tus palabras me recuerdan a Viktor Frankl y a su libro El hombre en busca de sentido. Él descubrió, en los escenarios más desoladores, que cuando una persona halla un propósito, una razón profunda para vivir, puede soportar casi cualquier circunstancia.

    Esa idea dialoga con tu esperanza: el porvenir no pertenece a los que se rinden, sino a los que, incluso en medio del derrumbe, mantienen viva la voluntad de sentido. Lo que parece hundirse —la sanidad, la educación, la dignidad del trabajo— puede ser reconstruido si seguimos creyendo en el valor de lo humano, en la capacidad de cuidar y crear, en esa semilla de bondad que todavía late en muchos corazones.

    Quizá, Enrique, sea eso lo que más necesitamos: recordar que la esperanza no es ingenuidad, sino resistencia. Como bien dices, nada está perdido mientras existan quienes aman la vida lo suficiente como para volver a empezarla cada mañana. En ese gesto silencioso —el de no rendirse—, empieza todo futuro posible.

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    1. Joselu, tus palabras me llegan como una confirmación serena de algo que a veces uno solo intuye, pero que necesita escuchar en boca ajena para cobrar fuerza: que la esperanza no es un refugio, sino un trabajo interior, una forma de estar en el mundo.

      Frankl lo vio con una claridad que desarma: incluso en el abismo, el ser humano conserva la capacidad —mínima pero decisiva— de orientarse hacia un sentido. Y quizá eso sea lo que más nos interpela hoy, cuando tantas estructuras parecen resquebrajarse. No se trata de negar el derrumbe, sino de no permitir que nos convierta en escombros por dentro.

      Me conmueve cómo enlazas esa idea con lo que intento expresar: que el porvenir no es un regalo, sino una tarea que se rehace cada día, a veces con gestos diminutos, casi invisibles. Cuidar, sostener, crear, resistir… son verbos que no hacen ruido, pero que mantienen en pie lo esencial. Y sí, todavía late —a veces tímida, a veces indomable— esa semilla de bondad que mencionas. Basta con que unos pocos la protejan para que no se extinga.

      Quizá el futuro empiece exactamente ahí: en quienes, sin estridencias, se levantan cada mañana y vuelven a apostar por la vida, incluso cuando la vida no lo pone fácil. Ese gesto silencioso, como dices, es ya una forma de victoria.

      Gracias por recordármelo con tanta lucidez y tanta calidez. Tu lectura no solo acompaña: ilumina.

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  3. Querido amigo Enrique. No teniendo en lontananza "hipótesis" alguna de por venir, soy de "habas contadas", hechos concetos, ¡sucedidos!, la primera suma de tu primera exposición , nada me altera. Veo que a ti tampoco.
    Y paso al tercero, donde ninguna nube oscura, presagia negro porvenir.
    ¿Las razones? ¡Al alcance de la mano de cualquiera que, haciendo oídos sordos a "trompeteros huecos", utilice su sentido común. ¡Y de paso su inteligencia!
    Fuete abrazo, Enrique.

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    1. Querido Ernesto, da gusto leerte con esa serenidad tan tuya, asentada en los hechos y no en las fantasías que tanto ruido hacen y tan poco aportan. Coincido plenamente: cuando uno mira la realidad sin adornos ni trompeteros huecos, el horizonte deja de teñirse de sombras imaginarias.
      Tu lectura del tercer punto me confirma que seguimos viendo el paisaje con la misma luz: sin nubes negras, sin fatalismos prestados, simplemente con el sentido común que, bien usado, es el mejor faro.
      Gracias por tu claridad y tu amistad, siempre tan firme como cercana.
      Un fuerte abrazo.

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  4. Cada uno debemos construir nuestro pequeño mundo con nuestros valores, nuestros sentimientos, nuestras ilusiones, un abrazo Enrique!

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    1. Así es, María Cristina. Al final, ese pequeño mundo que construimos cada día (con lo que sentimos, soñamos y valoramos), es el que nos sostiene y nos da sentido. Gracias por tu mirada siempre tan humana.
      Un abrazo

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  5. Hola, Enrique.
    Maravilloso tu post. Nuestro país parece caer. Por eso yo me gusta escribir cosas recordando cuando tenía vista y veía el agua del río limpia y cristalina y todo por igual. Ahora no veo, pero por lo que oigo y me dicen los demás... me da una pena... Me gustaría que todos pensaran en mejorar y respetar la naturaleza y todo en generar. Entonces tendríamos un país maravilloso. Pero ya no se trabaja como antes...
    Te dejo un fuerte abrazo.

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    1. Querida Piedad, tus palabras me llegan muy adentro. Qué fuerza y qué belleza hay en tu manera de recordar, incluso en medio de la pena. Esa imagen del río limpio y cristalino no es solo un recuerdo: es también un deseo, una brújula, un recordatorio de lo que aún podemos cuidar.
      Siento mucho que ahora tengas que guiarte por lo que te cuentan otros, pero incluso así sigues viendo con una claridad que muchos hemos perdido: la importancia de respetar la naturaleza, de trabajar con cariño, de pensar en el bien común. Ojalá más personas tuvieran esa mirada tuya, tan limpia como aquel río que recuerdas.
      Gracias por tu abrazo, que te devuelvo con el mismo cariño.
      Y gracias, sobre todo, por seguir sembrando esperanza con tus palabras.

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  6. Una descripción de lo que estamos viviendo en el que parece un grupo de descerebrados nos están gobernando.

    Saludos.

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  7. Hay que tener la capacidad de poder tener alguna cosa a la que aferrarse. Eso nos mantiene vivos. El no tener esa esperanza, permite que otros que simplemente tienen ambiciones personales, ocupen nuestro espacio.
    Un abrazo.

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    1. Alfred, qué cierto lo que dices. Aferrarse a algo (un sueño, una convicción, una pequeña luz) no es un acto de ingenuidad, sino de supervivencia. Cuando esa esperanza se debilita, dejamos la puerta abierta para que otros definan nuestro rumbo según sus propias ambiciones.
      Por eso vale la pena cuidar aquello que nos sostiene por dentro, aunque sea frágil o pequeño.
      Un abrazo.

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  8. Estamos en un mundo que parece que de un momento a otro ,todo se irá abajo.
    Un momento peligroso diria yo.
    Esperemos que podamos salir de todo bien y sobre todo sin conflictos graves .

    Pero es que está todo tan mal...

    En fin amigo, te mando un abrazo.

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    1. Joaquín, tu reflexión me ha acompañado toda la tarde (y no solo por lo que dices, sino por la serenidad con la que lo dices). A veces el futuro parece temblar, pero tus palabras recuerdan que incluso en ese temblor hay una forma de avanzar que no exige certezas, solo honestidad.
      Me ha gustado especialmente esa manera tuya de mirar lo frágil sin convertirlo en derrota (como si la vulnerabilidad fuera también una brújula). Ojalá más gente se permitiera esa claridad tranquila que tú practicas casi sin darte cuenta.
      Gracias por compartirlo. Hay textos que se leen y otros que se quedan un rato dentro. El tuyo pertenece a los segundos.
      Un abrazo.

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  9. Espero que tengas razón. Te mando un beso.

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  10. Qué llamada de atención tu escrito de hoy, apreciado Enrique.
    Lo primero quería darte las gracias por tus atentos comentario en mi blog que dejan una sensación de sana alegría a este que te los lee con atención y afecto.
    En cuanto a tu razonado y espléndido escrito, nada que añadirle, comulgo plenamente con tu manera de pensar y plantearlo.
    La vida, vista así, sin más, parece solo mantenerse siendo peleles de un destino que otros parecen dirigir y controlar. Pero vivir implica transitar la experiencia con consciencia, amor, caída y aprendizaje, dándole sentido. No hay un objetivo único que, como alguien dijo, uno mismo constituye ese objetivo. Aprendamos a diferenciar y vivir con sensatez, cordura y voluntad, intentando mejorarnos y mejorar la sociedad que nos toca en suerte librar.
    Un fuerte abrazo, querido amigo.

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    1. Amigo Teo, tus palabras me llegan con esa mezcla de lucidez y afecto que siempre te caracteriza. Te agradezco de corazón la atención con la que lees mis escritos y la generosidad con la que los acoges; saber que resuenan en ti añade sentido a este pequeño ritual de pensar en voz alta.
      Comparto plenamente lo que expresas: vivir no es dejarse llevar por un destino ajeno, sino asumir la travesía con la conciencia despierta, aceptando la caída como parte del aprendizaje y el amor como brújula. Cada uno, como bien dices, es su propio objetivo, su propio territorio de búsqueda y de construcción. Y en ese ejercicio íntimo también se juega la posibilidad de mejorar el mundo que habitamos, aunque sea en gestos modestos, aunque sea desde la voluntad de no renunciar a la sensatez y a la cordura.
      Gracias por tu mirada siempre fraterna y por ese impulso de claridad que aportas. Es un privilegio caminar cerca de voces como la tuya.
      Un fuerte abrazo, querido amigo.

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